Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

Fuente: CONFER
Autor: n/a

La Congregaci?n de Hermanas de la Caridad de Santa Ana

La Congregaci?n de Hermanas de la Caridad de Santa Ana nace en Zaragoza, a donde llegan, el 28 de diciembre de 1804, un grupo de doce Hermanas, procedentes de Catalu?a y conducidas por el sacerdote Juan Bonal Cortada, para entregarse al servicio de los enfermos del Hospital Ntra. Sra. de Gracia de esta Ciudad.

Este gran centro, fundado en 1425 bajo el patrocinio de Alfonso de Arag?n, con el t?tulo de Real y General, ten?a un ambicioso y generoso lema: Casa de los Enfermos de la Ciudad del Mundo, y en ?l encontraban refugio todos los enfermos y pobres y, seg?n el concepto de hospital de la ?poca, tambi?n los ni?os abandonados, los dementes y toda suerte de marginados de aquella sociedad pobre e injustamente organizada.

En Catalu?a hab?an surgido, a impulsos de la caridad, unas Hermandades de car?cter secular, cuyo principal centro era el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, de parecidas caracter?sticas al de Zaragoza. All? se encontraba como Capellan, desde principios de 1804, D. Juan Bonal, natural de Terrades (Gerona), que impulsado por el fuego de la caridad hab?a renunciado a su c?tedra en la Escuela de Latinidad de Reus, donde ejerci? la docencia durante siete a?os, para entregarse por entero al servicio de los desheredados acogidos en el hospital de Barcelona.

All? conoci? la experiencia de aquellos Hermanos y Hermanas de la Caridad que, con absoluta dedicaci?n y entrega, consagran su vida al servicio del enfermo y desamparado. D. Juan Bonal se entusiasm? con la obra y, en colaboraci?n con otros sacerdotes, trabajaba en suscitar nuevas vocaciones para una empresa tan hermosa como urgente.

As? conoci? a la joven Mar?a Rafols, natural de Villafranca del Panad?s (Barcelona) que, urgida tambi?n por la caridad de Cristo, se acogi? a la obra, con otras once compa?eras, y march? a Zaragoza, ya como Superiora del grupo, con s?lo 23 a?os, para, dejando su tierra y familia, emprender una nueva y arriesgada aventura: la fundaci?n de una Hermandad de Caridad para el servicio de aquella poblaci?n doliente que se albergaba en el Hospital de Ntra. Sra. de Gracia, cuya junta directiva trataba de remediar las muchas deficiencias en el trato y la atenci?n a los enfermos, recurriendo a esa experiencia ya acreditada en Catalu?a.

El P. Juan Bonal y la M. Mar?a Rafols, declarados en 1908 h?roes de la caridad por su actuaci?n realmente hero?ca para con los enfermos, heridos y prisioneros en los Sitios de Zaragoza de 1808-1809, son los Fundadores de esa peque?a Hermandad que, como todas las obras de Dios, tendra que superar enormes dificultades hasta llegar a conseguir su reconocimiento como congregaci?n femenina de vida religiosa apost?lica, de la que fue pionera en Espa?a, lo que ocurri? veinte a?os despu?s, en 1824, con la aprobaci?n de las constituciones por la autoridad diocesana. La aprobaci?n definitiva en Roma como congregaci?n de derecho pontificio se dio por Decreto del Papa Le?n XIII el 14 de enero de 1898.

La dependencia de la Junta del Hospital de Zaragoza durante los primeros cincuenta a?os fue muy fuerte y, a excepci?n de una fundaci?n semejante en Huesca, guiada tambi?n por D. Juan Bonal en 1807, la Hermandad no logr? salir de aquel centro que fue su cuna. El P. Juan y la M.Mar?a, que murieron en 1829 y 1853 respectivamente, no pudieron ver la expansi?n siempre so?ada y deseada, aunque lo procuraron, pero sembraron la semilla, el ?rbol creci? para adentro, ech? ra?ces profundas y en el momento providencial, precisamente con motivo de la actuaci?n heroica de las Hermanas en una epidemia de c?lera que asol? Espa?a en 1885, se obtuvo el permiso para fundar en otros centros ben?ficos, por una R.O. del 8 de julio de 1857.


