Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
?C?mo le haremos ver a una persona cuando sus valores, ideas y comportamientos se han apartado de un esquema moral objetivo, si esta persona percibe su alrededor repleto de opiniones distintas a cuantas se le proponen?
?
La Conciencia.
La Conciencia.
Puesto que la conciencia es centro de la persona y gu?a de su obrar natural, esfu?rcense activamente por formarla recta y madura, temerosa de Dios, abierta siempre al bien y a las inspiraciones del Esp?ritu Santo, capaz de discernir lo bueno de lo malo y de la mentira, y eviten la insinceridad y la inautenticidad, tan contrarias al esp?ritu de Cristo.


Pero, ?Qu? es la conciencia? ?C?mo se forma? ?C?mo saber qu? tipo de conciencia tiene la persona a quien dirijo y c?mo influyen ciertas corrientes de pensamiento del mundo actual en la formaci?n de su conciencia? Son temas tan esenciales para una orientadora espiritual que requerir?an todo un libro. Haremos un resumen ilustrativo y pr?ctico a la vez.



1) ?Qu? es la conciencia?


Veamos algunas definiciones tratando de comprender su contenido:

?Es un juicio de la raz?n mediante el cual la persona examina la bondad o malicia de una acci?n en raz?n de la relaci?n de ?sta con la norma moral universal, de suerte que todo hombre est? en situaci?n de realizar en el modo singular e irrepetible que le es propio, las exigencias de la verdad objetiva de su ser personal como tal? (C. Caffarra en Vida en Cristo. EUNSA. Pamplona. 1988 p. 114).

?Es el n?cleo m?s secreto y el sagrario del hombre, en el que se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m?s ?ntimo de aqu?lla? (Documentos del Vaticano II, Const. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, GS, n. 16).

?Es la capacidad de percibir el bien y el mal y de inclinar nuestra voluntad a hacer el bien y evitar el mal?.

?Es la ?anamnesis? (memoria) del Creador (Card. J. Ratzinger, Verdad, valores, poder. Rialp. 2? ed. Madrid 1998. P?gs 64-71).

?La conciencia es un juicio de la raz?n por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, est? haciendo o ha hecho?) (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asc. Editores del Catecismo, Espa?a, 1992, n. 1778, p. 404).

La conciencia formada rectamente garantizar? la realizaci?n personal. En cambio, una conciencia deformada donde se anidan la doblez, la insinceridad y la hipocres?a, se convertir? en fuente de divisi?n interior, de tinieblas, de zozobra y de fracaso.



2) Funciones de la conciencia.

a. Percibir el bien y el mal como algo por hacerse o evitarse. Por ejemplo, un joven invitado a ver una pel?cula pornogr?fica, si tiene una conciencia formada se dar? cuenta que ?no est? bien hacerlo?; pero si no la tiene formada dir? ?no hay nada de malo, todo el mundo las ve?.
b. Impeler a hacer el bien y evitar el mal (fuerza que lleva a la acci?n). En el primer caso sentir? la fuerza para elegir ?no voy?, mientras que en el segundo dir? ?voy?; y
c. Emitir juicios sobre la bondad o maldad de lo hecho; en la conciencia bien formada habr? aprobaci?n y paz subsecuentes al hecho de haber elegido objetivamente el bien, o sobrevendr? el remordimiento y la desaprobaci?n si no eligi? conforme al juicio de su conciencia.


En la conciencia se dan dos tipos de juicios: el juicio de discernimiento (juzgo la bondad o malicia del acto: ?ver una pel?cula pornogr?fica est? mal porque no presenta la verdad sobre la sexualidad humana rebaj?ndola y fomentando en m? la impureza?) y el juicio de elecci?n (puesto que est? mal, opto: ?no ver? la pel?cula pornogr?fica aunque mis amigos me ridiculicen?). En el juicio de discernimiento interviene y se pone en juego la raz?n iluminada por principios de la ley natural o de la ley positiva; en el juicio de elecci?n, la voluntad movida por valores, ideales. La raz?n queda iluminada por la virtud de la fe; la voluntad se mueve por la virtud de la caridad: el amor.



3) ?C?mo se forma?


Como hemos podido constatar, la conciencia no es una facultad diversa de la raz?n y la voluntad; por lo tanto, formando ?stas como indic?bamos en el apartado correspondiente, formaremos la conciencia. Resumiendo, dir?amos:

a) Buscar que la fe y la verdad objetiva gu?en la raz?n: verdad del ser, del pensar, del actuar.
b) Formar la voluntad en el amor al bien objetivo por encima del bien ego?sta; el bien moral por encima del bien ?til o placentero de las pasiones, de los sentimientos y de los afectos desordenados.
c) Hacer de Jesucristo el criterio, centro y motor de la conciencia.
d) Atender a las inspiraciones del Esp?ritu Santo.
e) Y puesto que la vocaci?n a la vida religiosa es un llamado para una misi?n, aqu? entra de lleno, como preocupaci?n esencial en la formaci?n de la conciencia, el cumplimiento de la misi?n. "Es bueno cuanto me ayuda a cumplir la misi?n y es malo cuanto me aparta de ella?.

Como algo m?s pr?ctico, podemos ense?ar a hacer bien los ex?menes de conciencia, preparar bien las direcciones espirituales, hacer buenas confesiones, seguir los programas de vida y ayudar siempre a tener presente la invitaci?n de Jesucristo: ?vigilad y orad?.



4) ?Por qu? es importante formar la conciencia?


Porque Dios la ha dado al hombre como medio para conocer y realizar su voluntad sant?sima, alcanzando as? su ?ltimo fin. Porque, como dec?amos en la definici?n, en la conciencia el hombre escucha la voz de Dios y se abre a ella o se cierra. Por tanto, la conciencia diferencia al hombre de los seres inferiores, y lo constituye en persona humana libre y responsable de sus actos. En consecuencia, alcanza una importancia vital el formarla recta, delicada e insobornable.


"Cuando un hombre forma una conciencia recta y alcanza un buen grado de madurez, autom?ticamente tenemos al hombre justo, responsable, trabajador, exigente consigo mismo. Podr? tener, como creatura d?bil que es por naturaleza, ca?das y momentos de debilidad, pero su misma conciencia le ayudar? a rectificar r?pidamente y a seguir su camino con nuevos br?os. No permite la corrupci?n del principio, se?al inequ?voca de la corrupci?n de la conciencia, ni se hace su asc?tica y su moral personal. El hombre recto sabe dar a Dios lo que es de Dios y al pr?jimo lo que es del pr?jimo, ama la verdad y vive en ella; ama la justicia y detesta la iniquidad; es fiel en sus compromisos con Dios y con los hombres; guarda y mantiene la palabra dada; es aut?ntico y vive la propia identidad...

Ocupando las veces del divino Maestro, el orientador moral nos escucha en un clima de fe: analiza junto con nosotros nuestra situaci?n personal, con sus logros y proyectos, con sus conflictos y posibilidades; repasa con nosotros el plan de Dios, el Evangelio, colaborando con el Esp?ritu Santo a modelar nuestra conciencia. Supone, por parte nuestra, una actitud de fe sobrenatural, de madurez humana, de honestidad, de rectitud, sin buscar paliativos o sofismas - de edad, saber o santidad propias- de confianza, de claridad y de responsabilidad".



Pero para formar la conciencia en la direcci?n espiritual se considera como algo imprescindible la apertura y la sinceridad del dirigido. Ordinariamente existe una resistencia natural a manifestar la propia conciencia y el propio estado de ?nimo. Con quien asiste a la direcci?n espiritual s?lo por cumplir con un compromiso o buscando una compensaci?n afectiva o sentimental, tendremos necesidad de mucha paciencia; deberemos tratarle con prudencia, sin presionarla, pero motiv?ndola y haci?ndole ver los beneficios de la direcci?n espiritual en su vida, dando el tiempo necesario para que logre formar su conciencia de acuerdo con las exigencias del Evangelio.


Tambi?n deberemos evitar el infantilismo. Este consiste en actuar solamente bajo las indicaciones del orientador espiritual sin ninguna convicci?n personal. La orientadora espiritual ha de propiciar la madurez humana de su dirigida, de formar rectamente su conciencia y hacerle interiorizar los principios cristianos y de concretizados en las Constituciones y reglamentos; de que adquiera autonom?a, seguridad personal e independencia frente a los ambientes favorables o adversos, y as? puedan sacar de la propia interioridad el sentido, la motivaci?n y la direcci?n de sus acciones y comportamientos.


5) ?C?mo conocer el tipo de conciencia que tiene mi dirigida?


