Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Fragmento del Catecismo que habla de la propiedad privada, el respeto a la persona y sus bienes, la doctrina social, la econom?a, la justicia, el trabajo, el salario, la solidaridad y el amor a los pobres.
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?Qu? dice la Iglesia sobre el plagio, el hackeo y el robo?
?Qu? dice la Iglesia sobre el plagio, el hackeo y el robo?
ART?CULO 7
EL S?PTIMO MANDAMIENTO


No robar?s (Ex 20, 15; Dt 5,19).

No robar?s (Mt 19, 18).



2401 El s?ptimo mandamiento proh?be tomar o retener el bien del pr?jimo injustamente y perjudicar de cualquier manera al pr?jimo en sus bienes. Prescribe la justicia y la caridad en la gesti?n de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien com?n exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo.

I El destino universal y la propiedad privada de los bienes

2402 Al comienzo Dios confi? la tierra y sus recursos a la administraci?n com?n de la humanidad para que tuviera cuidado de ellos, los dominara mediante su trabajo y se beneficiara de sus frutos (cf Gn 1, 26-29). Los bienes de la creaci?n est?n destinados a todo el g?nero humano. Sin embargo, la tierra est? repartida entre los hombres para dar seguridad a su vida, expuesta a la penuria y amenazada por la violencia. La apropiaci?n de bienes es leg?tima para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, para ayudar a cada uno a atender sus necesidades fundamentales y las necesidades de los que est?n a su cargo. Debe hacer posible que se viva una solidaridad natural entre los hombres.

2403 El derecho a la propiedad privada, adquirida por el trabajo, o recibida de otro por herencia o por regalo, no anula la donaci?n original de la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes contin?a siendo primordial, aunque la promoci?n del bien com?n exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio.

2404 ?El hombre, al servirse de esos bienes, debe considerar las cosas externas que posee leg?timamente no s?lo como suyas, sino tambi?n como comunes, en el sentido de que han de aprovechar no s?lo a ?l, sino tambi?n a los dem?s? (GS 69, 1). La propiedad de un bien hace de su due?o un administrador de la providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros, ante todo a sus pr?ximos.

2405 Los bienes de producci?n -materiales o inmateriales- como tierras o f?bricas, profesiones o artes, requieren los cuidados de sus poseedores para que su fecundidad aproveche al mayor n?mero de personas. Los poseedores de bienes de uso y consumo deben usarlos con templanza reservando la mejor parte al hu?sped, al enfermo, al pobre.

2406 La autoridad pol?tica tiene el derecho y el deber de regular en funci?n del bien com?n el ejercicio leg?timo del derecho de propiedad (cf GS 71, 4; SRS 42; CA 40; 48).

II El respeto de las personas y sus bienes

2407 En materia econ?mica el respeto de la dignidad humana exige la pr?ctica de la virtud de la templanza, para moderar el apego a los bienes de este mundo; de la justicia, para preservar los derechos del pr?jimo y darle lo que le es debido; y de la solidaridad, siguiendo la regla de oro y seg?n la generosidad del Se?or, que ?siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza? (2 Co 8, 9).

2408 El s?ptimo mandamiento proh?be el robo, es decir, la usurpaci?n del bien ajeno contra la voluntad razonable de su due?o. No hay robo si el consentimiento puede ser presumido o si el rechazo es contrario a la raz?n y al destino universal de los bienes. Es el caso de la necesidad urgente y evidente en que el ?nico medio de remediar las necesidades inmediatas y esenciales (alimento, vivienda, vestido...) es disponer y usar de los bienes ajenos (cf GS 69, 1).

2409 Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, es contraria al s?ptimo mandamiento. As?, retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio (cf Dt 25, 13-16), pagar salarios injustos (cf Dt 24,14-15; St 5,4), elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas (cf Am 8, 4-6).


Son tambi?n moralmente il?citos, la especulaci?n mediante la cual se pretende hacer variar artificialmente la valoraci?n de los bienes con el fin de obtener un beneficio en detrimento ajeno; la corrupci?n mediante la cual se vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a derecho; la apropiaci?n y el uso privados de los bienes sociales de una empresa; los trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificaci?n de cheques y facturas, los gastos excesivos, el despilfarro. Infligir voluntariamente un da?o a las propiedades privadas o p?blicas es contrario a la ley moral y exige reparaci?n.


