Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

4. LAS RELACIONES LABORALES


1. La relaci?n capital-trabajo es actualmente injusta y por eso conflictiva
19. El problema del trabajo, en la ?poca del desarrollo industrial, ha sido planteado y se ha manifestado en el contexto de un gran conflicto entre el "mundo del capital" y el "mundo del trabajo", es decir, entre el grupo restringido, pero muy influyente, de los empresarios, propietarios o poseedores de los medios de producci?n y la m?s vasta multitud de gente que no dispon?a de estos medios, y que participaba, en cambio, en el proceso productivo exclusivamente mediante el trabajo. Tal conflicto ha surgido por el hecho de que los trabajadores, ofreciendo sus fuerzas para el trabajo, las pon?an a disposici?n del grupo de los empresarios, y ?ste, guiado por el principio del m?ximo rendimiento, trataba de establecer el salario m?s bajo posible para el trabajo realizado por los obreros.

La llamada a al solidaridad y a la acci?n com?n lanzada a los trabajadores... ten?a un importante valor... Era la reacci?n contra la degradaci?n del hombre como sujeto del trabajo y contra la inaudita y concomitante explotaci?n en el campo de las ganancias, de las condiciones de trabajo y de provisi?n hacia la persona del trabajador (LE 11 y 8).

20. Durante mucho tiempo, en efecto, las riquezas o "capital" se atribuyeron demasiado a s? mismos. El capital reivindicaba para s? el rendimiento, la totalidad del producto, dejando al trabajador apenas lo necesario para reparar y restituir sus fuerzas. Pues se dec?a que, en virtud de una ley econ?mica absolutamente incontrastable, toda acumulaci?n de capital correspond?a a los ricos, y que, en virtud de esa misma ley, los trabajadores estaban condenados y reducidos a perpetua miseria o a un bienestar muy escaso... No siempre ni en todas partes la realidad de los hechos estuvo de acuerdo con esta opini?n de los liberales vulgarmente llamados manchesterianos, aun cuando tampoco pueda negarse que las instituciones econ?mico-sociales se inclinaban constantemente a este principio (QA 54).

-Por primera vez un Papa se encara con el principio de que la falta de equidad entre capital y trabajo es una "ley incontrastable de la econom?a", aunque eso sea lo aceptado por "la mayor?a de las instituciones": es m?s bien una ley injusta de un determinado sistema econ?mico, que ha de provocar conflictos y reacciones l?gicas de parte de las v?ctimas. Si el texto 19 es estrictamente contempor?neo de la "reaganom?a", el 20 es cincuenta a?os anterior.


2. Primac?a del trabajo no significa colectivismo ni propiedad estatal

21. Se puede hablar de socializaci?n ?nicamente cuando quede asegurada la subjetividad de la sociedad, es decir, cuando toda persona, bas?ndose en su propio trabajo, tenga pleno t?tulo a considerarse al mismo tiempo "copropietario" de esa especie de gran taller de trabajo en el que se compromete con todos. Un camino para conseguir esa meta podr?a ser el de asociar, en cuanto sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica gama de cuerpos intermedios con finalidades econ?micas, sociales, culturales: cuerpos que gocen de una autonom?a efectiva respecto a los poderes p?blicos... (LE 14).


3. Significa derecho al trabajo y atenci?n al sujeto del trabajo

22. La Iglesia lo ha vuelto a afirmar solemnemente en el ?ltimo Concilio: "La persona humana es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones". Todo hombre tiene derecho al trabajo, a la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ejercicio de su profesi?n (OA 14).

23. No hay persona que no se d? cuenta de la actualidad y de la creciente gravedad del desempleo en los pa?ses industrializados. Si ?ste aparece de modo alarmante en los pa?ses en v?as de desarrollo, con su alto ?ndice de crecimiento demogr?fico y el n?mero tan elevado de poblaci?n juvenil, en los pa?ses de gran desarrollo econ?mico parece que se contraen las fuentes de trabajo, y as? las posibilidades de empleo, en vez de aumentar, disminuyen (SRS 18).

24. Por eso, hay que seguir pregunt?ndose sobre el sujeto del trabajo y las condiciones en las que vive. Para realizar la justicia social en las diversas partes del mundo, en los distintos Pa?ses, y en las relaciones entre ellos, son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente all? donde lo requiere la degradaci?n social del sujeto del trabajo, la explotaci?n de los trabajadores, y las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre.
El trabajo humano es una clave, quiz? la clave esencial, de toda la cuesti?n social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Si la soluci?n gradual de la cuesti?n social... debe buscarse en la direcci?n de hacer la vida humana, entonces la clave, que es el trabajo humano adquiere una importancia fundamental y decisiva (LE 8 y 3).

-El problema de la econom?a es si pretende hacer la vida humana m?s humana para todos, o s?lo m?s f?cil para unos pocos. Seg?n se elija una u otra finalidad, las leyes de la econom?a ser?n muy diferentes. Por eso se puede decir: "la econom?a se ha hecho para el hombre (para todos los hombres), no los hombres para la econom?a" (de unos pocos).


4. Todo esto significa revisar los criterios salariales

25. Si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta, aun no queri?ndola, una condici?n m?s dura, porque la imponen el patrono o el empresario, esto es ciertamente soportar una violencia, contra la cual reclama justicia (RN 32).

-Por ejemplo: si hay una gran masa de parados el obrero aceptar? cualquier cosa para s?, y reivindicar? mucho menos para su clase: no porque as? lo quiera libremente sino "forzado por la necesidad".

26. Hay que luchar denodadamente, por tanto, para que los padres de familia reciban un sueldo lo suficientemente amplio para atender convenientemente a las necesidades dom?sticas ordinarias. Y si en las actuales circunstancias esto no siempre fuera posible, la justicia social postula que se introduzcan lo m?s r?pidamente posible las reformas necesarias para que se fije a todo ciudadano adulto un salario de este tipo (QA 71).

27. Cierto es que para establecer la medida del salario con justicia hay que considerar muchas razones; pero generalmente tengan presente los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena, no lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. "He aqu? que el salario de los obreros... que fue defraudado por vosotros, clama; y el clamor de ellos ha llegado a los o?dos del Dios de los ej?rcitos" (Sgo 5, 4). Por ?ltimo, han de evitar cuidadosamente los ricos perjudicar en lo m?s m?nimo los intereses de los proletarios con violencias o con enga?os, o con artilugios usurarios; tanto m?s cuanto que no est?n suficientemente preparados contra la injusticia y el atropello, y, por eso mismo, mientras m?s d?bil sea su econom?a, tanto m?s sagrada debe considerarse (RN 14).

28. Todo hombre tiene derecho a una remuneraci?n equitativa que le permita a ?l y a su familia "llevar una vida digna en el plano material, cultural y espiritual", a la asistencia en caso de necesidad por raz?n de enfermedad o de edad (OA 14).

-Rel?anse a la luz de estos textos, y de la cita b?blica del n? 27, todos nuestros discursos sobre el "ajuste", la "moderaci?n" salarial y dem?s eufemismos. Rel?anse las condiciones impuestas por el FMI a los pa?ses m?s pobres. No hay duda de que ?ste es el punto en que la DSI m?s choca con la pr?ctica habitual del capitalismo. Pero no s?lo porque esto no sea factible en un determinado momento, sino porque no existe en absoluto la voluntad de "ir caminando lo m?s r?pidamente posible" hacia esa meta, como ped?a P?o XI. La voluntad latente es m?s bien la contraria, en un sistema que s?lo se rige por la competitividad, olvidando el contrapunto necesario de la solidaridad... Queremos notar tambi?n que los papas hablan s?lo de la funcionalidad, no de la cuant?a del salario. Esa funci?n se puede realizar bien por su volumen, bien por formas de participaci?n en la empresa, etc.


5. Todo lo anterior se agrava considerablemente cuando la econom?a se convierte de "productiva" en "especulativa"

29. Es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos econ?micos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi autom?tico, haciendo m?s r?gidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados por los pa?ses mas desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen a causa de su mismo funcionamiento, los intereses de los que los maniobran, aunque terminan por sofocar o condicionar las econom?as de los pa?ses menos desarrollados. Es necesario someter en el futuro estos mecanismos a un an?lisis atento bajo el aspecto ?tico-moral (SRS 1).

-A partir de aqu?, quiz?s podemos dar ya respuesta a la frase de P?o XI que sirvi? de t?tulo a nuestro cap?tulo I: ?cu?les son esos "vicios grav?simos" de nuestra econom?a?:
30. La econom?a no es viciosa por naturaleza, sino que viola el recto orden s?lo cuando el capital abusa de los obreros y de la clase proletaria con la finalidad y de tal forma que los negocios e incluso toda la econom?a se plieguen a su exclusiva voluntad y provecho, sin tener en cuenta para nada ni la dignidad humana de los trabajadores, ni el car?cter social de la econom?a, ni aun siquiera la misma justicia social y el bien com?n (QA 101).

-La pregunta mordaz que han lanzado contra la Iglesia algunos defensores del sistema ("?est? Dios contra la econom?a?") tiene aqu? la respuesta, dada hace ya medio siglo.

Y si el sistema conlleva esa din?mica intr?nseca de injusticia, uno de los m?nimos remedios que exige (no para ser transformado pero al menos para ser suavizado) ser? la intervenci?n del estado.


5. LA INTERVENCI?N DEL ESTADO



31. Mientras el estado, durante el s. XIX, por exagerada exaltaci?n de la libertad, consideraba como fin exclusivo suyo tutelar la libertad con el derecho, Le?n XIII le advirti? ser igualmente suyo el aplicarse a la atenci?n social, procurando el bienestar de todo el pueblo y de todos sus miembros, particularmente de los d?biles y de los desheredados (Sol 9).