Desde 1865 al nombre de Hermanas de la Caridad se a?adi? "de Santa Ana". En 1890 se realiza la primera fundaci?n en Am?rica: el leprocomio de la Isla de la Providencia en el lago de Maracaibo (Venezuela), iniciando una expansi?n imparable que hoy llega a 31 pa?ses de los cinco continentes, con 317 comunidades y cerca de 2700 Hermanas que tratan de hacer vida el carisma de caridad universal, principalmente con los m?s pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el hero?smo, concretado en un voto especial de HOSPITALIDAD.

Ese carisma de caridad hasta el hero?smo, que Juan Bonal y Mar?a Rafols encarnaron en sus vidas y transmitieron a la Congregaci?n, sigue vivo, rompiendo fronteras, siempre tras las huellas de Cristo que pas? haciendo el bien y a quien las Hermanas contemplan en aquellos a los que sirven, preferentemente los m?s pobres y desamparados en cada momento hist?rico.


Historia de un sue?o

Esta Historia comienza hace doscientos a?os.

En el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona hay un grupo de voluntarios que se dedican a la atenci?n del hospital. Un hospital del siglo XVIII es el albergue de toda clase de dolor; no pensemos en la hospitalizaci?n r?pida de nuestros d?as. El hospital es refugio de transe?ntes, casa de acogida para los hu?rfanos, espacio de recuperaci?n para los enfermos, lugar de tratamiento de los dementes, reposo de las prostitutas, maternidad de madres solteras... Como si todas las obras sociales que hoy conocemos se concentraran en un lugar.

Atendiendo este puzzle de sufrimiento encontramos a un sacerdote, el padre Juan Bonal. Capell?n del Hospital desde el dos de marzo de 1804, est? coordinando la labor de estos voluntarios que est?n comprometidos con la aflicci?n de los otros.

Barcelona est? exportando voluntarios ya, tres a?os despu?s de que se establezca el primer grupo en el Hospital de la Santa Cruz. El amor siempre sale al encuentro de la necesidad porque experimenta como propio el dolor ajeno, y quiere subsanar la carencia y llevar a plenitud lo que se vislumbra. Siempre el amor es amplitud. Los hospitales de Matar?, Olot, Gerona, Figueras, Cervera, Tarragona, Valls cuentan con estos peque?os brotes que sue?an con ser ramas de un mismo ?rbol; el proyecto es formar una ?nica congregaci?n religiosa.

En Zaragoza, la Junta del Hospital de Nuestra Se?ora de Gracia anda buscando soluciones para una mejora en la atenci?n de la Casa. No sabemos con certeza si fue Juan Bonal quien ofreci? la posibilidad de establecer en el hospital una hermandad o la Junta lo solicita. Pero el 28 de diciembre de 1804 llegan a Zaragoza 12 hermanos y 12 Hermanas para atender, desde el 1 de enero de 1805, el hospital.

El 19 de mayo de 1807, un grupo de doce Hermanas va a encargarse del Hospital de Nuestra Se?ora de la Esperanza y de la casa de Misericordia de Huesca. Como superiora, Hna. Teresa Calvet. As? empieza, de forma m?s expl?cita la labor educativa de la hermandad. Sin embargo, Huesca y Zaragoza permanecer?n jur?dicamente independientes hasta el a?o 1868.

En 1808 estalla la Guerra de la Independencia y Zaragoza vive los Sitios. La hermandad masculina ha desaparecido; las presiones de los trabajadores asalariados, la inestabilidad vocacional, la carencia de una persona que aglutine, o que el trabajo no sea propio de su sexo son algunas de las posibles causas.

Las Hermanas se mantienen en pie. Vivir el cada d?a apasionadamente, hacer ?nico el momento presente, les ha ido entrenando y cuando llega la guerra, el hambre, la inseguridad, el miedo y la pobreza, las encuentra preparadas. Fuertes en la fe, seguras en la esperanza, constantes en el amor. Afianzadas sobre la vivencia cotidiana de la hospitalidad est?n disponibles para vivirla como ofrenda y sacrificio, en una entrega continua y heroica, hasta dar la vida.

Cuando finaliza la guerra doce Hermanas se han dejado caer en el surco, muertas de cansancio, de hambre. Eran veintiuna; quedan nueve mujeres que van a pasar, como tantos otros, por la experiencia de no ser nadie, de no contar nada. Llega el af?n de control y el intento de desvincular a las Hermanas de dos personas significativas: Mar?a R?fols Y Juan Bonal.

Mar?a R?fols, a pesar de su juventud, vino ya desde Barcelona como responsable del grupo de las Hermanas.