2410 Las promesas deben ser cumplidas, y los contratos rigurosamente observados en la medida en que el compromiso adquirido es moralmente justo. Una parte notable de la vida econ?mica y social depende del valor de los contratos entre personas f?sicas o morales. As?, los contratos comerciales de venta o compra, los contratos de arriendo o de trabajo. Todo contrato debe ser hecho y ejecutado de buena fe.

2411 Los contratos est?n sometidos a la justicia conmutativa, que regula los intercambios entre las personas en el respeto exacto de sus derechos. La justicia conmutativa obliga estrictamente; exige la salvaguardia de los derechos de propiedad, el pago de las deudas y el cumplimiento de obligaciones libremente contra?das. Sin justicia conmutativa no es posible ninguna otra forma de justicia.

La justicia conmutativa se distingue de la justicia legal, que se refiere a lo que el ciudadano debe equitativamente a la comunidad, y de la justicia distributiva que regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos en proporci?n a sus contribuciones y a sus necesidades.

2412 En virtud de la justicia conmutativa, la reparaci?n de la injusticia cometida exige la restituci?n del bien robado a su propietario:


Jes?s bendijo a Zaqueo por su resoluci?n: ?Si en algo defraud? a alguien, le devolver? el cu?druplo? (Lc 19, 8). Los que, de manera directa o indirecta, se han apoderado de un bien ajeno, est?n obligados a restituirlo o a devolver el equivalente en naturaleza o en especie si la cosa ha desaparecido, as? como los frutos y beneficios que su propietario hubiera obtenido leg?timamente de ese bien. Est?n igualmente obligados a restituir, en proporci?n a su responsabilidad y al beneficio obtenido, todos los que han participado de alguna manera en el robo, o que se han aprovechado de ?l a sabiendas; por ejemplo, quienes lo hayan ordenado o ayudado o encubierto.


2413 Los juegos de azar (de cartas, etc.) o las apuestas no son en s? mismos contrarios a la justicia. No obstante, resultan moralmente inaceptables cuando privan a la persona de lo que le es necesario para atender a sus necesidades o las de los dem?s. La pasi?n del juego corre peligro de convertirse en una grave servidumbre. Apostar injustamente o hacer trampas en los juegos constituye una materia grave, a no ser que el da?o infligido sea tan leve que quien lo padece no pueda razonablemente considerarlo significativo.

2414 El s?ptimo mandamiento proscribe los actos o empresas que, por una u otra raz?n, ego?sta o ideol?gica, mercantil o totalitaria, conducen a esclavizar seres humanos, a menospreciar su dignidad personal, a comprarlos, a venderlos y a cambiarlos como mercanc?a. Es un pecado contra la dignidad de las personas y sus derechos fundamentales reducirlos por la violencia a la condici?n de objeto de consumo o a una fuente de beneficio. San Pablo ordenaba a un amo cristiano que tratase a su esclavo cristiano ?no como esclavo, sino... como un hermano... en el Se?or? (Flm 16).

El respeto de la integridad de la creaci?n

2415 El s?ptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creaci?n. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, est?n naturalmente destinados al bien com?n de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; est? regulado por el cuidado de la calidad de la vida del pr?jimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creaci?n (cf CA 37-38).

2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). Tambi?n los hombres les deben aprecio. Recu?rdese con qu? delicadeza trataban a los animales san Francisco de As?s o san Felipe Neri.

2417 Dios confi? los animales a la administraci?n del que fue creado por ?l a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es leg?timo servirse de los animales para el alimento y la confecci?n de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos m?dicos y cient?ficos en animales, si se mantienen en l?mites razonables, son pr?cticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir in?tilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es tambi?n indigno invertir en ellos sumas que deber?an remediar m?s bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido ?nicamente a los seres humanos.

III La doctrina social de la Iglesia
2419 ?La revelaci?n cristiana... nos conduce a una comprensi?n m?s profunda de las leyes de la vida social? (GS 23, 1). La Iglesia recibe del Evangelio la plena revelaci?n de la verdad del hombre. Cuando cumple su misi?n de anunciar el Evangelio, ense?a al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocaci?n a la comuni?n de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabidur?a divina.

2420 La Iglesia expresa un juicio moral, en materia econ?mica y social, ?cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona o la salvaci?n de las almas? (GS 76, 5). En el orden de la moralidad, la Iglesia ejerce una misi?n distinta de la que ejercen las autoridades pol?ticas: ella se ocupa de los aspectos temporales del bien com?n a causa de su ordenaci?n al supremo Bien, nuestro fin ?ltimo. Se esfuerza por inspirar las actitudes justas en el uso de los bienes terrenos y en las relaciones socioecon?micas.

2421 La doctrina social de la Iglesia se desarroll? en el siglo XIX, cuando se produce el encuentro entre el Evangelio y la sociedad industrial moderna, sus nuevas estructuras para producci?n de bienes de consumo, su nueva concepci?n de la sociedad, del Estado y de la autoridad, sus nuevas formas de trabajo y de propiedad. El desarrollo de la doctrina de la Iglesia en materia econ?mica y social da testimonio del valor permanente de la ense?anza de la Iglesia, al mismo tiempo que del sentido verdadero de su Tradici?n siempre viva y activa (cf CA 3).

2422 La ense?anza social de la Iglesia contiene un cuerpo de doctrina que se articula a medida que la Iglesia interpreta los acontecimientos a lo largo de la historia, a la luz del conjunto de la palabra revelada por Cristo Jes?s y con la asistencia del Esp?ritu Santo (cf SRS 1; 41). Esta ense?anza resultar? tanto m?s aceptable para los hombres de buena voluntad cuanto m?s inspire la conducta de los fieles.

2423 La doctrina social de la Iglesia propone principios de reflexi?n, extrae criterios de juicio, da orientaciones para la acci?n:


Todo sistema seg?n el cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por los factores econ?micos, resulta contrario a la naturaleza de la persona humana y de sus actos (cf CA 24).


2424 Una teor?a que hace del lucro la norma exclusiva y el fin ?ltimo de la actividad econ?mica es moralmente inaceptable. El apetito desordenado de dinero no deja de producir efectos perniciosos. Es una de las causas de los numerosos conflictos que perturban el orden social (cf GS 63, 3; LE 7; CA 35).

Un sistema que ?sacrifica los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organizaci?n colectiva de la producci?n? es contrario a la dignidad del hombre (cf GS 65). Toda pr?ctica que reduce a las personas a no ser m?s que medios con vistas al lucro esclaviza al hombre, conduce a la idolatr?a del dinero y contribuye a difundir el ate?smo. ?No pod?is servir a Dios y al dinero? (Mt 6, 24; Lc 16, 13).

2425 La Iglesia ha rechazado las ideolog?as totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al ?comunismo? o ?socialismo?. Por otra parte, ha rechazado en la pr?ctica del ?capitalismo? el individualismo y la primac?a absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano (cf CA 10, 13.44). La regulaci?n de la econom?a por la sola planificaci?n centralizada pervierte en su base los v?nculos sociales; su regulaci?n ?nicamente por la ley de mercado quebranta la justicia social, porque ?existen numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado? (CA 34). Es preciso promover una regulaci?n razonable del mercado y de las iniciativas econ?micas, seg?n una justa jerarqu?a de valores y con vistas al bien com?n.

IV La actividad econ?mica y la justicia social

2426 El desarrollo de las actividades econ?micas y el crecimiento de la producci?n est?n destinados a satisfacer las necesidades de los seres humanos. La vida econ?mica no tiende solamente a multiplicar los bienes producidos y a aumentar el lucro o el poder; est? ordenada ante todo al servicio de las personas, del hombre entero y de toda la comunidad humana. La actividad econ?mica dirigida seg?n sus propios m?todos, debe moverse no obstante dentro de los l?mites del orden moral, seg?n la justicia social, a fin de responder al plan de Dios sobre el hombre (cf GS 64).

2427 El trabajo humano procede directamente de personas creadas a imagen de Dios y llamadas a prolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la creaci?n dominando la tierra (cf Gn 1, 28; GS 34; CA 31). El trabajo es, por tanto, un deber: ?Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma? (2 Ts 3, 10; cf 1 Ts 4, 11). El trabajo honra los dones del Creador y los talentos recibidos. Puede ser tambi?n redentor.
Soportando el peso del trabajo (cf Gn 3, 14-19), en uni?n con Jes?s, el carpintero de Nazaret y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el Hijo de Dios en su obra redentora. Se muestra como disc?pulo de Cristo llevando la Cruz cada d?a, en la actividad que est? llamado a realizar (cf LE 27). El trabajo puede ser un medio de santificaci?n y de animaci?n de las realidades terrenas en el esp?ritu de Cristo.

2428 En el trabajo, la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al hombre mismo, que es su autor y su destinatario. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo (cf LE 6).

Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos, y para prestar servicio a la comunidad humana.

2429 Cada uno tiene el derecho de iniciativa econ?mica, y podr? usar leg?timamente de sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa para todos, y para recoger los justos frutos de sus esfuerzos. Deber? ajustarse a las reglamentaciones dictadas por las autoridades leg?timas con miras al bien com?n (cf CA 32; 34).

2430 La vida econ?mica se ve afectada por intereses diversos, con frecuencia opuestos entre s?. As? se explica el surgimiento de conflictos que la caracterizan (cf LE 11). Ser? preciso esforzarse para reducir estos ?ltimos mediante la negociaci?n, que respete los derechos y los deberes de cada parte: los responsables de las empresas, los representantes de los trabajadores, por ejemplo, de las organizaciones sindicales y, en caso necesario, los poderes p?blicos.

2431 La responsabilidad del Estado. ?La actividad econ?mica, en particular la econom?a de mercado, no puede desenvolverse en medio de un vac?o institucional, jur?dico y pol?tico. Por el contrario supone una seguridad que garantiza la libertad individual y la propiedad, adem?s de un sistema monetario estable y servicios p?blicos eficientes. La primera incumbencia del Estado es, pues, la de garantizar esa seguridad, de manera que quien trabaja y produce pueda gozar de los frutos de su trabajo y, por tanto, se sienta estimulado a realizarlo eficiente y honestamente... Otra incumbencia del Estado es la de vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos en el sector econ?mico; pero en este campo la primera responsabilidad no es del Estado, sino de cada persona y de los diversos grupos y asociaciones en que se articula la sociedad? (CA 48).

2432 A los responsables de las empresas les corresponde ante la sociedad la responsabilidad econ?mica y ecol?gica de sus operaciones (CA 37). Est?n obligados a considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias. Sin embargo, ?stas son necesarias; permiten realizar las inversiones que aseguran el porvenir de las empresas, y garantizan los puestos de trabajo.

2433 El acceso al trabajo y a la profesi?n debe estar abierto a todos sin discriminaci?n injusta, a hombres y mujeres, sanos y disminuidos, aut?ctonos e inmigrados (cf LE 19; 22-23). Habida consideraci?n de las circunstancias, la sociedad debe por su parte ayudar a los ciudadanos a procurarse un trabajo y un empleo (cf CA 48).

2434 El salario justo es el fruto leg?timo del trabajo. Negarlo o retenerlo puede constituir una grave injusticia (cf Lv 19, 13; Dt 24, 14-15; St 5, 4). Para determinar la justa remuneraci?n se han de tener en cuenta a la vez las necesidades y las contribuciones de cada uno. ?El trabajo debe ser remunerado de tal modo que se den al hombre posibilidades de que ?l y los suyos vivan dignamente su vida material, social, cultural y espiritual, teniendo en cuenta la tarea y la productividad de cada uno, as? como las condiciones de la empresa y el bien com?n? (GS 67, 2). El acuerdo de las partes no basta para justificar moralmente la cuant?a del salario.

2435 La huelga es moralmente leg?tima cuando constituye un recurso inevitable, si no necesario para obtener un beneficio proporcionado. Resulta moralmente inaceptable cuando va acompa?ada de violencias o tambi?n cuando se lleva a cabo en funci?n de objetivos no directamente vinculados con las condiciones del trabajo o contrarios al bien com?n.

2436 Es injusto no pagar a los organismos de seguridad social las cotizaciones establecidas por las autoridades leg?timas.

La privaci?n de empleo a causa de la huelga es casi siempre para su v?ctima un atentado contra su dignidad y una amenaza para el equilibrio de la vida. Adem?s del da?o personal padecido, de esa privaci?n se derivan riesgos numerosos para su hogar (cf LE 18).

V Justicia y solidaridad entre las naciones

2437 En el plano internacional la desigualdad de los recursos y de los medios econ?micos es tal que crea entre las naciones un verdadero ?abismo? (SRS 14). Por un lado est?n los que poseen y desarrollan los medios de crecimiento, y por otro, los que acumulan deudas.

2438 Diversas causas, de naturaleza religiosa, pol?tica, econ?mica y financiera, confieren hoy a la cuesti?n social ?una dimensi?n mundial? (SRS 9). Es necesaria la solidaridad entre las naciones cuyas pol?ticas son ya interdependientes. Es todav?a m?s indispensable cuando se trata de acabar con los ?mecanismos perversos? que obstaculizan el desarrollo de los pa?ses menos avanzados (cf SRS 17; 45). Es preciso sustituir los sistemas financieros abusivos, si no usurarios (cf CA 35), las relaciones comerciales inicuas entre las naciones, la carrera de armamentos, por un esfuerzo com?n para movilizar los recursos hacia objetivos de desarrollo moral, cultural y econ?mico ?redefiniendo las prioridades y las escalas de valores?(CA 28).

