Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
A. Polaino-Lorente reflexiona sobre la paternidad, la sexualidad y la cultura actual tomando como referencia el spot publicitario que afirma: disfruta de tu hijo.
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Disfruta de tu hijo
Disfruta de tu hijo
El sacrificio puede tornarse motivador del comportamiento humano, porque al fin y al cabo el querer del hombre est? amasado siempre de sufrimiento. Y tras el sufrimiento del querer subyace casi siempre agazapada la felicidad

Lo bueno de algunos spots publicitarios es que incluso nos hacen pensar; en ocasiones, hasta en lo contrario de lo que, en apariencia, parecen proponernos. Hace unos d?as ojeando una revista descubr? un anuncio publicitario en el que se muestra una criatura encantadora, rodeada por la ternura de un rostro materno y nimbada por el eslogan "disfruta de tu hijo".

No es f?cil acertar a entender cual es el mensaje que el dise?ador del anuncio ha querido darnos a entender. Pero no resulta dif?cil la interpretaci?n del mensaje, si nos atenemos a lo que comienza a ser habitual en algunos de nuestros conciudadanos.

Una vez que se ha separado la sexualidad humana de la fecundidad; una vez que los j?venes matrimonios se autoprograman para tener su primer hijo despu?s de haber conseguido el piso, el chalet o la segunda residencia; una vez que a trav?s del FIVET y del imperio de una artificiosa voluntad se genera una nueva criatura humana, sin compromiso alguno ni de la sexualidad, ni de la maternidad; toda vez que esto ocurre, es l?gico y plenamente coherente que se produzca un enorme cambio en la finalidad, el sentido y la motivaci?n por la que las j?venes parejas se deciden al fin a tener un hijo.

Aunque lo que se piensa en la actualidad acerca de la maternidad ha variado mucho respecto de lo que se sostuvo d?cadas atr?s, tal transformaci?n, no autorizan a invertir por completo -tal y como nos propone ahora el anuncio publicitario-, algo tan profundo e importante para el ser del hombre como es la filiaci?n y la paternidad.

Si el hijo deviene en un mero recurso para que el padre o la madre disfruten -"disfruta de tu hijo", se nos dice-, entonces habr? que admitir que autom?ticamente el hijo se convierte en un triste y oscuro deseo de placer, apenas un objeto l?dico y gratificante, que ya no es un fin en s? mismo, sino tan s?lo un medio, probablemente, s?lo ?til para sacar a sus padres de la indiferencia en que se encuentran.

Pero si aqu? se agota la finalidad de la vida del hijo -hacer disfrutar a sus respectivos padres-, ?qu? suceder? cuando pese a todas las posibles "programaciones" de sus progenitores, el hijo no cause el disfrute de los padres? En este ?ltimo caso, ?se podr? acaso devolver a alguien?

Supongamos que, en el mejor de los casos, cada hijo satisface plenamente la capacidad de disfrutar de sus respectivos progenitores, tal y como reza el anuncio. Aunque este aserto no parece que sea f?cil de cumplir, se habr?a iniciado ya una profunda transformaci?n en el mismo concepto de paternidad y filiaci?n.

Pues, en el improbable caso de que as? fuera, los padres se convertir?an autom?ticamente en meros sujetos l?dicos y ego?stas, hasta el punto de sojuzgar la autonom?a y la libertad de sus descendientes. Sus hijos, entonces, quedar?an hipotecados por la mera consecuci?n no ya de su propio fin, sino por haberse transformado en un medio, incierto y ambiguo, del supuesto disfrute de sus padres.

Los padres que, fiados de la publicidad, secundasen hasta sus ?ltimas consecuencias lo propuesto por el anuncio, devendr?an as? en personas con una paternidad / maternidad meramente hedonista.

