Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Art?culo de Michael Medved en el que nos cuestiona: ?A qu? se debe que Hollywood insiste en producir y distribuir cine "gay"?, ?qu? tipo de intereses mueven sus estrategias de mercadeo: pol?ticas, sociales, ideol?gicas o econ?micas?
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Por qu? Hollywood promueve la causa
Por qu? Hollywood promueve la causa "gay"
Una estrategia planeada desde fuera de los medios audiovisuales

Es f?cil notar que en los medios de comunicaci?n, en especial la televisi?n y el cine, ?ltimamente abundan los personajes y argumentos homosexuales. No es necesario suponer una especie de conspiraci?n. Simplemente, el movimiento gay est? librando en?rgicamente una batalla de opini?n p?blica. El cr?tico de cine y televisi?n Michael Medved explica c?mo es la estrategia gay.

Quisiera abordar tres cuestiones fundamentales con respecto a los medios de comunicaci?n, en especial el cine y la televisi?n, y su modo de tratar el tema de los homosexuales y la homosexualidad.

La primera cuesti?n es si los mensajes negativos contra la familia que muchos observadores detectan en los medios se deben sobre todo o en gran medida a la desproporcionada presencia de homosexuales en puestos de influencia en los mismos medios.

Tras la publicaci?n de recientes biograf?as, resulta bastante claro que el gran actor, c?mico y cantante Danny Kaye era bisexual. Tuvo diversas relaciones y muri? de SIDA, enfermedad que contrajo, al parecer, a causa de una transfusi?n sangu?nea. El hecho de que Danny Kaye fuese bisexual no constituye para m?, de ninguna manera, un motivo para privar a mis hijos de que disfruten con sus estupendas pel?culas. Lo mismo ocurre en el caso de Howard Ashman, que tambi?n muri? de SIDA y que era un homosexual declarado: fue uno de los creadores m?s destacados de La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast), en mi opini?n una de las mejores pel?culas infantiles de los ?ltimos tiempos.

Ser?a injusto, impropio y enga?oso culpar a los gays de las pel?culas repugnantes que produce Hollywood. Los que las hacen son, en su gran mayor?a, heterosexuales ac?rrimos.

Presi?n m?s que presencia

El problema en Hollywood no es la presencia gay, sino la presi?n gay. Y esa presi?n es ejercida, en buena medida, por gente ajena a la industria cinematogr?fica.

Yo mismo experiment? esa presi?n social en abril de 1992, cuando me toc? cubrir la entrega de los Oscars. Era el a?o de mayor saturaci?n del omnipresente lazo rojo del SIDA, que todo el mundo estaba obligado a llevar.

Un productor me puso el lazo del SIDA en la solapa. Le dije: "No voy a llevar el lazo del SIDA". ?l contest?: "?Es que eres un intolerante que odias a los gays y quieres que se mueran todos?". Le repliqu?: "De ninguna manera. Sin embargo, recientemente mi abuela ha fallecido de alzheimer, y tengo muy presente que las v?ctimas del alzheimer son muchas m?s. Si existiese un lazo del alzheimer, yo lo llevar?a; pero me opongo a que me obliguen a llevar este".

Despu?s, fue una satisfacci?n para m? ver que hubo otra persona, Clint Eastwood, que esa noche subi? al estrado sin el lazo del SIDA. De todos modos, al final tuve que o?r la hist?rica reprimenda de "Usted no volver? a trabajar en esta ciudad". Y ese fue, de hecho, el ?ltimo a?o que cubr? la entrega de los Oscars en directo; pero, pese a las amenazas e imprecaciones, aparec? ante las c?maras sin llevar el lazo del SIDA.
Aquella misma noche, mientras llegaban los invitados a la ceremonia, a las puertas se manifestaba un grupo muy numeroso de indignados gays. Uno de los blancos de su protesta era Jonathan Demme, que gan? la estatuilla al mejor director por El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs). Portaban pancartas y coreaban lemas contra Demme por su falta de sensibilidad y su odio hacia los gays. La consecuencia de esa repulsa fue una pel?cula llamada Philadelphia. Este film sirvi? para congraciar por completo a Jonathan Demme con la comunidad gay.

Ahora bien, ?por qu? hizo esa pel?cula? ?Crey? acaso que la comunidad gay del pa?s, verdaderamente min?scula, pod?a acabar con su carrera? No: acababa de ganar un Oscar. Pero se convenci? de que ten?a que ofrecer un sincero gesto de arrepentimiento, una sincera demostraci?n de que no era un intolerante. Por eso hizo Philadelphia. Todo esa compleja combinaci?n de expectativas, cr?ticas y manifestaciones provoc? que un cineasta heterosexual hiciera Philadelphia, e hizo que unos productores heterosexuales se avinieran a promover algunas de las demandas y objetivos fundamentales del programa gay. No fue por la orientaci?n sexual, sino por la presi?n social.

No es por motivos comerciales

Esto nos lleva a la segunda cuesti?n que quiero examinar. ?Se puede explicar la actual pl?tora de mensajes gays en los medios como una simple respuesta a la demanda del mercado? Una buena manera de comenzar la reflexi?n es considerar el caso de Philadelphia, pues, para muchos, se trataba de un proyecto muy dif?cil de vender, pero result? ser un notable ?xito de taquilla. Creo que, en parte, el ?xito se debi? a que muchos americanos pensaron que ir a ver Philadelphia era algo as? como una buena acci?n. Como si yendo a ver la pel?cula y pagando la entrada, uno estuviera haciendo algo para afrontar la crisis del SIDA, que todos consideramos como un lamentable y doloroso problema de Estados Unidos.

Pero Philadelphia no es la ?nica pel?cula reciente de tema gay que ha obtenido gran ?xito de taquilla. Al menos, el ?xito de Philadelphia se puede explicar porque es un film bastante bueno. Sin embargo, hay una pel?cula totalmente penosa titulada A Wong Foo, ?gracias por todo!, Julie Newmar (To Wong Foo, Thanks for Everything, Julie Newmar), que es de verdad una de las peores pel?culas que he visto en los ?ltimos a?os, y he visto muchas. Para mayor sorpresa, el film titulado Una jaula de grillos (The Birdcage), protagonizado por Robin Williams y basado en el viejo musical franc?s La cage aux folles, lleg? a convertirse en un gran ?xito de taquilla.

As? que la gente de Hollywood podr?a alegar: "Un momento; lo que estamos haciendo no es de ning?n modo plegarnos a un determinado grupo o a unos intereses concretos. Simplemente es una respuesta inteligente a lo que pide el mercado. Existe un p?blico para este material, de modo que lo producimos: ?no es as??".

No, no es as?. Porque las pel?culas que he citado son excepciones bastante raras entre las producciones de tema gay. La mayor parte de ellas reciben un contundente rechazo por parte del p?blico, que parece no tener el menor inter?s por tales pel?culas.

Fracasos de taquilla

Las pel?culas que he mencionado pueden abonar la tesis de que "lo gay es rentable". Pero est?n otras como ?Con plumas y a lo loco! (Love, Valor, Compassion), que trata de ocho gays que un verano pasan juntos tres fines de semana en un bosque, junto a un lago. Comparan sus dolencias y, sobre todo, hablan en tono mordaz pero bastante deprimente de sus problemas y dificultades, y de su medicaci?n contra el SIDA.

Cuando se estren? la pel?cula, obtuvo magn?ficas cr?ticas en toda la prensa, excepto en el New York Post, donde la rese?? yo. Me pareci? realmente aburrida, pretenciosa y casi insoportable. Es la adaptaci?n de una obra de teatro galardonada con el premio Tony. En cualquier caso: la pel?cula se estren? y hubo poco menos que obligar a la gente para que fuera a verla. No tuvo apenas ingresos de taquilla.

Lo mismo se puede decir de Priest, pel?cula sobre un sacerdote cat?lico brit?nico, derechista, que lleva una doble vida. Los viernes por la noche se viste de cuero negro y va a bares gays y alterna con jovencitos, lo que da pie a escenas de sexo muy expl?citas. La pel?cula se estren? con mucho bombo, porque es profundamente anticat?lica: no s?lo por mostrar a un sacerdote gay, sino tambi?n por el modo de presentar la Iglesia y sus ense?anzas, en general. Pude hablar con propietarios de cines, que ten?an que exhibir la pel?cula porque as? lo exig?an sus contratos con la distribuidora, y puedo asegurar que en varios lugares del pa?s hubo sesiones sin otro espectador que el proyeccionista, y eso porque ?l estaba contratado, y ten?a que pasar la pel?cula aunque no hubiese un alma en la sala. Ese film no fue un gran ?xito de taquilla.

Quien diga que tales producciones responden a la realidad social o a un fen?meno de taquilla, simplemente no se entera. Porque, francamente, si uno quiere ante todo ganar dinero, hay maneras mejores que tratar temas gays. Para los anunciantes, es un asunto delicado. La serie Ellen, en que la protagonista revela que es homosexual, perdi? cientos de miles de d?lares en publicidad de la Chrysler, J.C. Penney, Wrigley y de otras empresas patrocinadoras, que prefirieron no mezclarse con el programa. La propia cadena emisora [ABC] reconoci? que con Thirty-something (tal vez recuerden que ten?a una breve escena de cama con dos gays) hab?a perdido m?s de un mill?n de d?lares en publicidad s?lo en esa noche. Ser?a muy equivocado decir que la abundancia de personajes y temas gays en los medios norteamericanos responde a la demanda del p?blico.

Insensibilizar al p?blico

Llegamos as? a la ?ltima pregunta. Si no se debe a la orientaci?n homosexual de la gente de Hollywood, ni al simple deseo de ganar dinero, ?por qu? este repentino y tremendo auge de temas y personajes gays, casi siempre, por cierto, presentados de modo muy positivo? ?Existen, de hecho, algunos mensajes y valores sistem?ticamente transmitidos por los medios de comunicaci?n en este pa?s, y que est?n influyendo en el p?blico en general?

A prop?sito de esto, me parece muy significativo un art?culo que apareci? en una revista gay llamada Christopher Street en diciembre de 1984. Refleja con gran exactitud lo que ha ocurrido en los medios norteamericanos. El art?culo se titula "Waging Peace: A Gay Battle Plan to Persuade Straight America". Los autores son dos dirigentes del movimiento gay, Marshall K. Kirk y Erastes Pill.

En una parte del art?culo, los autores dan seis principios para persuadir a los heterosexuales. Podemos reducirlos a tres objetivos b?sicos. Primero, insensibilizar y normalizar. Segundo, insistir en que los gays son v?ctimas. Y tercero, satanizar a los defensores de la familia. He aqu?, en concreto, lo que proponen:
?Creemos que lo primero es insensibilizar al p?blico con respecto a los gays y sus derechos. Insensibilizar al p?blico es ayudarle a ver la homosexualidad con indiferencia, y no ya con apasionamiento. Casi cualquier comportamiento empieza a parecer normal si se satura al p?blico. El modo de entumecer la sensibilidad espont?nea hacia la homosexualidad es que haya mucha gente que hable mucho sobre el tema en t?rminos neutrales o favorables. Que se hable del tema continuamente da la impresi?n de que la opini?n p?blica, al menos, est? dividida, y de que un sector considerable admite o aun practica la homosexualidad. Incluso los enconados debates entre detractores y defensores sirven para insensibilizar, siempre que salgan a la palestra gays "respetables" que hablen a favor. Lo principal es hablar de lo gay hasta que el tema llegue a resultar tremendamente aburrido?.

Presentar a los "gays" como v?ctimas

Respecto a este primer punto, yo dir?a: "misi?n cumplida". La premonici?n y exactitud de esta descripci?n del programa gay es absolutamente extraordinaria. Los autores prosiguen:
?D?nde hablamos tiene su importancia. Los medios audiovisuales, el cine y la televisi?n, son claramente los m?s poderosos creadores de imagen en la civilizaci?n occidental. El hogar medio norteamericano consume siete horas diarias de televisi?n. Esto abre un portillo en el mundo privado de los heterosexuales, por el que se puede introducir un caballo de Troya. En lo que toca a quitar sensibilidad, el medio es el mensaje de la normalidad. Hasta ahora, el Hollywood gay ha resultado ser nuestra mejor arma secreta en la batalla por insensibilizar a la mayor?a. Poco a poco, en los diez ?ltimos a?os, se han ido introduciendo personajes y temas gays en los programas de televisi?n y en las pel?culas. Ha sido, en conjunto, un proceso alentador?.
Recordemos que esto se escribi? en 1984. A continuaci?n, los autores hablan sobre sus oponentes:
?Podemos minar la autoridad moral de las Iglesias hom?fobas present?ndolas como retr?gadas y anticuadas, desfasadas con los tiempos y los ?ltimos descubrimientos de la psicolog?a. Frente al enorme empuje de la religi?n institucional, hay que oponer el poder de atracci?n, aun mayor, de la ciencia y la opini?n p?blica. Semejante no-santa alianza ha demostrado ser una buena arma contra las Iglesias en temas como el divorcio o el aborto. Si se habla abiertamente y en dosis suficientes de la prevalencia y respetabilidad de la homosexualidad, esa alianza puede volver a funcionar?.

Despu?s, los autores nos llevan al segundo punto:
?Hay que presentar a los gays como v?ctimas y no como revolucionarios agresivos. En toda campa?a para ganarse al p?blico, los gays deben aparecer como v?ctimas necesitadas de amparo, para que los heterosexuales se sientan espont?neamente inclinados a adoptar el papel de protectores. Si, por el contrario, se presenta a los gays como un grupo fuerte y orgulloso que promueve un estilo de vida r?gidamente inconformista y desviado, entonces ser? m?s f?cil que sean vistos como una amenaza p?blica, a la que estar?a justificado resistir y reprimir. Por eso debemos vencer la tentaci?n de hacer alarde p?blico de nuestro "orgullo gay" cuando esto entre en conflicto con la imagen del gay como v?ctima?.

