Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

Fuente: Razones para el amor
Autor: Jos? Luis Mart?n Descalza

?Qu? apasionante historia la de Pieter van der Meer! El y su esposa Cristina vivieron una de esas aventuras que a m? me llenan de envidia: lucharon juntos, creyeron juntos, sufrieron juntos y fueron muy felices por haber podido hacer juntos todas esas cosas. El d?a en que Cristina muri? (?se fue a casa?, dir?a ?l) Pieter, ya con ochenta a?os, entr? en un monasterio cisterciense para seguir siendo all? feliz con el recuerdo de Cristina y el amor de Dios. Y cuenta, en su diario, algunas cosas que todos los curas deber?an leer.

Por ejemplo, en una de sus p?ginas, al hablar de los estudios que tuvo que hacer, ya en su ancianidad, para poder ordenarse de sacerdote, escribe estas l?neas:

?Vengo del curso dedicado a los sacramentos: le ha tocado la vez al matrimonio. ?Un hast?o infinito! Me ha dado sue?o: s?lo disposiciones jur?dicas, impedimentos, finalidades, etc. ?Horripilante! Menos mal que me cabe el recurso de pensar en las bodas de Can? y en Cristina y vuelve a arder la luz del para?so?.

Lo gordo del asunto es que -Van der Meer tiene raz?n- Cristo no lo hizo as?: dio su lecci?n de matrimonio en Can? durante una fiesta y rode?ndola de un estallido de alegr?a. Porque si no descubrimos a los casados que el matrimonio cristiano es ?la luz del para?so?, ?qu? les explicamos? ?Tambi?n los curas -por otro camino- vamos a contagiarnos de esa visi?n despectiva y c?nica del matrimonio que circula por los ?chistes de hombres?? Ya s? que es muy dif?cil vivir una vida de casados en alegr?a permanente (porque vivir ?en alegr?a? es siempre dif?cil), pero ?qu? gusto cuando te encuentras dos casados que han entendido a fondo lo que es el amor hombre-mujer! Despu?s del paraiso y de la fe, no hay nada parecido.

Yo pienso que los obispos no deber?an ordenar de sacerdote a nadie que no estuviera o hubiera estado enamorado. Y no digo enamorado de una mujer, sino enamorado de algo o de alguien, de su vocaci?n, de su comunidad, de la vida. Y mejor si es enamorado de Dios.

Pero digo enamorado-enamorado, como est?n los chavales a los veinte a?os, cuando no saben ni respirar sin pensar en la persona a la que quieren. Porque si no se ha estado enamorado, no se puede hablar bien ni del amor, con min?scula, ni del Amor, con may?scula.

Lo malo es cuando oyes a un cura hablar del matrimonio como una trampa o una fuente de peligros y de la mujer como una ocasi?n de pecado. ?Tanto se habr?a equivocado Dios al crear la pareja? ?Invent? esa ayuda de la que habla el G?nesis para que Ad?n lo pasase mal? ?Acaso dej? el paraiso de ser paraiso al llegar Eva? Que yo sepa, la cosa fue al contrario: el paraiso no lo fue del todo para Ad?n hasta encontrar a la que iba a ser carne de su carne.

Digo que todos los curas deber?an leer esto porque ?hay que ver qu? sermones hacemos sobre el matrimonio! ?Hay que ver, sobre todo, c?mo lo plantean nuestros libros de moral! Me imagino que la mayor?a de los casados perder?an las ganas de recibir ese sacramento si leyeran nuestros libros de texto. (A veces pienso que los hacen as? para ?proteger? nuestro celibato, pint?ndonos antip?tico el matrimonio.)

Por la misma raz?n, no me ha gustado jam?s que, al hablar del celibato, se diga que as?, sin casarse, se puede amar m?s a Dios. Como si el amor fuese algo divisible; como si una hoguera perdiese algo de su fuego cuando se enciende, con su llama, otra hoguera. Que digan que el celibato da m?s libertad; que expliquen que el amor de Dios es ya suficiente para llenar una vida; que digan que, como el hombre es limitado, no tiene tanto tiempo como merecen sus feligreses si tiene que preocuparse por ganar el pan de sus hijos. Pero que no digan que un casado ama menos a Dios por amar a su esposa, como si Dios estuviera celoso del amor de los hombres.

Los curas, creo yo, deber?amos ser quienes habl?semos con mayor entusiasmo del amor matrimonio, precisamente porque hemos gustado lo que es el Amor. De otro modo, los casados, al o?rnos, tendr?n derecho a decir: ??Un hast?o infinito! ?Horripilante!? Y har?n muy bien pensando que por fortuna, Cristo en Can?, no le tuvo ning?n miedo a la fiesta del amor. ?Y hasta multiplic? el vino en ella! A veces pienso que algunos moralistas no le perdonar?an nunca a Cristo ese milagro, temerosos de que algunos de aquellos comensales de Can? hubieran podido concluir la comida nupcial un poco piripis.


Publicado por mario.web @ 10:24
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