Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Discurso del Papa Juan Pablo II a los Obreros de Guadalajara durante su viaje a la Rep?blica Dominicana, M?xico y Bahamas, 30 de enero de 1979. En ?l habla del concepto cristiano del trabajo, de la vida familiar y social que contribuyen a que se realice e
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Discurso a los Obreros de Guadalajara
Discurso a los Obreros de Guadalajara
VIAJE A LA REP?BLICA DOMINICANA,
M?XICO Y BAHAMAS

DISCURSO DE JUAN PABLO II
A LOS OBREROS DE GUADALAJARA

Martes 30 de enero de 1979



Queridos hermanos y hermanas,
queridos obreros y obreras:


Llego hasta aqu? a este cuadro maravilloso de Guadalajara, donde nos encontramos en el nombre de Aquel que quiso ser conocido como el Hijo del artesano.

Vengo hasta vosotros trayendo en mis ojos y en mi alma la imagen de Nuestra Se?ora de Guadalupe, vuestra Patrona, hacia la que profes?is un amor filial que he podido constatar no s?lo en su santuario sino incluso pasando por las calles y ciudades de M?xico. Donde hay un mexicano, ah? est? la Madre de Guadalupe. Me dec?a un se?or que el 96 por ciento de los mexicanos son cat?licos, mas ciento por ciento son guadalupanos.

He querido venir a visitaros, familias obreras de Guadalajara y de otros lugares de esta arquidi?cesis que se distingue por su adhesi?n a la fe, por su unidad familiar y por sus esfuerzos para responder a las grandes exigencias humanas y cristianas de la justicia, de la paz, del progreso, seg?n Dios.

Me presento ante vosotros como un hermano con alegr?a y con amor, despu?s de haber tenido la oportunidad de recorrer los caminos de M?xico y de ser testigo del amor que aqu? se profesa a Cristo, a la Virgen Sant?sima y al Papa, peregrino y mensajero de la fe, la esperanza y la uni?n entre los hombres.

Deseo manifestaros desde el primer momento cu?nto agrada al Papa que este encuentro sea de obreros, de familias obreras, de familias cristianas que desde sus puestos de trabajo saben ser agentes de bien social, de respeto, de amor a Dios en el taller, en la f?brica, en cualquier casa o lugar.

Pienso en vosotros, ni?os y ni?as, j?venes de familias obreras; me viene a la mente la figura de Aquel que naci? en el seno de una familia artesana, que creci? en edad, sabidur?a y gracia, que de su Madre aprendi? los caminos humanos, que en aquel var?n justo que Dios le dio por padre tuvo el maestro en la vida y en el trabajo cotidiano. La Iglesia venera a esta Madre y a ese Hombre, a ese santo obrero, tambi?n modelo de hombre y de obrero.

Nuestro Se?or Jesucristo recibi? las caricias de sus recias manos de obrero, manos endurecidas por el trabajo, manos abiertas a la bondad y al hermano necesitado. Permitidme entrar en vuestras casas, si quer?is tener al Papa como hu?sped y amigo vuestro, y darle el consuelo de ver en vuestros hogares la uni?n, el amor familiar que descansa tras la jornada de fatiga en este mutuo y afectuoso intercambio que reinaba en la Sagrada Familia. Me hace ver, queridos ni?os y j?venes que os est?is preparando de manera seria para el ma?ana; os lo repito, sois la esperanza del Papa.

No me negu?is el gozo de veros caminar por senderos que os conducen a ser aut?nticos seguidores del bien y amigos de Cristo. No me negu?is la alegr?a de ver vuestro sentido de responsabilidad en los estudios, en las actividades, en las diversiones. Est?is llamados a ser portadores de generosidad y honestidad, a ser luchadores contra la inmoralidad, a preparar ese M?xico m?s justo y sano, m?s feliz, para los hijos de Dios e hijos de Nuestra Madre Mar?a.

Vosotros sab?is muy bien que el trabajo de vuestros padres est? presente en el esfuerzo com?n de crecimiento en esta Naci?n y en todo lo que contribuya a que los beneficios de la civilizaci?n contempor?nea lleguen a todos los mexicanos. Estad orgullosos de vuestros padres y colaborad con ellos en vuestra formaci?n de j?venes honrados y cristianos, os acompa?an mi afecto y mi aliento.

El afecto del Papa se dirige tambi?n a las trabajadoras madres y esposas presentes y a todas aquellas que escuchan mi palabra a trav?s de los medios de comunicaci?n social. Recordad a aquella Virgen Madre que supo ser causa de alegr?a para el esposo y gu?a sol?cita para el hijo en los momentos de dificultad y de prueba. Cuando hay preocupaciones y limitaciones, recordad que Dios escogi? a una Madre pobre y que Ella supo permanecer firme en el bien, a?n en las horas m?s duras.

