Mi?rcoles, 20 de abril de 2011


Fuente: Consejo Pontificio de la Cultura
Autor: Cardenal Paul Poupard

Una locuci?n, quiz? no tan usada en el lenguaje ordinario de las sociedades contempor?neas es el de la indiferencia religiosa. Delante del fen?meno de la secularizaci?n que predec?a la desaparici?n del ?mbito religioso en la sociedad moderna, se ha comprobado, que lejos de desaparecer, el horizonte religioso ha crecido con nuevo vigor, aunque si bien con una orientaci?n diversa.

La secularizaci?n del contexto moderno ha dejado una expresi?n religiosa de tipo subjetivista; despreciando cualquier clase de institucionalizaci?n de la esfera religiosa que pretenda proponer la verdad absoluta de su credo. Para algunos, el ?nico canal de supervivencia de la religiosidad se encuentra en la presentaci?n de contenidos religiosos evolutivos y polifac?ticos, cualquier clase de desarrollo dogm?tico tradicional conducir?a a la petrificaci?n religiosa y a su anacronismo. Otros observan que la religiosidad permanecer? vigente en la medida que pueda ofrecer, una propuesta seria sobre al sentido de la vida, al que la modernidad no ha podido responder.

Por otro lado, los derechos del hombre vienen defendidos, pero sin referencia al Trascendente Personal. Estamos delante de un nuevo humanismo, un humanismo auto idol?trico, narcisista [17]. ?Yo?sta?, del concreto individuo, no del g?nero humano, como lo fueron el renacimiento, el racionalismo, el idealismo alem?n o el marxismo, ni siquiera del tipo reflexivo existencialista, sino de la absoluta subjetividad herm?tica de cada individuo.

La decepci?n de la raz?n y su acelerada ca?da, han afirmado en la nueva religiosidad una ruptura entre creencias profesadas y regla moral. Cualquier pretensi?n de norma viene visto como atentado [18] a la autonom?a moral del individuo.

El hombre ya no es centro de todo, sino el ?yo?. El hombre es solo, de ah? que busque una disoluci?n de su soledad en la naturaleza [19], con la cual forma un solo elemento, pero que parad?jicamente explota y destruye para lograr el confort, que constituye el valor absoluto de bondad.

Desde el ?mbito fenomenol?gico la increencia no se presenta como corriente de pensamiento ateo, mucho menos como fen?meno claramente manifiesto, sino como un dato extendido en la realidad occidental, que no es rechazado por la sociedad, ni contestado por los creyentes. Aparece pues, como una corriente envolvente, una mezcla de apat?a, relativismo y tolerancia con respecto a la realidad trascendente. Hablar o no hablar de Dios, es realmente indiferente improductivo. El ate?smo te?rico ha sido tan efectivo en las d?cadas pasadas, que se transformado en un estilo asimilado de vida [20], donde la fe, viene suplantada por el sentimiento religioso, expresi?n emotiva de la inmanencia. El ate?smo no necesita ya combatir la trascendencia de Dios, hoy se vive el sepelio de Dios en la cripta sentimentalista de la yo [21].

El paradigma dominante [22] de bienestar, propone la felicidad como autosuficiencia y bienestar individual en materia econ?mica, se erige como el ?nico horizonte cre?ble de realizaci?n humana, para lo cual es preciso renunciar a la identidad hist?rica, la pertenencia familiar, la memoria regional, el marco de valores tradicionales y todo aquello que suponga un obst?culo a la uniformidad industrial de producci?n y a la generaci?n econ?mica. Las tradiciones son vistas como mero atavismo ancestral que impide la realizaci?n personal, por ello han de ser superadas por nuevas tradiciones, no comunitarias, sino individuales, ligadas a momentos "m?gicos" de sentimiento. De este modo se intercambia la dimensi?n hist?rica de la fe y los sacramentos cristianos, con la expresi?n herm?tica de la propias formulaciones religiosas basadas en la emoci?n y la m?gica fuerza de los amuletos personales.

