Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Fray Luis Carlos Bernal, op, Asesor doctrinario de ACDE Uruguay nos ofrece un elogio ante la sabidur?a, equidad, sentido com?n y justicia que se percibe en la Doctrina Social de la Iglesia.
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Elogio a la Doctrina Social de la Iglesia
Elogio a la Doctrina Social de la Iglesia
Al redactar este elogio no pretendo hacer una arenga, un discurso para enardecer los ?nimos a favor de la Doctrina Social de la Iglesia . Tampoco se trata de esas sentidas ?ltimas palabras , con sabor de despedida, pronunciadas ante el f?retro de un ser querido. Mi elogio es de otro signo. Ni me propongo hacer el papel de l?der que enfervoriza a las masas, ni tampoco despido a una difunta, m?s o menos conocida o m?s o menos valorada llamada Doctrina Social de la Iglesia . ?sta no ha muerto, y creo que le queda vida para rato. Puede que su nombre no les resulte a algunos agraciado (por algo, a veces, se la llama Ense?anza , por man?a a la palabra Doctrina ). Juan Pablo II habl? muchas veces de ella y nunca nos la present? como a una dama agonizante, sino como a una maestra de sabidur?a.

La Doctrina social de la Iglesia tiene ya muchos siglos de vida y, por tanto, de aprendizaje, de experiencia y de sabidur?a. Si tuvi?ramos que hacer su genealog?a, tendr?amos que remontarnos hasta los tiempos de la creaci?n. A partir de aquel momento primero -del que el libro del G?nesis habla simb?licamente- la mujer y el var?n se sintieron el uno para el otro y Yahv? Dios les encarg? el cuidado de la creaci?n, de hacerla fructificar; de procrear; de mantener en equilibrio todo los creado para que siguiera siendo un cosmos y no un caos . Y les ense?? a lograrlo. Desde aquel momento , el var?n y la mujer, se convirtieron en amigos, novios, padres, empresarios y -tambi?n- en expertos ingenieros, creadores de equilibrios para evitar el caos y mantener el cosmos.

Despu?s de aquel encargo -no sabemos cu?nto tiempo pas?, ni quiz? importe mucho conocerlo- acaeci? el desastre, el pecado. Tampoco importa cu?l fue. Y, de nuevo, ca?mos en el caos. Ad?n y Eva sintieron verg?enza al verse desnudos; Ca?n mat? a Abel. Hombres y mujeres quisieron ser como dioses y trataron de construir la Torre de Babel que -por no entenderse entre ellos- qued? inconclusa. Fue un monumento al desentendimiento entre los seres humanos.

Despu?s, vinieron los profetas y los hombres de Dios, y denunciaron la avaricia, los robos, el maltrato de los pobres, la injusticia y nuestro antiguo y fallido anhelo de querer ser como Dios . ?Nunca supimos lograrlo! Jes?s de Nazaret -que s? era Dios y, adem?s, hombre- volvi? a ense?arnos a convivir, a tratarnos como hermanos, a cuidar la creaci?n, a ser justos, a administrar bien la riqueza. Y, como regalo y gracia, nos concedi? ser hijos de Dios y hermanos. Pero -como saben- su vida no tuvo, humanamente, buena suerte. No tuvo un final decoroso, seg?n el pensar de las gentes.

De las ense?anzas de los d?as primeros de la creaci?n antes de la desgracia, de los mensajes de los profetas, del Evangelio de Jes?s: naci? eso que llamamos (?para nada importa el nombre!) la Doctrina Social de la Iglesia. "De la Iglesia" porque fue la comunidad de los disc?pulos de Jes?s con sus Pastores quienes elaboraron esa forma peculiar -cristiana- de proceder en los asuntos pol?ticos y sociales.

Queridos amigos Consejeros -o si prefieren, para estar m?s al d?a, compa?eros - ac? termina mi catequesis que muchos de ustedes -lo doy por descontado- la conocen de sobra. Si les he recordado todo esto es porque de nuevo, lamentablemente, sufrimos -a mi juicio- en el mundo situaciones fratricidas, pretensiones desubicadas de querer ser como dioses, afanes vergonzosos de poder al precio que sea, injusticias, dificultades viscerales para saber perdonar, usurpaci?n de derechos ajenos, mesianismos sin consistencia y otras actitudes ca?ticas.

En este contexto, la mentada Doctrina Social de la Iglesia puede educarnos a resolver nuestros conflictos -nacionales o internacionales- con mayor sabidur?a, equidad, sentido com?n, justicia y con ese amor que impregna el Evangelio. Por eso, mi elogio a la Doctrina Social de la Iglesia.

Conozco a muchos hombres y mujeres -cristianos o no, sea su creencia o increencia la que sea, que los nombres, en definitiva, no importan- que son de esta condici?n y talante, que su conducta est? acorde con los valores del Evangelio de Jes?s y con la reflexi?n que la Iglesia creyente y fiel ha ido haciendo, a lo largo del tiempo, sobre la Palabra de Dios al hombre.

Reconozco el acierto de los primeros hombres y mujeres de ACDE, abiertos al futuro, cuando eligieron la Doctrina Social de la Iglesia como criterio de estilo de vida y de acci?n empresarial. A mi saber y entender acertaron. ?No lo creen? Hemos de seguir sus huellas. Al menos, eso pienso.

fray Luis Carlos Bernal, op

Asesor doctrinario de ACDE

Publicado por mario.web @ 9:14
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