Juan Bonal los conduce hasta Zaragoza y les ha acompa?ado siempre.

Un hombre y una mujer prof?ticos, que atentos a las llamadas de Dios, responden.

La fraternidad parece romperse y llega la crisis. En alg?n momento la hermandad se compone ?nicamente de cinco Hermanas; las salidas se suceden, la incertidumbre es muy fuerte. Es el tiempo de la promesa.

Cuando la pol?tica vuelve a cambiar, parece que la situaci?n de la hermandad se estabiliza. Sin embargo, hay varias Hermanas enfermas y los problemas con la Sitiada contin?an porque quiere inmiscuirse en la intimidad de la hermandad.

Como contraste a este af?n de constre?ir, estos a?os ingresan en la hermandad varias j?venes y las solicitudes para que las Hermanas vayan a fundar se suceden desde distintos puntos de la geograf?a espa?ola.

1824 es un a?o feliz. El sue?o se ha cumplido; son una congregaci?n religiosa. Se aprueban las Constituciones y cuatro Hermanas profesan p?blicamente, al a?o siguiente, sus votos perpetuos. Tres pertenecen al grupo fundacional: hna. Mar?a Rafols, hna. Tecla Canti y hna. Raimunda Torrellas. La hna. Teresa Rivera hab?a ingresado en el a?o 1806.

Mar?a Rafols vuelve a ser elegida como superiora de la hermandad. Son a?os tranquilos y serenos; parece que el dolor ha pasado, cuando regresa de manera violenta. En 1834, madre Mar?a sufre la c?rcel y el destierro a Huesca; all? hay, como ya sabemos, una comunidad de Hermanas de la caridad que atienden, desde 1807, la Casa de Misericordia y el Hospital de Nuestra Se?ora de la Esperanza.

La hermandad est? consolidada; y el servicio hecho con todo detalle, con todo cari?o, con el mayor amor, contin?a. As? encuentra a las Hermanas, a su regreso en 1841, Mar?a Rafols. Vuelve a estar al frente de la Inclusa durante cuatro a?os, hasta que en 1845 la Sitiada le concede la jubilaci?n. Su vida se est? apagando, consumida en la entrega al que m?s lo necesita. Pero su Se?or le concede ver cumplida la promesa que le hizo. El tiempo de espera se convirti? en esperanza, gener? la fe y ha hecho posible la vivencia de un amor sin fronteras. No conoce la expansi?n de la congregaci?n, pero la intuye, a trav?s de los ?ltimos acontecimientos que vivi?: la inauguraci?n de un oratorio propio, la elecci?n de hna Magdalena Hecho como superiora, las vocaciones que se suceden... Mujer de certezas, sabe que el amor es siempre anchura y que la hermandad est? consolidada.

La entrega de las Hermanas durante la epidemia de c?lera de 1855, que atienden, adem?s del hospital, dieciocho pueblos, hace que el gobernador de Zaragoza solicite y consiga una Real Orden por la cual la congregaci?n pueda extenderse. Es el a?o 1857.

Las puertas est?n abiertas.

En 1865, la Congregaci?n pasa a denominarse ?Hermanas de la Caridad de Santa Ana?, como muestra del cari?o que desde los inicios se profesa a la madre de Mar?a de Nazaret.

El 25 de abril de 1868, la comunidad de Huesca se incorpora a la congregaci?n. Sesenta a?os de separaci?n no significan sesenta a?os de lejan?a... porque en el coraz?n no hay distancias.

La plantita que hab?a comenzado a salirse del tiesto, comienza a adquirir solidez. Dos notas caracterizan la expansi?n de la Congregaci?n, su saber discernir las necesidades de los hombres y mujeres de cada tiempo y su saber dar respuesta, incluso con la vida. Impresiona conocer la lista de Hermanas que hasta hoy han hecho presente la entrega que formularon el d?a de su Profesi?n. Ser caridad universal, principalmente con los m?s pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el hero?smo.

El ideal misionero se recoge ya en las Constituciones de 1883 y se hace realidad cuando un grupo de Hermanas, animadas de ese esp?ritu, dejan Espa?a y, en 1890, llegan al Lazareto de la Isla de Providencia en Maracaibo (Venezuela). En 1951, con la fundaci?n en Nadiad (India), la acci?n apost?lica de la Congregaci?n se extiende a misiones vivas.

?FRICA... La primera fundaci?n es en Ghana, el a?o 1970. Costa de Marfil, las recibe en 1972; un a?o m?s tarde, las encontramos en Zaire. En 1980, Guinea conoce la labor de las Hermanas. Y Rwanda las acoge el a?o 1981. En 1994 est?n en Gab?n.

AUSTRALIA... El quinto continente cuenta desde 1985 con las Hermanas trabajando en una guarder?a con los hijos de emigrantes. La fundaci?n en Pap?a-Nueva Guinea, en 1992, para la promoci?n de la mujer aborigen.

Las Hermanas se hacen presentes all? donde la necesidad es urgente... aunque sea de manera transitoria... As? las encontramos en los Campos de Refugiados; los a?os 1994 y 1995 en los campos de Ngozi (Burundi) y Goma (Rwanda). En el a?o 1999, est?n en Kosovo... Y es que el amor siempre se hace presente porque nada le es ajeno.

Conscientes de que la mujer tiene mucho que aportar en el desarrollo de sus comunidades, las Hermanas colaboran desde 1997 en el Centro de Promoci?n Femenina Ratz?um K?iche de Bolonc? (Guatemala) donde se atiende la formaci?n integral de 130 muchachas y se ha graduado ya la primera promoci?n que ha finalizado sus estudios b?sicos.

Crear espacios que favorezcan el di?logo, ?mbitos donde los ni?os y los j?venes expresen lo que quieren y lo que sienten estimula la responsabilidad y el compromiso. Los talleres VIVA son una experiencia nacida en la realidad cubana como un servicio de animaci?n infantil que promueve el desarrollo de valores humanos en ni?os y adolescentes.

Promover y desarrollar la salud y la agricultura, asistir a m?s de mil personas al mes y crear un huerto en la misi?n de Mutila que permita cultivar ma?z, sorgo, amaranto? Compartir desde el coraz?n mismo de una peque?a comunidad de Hermanas, la andadura del pueblo pobre y oprimido del Congo.

Acompa?ar a las hijas de la calle y las chabolas y ofrecerles una casa, su casa, donde atender todas sus necesidades. Compartir la alegr?a de la educaci?n, la comida sencilla, la limpieza? El sue?o hecho realidad, gracias a la colaboraci?n de tantos, se llama Ankur (India).

Escuchar los interrogantes sobre Dios y, con simplicidad, dar raz?n de nuestra esperanza. Buscar juntos y celebrar la Liturgia de la Palabra y repartir el Cuerpo del Se?or, rezar por la unidad. Dejar que la caridad encuentre gestos y palabras rusos a trav?s de la peque?a comunidad de Vladivostok (Rusia).

Estas comunidades son tan s?lo algunos ejemplos de la tarea realizada con todo detalle, con el mayor cari?o, con el mayor amor, que las Hermanas desarrollan en treinta pa?ses de los cinco continentes.


Si Dios es amor, la caridad no puede tener fronteras

La frase de San Le?n Magno que da t?tulo a este art?culo explica nuestra experiencia de misi?n. Porque las Hermanas de la Caridad de Santa Ana somos misioneras. Nuestra identidad es la vivencia de una caridad universal, principalmente con los m?s pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el hero?smo. Y es la vivencia del amor la que nos empuja siempre m?s all? de las fronteras.

El germen de nuestra vocaci?n misionera late desde los inicios de la Congregaci?n cuando, en 1804 (el a?o pr?ximo celebraremos nuestro bicentenario), un grupo de doce Hermanas abandonan su tierra catalana para servir a los enfermos del Hospital Real y General de Nuestra Se?ora de Gracia, en Zaragoza, cuyo lema era urbis et orbis (de la ciudad y del mundo).

El ideal misionero se recoge ya en las Constituciones de 1883 y se hace realidad cuando un grupo de Hermanas, animadas de ese esp?ritu, dejan Espa?a y, en 1890, llegan al Lazareto de la Isla de Providencia en Maracaibo (Venezuela). En 1951, con la fundaci?n en Nadiad (India), la acci?n apost?lica de la Congregaci?n se extiende a misiones vivas.


En treinta pa?ses

Hoy estamos en treinta pa?ses de los cinco continentes, donde las 2.542 Hermanas que formamos la Congregaci?n, realizamos el anuncio de Cristo Salvador principalmente entre los m?s pobres y necesitados. El mensaje se transmite a trav?s del servicio de caridad en diferentes ministerios (sanidad, educaci?n y obras sociales), y mediante el testimonio de vida evang?lica y el anuncio expl?cito de la Palabra.

Fruto de la acci?n misionera de la Congregaci?n son las numerosas Hermanas nativas que pertenecen a la misma y encarnan los valores propios de su pa?s y de su gente. Semilla de continuidad y novedad, presencia de Jes?s Resucitado.

El amor, al que nada le es ajeno, mira con predilecci?n a lo m?s necesitado. La Congregaci?n, fiel a sus or?genes y al mandato del Se?or, atiende preferentemente a los m?s pobres.


Diferentes rostros, una ?nica caridad

Conscientes de que la mujer tiene mucho que aportar en el desarrollo de sus comunidades, las Hermanas colaboran desde 1997 en el Centro de Promoci?n Femenina Ratz’um K’iche de Bolonc? (Guatemala) donde se atiende la formaci?n integral de 130 muchachas y se ha graduado ya la primera promoci?n que ha finalizado sus estudios b?sicos.

Crear espacios que favorezcan el di?logo, ?mbitos donde los ni?os y los j?venes expresen lo que quieren y lo que sienten estimula la responsabilidad y el compromiso. Los talleres VIVA es una experiencia nacida en la realidad cubana como un servicio de animaci?n infantil que promueve el desarrollo de valores humanos en ni?os y adolescentes.

Promover y desarrollar la salud y la agricultura, asistir a m?s de mil personas al mes y crear un huerto en la misi?n de Mukila (R.D. del Congo) que permita cultivar ma?z, sorgo, amaranto? Compartir desde el coraz?n mismo de una peque?a comunidad de Hermanas la andadura del pueblo pobre y oprimido del Congo.

Acompa?ar a las hijas de la calle y ofrecerles una casa, su casa, donde atender todas sus necesidades. Compartir la alegr?a de la educaci?n, la comida sencilla, la limpieza? El sue?o hecho realidad, gracias a la colaboraci?n de tantos, se llama Ankur (India).

Escuchar los interrogantes sobre Dios y, con simplicidad, dar raz?n de nuestra esperanza. Buscar juntos y celebrar la Liturgia de la Palabra y repartir el Cuerpo del Se?or, rezar por la unidad. Dejar que la caridad encuentre gestos y palabras en ruso a trav?s de la peque?a comunidad de Vladivostok (Rusia).

Estas comunidades son tan s?lo algunos ejemplos de la tarea que las Hermanas de la Caridad de Santa Ana desarrollan en treinta pa?ses de los cinco continentes con todo detalle, con el mayor cari?o, con el mayor amor...

La Congregaci?n vive con fuerza su vocaci?n misionera, estimula a las Hermanas que sienten esta llamada y atiende las urgencias de los pa?ses de misi?n, aunque para ello haya que sacrificar, si es necesario, otras presencias.

Hay gozo y generosidad en la respuesta de las Hermanas a su vocaci?n misionera y, aunque no todas estemos desarrollando nuestra tarea en territorios de misi?n, la Congregaci?n entera se compromete en el anuncio del Reino y aviva la inquietud misionera de todos aquellos con quienes se relaciona.


Un camino compartido

Nuestra Congregaci?n no est? sola, le acompa?an un grupo de seglares que, de modos diferentes, participan de la vida y misi?n de la Congregaci?n. La Fundaci?n Juan Bonal sirve como cauce y expresi?n de la solidaridad y cooperaci?n en cualquiera de sus formas, dedicando todos sus esfuerzos a los m?s desfavorecidos y vulnerables, colaborando en la total integraci?n de estos colectivos en la sociedad. Gran parte de las actividades de la Congregaci?n tienen lugar en los pa?ses en v?as de desarrollo, proporcionando ayuda a personas, organismos y entidades sociales que sufren las necesidades y carencias propias de los pueblos m?s pobres.

Integrado dentro del Movimiento Santa Ana est? el Voluntariado Misionero, que pretende dar cauce a las inquietudes de solidaridad y evangelizaci?n de muchos j?venes, que dedican de forma generosa un tiempo a colaborar y ayudar a los pueblos del Tercer Mundo, junto a las Hermanas.





Madre Rafol

Mar?a Rafols es una estrella m?s en esa constelaci?n de mujeres fuertes, urgidas por el amor a Dios y a sus preferidos, los m?s pobres y necesitados de la sociedad, que aparece y brilla en ese siglo XIX espa?ol, tan convulso y agitado por enfrentamientos y odios.

Pionera en Espa?a de la Vida Religiosa apost?lica femenina, es fundadora, junto con el P. Juan Bonal, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana.


Biograf?a

Catalana de origen, de Vilafranca del Pened?s, su aventura empieza el 28 de diciembre de 1804 en Zaragoza, a donde llega entre un grupo de doce Hermanas y doce Hermanos de la Caridad. El P. Juan Bonal los ha reunido en Barcelona para servir a los enfermos del Hospital de Nuestra Se?ora de Gracia, respondiendo a la llamada de la Junta que lo rige.

Viajan en carros, desde Barcelona, dejando atr?s para siempre su tierra y su familia. Al atardecer de ese 28 de diciembre llegan a Zaragoza. Una primera visita al Pilar, para poner en manos de la Se?ora aquella nueva y arriesgada misi?n. Y desde all? al Hospital, aquel gran mundo del dolor donde, bajo el lema Domus Infirmorum Urbis et Orbis, Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo, se cobijan enfermos, dementes, ni?os abandonados y toda suerte de desvalimientos.

Es un mundo complejo y dif?cil. Mar?a Rafols, Superiora de la Hermandad femenina a sus 23 a?os, tiene que enfrentarse a una tarea que parece muy superior a sus fuerzas: poner orden, limpieza, respeto y, sobre todo, dedicaci?n y cari?o a aquellos seres, los m?s pobres y necesitados de su tiempo.

Y lo hizo muy bien. Dicen las cr?nicas que ?con mucha prudencia y discreci?n?. Los Hermanos ni pudieron superar la carrera de obst?culos y a los tres a?os ya hab?an desaparecido. Las Hermanas se quedan y aumentan en n?mero. M. Rafols sabe sortear los escollos con prudencia, caridad incansable, y un temple heroico que ya empieza a despuntar.

Es una mujer decidida, arriesgada, valiente. Se presenta, con algunas Hermanas, a examen de flebotom?a, ante la Junta en pleno, para poder practicar la operaci?n de la sangr?a, tan frecuente en la medicina de su tiempo, buscando siempre el mejor servicio al enfermo. Esto, en su ?poca y en una mujer, era algo casi inconcebible.

En los sitios de Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia, su caridad alcanza cotas muy altas, especialmente cuando el Hospital es bombardeado e incendiado por los franceses. Entre las balas y las ruinas expone su vida para salvar a los enfermos, pide limosna para ellos y se priva de su propio alimento. Y cuando todo falta en la ciudad, se arriesga a pasar al campamento franc?s, para postrarse ante el Mariscal Lannes y conseguir de ?l, atenci?n para los enfermos y heridos. Atiende a los prisioneros, e incluso intercede por ellos, logrando en algunos casos su libertad.

Desde 1813, Madre Rafols aparece al frente de la Inclusa, con los ni?os hu?rfanos o sin hogar, los m?s pobres entre los pobres. All? pasar? pr?cticamente el resto de su vida, derrochando amor, entrega y ternura. Es el cap?tulo m?s largo de su vida, m?s escondido, pero sin duda el m?s bello. Ser? la madre atenta de aquellos ni?os por los que se desvive hasta su ancianidad. Su presencia se hace insustituible para lograr el buen orden y la paz en ese departamento, uno de los m?s dif?ciles y delicados del Hospital. Sigue adem?s los pasos de los ni?os que se cr?an fuera, a cargo del mismo Hospital, o se dan en adopci?n, defendi?ndolos y a?n recogi?ndolos cuando entiende que no son bien cuidados y tratados.

A M. Rafols le alcanzan tambi?n las salpicaduras de la primera guerra carlista, con un coste de dos meses de c?rcel y seis a?os de destierro en el Hospital de Huesca, con la Hermandad fundada en 1807, semejante a la Zaragoza, a pesar de que la sentencia del juicio la declaraba inocente. Sigue la suerte de tantos otros desterrados por las m?s leve sospecha o denuncia calumniosa. Pero c?rcel, destierro, humillaci?n, calumnia, sufridos con paz y sin una queha, le hacen entrar de lleno en el grupo de los que Jes?s llama dichosos: los perseguidos por causa de la justicia, los pac?ficos, los misericordiosos. A su regreso, vuelve sencillamente a la Inclusa, con los ni?os que no saben de guerras ni odios, pero que intuyen el amor.

Muere el 30 de agosto de 1853, pr?xima a cumplir 72 a?os y 49 de Hermana de la caridad. Su muerte es un reflejo de su vida: serenidad, paz, cari?o y agradecimiento a las Hermanas, entrega definitiva al Amor por quien ha vivido y se ha gastado sin reservas, dejando a sus hijas la gran lecci?n de la CARIDAD SIN FRONTERAS, en la entrega d?a a d?a. Una caridad que no muere, que no pasa jam?s.


Padre Bonal

El P. Juan Bonal es ante todo un gran ap?stol de la caridad, mendigo de Dios en favor de los m?s desvalidos de la sociedad de su tiempo, misionero incansable por los m?s diversos lugares de la geograf?a espa?ola, en una entrega radical y heroica.


Biograf?a

Nace en Terradas (Gerona) el 24 de agosto de 1769, en una familia de hondas ra?ces cristianas. Tiene una buena formaci?n intelectual para su ?poca, encaminada al sacerdocio, a pesar de su condici?n de heredero, como primog?nito de la familia, seg?n la costumbre del pa?s. Emprende sus estudios de Filosof?a en la Universidad Sertoriana de Huesca, de Teolog?a en Barcelona y Zaragoza.

Se presenta en Reus (Tarragona) a las oposiciones convocadas por el Ayuntamiento para las dos aulas de Gram?tica y es aprobado para profesor de una de ellas. All? residir? durante siete a?os, los cinco ?ltimos ordenado ya de sacerdote. Es all? donde nace esa vocaci?n de caridad y entrega hacia los marginados de su tiempo, hacia las necesidades que palpaba cada d?a en su entorno. Junto a la ense?anza, realiza una intensa actividad caritativa y apost?lica: visita enfermos y encarcelados, atiende a ni?os y j?venes abandonados.

La caridad con los m?s pobre y desamparados de su tiempo le atraer? de tal manera, que llegar? a renunciar a la ense?anza para dedicarse de lleno al servicio de los enfermos en el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona primero, en el de Ntra. Sra. de Gracia de Zaragoza despu?s, a donde llegara en 1804 para establecer en ?l una Hermandad de Caridad, con vocaci?n de vida religiosa y dedicaci?n a los enfermos y desamparados, quedando ?l como capell?n del Hospital y director de la Hermandad.

Los tr?gicos sucesos de los Sitios de Zaragoza, hicieron de aquel centro hospitalario un mont?n de ruinas y durante muchos a?os, la miseria presidi? la vida del Hospital y sus moradores. Para paliarla en lo posible, el P. Juan dedicar? el resto de su vida a mendigar de pueblo en pueblo, por gran parte de la geograf?a espa?ola, a lomos de una mala cabalgadura, en interminables y duras jornadas, como limosnero del Hospital de Zaragoza.

Mendigo de Dios por los pobres, pas? por todas partes haciendo el bien, predicando a las gentes sencillas del mundo rural, excitando su fe y caridad, dedicando largas horas al confesionario, impartiendo el perd?n y la paz a los que, movidos por su palabra ardiente, acud?an a ?l.

Fueron muchas las fatigas e inclemencias de los caminos, muchas las dificultades que encontr? en su ingrata misi?n de limosnero. Pero nada le har? desistir de una empresa que exig?a humildad, caridad y paciencia heroicas, en la que pon?a ilusi?n y constancia sin l?mites, con total entrega y olvido de s?. Misi?n que se prolongar? el resto de su vida, hasta su muerte en el Santuario de Ntra. Sra. del Salz, en Zuera (Zaragoza), donde sol?a retirarse para preparar sus veredas. All? rindi? su ?ltima jornada acompa?ado de dos Hermanas de la Caridad, de aquella Hermandad por ?l fundada, con la que siempre estuvo en comuni?n de ideales y afecto, de un m?dico enviado por el Hospital, que tantos beneficios le deb?a, y de varios sacerdotes. Con plena lucidez y paz recibi? los sacramentos de manos del sacerdote de Zuera, mand? celebrar una misa a S. Jos? y el Se?or le sali? al encuentro el d?a 19 de agosto de 1829, pr?ximo a cumplir 60 a?os.








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HERMANAS DE LA CARIDAD DE SANTA ANA

Calle Madre Rafols, 13
50004 Zaragoza






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Publicado por mario.web @ 10:11
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