La conciencia debe formarse recta y cierta. Debe ?amar hacer el bien y hacerlo bien?. De aqu? podemos partir para ver c?mo es la conciencia de nuestros dirigidos y c?mo ayudarles.

a) En relaci?n a la raz?n. ?C?mo son sus criterios? ?Est?n iluminados con doctrina buena: Evangelio, Magisterio, mandamientos, ley natural? Tendr? conciencia recta. Por el contrario, ?su raz?n ha sido oscurecida por la ignorancia, el relativismo moral, el utilitarismo, el hedonismo, los malos ejemplos, el permisivismo? Si es as?, sus juicios le llevar?n al error y sus elecciones equ?vocas no le conducir?n a su realizaci?n humana y cristiana. Su conciencia ser? falsa, laxa o escrupulosa, legalista, liberal. Puede existir tambi?n la conciencia dudosa por no tener claros los principios, para actuar hay que salir de la duda.

b) En relaci?n a la voluntad. Puede tener claros los principios y hacer juicios rectos, pero... ?Los sigue? ?Por qu? no? ?D?nde radica su falta de voluntad? ?Orgullo y rebeld?a? ?Falta de abnegaci?n y de amor? ?Afectividad no formada? ?Miedo al qu? dir?n o a ir contracorriente? De aqu? brotan las conciencias deformadas, adormecidas, domesticadas, farisaicas. Si por el contrario permanece fiel a su conciencia, tendremos una conciencia madura, aut?ntica y delicada.

c) A nivel de ?opci?n fundamental?. ?Qu? ama con todo su coraz?n? ?Ha optado por amar a Dios por encima de todo? ?Est? anclado y decidido a cumplir la voluntad de Dios en su vida? ?Qu? tipo de persona busca ser? Su amor constituir? el peso de la balanza que gu?e sus decisiones.


La manifestaci?n de la conciencia es la materia propia de la direcci?n espiritual: exponer el modo de proceder, los criterios, los deseos surgidos en el interior, las opciones hechas con la intenci?n de ordenarlos a la luz de Dios. No a todas las personas les resulta f?cil hablar de cuanto llevan dentro. A unos les da verg?enza y esquivan hablar de aspectos personales; otros se quedan en vaguedades; y no faltan quienes se sienten insatisfechos si no cuentan hasta los m?s m?nimos detalles y circunstancias. Tarea propia de la orientadora espiritual ser? ayudar a unos y otros a abrirse con sencillez, claridad y equilibrio.


?C?mo se puede ayudar a alguien en la manifestaci?n de conciencia? En realidad, aunque parezca f?cil decirlo, no hay recetas m?gicas. Una t?cnica para ayudar a los t?midos, consiste en crearles, sobretodo en las primeras citas, un ambiente de amistad y de inter?s por sus personas, familia, ocupaciones, vida pasada. El dirigido, al hablar de tales cosas, dejar? salir cuanto lleva en su coraz?n. A los que son prolijos, detallistas y quieren contar hasta el m?nimo detalle, les dejaremos explayarse en la primera cita, pero luego, poco a poco, se les ayudar? a discernir lo importante y a ser breves.


Tambi?n hay que considerar el caso de quienes eluden sus verdaderos problemas por verg?enza. Necesitan sentir confianza en la orientadora espiritual, pues de lo contrario nunca se abrir?n; incluso a veces esperar?n la intuici?n de la orientadora espiritual sobre su situaci?n y querr?n que ella d? el primer paso, deber? hacerlo con delicadeza, indirectamente, hasta provocar en la dirigida el valor necesario para decir lo que tanto le cuesta.


En ocasiones las cosas no se dicen directamente, debemos aprender a captar esto. Implica advertir entre la narraci?n de los hechos, algunos referidos sin ning?n ?nfasis pero que manifiestan aspectos relevantes de la situaci?n. ?Qu? hacer en esos casos? La orientadora tiene necesidad de dar un nuevo enfoque al an?lisis de la situaci?n; debe proceder suavemente hacia ese nuevo enfoque con alguna pregunta oportuna que esclarezca tales aspectos.


En este punto surge una duda: ?Conviene hacer preguntas o basta atenerse a lo manifestado? Cuando la orientadora espiritual no le consta la certeza de obtener una buena interpretaci?n de su pregunta, o cuando exista el riesgo de escandalizar con la misma, debe abstenerse en ese momento. Pero, por el contrario, si ya se tiene confianza, puede preguntar con tranquilidad, pero siempre con delicadeza y respeto.