2439 Las naciones ricas tienen una responsabilidad moral grave respecto a las que no pueden por s? mismas asegurar los medios de su desarrollo, o han sido impedidas de realizarlo por tr?gicos acontecimientos hist?ricos. Es un deber de solidaridad y de caridad; es tambi?n una obligaci?n de justicia si el bienestar de las naciones ricas procede de recursos que no han sido pagados con justicia.

2440 La ayuda directa constituye una respuesta apropiada a necesidades inmediatas, extraordinarias, causadas por ejemplo por cat?strofes naturales, epidemias, etc. Pero no basta para reparar los graves da?os que resultan de situaciones de indigencia ni para remediar de forma duradera las necesidades. Es preciso tambi?n reformar las instituciones econ?micas y financieras internacionales para que promuevan y potencien relaciones equitativas con los pa?ses menos desarrollados (cf SRS 16). Es preciso sostener el esfuerzo de los pa?ses pobres que trabajan por su crecimiento y su liberaci?n (cf CA 26). Esta doctrina exige ser aplicada de manera muy particular en el ?mbito del trabajo agr?cola. Los campesinos, sobre todo en el Tercer Mundo, forman la masa mayoritaria de los pobres.

2441 Acrecentar el sentido de Dios y el conocimiento de s? mismo constituye la base de todo desarrollo completo de la sociedad humana. Este multiplica los bienes materiales y los pone al servicio de la persona y de su libertad. Disminuye la miseria y la explotaci?n econ?micas. Hace crecer el respeto de las identidades culturales y la apertura a la trascendencia (cf SRS 32; CA 51).

2442 No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la actividad pol?tica y en la organizaci?n de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocaci?n de los fieles laicos, que act?an por su propia iniciativa con sus conciudadanos. La acci?n social puede implicar una pluralidad de v?as concretas. Deber? atender siempre al bien com?n y ajustarse al mensaje evang?lico y a la ense?anza de la Iglesia. Pertenece a los fieles laicos ?animar, con su compromiso cristiano, las realidades y, en ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia? (SRS 47; cf 42).

VI El amor de los pobres

2443 Dios bendice a los que ayudan a los pobres y reprueba a los que se niegan a hacerlo: ?A quien te pide da, al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda? (Mt 5, 42). ?Gratis lo recibisteis, dadlo gratis? (Mt 10, 8). Jesucristo reconocer? a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres (cf Mt 25, 31-36). La buena nueva ?anunciada a los pobres? (Mt 11, 5; Lc 4, 18)) es el signo de la presencia de Cristo.

2444 ?El amor de la Iglesia por los pobres... pertenece a su constante tradici?n? (CA 57). Est? inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas (cf Lc 6, 20-22), en la pobreza de Jes?s (cf Mt 8, 20), y en su atenci?n a los pobres (cf Mc 12, 41-44). El amor a los pobres es tambi?n uno de los motivos del deber de trabajar, con el fin de ?hacer part?cipe al que se halle en necesidad? (Ef 4, 28). No abarca s?lo la pobreza material, sino tambi?n las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa (cf CA 57).

2445 El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso ego?sta:


Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que est?n para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza est? podrida y vuestros vestidos est?n apolillados; vuestro oro y vuestra plata est?n tomados de herrumbre y su herrumbre ser? testimonio contra vosotros y devorar? vuestras carnes como fuego. Hab?is acumulado riquezas en estos d?as que son los ?ltimos. Mirad: el salario que no hab?is pagado a los obreros que segaron vuestros campos est? gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los o?dos del Se?or de los ej?rcitos. Hab?is vivido sobre la tierra regaladamente y os hab?is entregado a los placeres; hab?is hartado vuestros corazones en el d?a de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; ?l no os resiste (St 5, 1-6).


2446 San Juan Cris?stomo lo recuerda vigorosamente: ?No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos?. Es preciso ?satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como ayuda de caridad lo que ya se debe a t?tulo de justicia? (AA 8):


Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. M?s que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia. (S. Gregorio Magno, past. 3, 21).


2447 Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales socorremos a nuestro pr?jimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como tambi?n lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25,31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es tambi?n una pr?ctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4):


El que tenga dos t?nicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3, 11). Dad m?s bien en limosna lo que ten?is, y as? todas las cosas ser?n puras para vosotros (Lc 11, 41). Si un hermano o una hermana est?n desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ?Id en paz, calentaos o hartaos?, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ?de qu? sirve? (St 2, 15-16).


