Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
El P. Fernando Pascual reflexiona sobre los presupuestos que intentan proponer una ?tica sin Dios y sus imprecisiones.
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?Una ?tica sin Dios?
?Una ?tica sin Dios?

Los tres presupuestos


Uno de los grandes proyectos del pensamiento iluminista era (y es, donde existen pensadores que se identifican de alguna manera con el sue?o iluminista) elaborar una ?tica sin Dios. O, al menos, una ?tica como si Dios no existiese, seg?n una frase famosa tomada de los escritos de Hugo Grocio (1583-1645).

Este proyecto est? basado en varios presupuestos. Quisiera ahora fijarme en tres de esos presupuestos (que enumero sin establecer una jerarqu?a entre los mismos).

El primero: pensar que la raz?n humana es capaz, por s? sola, de llegar a algunas verdades asequibles para todos en el campo de la ?tica individual y social, aunque sean normas tan gen?ricas como el principio de tolerancia y el principio de respeto hacia la diversidad. El ?para todos? incluye, realmente, a todos, aunque est?n separados por tradiciones religiosas o culturales muy distintas.

El segundo presupuesto consiste en suponer que gran cantidad de normas y leyes que rigen la vida de muchos pueblos no son racionales, si es que no llegan a ser irracionales e, incluso, injustas. Normas como las que se refieren, por ejemplo, a la circuncisi?n femenina, a los modos de vestir, a los alimentos permitidos o prohibidos, a la manera de educar a los hijos, no se basan muchas veces en criterios racionales ni en el respeto a los derechos humanos, sino en tradiciones milenarias que en ocasiones son gravemente injustas o simplemente absurdas.

El tercer presupuesto es m?s complejo: afirmar que la idea que los hombres podamos tener acerca de Dios es m?s un obst?culo que una ayuda para elaborar una ?tica v?lida para todos. En palabras m?s sencillas: creer en Dios no har?a a nadie m?s bueno ni m?s honesto ni m?s sociable. M?s a?n: millones de personas han justificado cr?menes atroces e injusticias seculares apoyados en que Dios ?est? con nosotros? o en que ?Dios as? lo quiere?, como si el creerse poseedores de la religi?n verdadera fuese una especie de permiso para cometer cualquier tipo de atrocidades.

La cr?tica moderna

Estas ideas tienen un gran peso en la sociedad actual. Pol?ticos, escritores, personajes del mundo del espect?culo y de la ciencia, han vuelto a subrayar la urgencia de elaborar una ?tica mundial, v?lida para todos, y han denunciado los peligros que, seg?n ellos, nacen de las religiones.

Esta nueva ?tica mundial, nos dicen, debe ser lo suficientemente ?racional? y democr?tica para no excluir a nadie y permitir muchos comportamientos, antes prohibidos por prejuicios vanos o religiosos, y ahora reconocidos como plenamente leg?timos en una sociedad verdaderamente madura y pluralista.

En realidad, las propuestas de elaborar ?ticas sin Dios caen en no pocas contradicciones. La primera consiste en ignorar o malinterpretar la misma noci?n de ?tica.

?Qu? es la ?tica? Seg?n una noci?n cl?sica, la ?tica ser?a un saber que nos indica lo que est? bien y lo que est? mal, seg?n una idea de perfecci?n humana que descubre la existencia de deberes. La f?rmula que expresa esta noci?n de ?tica es suficientemente conocida por muchos pueblos: hay que hacer el bien y hay que evitar el mal.

Pero esta misma noci?n de ?tica es criticada por no pocos ?iluministas? y pensadores de la modernidad como naturalista, anticuada, o simplemente contradictoria. Porque, nos dicen, no es nada f?cil conocer qu? es lo bueno y qu? es lo malo. Porque, nos insisten, cada quien debe decidir qu? sea lo bueno y lo malo para su propia vida, sin que nadie imponga, desde fuera, ninguna norma ?tica.

La raz?n y otros factores

Proponer, sin embargo, que cada quien haga lo que quiera, es simplemente destruir la ?tica. Decir que no hay normas absolutas, que nada puede ser visto como bueno o como malo, que todo est? permitido (sin da?ar a los dem?s, un l?mite que veremos en seguida), es lo mismo que decir adi?s a la ?tica.

Es cierto que los ?modernistas? afirman: cada quien puede escoger lo que desee, siempre y cuando no da?e la libertad de los otros. Pero al decir esto ponen un l?mite a la libertad (mi libertad termina all? donde empieza la libertad del otro) y luego renuncian a justificar en serio por qu? ese l?mite deba ser respetado, pues no creen que sea necesario demostrar con argumentos s?lidos la necesidad del respeto del otro.

Por lo mismo, se hace necesario reproponer la verdadera noci?n de ?tica, la que nos recuerda que existen cosas buenas y cosas malas, la que se funda en una idea del hombre que explica por qu? un ser humano ser?a bueno si realiza acciones honestas y por qu? ser?a malo si comete acciones deshonestas.

Esta noci?n es, en muchos puntos, asequible a la raz?n humana. Sobre este aspecto podr?amos coincidir en buena parte con el primer presupuesto del iluminismo (la raz?n por s? sola puede alcanzar importantes verdades ?ticas). Plat?n y Arist?teles, por ejemplo, elaboraron reflexiones morales sumamente actuales.

