Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: Germ?n S?nchez Griese

Un trabajo apasionante para tiempos apasionantes.
Hablar de tiempos dif?ciles por los que pasa la vida consagrada en los inicios de este siglo, resulta ya algo com?n en nuestros d?as. Libros, ciclos de conferencias, cursos que pululan por doquier para tratar de entender el fen?meno y dar una soluci?n adecuada. La ayuda de las ciencias sociales, as? como de la Teolog?a, ayudan a entender el fen?meno, a dar una plausible explicaci?n y a buscar soluciones que ayuden a salir de estos momentos.

Personalmente creo que la visi?n negativa de la que se parte, -<>- refleja ya de por s? una postura un tanto err?nea sobre la identidad de la vida consagrada. Para la persona consagrada no hay, o no deber?a haber, estaciones f?ciles o estaciones dif?ciles. Debemos partir, siempre seg?n opini?n personal, de que la vida consagrada tiene una sola estaci?n, y ?sta es la estaci?n de la fidelidad y de la coherencia. La vida consagrada debe ser coherente consigo misma y fiel a la identidad que su Fundador, Jesucristo, ha querido para ella. Si bien es cierto que las condiciones culturales por las que atraviesa la vida consagrada pueden afectar su propio desenvolvimiento, no podremos decir que hay estaciones f?ciles o estaciones dif?ciles. Tomemos por ejemplo los inicios de la vida consagrada, cuando Jesucristo invita doce hombres a dejar todo por seguirlo a ?l. No creo que pueda hablarse de momentos f?ciles, para quien debe lanzarse a la aventura de una nueva forma y estilo de vida. Existe sin embargo la atracci?n fascinante de Aquel hombre que con su palabra y con su ejemplo arrastra a estos hombres que, no sin dificultades, son capaces de ser fieles y coherentes a este estilo de vida. Las dificultades culturales y personales para llevar a cabo con coherencia y fidelidad este nuevo estado de vida, son superadas cuando estos doce hombres se dejan llevar, dir?amos enamorar, de este hombre que es Jesucristo.

Si este ejemplo lo trasladamos a todos los tiempos de la vida consagrada, podemos observar las mismas dos constantes: un hombre que es capaz de fascinar a otros hombres en el seguimiento de Cristo, y la coherencia y la fidelidad en este camino, a pesar de las dificultades personales y temporales. Por ello, podemos afirmar, que no hay estaci?n f?cil o dif?cil para la vida consagrada, sino que hay mayor o menor enamoramiento en el camino de seguir a Jesucristo y que hay mayor o menor coherencia y fidelidad para poder superar las dificultades personales o culturales implicadas en el seguimiento de Jesucristo.

Estas dos constantes, enamoramiento y fidelidad-coherencia, requieren conocer de antemano cu?l es el seguimiento de Cristo en la vida consagrada, que puede traducirse en el Cristo que las personas consagradas se han propuesto seguir en diversas facetas: en la misi?n a la que Cristo llama, en el estilo de vida en fraternidad que se debe llevar, con una espiritualidad clara, objetiva y espec?fica que ha dejado el Fundador. En pocas palabras, se debe conocer con claridad cu?l es la identidad de la vida consagrada y la identidad espec?fica de cada Instituto religioso. Sin una identidad clara se corre el riesgo de ir a la deriva, diluyendo el seguimiento de Cristo, adaptando la vida consagrada a la cultura de cada ?poca. El proceso correcto deber?a ser siempre a la inversa, es decir, adaptar la cultura a la vida consagrada.

Para descubrir la identidad de la vida consagrada tenemos que partir del hecho que la vida consagrada est? llamada en primer lugar a hacer visible a Cristo casto, pobre y obediente 1 . Bien podemos afirmar que esta es la esencia de la vida consagrada y que de ella, de acuerdo al principio filos?fico que del ser se desprende el hacer, surge la identidad de la vida consagrada. En su constante b?squeda por hacer presente a Cristo en el mundo 2 las personas consagradas buscan antes que nada cumplir con la voluntad de Dios. Es algo que se desprende ?ntimamente de su esencia. Si hemos afirmado que la esencia de la vida consagrada es hacer visible los rasgos m?s caracter?sticos de la vida de Cristo, esta visibilidad se traduce en un esfuerzo por imitar su vida. No se trata por tanto de cumplir simplemente con unas funciones o un trabajo a favor de los pobres, los desheredados o quienes se ven pisoteados en sus derechos humanos. Es algo m?s que eso. La esencia de la vida consagrada es buscar transformar la propia vida en forma tal que a trav?s de la vida de las personas consagradas, Cristo pueda hacerse presente, en primer lugar, en la propia vida de la persona consagrada, y despu?s, para los hermanos.