-En estas palabras (que provienen de un mensaje con motivo del 50 aniversario de RN) reaparecen las dos posturas que hoy vemos debatirse entre derechas e izquierdas: el estado no debe intervenir m?s que para garantizar la libertad del capital, porque siempre que interviene, la econom?a va peor. A la que P?o XII contrapone esta otra concepci?n: el estado casi no tiene m?s raz?n de ser que garantizar la defensa de los m?s d?biles y, a partir de ah?, el bienestar de todos los ciudadanos. La raz?n, profundamente b?blica, la hab?a dado ya, cincuenta a?os antes, Le?n XIII:
32. La raza de los ricos, como se puede amurallar con sus propios recursos, necesita menos del amparo de la p?blica autoridad; el pueblo pobre, como carece de medios propios con que defenderse, tiene que apoyarse grandemente en el patrocinio del estado... Queda al alcance de los gobernantes beneficiar a los dem?s ?rdenes sociales y aliviar grandemente la situaci?n de los proletarios; y esto en virtud del mejor derecho y sin la m?s leve sospecha de injerencia, ya que el Estado debe velar por el bien com?n como propia misi?n suya (RN 22 y 23).

33. Y de ninguna manera se ha de caer en el error de que la autoridad civil sirva al inter?s de uno o de pocos, habiendo sido establecida para procurar el bien de todos. Sin embargo, razones de justicia y de equidad pueden tal vez exigir que los poderes p?blicos tengan especiales consideraciones hacia los miembros m?s d?biles del cuerpo social, encontr?ndose ?stos en condiciones de inferioridad para hacer valer sus propios derechos y para conseguir sus leg?timos intereses (PT 51).

-La parcialidad hacia los m?s d?biles es la ?nica manera de que la autoridad sea verdaderamente "de todos los ciudadanos". Una de las razones primarias de la autoridad es, por tanto, la defensa de los indefensos y de los que carecen de recursos. C?mo debe entenderse este apoyo lo sugiere el siguiente texto:

34. La falta de seguridad, junto con la corrupci?n de los poderes p?blicos y la proliferaci?n de fuentes il?citas de aumento del patrimonio familiar, y de beneficios f?ciles basados en actividades ilegales o puramente especulativas, es uno de los obst?culos principales para el desarrollo y para el orden econ?mico (CA 48).

-Deber?a darse una interacci?n entre unos poderes que controlen la corrupci?n econ?mica de los pudientes, y una ciudadan?a que controle la corrupci?n de los poderes p?blicos. Eso ser?a una verdadera democracia. Alguna concreci?n de esas "especiales consideraciones" (de que hablaba el texto 33) la sugiere el texto siguiente:

35. No menor empe?o habr?n de poner los que tienen el poder civil en lograr que a los obreros aptos para el trabajo se les ofrezca la oportunidad de conseguir empleos adecuados a sus fuerzas; que la remuneraci?n del trabajo se determine seg?n criterios de justicia y equidad; que en los complejos productivos se d? a los obreros la posibilidad de sentirse responsables de la empresa en que trabajan; que se puedan constituir unidades intermedias que hagan m?s f?cil y fecunda la convivencia de los ciudadanos; que finalmente todos, por procedimientos aptos y graduales puedan tener participaci?n en los bienes de la cultura (PT 59).

-Derecho al trabajo, derecho al salario justo, derecho a la corresponsabilidad y a niveles aut?nomos de gesti?n, derecho a la cultura. Un sistema que no facilite esos objetivos, aunque consiga otros, no es un sistema racional ni humano ni justo, como sugiere el p?rrafo siguiente:
36. La experiencia atestigua que, dondequiera que falte una apropiada acci?n de los poderes p?blicos, los desequilibrios econ?micos, sociales y culturales de los seres humanos tienden, sobre todo en nuestra ?poca, a acentuarse m?s bien que a reducirse, y se llega por lo mismo a hacer que "derechos y deberes del hombre" no sean m?s que vocablos desprovistos de toda eficacia (PT 58).

-Pero toda esta intervenci?n estatal debe hacerse siempre respetando el importante "principio de subsidiariedad" (que desgraciadamente, parece no tener valor para la misma Iglesia que lo proclama): lo que pueden hacer las instancias m?s cercanas, no deben hacerlo las m?s lejanas:

37. Esta intervenci?n estatal que fomenta, estimula, organiza, protege y completa, descansa sobre el principio de subsidiariedad, establecidas por P?o XI: "sigue en pie y firme... aquel grave principio inamovible...: como no puede quitarse a los individuos lo que ellos pueden realizar con su propio ingenio o esfuerzo, y darlo a la comunidad, as? tampoco es justo, sino que constituye una grave perturbaci?n... que se quite a las comunidades menores o inferiores lo que ellas pueden realizar y conseguir, para d?rselo a una instancia m?s elevada. Pues toda acci?n de la sociedad, por su misma fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos ni absorberlos (MM 53, QA 79).

-"Potenciar sin destruir". Una de las grandes dificultades para todo esto, en el momento actual, es la tremenda interdependencia de todas las econom?as y la conversi?n de un mundo tan espantosamente desigual en "aldea global".

38. Es el Estado el que debe realizar una pol?tica laboral justa. No obstante... dentro del sistema actual de relaciones econ?micas en el mundo, se dan entre los Estados m?ltiples conexiones... por ejemplo, en los procesos de importaci?n y exportaci?n... Estas relaciones crean a su vez dependencias rec?procas y, consiguientemente, ser?a dif?cil hablar de plena autosuficiencia... por lo que se refiere a cualquier Estado, aunque sea el m?s poderoso en sentido econ?mico.

Tal sistema de dependencias rec?procas, es normal en s? mismo; sin embargo, puede convertirse f?cilmente en ocasi?n para diversas formas de explotaci?n o de injusticia, y de este modo influir en la pol?tica laboral de los Estados y en ?ltima instancia sobre el trabajador que es el sujeto propio del trabajo (LE 17).

-Esto nos lleva a la necesidad de considerar las relaciones internacionales tambi?n en el campo de la econom?a. La SRS, escrita a ra?z del aniversario de la PP, comenzaba se?alando que lo que m?s ha cambiado desde aquella enc?clica hasta hoy es precisamente la mundializaci?n de la econom?a que pone de relieve, a la vez, nuevas irracionalidades e injusticias, junto con innegables dificultades para solventarlas a niveles particulares. Ello nos lleva a un nuevo cap?tulo en esta antolog?a.


6. LAS RELACIONES INTERNACIONALES

39. Mientras por una parte siguen sin utilizarse recursos importantes de la naturaleza, existen por otra grupos enteros de desocupados o subocupados y un sinf?n de multitudes hambrientas un hecho que atestigua sin duda el que, dentro de las comunidades pol?ticas como en las relaciones existentes entre ellas a nivel continental y mundial en lo concerniente a la organizaci?n del trabajo y del empleo hay algo que no funciona y concretamente en los puntos mas cr?ticos y de mayor relieve social (LE 18).

40. Pero el problema tal vez mayor de nuestros d?as es el que ata?e a las relaciones entre las naciones econ?micamente desarrolladas y los pa?ses en v?as de desarrollo econ?mico: las primeras gozan de una vida c?moda; los segundos, en cambio, padecen dur?sima escasez. La solidaridad social, que hoy d?a agrupa a todos los hombres en una ?nica familia, impone a las naciones que disfrutan de abundante riqueza econ?mica la obligaci?n de no permanecer indiferentes ante los pa?ses cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre. Esta obligaci?n se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias econ?micas y sociales entre ellos resultan excesivas (MM 157).

-Los promotores de la plataforma del 0?7 dec?an que se trataba s?lo de un primer paso. Juan XXIII a?ade una raz?n para ese modo de ver: "res nostra agitur!": nos jugamos nuestra propia paz duradera y fecunda. La primera consecuencia de la "aldea global" es la necesidad de la igualdad entre las naciones:

41. Las mutuas relaciones entre las Comunidades pol?ticas han de estar reguladas por la verdad. La cual exige antes que nada, que de estas relaciones se elimine toda huella de racismo; y que, por tanto, se reconozca como principio sagrado e inmutable que las Comunidades pol?ticas, por dignidad de naturaleza, son iguales entre s?; de donde se sigue un mismo derecho a la existencia, al propio desarrollo, a los medios necesarios para lograrlo de modo que cada una sea la primera responsable en la actuaci?n de sus programas... (PT 80).

-Ello lleva a proclamar la necesidad y las funciones de una autoridad mundial:
42. Debiendo esta autoridad desempe?ar su oficio eficazmente, conviene que sea igual con todos, exenta de toda parcialidad y orientada al bien com?n de todas las gentes. Si las Naciones m?s poderosas imponen por la fuerza esta autoridad universal, con raz?n habr? que temer que sirva al provecho de unos pocos o que est? del lado de una sola Naci?n. De este modo la fuerza y eficacia de su acci?n correr?an peligro. Las Naciones, por mucho que discrepen entre s? en el aumento de bienes materiales y en su poder militar, defienden tenazmente la igualdad jur?dica y la propia dignidad moral. Por eso, no sin raz?n, los Estados se someten de mal grado a una potestad que se les impone por la fuerza, o a cuya constituci?n no han contribuido o a la que no se han adherido espont?neamente (PT 130).

-Pero todo lo anterior resultar? in?til si, tanto las relaciones internacionales como la autoridad mundial, est?n viciadas por el pecado original de unas relaciones econ?micas injustas, como son las del comercio internacional, denunciado por Pablo VI en unos p?rrafos famosos:

43. Los esfuerzos.. que se han hecho para ayudar a los pa?ses en v?as de desarrollo, ser?n ilusorios si sus resultados se ven parcialmente anulados por las relaciones comerciales entre pa?ses ricos y pobres. La confianza de ?stos se quebrantar? si tienen la impresi?n de una mano les da lo que les quita la otra. Las naciones industrializadas exportan sobre todo productos elaborados, mientras que las econom?as poco desarrolladas no tienen para vender m?s que productos agr?colas y materias primas. Gracias al progreso t?cnico los primeros aumentan r?pidamente de valor y encuentran suficiente mercado. Por el contrario, los productos primarios que provienen de los pa?ses subdesarrollados, sufren amplias y bruscas variaciones de precio, muy lejos de esa plusval?a progresiva. De ah? provienen para ?stos ?ltimos grandes dificultades cuando han de contar con sus exportaciones para equilibrar su econom?a y realizar su plan de desarrollo. Los pueblos pobres permanecen siempre pobres y los ricos se hacen cada vez m?s ricos (PP 56.57).

A este respecto, deseo recordar particularmente: la reforma del sistema internacional de comercio, hipotecado por el proteccionismo y el creciente bilateralismo; la reforma del sistema monetario y financiero mundial, reconocido hoy como insuficiente; la cuesti?n de los intercambios de tecnolog?as y de su uso adecuado; la necesidad de una revisi?n de la estructura de las organizaciones internacionales existentes en el marco de un orden internacional (SRS 43).
-Plusval?a progresiva para unos y "minusval?a" regresiva para otros. Estas palabras han resultado dolorosamente prof?ticas. Muchos pueblos subdesarrollados se han visto obligados a substituir una agricultura de subsistencia (ma?z, arroz etc.) por unos cultivos de exportaci?n (flores, plantas colorantes...) que de ning?n modo alcanzan despu?s a la subsistencia de los campesinos. As? no les quedan a ?stos m?s que dos salidas: o la emigraci?n loca a las horribles meg?polis de muchos pa?ses del tercer mundo, o el cultivo de la droga. Ante estos hechos, continuaba Pablo VI:

44. La regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son claras s?lo si las partes no se encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia econ?mica... Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de pa?s a pa?s: los precios que se forman "libremente" en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Por consiguiente queda cuestionado aqu? el principio fundamental del liberalismo como regla de los intercambios comerciales... Una econom?a de intercambio no puede seguir descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia, que engendra tambi?n demasiado a menudo una dictadura econ?mica (PP 58.59).

-En efecto: los mismos pa?ses que proclaman las excelencias del liberalismo de intercambios, tienen luego medios para introducir formas de aranceles o "proteccionismos camuflados" en sus relaciones comerciales con los pa?ses pobres. De este modo nunca ser? posible el ideal que Pablo VI defin?a como "convencer que realicen ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran progresivamente los medios para ello" (PP. 55).

Y tras esta especie de "cuerpo doctrinal, nos
queda s?lo el prestar atenci?n a algunos puntos o problemas concretos. Por ejemplo los referentes a la emigraci?n, la mujer, la huelga o la propiedad:


7. PROBLEMAS CONCRETOS


1. El derecho a la emigraci?n

45. A la abundancia de bienes y servicios disponibles en algunas partes del mundo, sobre todo en el Norte desarrollado, corresponde en el Sur un retraso inadmisible, y es precisamente en esta zona geopol?tica donde vive la mayor parte de la humanidad.

Dejando a un lado el an?lisis de cifras y estad?sticas, es suficiente mirar la realidad de una multitud ingente de hombres y mujeres, ni?os, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria. Son muchos millones los que carecen de esperanza debido al hecho de que, en muchos lugares de la tierra, su situaci?n se ha agravado sensiblemente (SRS 14 y 13).

-"ES suficiente mirar". El mayor pecado en lo referente a la pobreza y la injusticia es el h?bito de no mirar, de cerrar los ojos. Si se afrontan datos como los citados, es f?cil esperar las conclusiones:

46. Todo hombre tiene derecho a la libertad de movimiento y de residencia dentro de la Comunidad pol?tica de la que es ciudadano; y tambi?n tiene derecho de emigrar a otras Comunidades pol?ticas y establecerse en ellas cuando as? lo aconsejen leg?timos intereses. El hecho de pertenecer a una determinada Comunidad pol?tica, no impide de ninguna manera el ser miembro de la familia humana y pertenecer en calidad de ciudadano a la Comunidad mundial (PT 20)

47. Pues bien, entre los derechos de la persona humana, tambi?n se cuenta el que pueda cada uno emigrar a la naci?n donde espere poder atender mejor a s? y a los suyos. Por lo cual, es deber de las autoridades p?blicas el admitir a los extranjeros que vengan y, en cuanto lo permita el verdadero bien de esa comunidad, favorecer los intentos de quienes pretenden incorporarse a ella como nuevos miembros.

Aprovechamos la presente oportunidad para aprobar y elogiar p?blicamente todas las iniciativas de solidaridad humana o de cristiana caridad, enderezadas a aliviar los sufrimientos de quienes se ven forzados a emigrar de sus pa?ses (PT 101).


2. La discriminaci?n de la mujer
48. Un hecho de todos conocido (es) el ingreso de la mujer en la vida p?blica. En la mujer se hace cada vez m?s clara y operante la conciencia de la propia dignidad. Sabe ella que no puede consentir en ser considerada y tratada como un instrumento (PT 35).

49. En muchos pa?ses, es objeto de estudios y a veces de reivindicaciones vivas, una legislaci?n sobre la mujer que haga cesar esa discriminaci?n efectiva y establezca relaciones de igualdad de derechos y de respeto a su dignidad. No hablamos de una falsa igualdad que negar?a las distinciones establecidas por el mismo Creador, y que estar?a en contradicci?n con la funci?n espec?fica, tan capital, de la mujer en el coraz?n del hogar y en el seno de la sociedad. La evoluci?n de las legislaciones debe, por el contrario, orientarse en el sentido de proteger la vocaci?n propia de la mujer y, a la vez, reconocer su independencia en cuanto persona y su igualdad de derechos a participar en la vida econ?mica, social, cultural y pol?tica (OA 14).

-La presencia de la mujer en la vida p?blica, y no s?lo en la casa, es un signo de los tiempos que merece ser acogido en un esfuerzo hacia la plena igualdad. El hecho de que ese signo de los tiempos pueda ser falsificado en movimientos que confundan la plena igualdad con la falta de respeto a las diferencias, no invalida la justeza de la causa. La Iglesia no ha ca?do aqu? en el error f?cil de desautorizar una causa santa ampar?ndose en aquellos que la defienden mal.

50. La Iglesia ha defendido siempre el principio de que a la mujer trabajadora se la debe, por igual prestaci?n de trabajo y en paridad de rendimiento, la misma retribuci?n que al trabajador. Ser?a injusto y contrario al bien com?n explotar sin miramientos el trabajo de la mujer, por la sola raz?n de que se consigue a menor precio, con da?o tanto de la obrera como del obrero, que quedar?a de ese modo expuesto al peligro del paro. (P?o XII, Assai numerose, alocuci?n de 15 de agosto de 1945).

-Todav?a hoy, la desigualdad de salarios suele ser objeto de comentarios y denuncias no infrecuentes. En Espa?a los sueldos de las mujeres son en torno a un 20% m?s bajos. Por eso hemos elegido las palabras anteriores que son de hace m?s de cincuenta a?os.


3. El problema de la huelga

51. En caso de conflictos econ?micos-sociales hay que esforzarse por encontrarles soluciones pac?ficas. Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero di?logo entre las partes, sin embargo, en la situaci?n presente la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. B?squese con todo cuanto antes caminos para negociar y para reanudar el di?logo conciliatorio (GS 68).

-La huelga es leg?tima pero debe ser un ?ltimo recurso al que se acude cuando ha fracasado el di?logo previo. Es un derecho "para las aspiraciones justas del trabajador". Resulta muy dif?cil justificar con estas palabras algunos tipos de huelgas corporativistas de quienes ganan ya mucho pero pretenden ganar todav?a m?s, o pretenden hundir a la empresa para hacerse con la propiedad de ?sta.


4. El problema de la propiedad

52. Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones leg?timas de los pueblos, jam?s debe perderse de vista este destino universal de los bienes. El hombre... no debe tener las cosas exteriores que leg?timamente posee como exclusivamente suyas sino tambi?n como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a ?l solamente, sino tambi?n a los dem?s (GS 69).
-La propiedad no es un derecho ?ltimo y absoluto, sino un derecho secundario, subordinado al cumplimiento del destino universal de los bienes. Las dem?s ense?anzas derivan de este principio fundamental.

53. Si la tierra est? hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que necesita. Todos los dem?s derechos, sean los que sean, incluso el de propiedad, est?n subordinados a ello. [La propiedad] no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto... El bien com?n exige algunas veces la expropiaci?n si por el hecho de su extensi?n, de su explotaci?n deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la poblaci?n, del da?o considerable producido a los intereses del pa?s, algunas posesiones sirven de obst?culo a la prosperidad colectiva.

El Concilio ha recordado... no menos claramente, que la renta disponible no es cosa que queda abandonada al libre capricho de los hombres; y que las especulaciones ego?stas deben ser eliminadas. Desde luego no se podr?a admitir que ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las transfiriesen en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal sin preocuparse del da?o evidente que con ello infligir?an a la propia patria (PP 22.23.24).

54. La propiedad, seg?n la doctrina de la Iglesia, nunca se ha entendido de modo que pueda construir un motivo de conflicto social con el trabajo... La propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a la propiedad de los medios de producci?n: considerarlos aisladamente como un conjunto de propiedades separadas, con el fin de contraponerlos al trabajo, en la forma de "capital", es contrario a la naturaleza misma de estos medios y de su posesi?n. Estos no pueden ser pose?dos contra el trabajo, no pueden ser pose?dos ni siquiera para poseer, porque el ?nico t?tulo leg?timo para su posesi?n es que (en forma de propiedad privada o p?blica) sirvan al trabajo...