La globalizaci?n como instrumento de propagaci?n de este modelo atomizador, ha influenciado grandemente la no creencia, mediante un paradigma de felicidad norteamericano, que relativiza la relaci?n con el Trascendente, recluy?ndolo a?n m?s en el ?mbito subjetivo, igualando as? las diversas formas de valores culturales y reduciendo el impacto y continuidad de la transmisi?n de la fe.

El resurgimiento religioso parece orientarse en dos direcciones precisas y diversas del desarrollo previo:

1) La negaci?n de la objetividad de la realidad Trascendente, que por lo tanto no puede ser administrada u ofrecida por ninguna clase de instituci?n religiosa; implicando as? el desprecio por la dimensi?n hist?rica y Reveladora de la fe.

2) El rechazo o indiferencia a lo que signifique alteridad, la divinidad no puede ser ?Personal?, ello implicar?a diversidad, Autoridad y Obediencia. La vivencia colectiva s?lo tiene valor en cuanto los otros sienten lo mismo que yo. La iniciaci?n es v?lida para estas nuevas formas religiosas en la medida que permite sentirse o reconocerse como protagonista de esta acci?n o cuando permite tener emociones ?fuertes?. Ello explicar?a el auge occidental del modelo asi?tico monista de trascendencia lo humano y lo divino identificados y disueltos [23].

La opci?n religiosa o de creyente es asunto meramente subjetivo, de elecci?n personal, cuyos efectos son tambi?n subjetivos y objetivamente en nada distintos de los que un no creyente experimenta. No hay diferencia entre creer y no creer. La creencia de fe no aporta ning?n beneficio o privilegio objetivo, cualquier clase de razonamiento que intente mostrar que la fe da respuestas a lo que el no creyente no tiene, se ve observado como anticuado, iluso y autoritario. Esta situaci?n proviene de la aceptaci?n legal en que los no creyentes poseen valores propios, dignos de respeto e iguales a los cristianos. El impacto y las modalidades de secularismo y el relativismo presentes en la mentalidad hodierna de los cat?licos, podr?a requerir diversos convenios sobre el argumento, en esta ocasi?n ser? presentado por el Profesor Pedro Morand?, como uno de los rasgos culturales que configuran la actual sociedad tecn?crata.

Solamente cuando la fe es puesta como respuesta hist?rica al mensaje de Jesucristo, viene vista como objetivamente distinta a los valores de los no creyentes, pero precisamente por ser hist?rica, pero no viene valorada como opci?n de superioridad antropol?gica, sino s?lo como una misi?n en la historia, no diversa del determinismo.

As? cualquier expresi?n radical de la fe es vista como sectaria. Hacer presente la fe en lo cotidiano se vuelve rareza. Del mismo modo la afirmaci?n sin ambages de identidad cat?lica es criticada como fundamentalismo, del mismo modo que la pertenencia a una experiencia comunitaria eclesial se denuncia como integrismo o gueto. Y esto, no por las dem?s religiones, sino por los mismos cat?licos que ha fuerza de contemporizar con el secularismo, ha generado una propuesta cat?lica ?light?.

?Ser? que la insatisfacci?n de la experiencia religiosa de la fe cat?lica en nuestras sociedades, es el resultado de una vivencia intensa de la fe, descubierta como fraude? ?No ser? m?s bien el rechazo a formas ingenuas, corrompidas y superficiales de una religiosidad popular ?light?, de moralismo legalista e ignorancia hist?rica? ?La indiferencia no estar? invocando de alguna manera una forma m?s radical de experiencia del Trascendente precisamente en la historia y una vivencia m?s intensa y personal de la vida comunitaria [24]?

EMMO. Y RVMO. SR. CARDENAL Paul Poupard
Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura

La misi?n de los Centros Culturales Cat?licos, un servicio al Evangelio
que refuerza la identidad cat?lica




Utilice este enlace para leer la
Conferencia Completa y Bibliograf?a


Publicado por mario.web @ 9:51
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios