Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Mario Ramos-Reyes ? PhD, de la Asociaci?n de Empresarios Cristianos de Paraguay, ADEC reflexiona sobre la corrupci?n como un freno al desarrollo de los pa?ses.
?
La corrupci?n como instituci?n
La corrupci?n como instituci?n
Nuevamente la esperada mala nueva; nuestro pa?s sigue gozando la no envidiable posici?n de ser el m?s corrupto de la regi?n a excepci?n de Hait?, aunque seguido de cerca por Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina en la tabla de posiciones, lo que no entra?a mucho consuelo. Es que mundialmente, de los 155 pa?ses encuestados, salimos en el puesto 144, no precisamente un lugar que signifique un atractivo para inversiones o que posibilite un proyecto serio de desarrollo.

Debe notarse, sin embargo, que la clasificaci?n est? fundada en percepciones. Y toda percepci?n est? basada en la experiencia, directa o indirecta, de los individuos-encuestados, que con los sentidos y la inteligencia, se han topado con una realidad que ha generado un juicio valorativo a la misma. Dicha percepci?n o la suma de tales, recoge as?, la realidad de lo corrupto, lo deshonesto, lo desleal, como modo de relacionarse desde o hacia lo p?blico.

Lo de corrupci?n as?, no es una afirmaci?n gratuita, arbitraria, interesada. No obstante, una pregunta deviene obligada; ?c?mo debe ser esa realidad para que se llame corrupta?

Fij?monos brevemente en algunos ?requisitos? para que la corrupci?n sea tal. En primer lugar el alto grado de impunidad y el manejo discrecional de la cosa p?blica; en segundo, la carencia de reglas claras de competencia en licitaciones, con la inveterada pobreza de informaci?n por parte del gobierno, que genera una cultura de la sospecha y el enga?o; finalmente, el uso de los recursos p?blicos con fines estrictamente privados, particulares.

Una reacci?n inmediata a tama?o juicio moral podr?a ser la de un rechazo politizado ?anti-imperialista?; es decir, el argüir con aquello de: ?qui?nes son esos de Transparencia Internacional para clasificar a la gente de corruptos o no? Todos somos corruptos despu?s de todo. O se podr?a apelar, en la misma t?nica, al ?traslado? de la responsabilidad: es que son los pa?ses hegem?nicos los que fomentan la corrupci?n con su codicia, deseos de inversiones a cualquier precio.

Adem?s, en sus pa?ses la deshonestidad es tanta como en nuestro pa?s.

?Que reflexi?n merecen dichos juicios y contra-juicios? En primer lugar, que la clasificaci?n de Transparencia no es una cuesti?n arbitraria sino, como vimos, una realidad percibida por afectados de la misma. Ciertamente, los individuos de pa?ses desarrollados pueden ser tan afectos a la corrupci?n como los no-desarrollados, pero la diferencia sustancial radica en el funcionamiento de las instituciones; se puede ser corrupto tanto en Estados Unidos o Gran Breta?a, qu? duda cabe ?la naturaleza humana no da ?saltos? de pureza geogr?ficos- pero se debe ser consciente que la misma conlleva consecuencias, y las mismas son no solo las jur?dicas sino que conllevan la ?muerte? moral del ciudadano. En pa?ses donde funcionan las instituciones, nadie est? por encima de la ley.

El caso paraguayo es precisamente lo contrario; la corrupci?n est? y a?n m?s, es institucionalizada: su ser es precisamente tal: un sistema de prebendas y entramado de intereses particulares al uso de la cosa p?blica. La corrupci?n es protegida, solventada, estimulada por el estado. Es un sistema que perpet?a la posibilidad de que los actos individuales de corrupci?n sean posibles y queden impunes. Por lo tanto no es que existan actos de corrupci?n de individuos inmorales solamente, ni de muchos de ellos, sino que el sistema en s? impide - por la red de tr?fico deshonesto- el ejercicio de justicia. Es m?s, es la justicia misma la percibida como deshonesta, sujeta ?como el caso del fiscal del Estado? a intereses particulares, ajenos al m?rito, que es la base de toda Rep?blica.

Una salvedad debe hacerse, no obstante: la corrupci?n denunciada por Transparencia Internacional es s?lo un aspecto de la realidad.

Existe la otra dimensi?n; la cultural que, formada o influenciada por lo institucional, no goza igualmente de buena salud; una dimensi?n que entra?a la responsabilidad personal, la capacidad de iniciativa, la diligencia y el orden, el trabajo sostenido, la veracidad en el tratamiento diario. ?Hasta qu? punto hemos realmente incorporado esas cualidades o virtudes para generar una cultura laboriosa y honesta? Es que tambi?n la actitud de lo privado se traslad? a lo institucional y se solidifica por la falta de controles jur?dicos.

Publicado por mario.web @ 21:15
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios