Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
?Qu? hacemos con nuestro dinero? As? como esta, Paulino Quevedo nos lanza una serie de preguntas para ahondar en los motores del trabajo y de la econom?a.
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El motor del trabajo humano
El motor del trabajo humano



Teolog?a del trabajo (6)


Hola, amigos:


Preguntas que personalmente debemos hacernos respecto al motor del trabajo humano.

Breve preart?culo


En mi art?culo, Visi?n general y de detalle en el trabajo, dije que hemos ido haciendo que el dinero se convierta en el principal motor de nuestro trabajo; y que si pretendi?ramos quitar hoy el dinero como motor del trabajo y de la econom?a, habr?a un desastre mundial, porque ambos se quedar?an sin motor; y que la meta es lograr sustituir gradualmente el dinero con el amor, como motor del trabajo y de la econom?a.

Tambi?n dije que por hoy es pr?cticamente imposible cambiar al mundo en este aspecto, y que lo m?s que podemos lograr es cambiar primero nosotros, y s?lo despu?s, quiz?s, a nuestras familias y a nuestras empresas. El hecho es que hoy vivimos en un mundo que tiene las siguientes caracter?sticas:

* Se trabaja para adquirir la propiedad de algunos bienes.
* Hay trueque entre los bienes pose?dos.
* El trueque de los bienes se realiza mediante dinero, incluso el trabajo humano mismo.
* El dinero se maneja en un ambiente marcadamente capitalista, donde lo que principalmente importa es el dinero mismo.

Dado que tenemos que vivir en este mundo, ya que no podemos salirnos de ?l, debemos preguntarnos si nos gustan las anteriores caracter?sticas, es decir, si vale la pena tratar de sustraernos de ellas en la medida de lo posible ?al menos en lo personal, familiar y laboral?, o si, por el contrario, nos gustan las caracter?sticas del mundo en que vivimos. Es importante que nos definamos, que tomemos postura. De otra manera, nuestras decisiones y actuaciones ser?n incoherentes o amorfas.

Cuerpo del art?culo


Sin duda nos molesta ?creo que a todos? el hecho de que much?simos africanos y latinoamericanos mueran de SIDA porque los medicamentos que retrasan la aparici?n de la enfermedad, en los que ya son portadores del virus, sean tan costosos que ellos no pueden adquirirlos. Entre que las personas mueran o que las compa??as ganen lo que pretenden o lo que dicen requerir para recuperar la inversi?n ?defendiendo sus patentes con u?as y dientes?, importa menos que las personas mueran. Ah? tenemos el capitalismo en acci?n.

Tambi?n nos molestan las prisas y las tensiones derivadas de la competitividad. Aunque no todo sea tan dram?tico en el capitalismo, en el fondo todo parece reducirse a lo mismo: "Business is business", el negocio es el negocio, o, en mejor castellano, los negocios son los negocios. Cuando de dinero se trata, todo lo dem?s o casi todo lo dem?s ?un prudente "casi"? parece pasar a segundo t?rmino.

Y nuevamente, como lo he repetido en varios de mis art?culos, las personas no son tan malvadas como pueden parecer; lo que principalmente falla son los sistemas, en este caso el sistema capitalista. Pero mientras f?cilmente criticamos y atacamos a las personas, dif?cilmente nos atrevemos a cuestionar y criticar constructivamente los sistemas. Y en esto la sociedad es cruel. Quien critica lo establecido, aunque sea para mejorarlo, es visto, se?alado y tratado como un desadaptado, un fan?tico, un fundamentalista, un prejuicioso, un loco.

Por eso, tanto para evitarse tales molestias, como por caridad hacia los dem?s, si queremos sustraernos a las fallas de los sistemas, sea el capitalismo u otro sistema cualquiera, conviene hacerlo de manera discreta y personal, y sin criticar ni agredir a los dem?s, ni a la sociedad, ni al sistema mismo que falla. Si nuestro nuevo estilo de vida es bueno y atractivo, atraer? a nuestros amigos, y luego a otras personas. Y si el sistema en cuesti?n es muy malo, tarde o temprano caer? por su propio peso.

