Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
La religi?n es la clave de la cultura, pues constituye su origen, dependiendo de ella el vigor y la vigencia de las pautas culturales
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La cultura pol?tica
La cultura pol?tica
La religi?n es la clave de la cultura, pues constituye su origen, dependiendo de ella el vigor y la vigencia de las pautas culturales; pero no determina las formas de la pol?tica.
Por eso, en las ?pocas democr?ticas es fundamental la difusi?n de la cultura pol?tica, puesto que todos los hombres son ciudadanos, actores de la vida colectiva. Seg?n la distinci?n de Tocqueville entre sociedades aristocr?ticas basadas en la desigualdad - s?lo unos pocos poseen libertad pol?tica - y sociedades democr?ticas - fundadas en la igualdad en tanto todos tienen libertad pol?tica - , la cultura pol?tica es propia en las primeras de los grupos aristocr?ticos, y en la democracia debiera ser patrimonio de todos. Por eso, si en las ?pocas de aristocracia las familias mon?rquicas y las aristocr?ticas se educan seg?n normas estrictas, orientadas al desempe?o de sus papeles sociales confundidos con las funciones pol?ticas que les corresponden como clase dirigente, algo parecido debiera ocurrir en las ?pocas democr?ticas. Pero, en este caso, el problema de la cultura pol?tica es m?s complicado.

En las primeras, la cultura pol?tica es consustancial con el estatus, mientras las ?ltimas se caracterizan por la disoluci?n de los rangos - posiciones adscritas - y a?n de las mismas posiciones adquiridas: forma parte de la vida democr?tica que cada individuo, cada familia tenga que luchar por mantener la posici?n social que tiene y alcanzar otra. De ah? que las sociedades democr?ticas produzcan el espect?culo de una incesante agitaci?n en su seno, como observ? Tocqueville. En la democracia no hay posiciones adscritas, heredadas o vinculadas, y habr? m?s o menos democracia en la medida en que subsistan.

As? pues, en las sociedades aristocr?ticas la cultura pol?tica forma parte espont?neamente del estatus o posici?n social adscrita y la pr?ctica, que es la etiqueta, sirve para mostrarla. No es as? en la democracia, aunque si la democracia es razonablemente aut?ntica, la misma vida pol?tica tiene un efecto educador, pero que no es necesariamente suficiente. El hombre democr?tico, en tanto ciudadano, a fin de ejercer la ciudadan?a tiene que tener claros no s?lo sus derechos y deberes, sino la naturaleza de lo Pol?tico y la Pol?tica. Un grave problema irresuelto de la democracia en Europa consiste en la falta de educaci?n pol?tica, que no es lo mismo que lo que se suele llamar educaci?n democr?tica: la democracia se presupone; lo que se necesita son los conocimientos - y la pr?ctica - de la vida pol?tica.

Aqu?, por una serie de circunstancias, la educaci?n pol?tica y la misma democracia cayeron muy pronto en manos de las ideolog?as, con las que la voluntad pol?tica intenta modelar para sus propios fines la educaci?n y los conocimientos necesarios para la vida pol?tica.

Por eso, la lucha de las ideolog?as, que, en su sentido ?ltimo son concepciones del mundo que adoptan la forma de religiones pol?ticas, es de lo m?s antidemocr?tico, y la educaci?n ideol?gica es m?s bien un disolvente de las creencias colectivas, de la vida colectiva, justamente lo contrario de la pol?tica, cuyo fin es la unidad de la acci?n colectiva. Hoy, por ejemplo, pasando por alto la ciencia pol?tica dominante, pura eratolog?a, la historia, que es pol?ticamente de lo m?s formativo, constituye un disolvente de las tradiciones culturales y sociales en las que debe asentarse toda pol?tica. Unas veces se utiliza ideol?gicamente; otras, tan neutralmente que se reduce a los meros datos, todos iguales. Si a ello se a?ade la complejidad de lo que se llama pol?tica en el Estado T?cnico, que, en el mejor de los casos no es m?s que administraci?n, el hombre democr?tico se encuentra perdido en todo lo que concierne a la vida pol?tica democr?tica. Un ejemplo es el nulo nivel de cultura pol?tica de los que se dedican a la pol?tica, de la que hacen una profesi?n que excluye autom?ticamente de la vida pol?tica a la inmensa mayor?a. En una democracia la cultura pol?tica debiera ser, como ocurre con la religi?n, patrimonio de todos, aunque haya quienes por vocaci?n, no como profesi?n - como en el caso del sacerdocio - , se dediquen especialmente a ella. Si no es as?, no hay verdadera pol?tica ni democracia.

Publicado por mario.web @ 9:28
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