2448 ?Bajo sus m?ltiples formas -indigencia material, opresi?n injusta, enfermedades f?sicas o ps?quicas y, por ?ltimo, la muerte-, la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad cong?nita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad que tiene de salvaci?n. Por ello, la miseria humana atrae la compasi?n de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre s? e identificarse con los ?m?s peque?os de sus hermanos?. Tambi?n por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia, que, desde los or?genes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar contin?an siendo indispensables? (CDF, instr. "Libertatis conscientia" 68).

2449 En el Antiguo Testamento, toda una serie de medidas jur?dicas (a?o jubilar, prohibici?n del pr?stamo a inter?s, retenci?n de la prenda, obligaci?n del diezmo, pago cotidiano del jornalero, derecho de rebusca despu?s de la vendimia y la siega) corresponden a la exhortaci?n del Deuteronomio: ?Ciertamente nunca faltar?n pobres en este pa?s; por esto te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aqu?l de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra? (Dt 15, 11). Jes?s hace suyas estas palabras: ?Porque pobres siempre tendr?is con vosotros; pero a m? no siempre me tendr?is? (Jn 12, 8). Con esto, no hace caduca la vehemencia de los or?culos antiguos: ?comprando por dinero a los d?biles y al pobre por un par de sandalias...? (Am 8, 6), sino que nos invita a reconocer su presencia en los pobres que son sus hermanos (cf Mt 25, 40):

El d?a en que su madre le reprendi? por atender en la casa a pobres y enfermos, santa Rosa de Lima le contest?: ?Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jes?s. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro pr?jimo, porque en ellos servimos a Jes?s?.

Resumen

2450 ?No robar?s? (Dt 5, 19). ?Ni los ladrones, ni los avaros..., ni los rapaces heredar?n el Reino de Dios? (1Co 6, 10).

2451 El s?ptimo mandamiento prescribe la pr?ctica de la justicia y de la caridad en el uso de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres.

2452 Los bienes de la creaci?n est?n destinados a todo el g?nero humano. El derecho a la propiedad privada no anula el destino universal de los bienes.

2453 El s?ptimo mandamiento proh?be el robo. El robo es la usurpaci?n del bien ajeno contra la voluntad razonable de su due?o.

2454 Toda manera de tomar y de usar injustamente un bien ajeno es contraria al s?ptimo mandamiento. La injusticia cometida exige reparaci?n. La justicia conmutativa impone la restituci?n del bien robado.

2455 La ley moral proh?be los actos que, con fines mercantiles o totalitarios, llevan a esclavizar a los seres humanos, a comprarlos, venderlos y cambiarlos como si fueran mercader?as.? 2456. ?El dominio, concedido por el Creador, sobre los recursos minerales, vegetales y animales del universo, no puede ser separado del respeto de las obligaciones morales frente a todos los hombres, incluidos los de las generaciones venideras.

2457 Los animales est?n confiados a la administraci?n del hombre que les debe benevolencia. Pueden servir a la justa satisfacci?n de las necesidades del hombre.

2458 La Iglesia pronuncia un juicio en materia econ?mica y social cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona o la salvaci?n de las almas. Cuida del bien com?n temporal de los hombres en raz?n de su ordenaci?n al supremo Bien, nuestro fin ?ltimo.

2459 El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida econ?mica y social. El punto decisivo de la cuesti?n social estriba en que los bienes creados por Dios para todos lleguen de hecho a todos, seg?n la justicia y con la ayuda de la caridad.

2460 El valor primordial del trabajo ata?e al hombre mismo que es su autor y su destinatario. Mediante su trabajo, el hombre participa en la obra de la creaci?n. Unido a Cristo, el trabajo puede ser redentor.

2461 El desarrollo verdadero es el del hombre en su integridad. Se trata de hacer crecer la capacidad de cada persona a fin de responder a su vocaci?n y, por lo tanto, a la llamada de Dios (cf CA 29).

2462 La limosna hecha a los pobres es un testimonio de caridad fraterna; es tambi?n una pr?ctica de justicia que agrada a Dios.

2463 En la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay que reconocer a L?zaro, el mendigo hambriento de la par?bola (cf 16, 19-31). En dicha multitud hay que o?r a Jes?s que dice: ?Cuanto dejasteis de hacer con uno de ?stos, tambi?n conmigo dejasteis de hacerlo? (Mt 25, 45).

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Publicado por mario.web @ 21:24
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