Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Mario Ramos-Reyes, Ph D, de la Asociaci?n de Empresarios Cristianos, Paraguay habla de la comunidad pol?tica, la decisi?n y el juicio del cristiano.
?
Conciencia moral y compromiso pol?tico
Conciencia moral y compromiso pol?tico
Lo decisivo en el acto moral son las razones que dieron lugar al mismo: esa regla pr?xima, mediante la cual reparamos que una acci?n es justa o no. En eso no nos parecemos a los animales. Concedido, los animales dom?sticos (y tambi?n los no dom?sticos) poseen una inteligencia afectiva, sentimental. Mi perrito, por ejemplo, ama o est? triste conforme recibe afecto o no. En eso, debemos decir, no nos diferenciamos mucho, a menos que la ingratitud humana se filtre de por medio. Y ah?, al decir de Nietzsche, prefiero a mi caballo. Ah?, s?, podr?amos arriesgar el juicio y decir que sentimos nostalgia del afecto de los animales. La naturaleza con los animales es sabia, despu?s de todo: mientras que los seres humanos, a pesar de ser privilegiados, no lo merecemos.

Y esto mismo ocurre, volviendo a nuestro tema inicial, con la experiencia humana de la conciencia. Ciertamente, nadie puede juzgar la conciencia de los dem?s: es inefable para el mundo exterior, despu?s de todo. Ni tampoco se debe.

Solo pertenece a Dios. Y a nuestra biograf?a intima. Pero debemos saber que ella estar? siempre ah?, latente, advirti?ndonos de ciertas cosas antes de tomar decisiones, como tambi?n, rezong?ndonos despu?s de haberlas tomado, cuando hemos tomado una decisi?n apresurada o inapropiada. Y esto ocurrir?, parad?jicamente, a?n cuando estemos obligados, moralmente compelidos, a seguir nuestra conciencia incluso si la misma estuviere equivocada o fuere err?nea. En todo caso, la cuesti?n es ser leales a nosotros mismos, a nuestras limitaciones, a la mirada pobre de nuestra conciencia y actuar en consecuencia.

Esa fue la postura famosa de Newman, el converso cardenal ingl?s, respecto de la conciencia, al poner a la misma -a la conciencia- como prueba de la existencia de Dios. Dios existe porque tenemos conciencia, sosten?a. La conciencia es ese ?lugar? infranqueable que pertenece a nuestra humanidad y a nadie m?s. Y por lo tanto, dec?a Newman, la misma es como el tribunal sagrado que provee las sentencias-decisiones de orden moral. Pero ?sta conciencia, Newman acota, no debe ser concebida como una simple manera de justificar las acciones llevadas a cabo por cualquier persona.

La conciencia no es un latiguillo -usando la expresi?n inglesa, una suerte de ?stopper?- que sirve para ?parar? cualquier objeci?n sobre las decisiones tomadas. Y bueno, dicen algunos, mi decisi?n fue basada en mi conciencia, que obra como una suerte de blanqueador moral. Ciertamente, se debe seguir la conciencia, luego de poner los medios para formarla y educarla, m?s a?n si se es cristiano, cat?lico, conforme al derecho natural y al magisterio moral y dogm?tico de la Iglesia, pero ello no quita derecho a los dem?s a hacer cr?tica de las consecuencias de las decisiones tomadas.

Esa es la impresi?n que trasuntan ciertas reacciones a cr?ticas que se han hecho al candidato de la Alianza Democr?tica Fernando Lugo por haberse lanzado a la pol?tica partidaria, como que dicha decisi?n estar?a m?s all? de toda observaci?n, pues habr?a sido hecha siguiendo el dictado de su conciencia. Se alega que la postura de la Jerarqu?a ?la del Papa por lo menos? con la suspensi?n decidida, supone una suerte de esclavitud; se puede objetar la decisi?n papal, al igual que la de Lugo, pero no descalificarla de manera tendenciosa o inexacta, y por lo dem?s absurda. Reiteramos: nadie objeta la buena fe de la conciencia del otro; pero s? se puede y se debe hacer una cr?tica desde el punto de vista ciudadano y cristiano de las consecuencias que una determinaci?n de tal magnitud acarrea al bien com?n de la Iglesia y de la comunidad pol?tica.

Despu?s de todo, la pol?tica partidaria y no partidaria en una rep?blica, pertenece a todos, m?s aun si los que se lanzan al ruedo aspiran a la m?xima autoridad del pa?s. La conciencia es m?s que una mera justificaci?n de la decisi?n de actos morales. Supone tambi?n un juicio sobre la realidad, y como todo juicio, entra?a una elaboraci?n previa al mismo. As?, la conciencia refiere no solamente a una enunciaci?n general sino a c?mo se aplica la misma en circunstancias concretas. Cualquier ciudadano, cercano o lejano, del campo o la ciudad, independiente del n?mero, color o pertenencia, puede objetar decisiones de personas que buscan alg?n posicionamiento pol?tico.

Si a un ciudadano le parece que ha habido colisi?n entre ley y conciencia, debe decirlo, no acerca de la motivaci?n del acto prudencial donde la persona debe seguir su conciencia, sino apuntando que podr?a tratarse de una decisi?n poco feliz. Las cosas hay que decirlas, no ingresando en el fuero interno de la persona, pero s?, en las externalidades de sus actos, pues, en una rep?blica, repito, las cuestiones pol?ticas pertenecen a todos. En ?ltima instancia, todos somos, como el mayor del evangelio, hijos pr?digos. El Padre nos recibir? siempre luego de todos nuestros extrav?os, cuando, en el atardecer de nuestras vidas ?al decir de San Juan de la Cruz- seamos juzgados en el amor.

Publicado por mario.web @ 21:15
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios