Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

Fuente: Pontificia Universidad Cat?lica de Valpara?so
Autor: Cardenal Paul Poupard

Un t?rmino en boga del actual cuadro cultural, es el de ganancia o lucro. Este concepto es referido la mayor parte de las veces al campo econ?mico, reflejando la polarizaci?n cultural del mundo en una clave exclusivamente monetaria. Desde esta perspectiva viene juzgadas todas las dem?s esferas humanas, de modo que el dinero como centro y criterio de desarrollo personal, regional o nacional, se admite de modo absoluto e indiscutible. La pol?tica, la sanidad p?blica, la seguridad nacional, la educaci?n, la cultura, etc. Todo en funci?n de los centros de funcionamiento econ?mico.

El poder adquisitivo, el nivel de vida econ?mico, el Producto Interno Bruto, Deuda externa, la Bolsa, la inflaci?n, la devaluaci?n, la paridad de las divisas, etc., son conceptos comunes en los noticieros de las cadenas televisivas. El estado de las finanzas nacionales viene identificado y presentado normalmente al medio d?a, como si ?ste fuera el ?nico pan de cada d?a.

Los pa?ses denominados en ?v?as de Desarrollo?, desarrollo, ?Qu? desarrollo?, econ?mico, o ?existe otro verdadero desarrollo para la mentalidad dominante?, deben necesariamente utilizar sus recursos culturales como una forma potencial de ganancia econ?mica.

El comercio de lo cultural dentro de la globalizaci?n econ?mica y social, supone en t?rminos laborales, la uniformidad de una mentalidad que sabe apreciar bailes, ritos, ceremonias, vestidos; como adornos externos, pasados, ex?ticos, bizarros, de lo que debe ser el modelo uniforme de mentalidad, eliminando la memoria y el arraigo. De este modo se pretende mantener la competencia entre pueblos, en torno siempre al paradigma econ?mico implantado precisamente por una forma servil del ver al hombre subordinado al dinero.

Las formas culturales tradicionales o populares vienen vendidas como folklore, a fin de poder continuar la vertiginosa carrera del mercado mundial. Ello genera entre otros efectos en los pueblos de tradici?n cristiana:

a) La disoluci?n de la misma cultura popular, dado que el centro de la cosmovisi?n antropol?gica viene desplazado del campo trascendente de la fe a la inmanencia del dinero.

b) La cultura no viene ya vivida como expresi?n natural de los grupos humanos, sino como un elemento de producci?n econ?mica, desnaturalizando as? las relaciones interpersonales que la generaron, dado que la cultura es expresi?n del ser del hombre. Ello quiere decir, que a?n cuando la intenci?n de los seres humanos muestre conscientemente en sus relaciones interpersonales la intenci?n del lucro, la condici?n personal de las relaciones culturales, escapa en su consistencia metaf?sica a la manipulaci?n intencional de ganancia. Dicho de otra manera a?n en una cultura del lucro es posible generar cultura.

Podr?amos decir, que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de buscar en las relaciones con los dem?s un canal de beneficio econ?mico, pero, ninguno de nosotros tiene la posibilidad de eliminar la condici?n relacional en cuyo desarrollo pueden o no, ser buscados r?ditos financieros. La gratuidad, la contemplaci?n de lo simple, la simple cotidianidad libremente asumidas y buscadas, aparecen entonces como el paradigma antag?nico, como la ?mediocridad feroz?.

Sin embargo, si bien es verdad que la cultura es inherente al ser del hombre, no es menos verdadero es que la forma ontol?gica humana no es el ?nico elemento de la antropolog?a, pues a?n siendo fundante al ser humano, reclama la tambi?n inherente dimensi?n hist?rica del hombre. Esta dimensi?n hist?rica viene gravemente lacerada y a veces aniquilada por la avidez de lucro, generando situaciones de verdadera explotaci?n humana, una atm?sfera de rencor, desconfianza, odio, indiferencia social, impunidad, venganza y resentimiento; en pocas palabras produciendo una anticultura de muerte.

c) Las tradiciones culturales cristianas, no desaparecen en su expresi?n, ya que son protegidas generalmente por las entidades gubernativas como folklore; pero vienen privadas de la fuerza y del talante de fe que las produjo, de la contemplaci?n cristiana de la realidad y de las actitudes morales derivadas de ?sta. La expresi?n tradicional de la fe como dato cultural corre el riesgo de transformarse en arca?smo social, identific?ndolo con un momento ya superado de la cultura latinoamericana. El folklore reduce las formas culturales populares a teatros o museos vivientes, no pocas veces valorados como formas primitivas e retr?gradas de sociedad.

