Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

Fuente: www.padrealejandro.com
Autor: P. Alejandro Cort?s Gonz?lez-B?ez

En una ocasi?n alguien me pregunt? que por qu? andaba yo disfrazado de sacerdote, pues desde que me orden? acostumbro vestir as?. He de aclarar que yo no me disfrazo de sacerdote, sino que visto de acuerdo a lo que soy. Mi ropa clerical es mi uniforme, el cual me ha permitido ejercer mi ministerio dentro y fuera de los espacios sagrados dedicados a la celebraci?n cultual.

Vestir as? no me averg?enza porque no es algo malo y cuando me he sentido inc?modo al constatar que la gente se me queda viendo, me viene a la cabeza que en esta ?poca se suele exigir el testimonio. Y esta es una forma m?s de recordarle al mundo que Dios existe.

Ya s? que el h?bito no hace al monje, ni la sotana al sacerdote, pero quien viste un uniforme, de cualquier tipo, representa a la instituci?n que lo avala y deber? exigirse en su conducta para no demeritarla.

Nos ha tocado vivir una ?poca curtida por un relativismo, con frecuencia agresivo, en la que muchos viven una religiosidad nebulosa, abstracta? y hasta sin Dios. Se confunde le religi?n con un sentimiento religioso, donde no caben las verdades reveladas inmutables de fe y moral. Los mandamientos son considerados como simples consejitos. La liturgia se confunde a su vez con las pr?cticas de una vaga religiosidad, sin normas fijas, donde cada quien puede a?adir o quitar a su antojo.

El sacerdocio es algo divino, sin embargo tiene mucho de humano. Y siendo que el hombre de nuestra ?poca atraviesa por fuertes crisis de identidad, de inmadurez, de falta de valores y debilidad de virtudes, de inestabilidad familiar y afectiva, no resulta raro que escaseen las vocaciones sacerdotales, puesto que el sacerdocio, como el matrimonio, son vocaciones de servicio y nuestro sistema ego?sta de vida no acepta servir.

Resulta l?gico que el sacerdote deba cuidar su identidad sin dejarse arrastrar por la tentaci?n de ?confundirse? con el resto de los fieles, dado que su misi?n es de pastor. Debe ser gu?a en cuanto a su amor a Dios y a los dem?s. Con un conocimiento profundo y asequible, a la vez, para hablar del amor que nos cre? y al que debemos tender a trav?s de nuestra realidad ordinaria.

El Papa Pablo VI, en una alocuci?n a los socios del Club Alpino Italiano les dijo: ?El lenguaje b?blico, especialmente en los salmos, llama a Dios con el nombre de roca, de piedra: ?l es Aquel que no abandona, Aquel en quien uno se puede apoyar y agarrar, porque s?lo en ?l est? la salvaci?n y la gloria?.

El sacerdote est? llamado, pues, a recordar que hemos de edificar nuestra vida en la roca firme de ese Dios que es amor, pero a la vez fuerte como ninguno.


Publicado por mario.web @ 9:29
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