Satanizar al oponente

Entonces los autores abordan el ?ltimo punto. Han hablado de entumecer la sensibilidad y de normalizar; luego, de presentar a los gays como v?ctimas; finalmente, hablan de c?mo satanizar a sus oponentes.

?En una fase posterior de la campa?a por los derechos de los gays, habr? que arremeter contra los que todav?a se opongan. Hablando claro: hay que vilipendiarlos. Aqu? nuestro objetivo es doble. Primero, hemos de procurar cambiar su arrogancia en sentimiento de verg?enza y de culpa por ser hom?fobos. Segundo, hay que mostrar al p?blico im?genes de hom?fobos ac?rrimos que tengan otros rasgos y creencias desagradables para el americano medio. Entre tales im?genes podr?an estar: el Klu Klux Klan pidiendo que se queme vivos a los gays o se los castre; pastores fan?ticos del sur que babean de odio hist?rico hasta el punto de que parezcan c?micos y trastornados; punkies, matones y criminales que hablen en tono amenazador y descarado de los "maricas" que han matado o les gustar?a matar; un recorrido por los campos nazis donde se torturaba y gaseaba a homosexuales?.

Yo dir?a que los efectos han sido devastadores. Al ver el plan de batalla tan brillantemente trazado en este art?culo, ?qui?n pondr?a en duda que parte del problema, en esta que algunos han llamado guerra cultural, consiste en que un bando est? preparado, organizado y firmemente decidido, mientras que el otro bando no est? m?s que empezando a despabilarse poco a poco?

A favor de la familia

?Qu? hemos de hacer? Hemos de responder con el mismo esfuerzo coordinado y deliberada que han empleado los radicales del movimiento gay. Ellos han insistido en insensibilizar y normalizar, en presentar a los gays como v?ctimas y en satanizar a los oponentes. Lo que debemos hacer es renormalizar la vida familiar. La lecci?n m?s importante -de una importancia crucial- es que no llegaremos a ninguna parte si este conflicto se plantea entre defensores de la homosexualidad y contrarios a la homosexualidad. Porque, en ese caso, resulta muy dif?cil convencer de que no somos simplemente gente hostil, intolerante y antip?tica.

Nosotros no debemos definirnos como anti-gays; debemos definirnos como pro-matrimonio, y esta es una diferencia esencial. Porque yo soy una de esas personas que creen que la homosexualidad es una amenaza contra la familia, contra el matrimonio y contra nuestro concepto de la eminente santidad de la uni?n mon?gama, perpetua y sagrada entre un hombre y una mujer. Este es un criterio primordial que hemos de sostener.

Pero seamos claros: la mayor amenaza contra la familia no viene de la comunidad gay. Viene de la infidelidad, del divorcio, de todas las tentaciones que temen y padecen los heterosexuales en una cultura hedonista. Nuestra respuesta no deber?a ir espec?ficamente dirigida a los homosexuales o a las cuestiones homosexuales, sino a la necesidad de dignificar, santificar y defender la familia y la instituci?n del matrimonio.

En el segundo aspecto, el de la victimizaci?n, tenemos que mostrar c?mo se victimiza a la familia. Tenemos que hacer ver c?mo se ataca a los padres que intentan defender la inocencia de sus hijos: no s?lo en los medios de comunicaci?n, sino tambi?n en los colegios, por parte de un Estado cada vez m?s hostil, y por grupos que promueven todo tipo de libertad de expresi?n, excepto la de afirmar que el matrimonio heterosexual y mon?gamo es, sin comparaci?n, algo valioso e importante, por lo que merece la pena luchar.

Destacar lo positivo

La tercera parte de la estrategia gay, la de satanizar, es la ?nica que no debemos adoptar. No necesitamos satanizar a nadie. Nuestra t?ctica no debe basarse en la satanizaci?n, sino en el amor y la compasi?n, y ha de destacar lo positivo, en vez de arremeter contra lo negativo de aquellos con quienes estamos en desacuerdo o caricaturizarlos grotescamente. Es una tentaci?n que especialmente las personas de conciencia y de fe deben rechazar de plano.

?Podemos ganar en esta controversia? Podemos; m?s a?n: debemos. Por el bien de nuestra fe, por el bien de nuestras familias y por el bien de nuestra civilizaci?n. Y, sobre todo, por nuestros hijos y nietos, y por su futuro.

Michael Medved, estadounidense, jud?o, es cr?tico de cine y televisi?n, autor del libro Hollywood versus America (ver servicio 167/92) y, junto con su esposa, Diane, del m?s reciente Saving Childhood (HarperCollins, Nueva York, 1998). Este art?culo es una versi?n adaptada de su intervenci?n en el simposio "Homosexuality and American Public Life", organizado por el American Public Philosophy Institute en 1997.

Publicado por mario.web @ 21:11
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