El reconocimiento de la justa posici?n del trabajo y del trabajador dentro del proceso productivo, exige varias adaptaciones en el ?mbito del derecho mismo a la propiedad de los medios de producci?n (LE 14).

-Si la propiedad de los medios de producci?n se adquiere sobre todo mediante el trabajo, se sigue de aqu? que, cuando al trabajador se le "modera" el salario por debajo de lo justo, para invertir en la producci?n, los medios adquiridos con esas medidas pertenecen, al menos en buena parte, a los trabajadores y no al capital. Esto ya hab?a sido insinuado por Le?n XIII y P?o XI:

55. Tengan en cuenta los ricos y empresarios que oprimir para su lucro a los necesitados e indigentes y sacar sus beneficios a trav?s de la pobreza ajena, no lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas (RN 14).

-Las leyes divinas puede. Las humanas no tanto porque suelen estar hechas por los mismos que buscan esa opresi?n para su beneficio... En cualquier caso, la doctrina de la Iglesia ha ido evolucionando en este punto y ha recuperado elementos perdidos de los Santos Padres y de la tradici?n primitiva. Los primeros documentos, en este punto, estaban demasiado infectados por "la figura de este mundo" (Rom 12, 2) y por el miedo a determinados esl?ganes comunistas, ante los que no se supo hacer una serena "discreci?n de esp?ritus".

?Pero incluso el documento que tiene una m?s que discutible doctrina sobre la propiedad (superada por documentos posteriores) dice eso!


8. EL COMPROMISO DE LA IGLESIA



56. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc?pulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz?n. La comunidad cristiana est? integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Esp?ritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvaci?n para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente ?ntima y realmente solidaria del g?nero humano y de su historia (GS 1).

57. La Iglesia esta vivamente comprometida en esta causa porque la considera como su misi?n, su servicio, como verificaci?n de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la "Iglesia de los pobres". No corresponde a la Iglesia analizar cient?ficamente las posibles consecuencias de tales cambios en la convivencia humana. Pero la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un aut?ntico progreso del hombre y de la sociedad (LE 8 y 1).

58. Hoy m?s que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se har? cre?ble por el testimonio de las obras antes que por su coherencia y l?gica interna. De esta conciencia deriva tambi?n su opci?n preferencial por los pobres, la cual nunca es exclusiva ni discriminatoria de otros grupos (CA 57).

-Cabe preguntar si los miembros de la Iglesia somos conscientes de hasta qu? punto nos obligan los textos citados. Ah? se pone en juego la misi?n de la Iglesia y su fidelidad a Jesucristo, quien revel? a Dios como un Dios de los pobres. Esa credibilidad no es tanto cosa de teor?as coherentes como de testimonio de obras. Y todo ello aunque la Iglesia no est? en posesi?n de soluciones t?cnicas, y su trabajo haya de ser m?s bien "recordar, denunciar y contribuir". En esa contribuci?n y ese compromiso de obras ha de tener un lugar decisivo la opci?n de la Iglesia por los pobres y su empe?o por ser una "Iglesia de los pobres":

59. Quiero se?alar aqu? la opci?n o amor preferencial por los pobres. Esta es una... forma especial... en el ejercicio de la caridad cristiana. Se refiere a la vida de cada cristiano... pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes.

Hoy, vista la dimensi?n mundial que ha adquirido la cuesti?n social este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados m?dicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor. Ignorar [esta realidad]... significar?a parecernos al "rico epul?n", que fing?a no conocer al mendigo L?zaro, postrado a su puerta (SRS 42).
-La acci?n por los pobres no es s?lo personal o asistencial, sino "pol?tica". Que en muchos miembros de la Iglesia y de la sociedad se encarna hoy la imagen del "rico Epul?n" de la par?bola de Jes?s ?qui?n podr?a negarlo? Y sin embargo los cristianos seguimos cantando "est? enfermo, est? preso est? desnudo. Pero El nos va a juzgar por todo eso"...

60. Frente a tantos nuevos interrogantes, la Iglesia hace un esfuerzo de reflexi?n para responder, dentro de su propio campo, a las esperanzas de los hombres. El que hoy los problemas parezcan originales debido a su amplitud y urgencia, ?quiere decir que el hombre se halla impreparado para resolverlos? La ense?anza social de la Iglesia acompa?a con todo su dinamismo a los hombres en esta b?squeda... No interviene para confirmar con su autoridad una determinada estructura establecida o prefabricada, [pero] no se limita, sin embargo, simplemente a recordar unos principios generales. [Es] una reflexi?n madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio que se convierte en fuente de renovaci?n, desde el momento en que su mensaje es aceptado en la plenitud de sus exigencias. Se desarrolla con la sensibilidad propia de la Iglesia, marcada por la voluntad desinteresada de servicio y la atenci?n a los mas pobres; finalmente, se alimenta en una rica experiencia multisecular (OA 42).