Para que esta acci?n de transformaci?n abrace todos los sectores de la vida de la persona consagrada, es decir su pensamiento, su voluntad y sus sentimientos, y adem?s, para que dicha transformaci?n se vaya realizando en todas las etapas de la historia propia de la persona consagrada, es necesario que se busque en todo momento agradar a Dios. Buscar lo que a Dios agrade es una de las manifestaciones de la identidad de la vida consagrada. ?De manera que la persona consagrada es testimonio del compromiso, gozoso al tiempo que laborioso, de la b?squeda asidua de la voluntad divina, y por ello elige utilizar todos los medios disponibles que le ayuden a conocerla y la sostengan en llevarla a cabo.? 3

Si bien hemos hablado de la esencia de la vida consagrada, no debemos olvidar tampoco de la esencia del hombre. Los deseos del hombre no se llevan a cabo autom?ticamente. Su esencia es la de ser una creatura de Dios, ca?da por el pecado original y redimida por Cristo. Si bien la obra de la redenci?n ha sido cumplida por Cristo en su vida, pasi?n, muerte y resurrecci?n, las huellas que ha dejado el pecado original tienden a influir en el hombre, y a veces no puede ver con claridad cu?l es la voluntad de Dios que se ha propuesto seguir como persona consagrada. O la fuerza de voluntad se debilita o duda. Y lo mismo puede suceder cuando las pasiones o los sentimientos se quieren revelar por seguir el cumplimiento de la voluntad de Dios. Es necesario que el hombre cuente con algunos medios para ayudarse a cumplir lo que prometi? en su consagraci?n, es decir, hacer visible a Cristo a trav?s del cumplimiento de su voluntad.

Se presenta por tanto entre uno de esos medios, la ayuda de la autoridad. ?Por esto, mientras en la comunidad todos est?n llamados a buscar lo que agrada a Dios as? como a obedecerle a ?l, algunos en concreto son llamados a ejercer, generalmente de forma temporal, el oficio particular de ser signo de unidad y gu?a en la b?squeda coral y en la realizaci?n personal y comunitaria de la voluntad de Dios. ?ste es el servicio de la autoridad.? 4

La identidad de la superiora no es otra que la de ayudar a una comunidad a buscar y encontrar la voluntad de Dios. Su identidad se cristaliza en su funci?n de gu?a, de ayuda para que las personas consagradas que la Providencia ha puesto bajo su cargo, se enamoren cada d?a m?s de Dios, proceso de enamoramiento, y que vivan con coherencia y fidelidad, dicho enamoramiento en el vaiv?n de la vida cotidiana. No suple ni la voluntad, ni la libre albedr?o de las personas consagradas, sino que se?ala las pautas m?s id?neas para que la persona consagrada pueda cumplir su promesa de enamorarse de Cristo y de ser coherente y fiel a ese amor en lo avatares de su vida diaria. La palabra gu?a es clave para entender el servicio de la autoridad, ya que el gu?a, no suplanta la labor que debe desarrollar la persona. Esta ah? s?lo para indicar el camino, sostener al que flaquea o se muestra dudoso, encauzar al que por inexperiencia o car?cter quiere seguir su propia voluntad.


Los ?dolos de nuestra cultura, de frente al servicio de la autoridad.
Hemos dicho que la vida consagrada no ha tenido estaciones f?ciles o estacones dif?ciles. Todo depende del grado de enamoramiento que la persona consagrada tenga de Cristo y de dicho amor que se traduce en fidelidad y coherencia y se expresa en la vida diaria. La vida consagrada por tanto, no es de este mundo pero vive en este mundo.

El esfuerzo del Concilio vaticano II ha sido el de dotar a los distintos elementos de la Iglesia con las herramientas m?s adecuadas para transformar las realidades culturales m?s actuales. Se trata por tanto de una labor de ?trasvase?, es decir, buscar las formas mejores, los mejores medios para que el evangelio pueda permear la cultura actual.

