Mi?rcoles, 20 de abril de 2011


Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Hace algunos a?os dos j?venes se casaron. El amor hizo que rompiesen las amarras de lo conocido y se lanzasen a la aventura emocionante del vivir juntos, con el compromiso del ?para siempre? que s?lo son capaces de dar los que se aman. Dos a?os despu?s nac?a una encantadora ni?a. Cuando la ni?a cumpl?a sus dos a?os, los esposos estaban separ?ndose.

?Por qu?? Cuando le preguntaron eso al esposo y padre, respondi?, no sin un deje de tristeza y de fracaso, con estas palabras: ?No soy capaz de comunicar con mi esposa, no tenemos nada que decirnos?.

La historia, el drama de esta pareja y de su hija de dos a?os no es, desgraciadamente, algo ins?lito. Que fracasen matrimonios es algo que ocurre por infinidad de motivos y en todos los continentes. Que fracasen a los 4 a?os de casados no es algo del otro mundo, cuando hay quienes empiezan los problemas antes de celebrar el primer aniversario de bodas... Que se rompa la pareja incluso cuando hay de por medio uno o varios hijos peque?os tampoco es novedad. Entonces, ?podemos declarar ya algo normal el que se diluya un matrimonio que uni? precisamente a dos personas porque antes brillaba un amor intenso entre ellos, y ahora se apag??

Al lado de tanto dolor y de tanta amargura encontramos otro tipo de parejas. ?Viven juntos?, pero no s?lo eso: cada d?a es un crescendo de amor, de proyecto com?n, de sue?os y de planes para el ma?ana, de luchas y de fatigas para superar los problemas que se van presentando. Por eso no s?lo ?viven juntos?, sino que se aman, y por eso est?n juntos...

Alguien dec?a: ?Si al mirarme te acuerdas de m?, no me mires; pero si al acordarte de m? me miras, ?m?rame siempre!? Los esposos felices, cuando vuelven a mirarse no lo hacen porque se crucen al ir de un sitio a otro de la casa, sino porque todav?a hoy necesitan volver los ojos con el coraz?n a aquel o a aquella en quien siguen pensando con cari?o y sin pausa...

Son parejas, tambi?n hay que decirlo, que pasan por momentos dif?ciles, por luchas, por ?crisis matrimoniales?. Pero saben ver lo que hubo antes y lo que vendr? despu?s de la tormenta. Quiz? incluso discuten y no llegan a un acuerdo sobre esto o sobre lo otro (la nueva lavadora, el color de la pintura del cuarto, la madera para construir una silla nueva, el modo de tratar al hijo peque?o o al que inicia la adolescencia), pero encuentran las f?rmulas para que el choque no lleve a da?os mayores, y restablecen lo m?s pronto posible los lazos de la unidad y de la armon?a.

En contraste con lo que nos dec?a el joven esposo y padre que nos llev? a iniciar estas reflexiones, estas parejas felices ?s? tienen mucho que decirse?, porque est?n continuamente renovando un amor desde las nuevas experiencias y situaciones que la vida presenta sin interrupci?n.

El amor entre un hombre y una mujer tiene mucho de aventura y de pasi?n. Pero sobre todo es compromiso y entrega madura y responsable. Entre nosotros, a diferencia de casi todos los animales, no hay periodos fijos para la vida sexual ni para la vida comunitaria. Cualquiera puede entrar a formar parte de un matrimonio un radiante d?a de primavera (aunque haya un calor de espanto o caiga una tormenta tropical), y cualquiera puede abandonar sus compromisos porque le aprieta el zapato derecho, porque ?l o ella pesan 10 kilos de m?s, o por motivos m?s serios, incluso justos. Cada uno afronta la situaci?n desde su propia libertad, y los mismos problemas pueden hacer que unos esposos maduren en su amor, y que otros pasen durante varios meses o a?os ese infierno de juicios y de ri?as para lograr una separaci?n lo m?s ventajosa posible... si es que se puede ?ganar? una causa que no es sino la consumaci?n de una derrota existencial.