Muchas de vosotras trabaj?is tambi?n en alguna de las m?ltiples actividades que hoy se abren a la capacidad femenina; muchas de vosotras sois tambi?n sustento para no pocos hogares y ayuda continua para que la vida familiar sea cada vez m?s digna. Estad presentes con vuestra creatividad en la transformaci?n de esta sociedad, la manera de vida contempor?nea ofrece oportunidades y empleos cada vez m?s importantes para la mujer, llevad vuestra aportaci?n iluminada por vuestro sentido religioso, a todos los vuestros y a?n a las m?s altas magistraturas.

Amigos, hermanos trabajadores, existe un concepto cristiano del trabajo, de la vida familiar y social que encierra grandes valores y que reclama criterios y normas morales que orienten a quien cree en Dios y en Jesucristo, para que el trabajo se realice como una verdadera vocaci?n de transformaci?n del mundo, en un esp?ritu de servicio y de amor a los hermanos, para que la persona humana se realice aqu? mismo y contribuya a la humanizaci?n creciente del mundo y de sus estructuras.

El trabajo no es una maldici?n, es una bendici?n de Dios que llama al hombre a dominar la tierra y a transformarla, para que con la inteligencia y el esfuerzo humano contin?e la obra creadora y divina. Quiero deciros con toda mi alma y fuerza, que me duelen las insuficiencias de trabajo, me duelen las ideolog?as de odio y violencia que no son evang?licas y que tantas heridas causan en la humanidad contempor?nea.

Para el cristiano no basta la denuncia de las injusticias, a ?l se le pide ser testigo y agente de justicia; el que trabaja tiene derechos que ha de defender legalmente, pero tiene tambi?n deberes que ha de cumplir generosamente. Como cristianos est?is llamados a ser art?fices de justicia y de verdadera libertad a la vez que forjadores de caridad social. La t?cnica contempor?nea crea toda una problem?tica nueva y a veces produce desempleo, pero tambi?n abre grandes posibilidades que reclaman en el trabajador una preparaci?n cada vez mayor y una aportaci?n de su capacidad humana e imaginaci?n creadora. Por ello el trabajo no ha de ser una mera necesidad, ha de ser visto como una verdadera vocaci?n, un llamamiento de Dios a construir un mundo nuevo en el que habiten la justicia y fraternidad, anticipo del Reino de Dios, en el que no habr? ya ni carencias, ni limitaciones.

El trabajo ha de ser el medio para que toda la creaci?n est? sometida a la dignidad del ser humano e hijo de Dios.

Ese trabajo ofrece la oportunidad de comprometerse con toda la comunidad sin resentimientos, sin amarguras, sin odios, sino con el amor universal de Cristo que a nadie excluye y que a todas abraza.

Cristo nos ha anunciado el Evangelio, por el que sabemos que Dios es amor, que es Padre de todos y que nosotros somos hermanos.

El misterio central de nuestra vida cristiana que es el de la Pascua, nos hace mirar al cielo nuevo y a la tierra nueva. En el trabajo debe existir esa m?stica pascual, con la que los sacrificios y fatigas se aceptan con impulso cristiano para hacer que resplandezca m?s claramente el nuevo orden querido por el Se?or y para hacer un mundo que responda a la bondad de Dios en la armon?a, el amor y la paz.

Amad?simos hijos e hijas, pido al Se?or por vosotros todos y por vuestras familias, pido al Se?or por la unidad y estabilidad de los matrimonios y porque la vida del hogar sea siempre plena y gozosa. La fe cristiana ha de ser m?s fuerte con todos los factores de crisis contempor?nea. La Iglesia, como el Concilio nos ha ense?ado cari?osamente, ha de ser la gran familia en la que se vive la din?mica de unidad, de vida, de gozo y de amor, que es la Trinidad Sant?sima.

El mismo Concilio ha llamado a la familia ?peque?a Iglesia?; en la familia cristiana tiene su principio la acci?n evangelizadora de la Iglesia. Las familias son las primeras escuelas de la educaci?n en la fe; solamente si esa unidad cristiana se conserva ser? posible que la Iglesia cumpla su gran misi?n en la sociedad y en la misma Iglesia.

Amigos y hermanos, gracias por haberme ofrecido la posibilidad de participar en este gran encuentro con el mundo obrero, con el que me siento siempre tan a gusto. Sois para el Papa amigos y compa?eros. Gracias.

Esta ciudad de Guadalajara se ha distinguido en todo M?xico por el impulso dado a las actividades deportivas que proporcionan a la familia el crecimiento f?sico y espiritual y la alegr?a de una mente sana en un cuerpo sano. La corona de futbolistas que nos acompa?a pone un nuevo color a nuestra gran reuni?n. El Papa os da su bendici?n a todos y cada uno. Que ella os aliente vuestro compromiso apost?lico con generosa entrega fraternal y con la seguridad de que Dios trabaja con vosotros para que construy?is un mundo m?s hermoso, m?s amable, m?s justo, m?s humano, m?s cristiano. As? sea.

Publicado por mario.web @ 9:31
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