Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Mario Ramos-Reyes PhD, de la Asociaci?n de Empresarios Cristianos de Paraguay, ADEC habla de la tradici?n democr?tica, su ense?anza y liderazgo ?tico.
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Democracia y m?rito
Democracia y m?rito
Existe una expresi?n de Plat?n en su Rep?blica que aparenta ser, a primera vista, sencilla. Dec?a el fil?sofo que ?la calidad de la polis no depende de las encinas sino de la condici?n de cada uno de los ciudadanos que la integran.? Un sistema justo de gobierno supone ciudadanos moralmente ?ntegros.

Es la condici?n, digamos, de la virtud. Pero m?s all? de esa primera lectura, Plat?n entrev? algo m?s como condici?n que deben adornar a aquellos que dirigen la polis, la sociedad pol?tica; la
cualidad intelectual, condici?n sin la cual la ?bondad? ciudadana se torna ineficiente, torpe, en suma, vac?a de liderazgo. Es la condici?n, en este caso, del m?rito.

La tradici?n democr?tica ha recogido dicha ense?anza y con justa raz?n: la democracia posee un tinte igualitario donde cualquier ciudadano, independientemente de sus cualidades t?cnicas, puede ser elegido a dirigir la cosa p?blica. Lo cual es leg?timo: la oportunidad est? abierta a todos independientemente del nivel educativo. As? vemos que legisladores o presidentes son electos, con demasiada frecuencia, por su empat?a con el electorado, buen manejo de propaganda electoral, o atractivo est?tico, fen?meno extendido no s?lo a
democracias incipientes sino a democracias maduras. ?Est? entonces la democracia condenada a la mediocridad, pues la elecci?n y liderazgo de sus dirigentes es m?s una cuesti?n est?tica o material que una cuesti?n moral o de m?rito?
La respuesta la ha dado el Papa Benedicto XVI al representante nacional en el Estado del Vaticano.

Ciertamente, podr?a condenarse si sus contenidos se vac?an de valores; pues una democracia sin valores puede degenerar f?cilmente en un totalitarismo, ?visible o encubierto?. Los ecos del mensaje de Juan Pablo II en la Centesimus Annus son inequ?vocos: el ejercicio de una verdadera democracia? es llevada a cabo cuando el gobierno se inspira en los valores supremos e inmutables.

Y ese ejercicio se lleva a cabo en una democracia, no con ciudadanos electos que, lo dijimos, pueden ser m?s populares que capaces, sino con la conciencia de que los elegidos sabr?n nombrar a aquellos funcionarios con m?ritos para administrar la cosa p?blica. Los jueces o magistrados, para poner solo dos ejemplos obvios, son aquellos funcionarios que no tienen que ser ?populares? o partidizados para acceder a la cosa p?blica.

El reciente nombramiento por ?consenso? pol?tico del Fiscal General del Estado muestra lo contrario; es que, ?c?mo justificar que el ciudadano elegido precisamente para ?velar por el respeto de los derechos y garant?as constitucionales, defender el patrimonio p?blico y social entre otras cosas, no haya sido el que meritoriamente se hac?a acreedor a ese nombramiento? Y este caso concreto es m?s que llamativo; ni la reputaci?n moral ni los m?ritos acad?micos adornaban al elegido. Este es precisamente un ejemplo de ese velado totalitarismo de las democracias formales de que habla Benedicto XVI: el que los amigos, partidarios o no, que mas da, protejan al poder o poderes del estado de la aut?ntica contralor?a ciudadana; el germen de todo populismo de
mediocres como dir?a Plat?n.

Publicado por mario.web @ 20:54
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