-A pesar de eso, la tarea de la Iglesia no es encontrar soluciones t?cnicas. Pero s? que puede aspirar a que, luego de dar su propio testimonio pr?ctico y no meramente te?rico, se sientan estimuladas en la b?squeda de soluciones, tanto las autoridades civiles, como las comunidades cristianas:

61. Los responsables de las naciones y los mismos organismos internacionales..., no han de olvidar dar la precedencia al fen?meno de la creciente pobreza. Por desgracia, los pobres, lejos de disminuir, se multiplican no s?lo en los pa?ses menos desarrollados, sino tambi?n en los m?s desarrollados, lo cual resulta no menos escandaloso (SRS 42).

62. Frente a situaciones tan diversas nos es dif?cil pronunciar una palabra ?nica, como tambi?n proponer una soluci?n con valor universal. No es ?ste nuestro prop?sito ni tampoco nuestra misi?n. Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situaci?n propia de su pa?s, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del evangelio, deducir principios de reflexi?n, normas de juicio y directrices de acci?n seg?n las ense?anzas sociales de la Iglesia tal como han sido elaboradas a lo largo de la historia... A estas comunidades cristianas toca discernir con la ayuda del Esp?ritu Santo, en comuni?n con los obispos responsables, en di?logo con los dem?s hermanos cristianos y con todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, pol?ticas y econ?micas que se consideren de urgente necesidad en cada caso (OA 4).

-Adem?s de se?alar que aqu? habla Pablo VI de "ense?anzas sociales" y no de Doctrina Social de la Iglesia, es m?s importante notar que nunca la Iglesia se ha mostrado m?s descentralizada, menos decidida a imponer soluciones desde la distancia y m?s dispuesta a colaborar absolutamente con todos. Es s?lo desde esa actitud, como se podr? dirigir despu?s a los gobernantes de la tierra.


9. CONCLUSI?N


-Abr?amos esta selecci?n con una alusi?n a los "grav?simos vicios" (texto-t?tulo del cap. 1) de nuestro sistema econ?mico. Podr?amos cerrarla ahora aclarando m?s aquella expresi?n. Hay en nuestro sistema unos mecanismos de injusticia denunciados en el texto siguiente:

63. Es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos econ?micos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi autom?tico, haciendo m?s r?gidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados por los pa?ses m?s desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen, a causa de su mismo funcionamiento, los intereses de los que los maniobran, aunque terminan por sofocar o condicionar las econom?as de los pa?ses menos desarrollados. Es necesario someter en el futuro estos mecanismos a un an?lisis atento bajo el aspecto ?tico-moral (SRS 16).

-Y se?alar para concluir dos concreciones de esos mecanismos: el tipo de desarrollo seguido y la absolutizaci?n del mercado:

64. Hoy, quiz? m?s que antes, se percibe con mayor claridad la contradicci?n intr?nseca de un desarrollo que fuera solamente econ?mico (SRS 33).
65. Existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer esas necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas (CA 34).


A MODO DE EP?LOGO


-Esta selecci?n habr?a de ser completada con textos de las asambleas latinoamericanas de Medell?n (1968) y Puebla (1979) m?s el s?nodo de obispos de 1971 sobre la justicia en el mundo. Por razones de espacio, nosotros la hemos limitado a textos de papas, con alguna referencia breve del Vaticano II. La derecha econ?mica y los medios de comunicaci?n cercanos a "Wall Street" han tendido a calificar cada documento social de la Iglesia como "marxismo recalentado". Las izquierdas radicales los descalificaban como "defensa del capitalismo". No se trata ahora de hacer apolog?tica, pero quiz? se pueda decir hoy que los textos presentados constituyen las ense?anzas sociales m?s avanzadas por el momento ?a nivel mundial! Por eso, quienes argumentan que la ca?da del Este supone la hora de la DSI, habr?an de preguntarse a qu? se debe su falta de audiencia. Y, dejando ahora las causas externas mencionadas (u otras no carentes de importancia como su lenguaje ampuloso y de lectura pesada etc.), quiz? convenga reflexionar sobre estas dos causas posibles:

a) un innegable eclesiocentrismo ("la Iglesia siempre se ha preocupado del obrero...") que acababa dando la sensaci?n de que algunas cosas se dec?an s?lo para tranquilizar una mala conciencia inconfesada, y

b) creer que estas ense?anzas no le afectaban a ella. Algo parecido a lo que ocurre con los derechos humanos, que la Iglesia predica para los de fuera, sin reexaminar si los cumple ella.
Que hoy sea inviable esta praxis no significa que lo sea siempre y absolutamente. M?s bien nos revela que una organizaci?n socialmente justa es inviable en una cultura de la satisfacci?n y del refinamiento, la cual siempre genera una econom?a a su servicio. S?lo podr? serlo en una cultura y una civilizaci?n de la sobriedad compartida.


Publicado por mario.web @ 9:32
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