Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Yo no, pero lo estoy intentando. Cuando tres amigos se re?nen a charlar, hablan sin comas para que no se les interrumpa. Cuando no se sabe escuchar se habla demasiado y entonces...
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?Sabe usted escuchar?
?Sabe usted escuchar?
Yo no, pero lo estoy intentando. Cuando tres amigos se re?nen a charlar, hablan sin comas para que no se les interrumpa. Cuando se re?nen cuatro f?cilmente se fraccionan en dos grupos, y hablan de dos temas distintos al mismo tiempo. Yo procuro sentarme en el medio, y as? tengo oportunidad de elegir tema. Tanto si son tres o cuatro, si puedo me agarro a una coma para meter baza. Si no tengo suerte, escucho con paciencia y, como son buenos amigos, alguno se apiada de m?, me hace una pregunta y hablo. Pero si se me escapa una coma me interrumpen. ?Si el lector piensa que exagero f?jese mejor.



Me contaron de un ingl?s casado y con cinco hijos peque?os, que pidi? a su jefe que le dejara trabajar horas extra para ganar m?s dinero. El jefe, no quer?a hacer una excepci?n, pero acept? con la condici?n de que simulara salir con los dem?s, y le advirti? que tendr?a que soportar a la se?ora de la limpieza que entra cuando se van todos. Esta se?ora era muy charlatana. O m?s bien, ten?a unas ganas enormes de que le escucharan? como todo hijo de vecino. Nuestro oficinista estuvo a punto de perder la paciencia con la se?ora, pero decidi? escucharle un rato todos los d?as. Logr? reducir a diez minutos el tiempo de escucha. Aquella se?ora empez? a traerle bocadillos, y cuando muri?, le dej? toda su fortuna: quinientas mil libras esterlinas. Y, color?n colorado, nuestro amigo se compr? una casa con piscina, en el mejor condado.



La culpa de que est? escribiendo estas l?neas la tiene un ?ntimo amigo del colegio, q.e.p.d. Tan ?ntimo, que nos cont?bamos lo que ?bamos a ser de mayores. Cuando ten?amos quince a?os me confi? que quer?a hacer feliz a todo el mundo. Al pasar a la universidad dejamos de vernos. Nos encontramos de nuevo cuando hab?amos pasado los cuarenta. Me alegr? comprobar que ?ramos tan ?ntimos como entonces. Tuve la mala idea de recordarle lo de hacer feliz a todo el mundo, pero me respondi?: ?Pues mira, eso no se me ha olvidado, aunque s?lo estoy consiguiendo hacer feliz a mi mujer?. Me impact? y le pregunt? c?mo. Dijo que al principio no le fue f?cil, pero se le ocurri? esmerarse en escucharla y luego todo fue sobre ruedas.



Fue a partir de esta conversaci?n cuando empec? a pensar y repensar sobre la importancia de escuchar, y me di cuenta que los que hablan mucho y no escuchan, acaban murmurando de la gente. Y lo peor es que no se dan cuenta que est?n murmurando. Adem?s, casi todas las murmuraciones son calumnias. Murmurar es decir algo negativo, pero real, de una persona que no est? presente. Pero casi siempre se exagera, deja de ser objetivo, y la murmuraci?n se convierte en calumnia. Y con mucha frecuencia hay quien cuenta al calumniado qui?n y c?mo se le calumni? exagerando por supuesto. As? es como empiezan muchas enemistades, incluso entre hermanos.



?Estar? exagerando? Me temo que no. Conoc? de cerca lo que pas? en una familia muy devota de un pueblo. La hija mayor se fue a una universidad de la ciudad. No conoc?a a nadie en la facultad y no le ca?a bien el ambiente fr?volo. Pasaba mucho tiempo en su pisito alquilado y estudiaba mucho. Un d?a se le acerc? una chica del mismo curso, tambi?n de pueblo, y empezaron a hacerse amigas. Esta chica le?a mucho la Biblia. Apoy?ndose en el Evangelio empez? a criticar a Iglesia Cat?lica. Nuestra chica se dio cuenta que su amiga pertenec?a a una secta, pero no tard? mucho en afiliarse ella tambi?n y se fue a vivir con sus correligionarias. Dej? de ir al pueblo, pero de tarde en tarde llamaba o escrib?a a su madre, sin revelarle su nuevo domicilio.



Con la ayuda de otras personas urdieron un plan para sacar a esa chica de su enga?o. Ante los ruegos por tel?fono de la madre, la hija prometi? hacerle una breve visita. Cuando la chica lleg? le forzaron a entrar en un coche que hab?an preparado detr?s de la casa, y la llevaron a un convento de monjas para que recapacitase.



En el convento le trataron bien, y un sacerdote intent? hacerle ver su equivocaci?n. La chica termin? por reconocer sus errores, y el d?a siguiente desapareci? dejando una carta para su madre; cuyo original tuve ocasi?n de leer. Ven?a a decir que estaba convencida de la falsedad de la religi?n cat?lica porque su madre, desde que llegaba de misa diaria, no cesaba de murmurar de todo el mundo, incluyendo el p?rroco y el obispo.



Este sucedido me doli? mucho, me hizo pensar sobre la murmuraci?n y me di cuenta que est? muy relacionada con el hablar demasiado.



El peligro de la murmuraci?n se puede constatar por el siguiente fen?meno: en las reuniones de amigos o amigas nadie quiere salir el primero, porque sabe que los que se quedan van a hablar mal de ?l o de ella.

Publicado por mario.web @ 21:09
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