Como lo ha pedido el decreto Perfectae caritatis 5 , es necesario conocer la cultura de nuestro tiempo de forma tal que los elementos esenciales de la vida consagrada puedan permear y penetrar dichas realidades temporales. No debemos olvidar sin embargo, que en este esfuerzo de inculturaci?n o de adaptaci?n, puede perderse de vista el objetivo originario y se termina incorporando desmesuradamente la cultura de nuestros d?as a los elementos esenciales de la vida consagrada, acabando por desaparecer la esencia de los ismos. Quien deb?a ser sal de la tierra termina por ser tierra.

Se dan por tanto ciertos ?dolos culturales que tal parece que son inamovibles y que la vida consagrada debe someterse a ellos, con el riesgo de que no hacerlo as?, aparecer? como anacr?nica, desfasada o no cumplir? adecuadamente su misi?n. Basta echar un vistazo a la historia del post-concilio y ver el grado de postraci?n en el que se encuentra la vida consagrada, por el hecho de que, queriendo adaptarse a dichos ?dolos culturales, han dejado a un lado la vivencia de lo que deber?a ser la esencia de la vida consagrada: buscar s?lo a Dios, quarere Deum, como lo se?ala la regla de San Benito. 6

Los ?dolos culturales a los que se enfrenta el servicio de la autoridad son la libertad, el valor individual de la persona, los deseos de realizaci?n personal y la visi?n subjetiva del carisma. Muchos de estos ?dolos, y casi me atrever?a a decir que todos ellos, provienen del relativismo en el que vivimos. Un mundo en d?nde no existen principios, en d?nde todo viene interpretado de acuerdo a la visi?n personal de los individuos, salpica tambi?n a la vida consagrada, haciendo dif?cil el servicio de la autoridad. Se cuestiona el principio de autoridad, porque se establece, o se da por establecido que cada persona es libre y que, actuando seg?n su propia conciencia, puede alcanzar a vivir la voluntad de Dios. Queda por tanto desplazado el efecto del pecado original y sus consecuencias en la voluntad, el pensamiento y los sentimientos. Se cree que la profesi?n perpetua da un certificado de infalibilidad, o de inmaculabilidad, pretendiendo que todas las acciones son buenas y sirven para cumplir con la voluntad de Dios, s?lo por el hecho de que se realizan por una persona que ha hecho una profesi?n de votos religiosos.

Se olvidan de que ?cuando la libertad se hace arbitraria y la autonom?a de la persona se entiende como independencia respecto al Creador y respecto a los dem?s, entonces nos encontramos ante formas de idolatr?a que no s?lo no aumentan la libertad sino que esclavizan.? 7 La libertad se erige entonces como un ?dolo y a ?l se debe sacrificar todo.

De ah? parte tambi?n el hecho de que debe a toda costa valorizarse la realizaci?n personal, como si ?ste fuera uno de los fines de la vida consagrada. La persona se realiza no al margen de la voluntad de Dios, sino precisamente cumpliendo la voluntad de Dios. Que no la despersonaliza, sino que la enriquece y la sublima. Tal parece que estas personas se olvidan que el hombre es por naturaleza un ser creatural, es decir, una creatura y que por tanto se realiza en la medida que sigue a su Creador. Toda creatura encuentra su felicidad y se realiza personalmente en la manera que cumple el dise?o divino para su ser. El mundo vegetal, el mundo animal, y por ende el hombre, siguiendo la impronta del Creador llegan a encontrar la felicidad siguiendo el plan que el creado ha inscrito en su propia naturaleza. De esta misma forma, la persona consagrada, cuya esencia hemos dicho, es aquella de cumplir con la voluntad de Dios, encontrar? la felicidad en la medida que busque cumplir dicha voluntad divina.