Desde luego, hay casos en los que no s?lo conviene separarse, sino que parece no haber otra salida. Cuando la otra parte est? siempre en actitud de lucha y de acusaci?n, busca y piensa s?lo en el dinero, en el vino, en la droga o en el placer adultero y degenerado, o golpea una y otra vez, de modo incluso gravemente peligroso, a los ni?os o al otro c?nyuge, y no da muestras de ning?n deseo de cambio ni de superaci?n... uno no puede no declarar fracasada una convivencia que ya no existe, que s?lo genera odios y heridas siempre abiertas.

Por desgracia, no siempre el noviazgo ayuda a prevenir estas situaciones, a descubrir los problemas de incompatibilidad que podr?n nacer en la vida matrimonial. Por eso los novios deber?an darse cuenta de lo que implica buscar la otra media naranja para el resto de sus a?os, y pensar muy bien si se encuentran con la persona justa, o si quiz? conviene todav?a esperar un poco antes de dar un paso en falso del cual hay que arrepentirse luego, una vez que se han producido da?os a veces irreparables.

Fuera de casos que merecen el juicio de un psiquiatra o de personas competentes, ?c?mo lograr que un matrimonio normal no naufrague? La respuesta es f?cil y es dif?cil. Es f?cil porque muchos ya han triunfado: basta que los dos pongan lo poquito que est? de su parte. Antes de casarse, pens?ndolo bien. Una vez casados, buscando continuamente que el amor crezca y madure. Pero tambi?n es dif?cil, porque cuando la otra parte no responde y se atrinchera en sus derechos y en sus mayores o menores ?razones?, parece que cualquier esfuerzo resulta in?til, y uno ve la barca a la deriva, cada vez con m?s agua en la cubierta...

Por ello hay que descubrir todos los d?as esa ?llave? que nos puede abrir el coraz?n del otro, como recuerda una escena simp?tica de esa conmovedora pel?cula, La vida es bella: los detalles. Siempre es posible volver a lanzar amarras e intentar la conquista maravillosa de un coraz?n que un d?a me cautiv? y que qued? cautivado por m?. Esos detalles son s?lo verdaderos (es decir, significan, dicen mucho) si arrancan de un coraz?n dispuesto a triunfar en el amor, dispuesto a darlo todo por el otro o la otra, pues en el juego del amor el que m?s pierde m?s gana...

?No tenemos nada que decirnos? No siempre se ven parejas que hablen. Pero ni siquiera el hablar es necesario para vivir en un profundo amor matrimonial. Entre dos esposos enamorados, aunque ya hayan cumplido los 25 o los 50 a?os de casados, hay veces en que no hace falta decir nada. Bastan ciertos gestos y ciertas miradas, y todo est? entendido. Se ha dicho mucho, porque hay mucho amor: s?lo desde el amor se comprende y se acepta al otro, con o sin palabras.

Al esposo y padre que nos llev? a iniciar estas reflexiones quisi?ramos decirle muchas cosas. La separaci?n es no s?lo un drama, sino una derrota. Y el amor verdadero no se resignar? nunca a morir. Hay que volver a empezar, hay que iniciar a amar de nuevo. Quiz? el tiempo ha dejado polvo o rutina, heridas o peque?as incomprensiones, pero donde hay amor siempre se puede empezar. Habr?a que buscar incluso unos momentos para renovar, delante de Dios, las promesas matrimoniales, y para pedir que reviva lo que fue una realidad, lo que est? llamado a ser un amor cada d?a m?s maduro y m?s hermoso. Y no dejar de creer que podemos cambiar, que es posible comunicar, con el lenguaje del amor, con la esposa, con el esposo, para el bien de los dos y para el bien de los hijos que esperan ver a sus padres felices y enamorados para siempre.


Publicado por mario.web @ 10:28
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