Pero si la paternidad se subvierte hasta esos extremos, forzosamente ha de correr la misma suerte la filiaci?n. No se olvide que paternidad y filiaci?n se concitan, encadenan y entretejen en una misma y ?nica relaci?n (la paterno-filial), cuyos extremos por ser fijos (padres e hijos), imponen y exigen precisamente la interdependencia entre esos dos n?cleos, a partir de los cuales se estructuran y trenzan aquellas relaciones.

Nunca se hab?a configurado y entendido la paternidad en el sentido en que nos la apunta y sugiere el mencionado anuncio. El amor del padre por el hijo no tiene comparaci?n posible con ninguna otra de las muchas y variadas relaciones afectivas que pueden acontecer en el ser humano.

Siguiendo a Papini puede afirmarse que "el amor del esposo es fuerte, pero carnal y celoso; el del hermano est? frecuentemente envenenado por la envidia; el del hijo manchado tal vez de rebeli?n; el del amigo est? manchado de enga?o; el del amo, henchido de orgullosa condescendencia. Pero el amor del padre a los hijos es el perfecto Amor, el puro, el desinteresado Amor. El padre hace por el hijo lo que no har?a por ning?n otro. El hijo es obra suya, carne de su carne, hueso de sus huesos; es una parte suya que ha crecido a su lado, d?a tras d?a; es una continuaci?n, un perfeccionamiento, un complemento de su ser; (...) Porque el hijo lo espera todo del padre, y mientras es peque?o s?lo tiene fe en el padre y ?nicamente est? seguro junto al padre. El padre sabe que debe vivir para ?l, sufrir por ?l, trabajar por ?l. El padre es como un dios terrestre para el hijo, y el hijo es casi un dios para el padre".

A lo que parece, el dise?ador del anuncio ha olvidado lo m?s elemental de la paternidad y filiaci?n. Los hijos jam?s podr?n ser mera hechura de los deseos de sus respectivos padres, como la paternidad jam?s consistir? en el mero disfrute de los hijos. La ligereza posmoderna, en su af?n de reducir a un lenguaje light las m?s duras realidades humanas, no repara en las deformaciones antihumanas en que incurre.

Ahora se nos quiere animar a la paternidad con el autoenga?o del placer, como si alg?n padre hubiera podido satisfacer en uno solo del m?s perfecto de sus hijos su hambre voraz de felicidad, el oscuro deseo placentero o los anhelos de voluptuosidad que en toda persona subyacen agazapados.

En el actual imaginario colectivo hay muchas carencias, una de las m?s relevantes la que se refiere a la familia y, m?s en concreto, la que apunta a en qu? consiste tener un hijo. Si conociese esa dom?stica y sencilla disciplina, el referido especialista en publicidad en lugar de "disfruta de tu hijo" nos habr?a aconsejado otras cosas muy distintas y m?s de acuerdo con la realidad, como "trabaja por tu hijo", "sacrif?cate por tu hijo", ?gasta tu tiempo con ?l?, ?sufre por ?l y al?grate con sus alegr?as?.

Y, probablemente, nos habr?a animado m?s eficazmente con estos ?ltimos eslogans a decidirnos a ser padres. Porque tambi?n hay en el hombre un deseo que barbota en su intimidad de trabajar por algo que valga la pena, de sacrificarse por la consecuci?n de alg?n alto ideal, no importa el sacrificio que ello comporte.

Tambi?n el sacrificio puede tornarse motivador del comportamiento humano, porque al fin y al cabo el querer del hombre est? amasado siempre de sufrimiento. Y tras el sufrimiento del querer subyace casi siempre agazapada la felicidad.

Por eso y por mucho m?s me parece ?ste un mal anuncio, especialmente porque anima al hombre a algo grande como es la paternidad -algo que forzosamente siempre ha de comportar una cierta responsabilidad-, mientras trata de motivarle con el falso se?uelo hedonista de una irremediable impostura: "disfruta de tu hijo?.

Publicado por mario.web @ 9:21
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