Desgraciadamente este fen?meno de rechazo, abandono, o auto devaluaci?n de la propia cultura, viene dram?ticamente vivido en Am?rica Latina, constatable en los millones de personas que cada a?o emigran a otro pa?s m?s industrializado o las grandes ciudades de su propia naci?n, v?ctimas la mayor parte de las veces de un modelo absolutista Neoliberal que ha fincado al centro de la dignidad humana el signo monetario. La Ponencia de Su Eminencia el Cardenal Hummes, seguramente iluminar? abundantemente esta dolorosa realidad.

Ganancia y solo ganancia pueden condicionar la duraci?n de la vida y la cultura de estos hermanos nuestros. Cuanto m?s distante sea la propia cultura del modelo global, tanta mayor resistencia tendr? que enfrentar la persona para engranar en el proceso econ?mico de ganancia.

Por ganancia y por la presi?n se sobre vivencia f?sica, se coacciona a vender el recinto de la voz de Dios en el hombre. Una conciencia cristiana que busca revertir este modelos corre el riesgo de permanecer en la marginaci?n y el descr?dito. Vender la identidad cultural es vender el ser mismo del hombre, su memoria, su arraigo, implican tanto su dignidad metaf?sica de persona como su indisoluble condici?n hist?rica.

La corrupci?n e impunidad son los guardaespaldas las muestras de un modelo que une lucro e irracionalidad, un modelo de explotaci?n y control muy semejante al que describ?a Hannah Arendt con respecto al uso de la propaganda y el terror de los sistemas totalitarios, con la diferencia que en ellos se pretend?a aniquilar cualquier ideolog?a que fuese disidente del gobierno totalitario, mientras que, en nuestras sociedades, el modelo dominante, tiene como destinatario de su persecuci?n y cacer?a, las diferencias culturales.

Pareciera que hemos olvidado, que el liberalismo agn?stico y el comunismo ateo, son hijos del mismo principio de autonom?a y soberan?a econ?mica que el materialismo devorador ha generado. Uno mediante la posesi?n idol?trica de la individualidad, otro mediante la adoraci?n de la colectividad. Ambos han erigido el altar sacrificial del dinero, un paradigma en el que se inmola el hombre, donde el creador se ofrece por su criatura, realizando una parodia grotesca de la Historia de la Salvaci?n.

Moderar esta pluralidad de campos culturales y sociales, remite a la cuesti?n Conciliar del Vaticano II: La tensi?n entre inmanencia y Trascendencia. Este reto acecha el desarrollo pol?tico econ?mico con dos extremos igualmente perniciosos: El secularismo materialista y el fundamentalismo religioso, polos que en los ?ltimos a?os se han visto confrontados a nivel pol?tico y armado.

Considero que es fatal confundir el movimiento inherente del ser humano de progreso integral, que requiere del desarrollo econ?mico, con la mentalidad del modelo reinante neoliberal que subordina la persona al factor econ?mico. En el primer caso, la econom?a permite el desarrollo de la dignidad humana ?no se tiene para sobre vivir, sino para vivir?. En el segundo caso se condiciona la dignidad humana a la econom?a, ?se sobre vive para tener, no para vivir?.

El desarrollo de una cultura sana y s?lida exige que las condiciones materiales de vida no comprometan la libertad y la dignidad humana. Elementos que no pueden asegurarse en millones de personas que viven en esta latitud en extrema pobreza o miseria. O frente a m?s de 6 generaciones de ciudadanos que han nacido con una deuda externa que ni siquiera sus bisnietos podr?n liquidar a?n cuando en este momento se detuviera el monto total del d?bito. As?, mientras los pocos capitales consistentes son trasladados al extranjero, para asegurar ?nicamente un patrimonio individual, se corona un sistema piramidal de lesi?n al bien com?n, reforzando la arraigada cultura del lucro.

Pero, detr?s de esta forma desproporcionada de ambici?n financiera, ?Qu? busca el hombre? ?Qu? efecto proporciona el dinero en cada uno de nosotros que le buscamos con tanto af?n? ?Cu?l es la estabilidad que persigue? La palabra ganancia o lucro ?No ser? un denominador cultural de la necesidad existencial de todo ser humano, de buscar una seguridad palpable? La ganancia no estar? indicando de laguna manera una acci?n desesperada de invertir el flagelo de la miseria vivida o temida, en un nuevo y real orden de cosas?


Publicado por mario.web @ 10:25
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