Por ?ltimo, debemos mencionar que si bien en estos ?ltimos a?os el esfuerzo que muchas congregaciones femeninas han hecho por conocer y vivir el propio carisma las han llevado a una nueva revitalizaci?n, algunas de ellas han querido leer el carisma en una forma eminentemente horizontalista, dejando la interpretaci?n del carisma a cada persona. Quiz?s, en algunos casos, se haya dado una investigaci?n no del todo cient?fica para encontrar lo que deber?a ser el carisma de la Congregaci?n, quedando los resultados siempre un poco en el aire y a merced de cualquier interpretaci?n. Pero m?s bien pienso que el problema se ha dado cuando se ha hecho una lectura humana del carisma. Si el carisma es verdaderamente una experiencia del esp?ritu hecha por el Fundador para ser compartida por los disc?pulos espirituales, necesariamente esta experiencia del esp?ritu deber? encontrar a trav?s de una espiritualidad espec?fica, los medios para ser vivida y las obras concretas que las manifiesten. De lo contrario, sin una espiritualidad basada en el carisma y unas obras concretas que lo manifiesten, se deja todo al libre albedr?o de cada persona.

Por el contrario, cuando se tienen claras espiritualidad y obras de apostolado, el servicio de la autoridad rinde un gran favor a la Congregaci?n, pues es la autoridad la encargada de salvaguardar dichos medios, es decir, espiritualidad y obras concretas. Es m?s, la misma autoridad se valdr? de estos dos medios para llevar adelante su servicio, pues no har? nada seg?n su propia voluntad, sino seg?n la voluntad de Dios 8 , manifestada a trav?s de la espiritualidad y las obras concretas.


Por ?ltimo? una visi?n de fe.
Pero todos estos discursos sobre la autoridad no tienen validez alguna si no son fundamentados en una grande visi?n de fe. ?Por eso es necesario, por parte de todos, agudizar la mirada de fe ante dicho cometido, que debe inspirarse en la actitud de Jes?s siervo que lava los pies de sus ap?stoles para que tengan parte en su vida y en su amor (cf. Jn 13, 1-17). 9 Si no se cree que se est? obedeciendo la voluntad de Dios en aquellos que manda la superiora leg?tima, es imposible que la autoridad y la obediencia, que son un binomio inseparable, puedan llevarse a cabo.

Las ciencias humanas, como la psicolog?a y la sociolog?a, han tratado de explicar el concepto, la funci?n y el desarrollo de la autoridad al interno de la vida consagrada. Su visi?n, sin ser err?nea, es parcial, o mejor dicho, su visi?n puede venir en ayuda de muchos problemas, pero no puede tomarse como medicina viable y fiable para todos los casos. Podr? hablarse de una patolog?a psicol?gica, de un problema de relaci?n humana cuya soluci?n podr? darse a trav?s de los medios que la psicolog?a, la sociolog?a u otra ciencia humana puedan aportar. Pero si falta la visi?n de fe en quien ejerce la autoridad, para obedecer s?lo a Dios, y en quien debe obedecer, para cumplir la voluntad de Dios, ni con la ayuda de las ciencias humanas podr? darse un verdadero servicio de la autoridad y su respectiva obediencia.

Para quien tiene fe, un simple deseo representa la voluntad de Dios.


NOTAS

1 ?Con la profesi?n de los consejos evang?licos los rasgos caracter?sticos de Jes?s ?virgen, pobre y obediente? tienen una t?pica y permanente ? visibilidad ? en medio del mundo.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 1.

2 No en vano Benedicto XVI salud? a la vida consagrada en su discurso inaugural de ministerio petrino como aquellos que son testigos de Dios: ?Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante de Dios.? Benedicto XVI, Homil?a, 24.4.2005.

3 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad, 11.5.2008, n. 1.

4 Ib?dem., n. 1.

5 ?Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz.? Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 2d.

6 El eminente biblista P. ?ngel Pardilla, cmf., recoge datos del debacle que ha sucedido en la vida consagrada, dando como explicaci?n la confusi?n y el desorientaci?n de los a?os postconciliares, con las palabras lapidarias, quien siembra confusi?n, recoge deserciones. Cfr. Angel Pardilla, cmf., Le religiose ieri, oggi de domani, Librer?a Editrice Vaticana, Citt? del Vaticano 2008, p. 343.

7 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad, 11.5.2008, n. 2.

8 ?Nada se haga sin tu conocimiento, ni t? tampoco hagas nada sin contar con Dios?. San Ignacio de Antioquia, Carta a Policarpo 4, 1, en Padres apost?licos y apologistas griegos, BAC 629, Madrid 2002, 416.

9 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad, 11.5.2008, n. 12.


Publicado por mario.web @ 20:24
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