Pero tambi?n es verdad que la vida ?tica no se construye s?lo con la raz?n. En todos los seres humanos hay un sinf?n de factores que intervienen en cada decisi?n. Casi todos estamos seguros de que robar es malo; no es dif?cil, sin embargo, que cedamos con pocas resistencias a la tentaci?n de un robo ?peque?o? cuando se nos presenta como f?cil.

El gran peligro sin Dios

La raz?n humana, adem?s, nos lleva a reconocer que el hombre no se explica por s? mismo, con sorpresa de no pocos modernistas. En otras palabras, nos pone en camino para pensar en la existencia de un Dios Creador y nos permite descubrir la dependencia radical del hombre respecto de Dios. Creer, como Grocio y como tantos iluministas del pasado y del presente, que sea posible construir una ?tica sin Dios es como pensar que se pueda levantar un edificio sin cimientos, porque negar nuestra dependencia de Dios es como decir que no somos capaces de hablar mientras estamos hablando...

Dios, en realidad, resulta ser un baluarte indispensable para comprender lo que es el hombre, y para elaborar cualquier ?tica verdaderamente ?racional?. Si negamos a Dios, el hombre deber?a limitarse a reconocer que es un animal m?s o menos complejo, orientado a vivir seg?n sus caprichos y seg?n la ley del m?s fuerte. Es decir, la negaci?n de Dios implica la negaci?n de la ?tica, si es que no caemos en la idea de llamar ??tica? a la renuncia de cualquier norma absoluta y a la opci?n por vivir seg?n lo que cada circunstancia nos indique, o lo que nos pida el capricho del momento, o lo que imponga el m?s fuerte (individuo, grupo, partido, raza, etc.).

Precisamente por el error anterior ha habido quienes han pensado que la ?tica deber?a quedar reducida a describir lo que ?se hace?, lo que decide una sociedad en un momento determinado de su historia, lo que imponen los grupos de poder o las modas con su fragilidad y sus prisas para llegar y para desaparecer. No hace falta notar que esta idea de ?tica es absurda y contradictoria, pues entonces no habr?a manera alguna para condenar la esclavitud, los genocidios, la explotaci?n de los ni?os, la opresi?n de la mujer, etc.

Religiones verdaderas

No hay, no puede haber, verdadera ?tica all? donde se niegue la existencia de Dios. Porque las normas morales no se explican sin descubrir ese orden profundo que penetra toda la realidad, y que brilla de un modo muy especial en el ser humano, con su espiritualidad y su vocaci?n a una vida m?s all? de la vida presente.

Queda por decir una palabra sobre el ataque que muchos hacen a las religiones, y sobre la idea de que es posible una ?tica sin religi?n. Hemos de reconocer, inicialmente, que no todas las religiones pueden ser igualmente verdaderas. O todas est?n equivocadas, o algunas est?n m?s cerca de la verdad, y otras menos.

En el segundo caso, aquellas religiones que est?n m?s cerca de la verdad nos permitir?n conocer mejor al hombre, nos indicar?n con m?s claridad nuestra relaci?n con Dios y con los dem?s, nos abrir?n horizontes ?ticos m?s completos y ricos.

Si, adem?s, fuese posible descubrir que entre todas las religiones hay una que tiene en s? aquellos elementos que muestran que es la ?nica verdadera, esa nos ofrecer? la mejor ayuda para comprendernos a nosotros mismos y para elaborar una ?tica v?lida para todos. Nos permitir? conocer lo que Dios quiere del hombre y lo que nos lleva a nuestra plenitud en el tiempo y en la eternidad.

Dios y el hombre

Renunciar, o incluso despreciar, a las religiones bajo la excusa de que en nombre de la religi?n se han cometido cr?menes y errores en el pasado y en el presente ser?a tan absurdo como renunciar a la medicina porque ha habido y hay m?dicos sin escr?pulos que han usado a miles de seres humanos para experimentos sumamente injustos.

Para quien escribe estas l?neas, la verdadera religi?n es la cat?lica, que desvela al hombre el camino de la verdadera ?tica, la ?nica que nos puede realizar plenamente al descubrirnos cu?l es el n?cleo profundo de nuestra humanidad.

Lo ense?aba bellamente el Papa Juan Pablo II, al recordar que el ?cumplimiento del propio destino lo alcanza el hombre en el don sincero de s?, un don que se hace posible solamente en el encuentro con Dios. Por tanto, el hombre halla en Dios la plena realizaci?n de s?: esta es la verdad revelada por Cristo. El hombre se autorrealiza en Dios, que ha venido a su encuentro mediante su Hijo eterno? (?Tertio millennio adveniente? n. 9).

No existe, por tanto, verdadera ?tica all? donde negamos a Dios. Ni tampoco habr? verdadera ?tica si dejamos de lado el gran acontecimiento que ha cambiado la historia humana: Dios vino al mundo y nos ense?? el camino de la Vida. Ese es el centro de nuestra fe cristiana, y ese debe ser el motor que nos lleve a construir un mundo m?s justo, m?s humano, m?s lleno de amor.

Publicado por mario.web @ 21:09
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