Debemos ver el valor real de lo que se dice. A veces la orientadora deber? recordar que muchas veces las palabras usadas por la dirigida no son un reflejo exacto de la situaci?n real. Por ejemplo, en los casos de mucho dolor y emotividad, en los casos donde hay pasi?n, rencor, ira, las expresiones usadas por la dirigida pueden ser extremas, expresi?n m?s del estado an?mico que de la situaci?n real. De ah? la necesidad de la orientadora espiritual de saber interpretar el lenguaje, mejor dicho, de interpretar el g?nero del lenguaje, el estilo del lenguaje. La orientadora tratar? de entender el contexto del estado de ?nimo actual de su dirigida, porque seguramente a medio d?a ya habr?n cambiado las cosas. La orientadora espiritual debe exigirse a s? misma este esfuerzo de interpretaci?n.



6) Influencia de ciertas corrientes del pensamiento actual sobre la formaci?n de la conciencia.


La contradicci?n entre lo que se cree y lo que se vive resulta cada vez m?s frecuente en la vida de numerosos personas. Pero, adem?s de esta incoherencia arrastrada por las personas a trav?s de los siglos, hoy se dan fen?menos muy preocupantes, como el relativismo moral y doctrinal causadas por el utilitarismo, el hedonismo o por determinadas corrientes de pensamiento liberal y de esto tampoco est?n exentas las mujeres consagradas.


Penetremos un poco en el relativismo moral dada su actualidad en la vida de muchas personas, y su presencia destructora, a?n en ambientes y grupos que se denominan ?cat?licos?. Un cristiano aut?ntico y coherente con su fe, debe tener una actitud de comprensi?n ante los hechos negativos de la vida de quienes le rodean, pero nunca debe justificar el mal. No debe condenar al pecador, pero s? el pecado y las estructuras de pecado.


Para un buen n?mero de personas la verdad moral es relativa. No creen en la existencia de normas morales universales, cada uno se forma su propia opini?n o se gu?a por el pensar de la mayor?a. Se ve la conciencia como ?creadora? de la verdad y no como ?servidora? de la verdad inscrita en lo m?s ?ntimo del ser del hombre por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Esta ruptura entre libertad y verdad, entre el juicio moral subjetivo y la bondad o maldad objetiva de las cosas, hace al hombre esclavo de sus pasiones, de sus opiniones y crea una sociedad ca?tica. Por eso se ha llegado a justificar o a legalizar lo que es intr?nsecamente malo, por ejemplo el aborto, la eutanasia, las relaciones sexuales prematrimoniales, los matrimonios entre homosexuales, etc. ?Se hace un derecho lo que es un delito? ha dicho Juan Pablo II en relaci?n al aborto. (Se recomienda leer los documentos ?Evangelium vitae? y ?Veritatis Splendor? de S.S. Juan Pablo).


El lenguaje se pervierte y se manipula, se le vac?a de significado real. Por ejemplo, si preguntamos a una pareja si se aman, aparece la duda sobre la interpretaci?n que dar?n al ?amor?. ?Qu? significado se da a esta palabra? Desgraciadamente las respuestas pueden ser totalmente contradictorias.


Nos encontramos envueltos en una gran confusi?n de valores sobre la educaci?n, la vida conyugal y familiar y en la vida religiosa estos g?rmenes tratan de introducirse y contaminar a las almas consagradas en una exaltaci?n de la libertad como ausencia de normas y de referencia al absoluto y trascendente. Se llega a proclamar el derecho de cada quien a construir su vida en conformidad con su propia verdad, llegando hasta matar al inocente o ir en contra de las leyes naturales. El Papa Juan Pablo II, gran defensor de la dignidad y de la verdad del hombre, denuncia al siglo XX como una nueva ?poca de la Torre de Babel; una ?poca en la cual la sociedad no se entiende, precisamente porque cada hombre tiene el lenguaje que le interesa.



?C?mo le haremos ver a una persona cuando sus valores, ideas y comportamientos se han apartado de un esquema moral objetivo, si esta persona percibe su alrededor repleto de opiniones distintas a cuantas se le proponen? Recurriendo a las fuentes de la verdad ya mencionadas. En este sentido, debemos agradecer a Dios por la Iglesia y su Magisterio aut?ntico. Defensora y servidora de la verdad, la Iglesia no ?impone?, m?s bien defiende la dignidad de la persona humana y el bien de la sociedad.

Publicado por mario.web @ 9:47
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