La gran pregunta


La gran pregunta que cada uno debe hacerse, y responder con toda honestidad, es ?sta: ?Amo yo el dinero? No hay que precipitarse en responder; es mejor tomarse alg?n tiempo, dejando que la pregunta cale en lo profundo de nuestro pensar, de nuestro obrar, de nuestro ser...

De sobra sabemos que Cristo dijo que no podemos amar a Dios y al dinero, y que el que a dos amos sirve, con alguno queda mal. Y tambi?n sabemos que debemos amar a Dios, aun sobre todas las cosas. Luego, en buena l?gica, no debemos amar el dinero. Pero mi pregunta no se refiere a lo que pensamos que deba ser nuestra actitud respecto al dinero, sino a cu?l sea nuestra actitud de hecho. ?Cu?les son de hecho nuestros deseos y anhelos respecto al dinero? ?Qu? hacemos de hecho con nuestro dinero?

Hay que reconocer que tratar de responder honestamente a esta pregunta es algo que a todos nos molesta, sobre todo ahora, cuando se ha dado a conocer a trav?s de los medios la cifra promedio de los que mueren de hambre en el mundo: mil cada hora (cada 60 minutos), principalmente ni?os. Lo probable ser? que todos, o casi todos, amemos el dinero en mayor o menor medida. ?Cu?l es esa medida en mi caso personal?

Los verdaderos amantes del dinero tender?n a no querer seguir leyendo mi art?culo, y probablemente me escribir?n, con mejor o peor urbanidad, para pedirme o exigirme que los borre de la lista de correo de mis art?culos. No ser?a la primera vez. Yo procuro borrarlos inmediatamente, pues, como dije, mi estrategia consiste en tratar de no molestar a nadie. Y en efecto, si amamos el dinero, no tiene caso buscar la forma de sustraernos a las fallas del capitalismo.

Sin duda yo tambi?n amo el dinero en mayor o menor medida, lo mismo que todos, o casi todos; es muy dif?cil vivir a contraconrriente en este aspecto. Sin embargo, una cosa es amar el dinero, y otra cosa es necesitarlo en un mundo en el que pr?cticamente no se puede vivir sin dinero. Ante la falta de dinero nuestros sentimientos pueden ayudarnos a responder nuestras crudas preguntas, ya que pueden ser sentimientos muy diversos: tristeza, nostalgia, soledad, desnudez, verg?enza, inseguridad...

Si nuestro sentimiento es b?sicamente el de inseguridad, es algo muy normal, pues normalmente compramos con dinero lo que necesitamos. Eso no quiere decir que amemos el dinero, sino que lo necesitamos, porque el mundo en que vivimos nos ha obligado a necesitarlo. En cambio, si sentimos tristeza, nostalgia, soledad, desnudez o verg?enza, o algo semejante, hay mayores probabilidades de que amemos el dinero o de que le tengamos apego.

Hay otros indicios que desenmascaran el amor al dinero, como ser poco generosos con los pobres, no dar limosnas, no ayudar a las instituciones de beneficencia, dar propinas raqu?ticas, no querer trabajar en beneficio de los dem?s, considerar que lo que nos pagan siempre es poco, considerar que lo que pagamos siempre es mucho, sentirnos felices al ir de compras, etc?tera.

Otra dif?cil pregunta


Si en respuesta a la pregunta anterior hemos tenido que reconocer que amamos el dinero en cierta medida, resulta obligado que nos hagamos esta otra personal pregunta: ?Quiero dejar de amarlo? Podemos considerar que amar el dinero es una lacra para nuestra personalidad, o podemos pensar que es algo que nos adorna.

Y tambi?n aqu?, los amantes del dinero encontrar?n molesto mi art?culo, con las consecuencias ya mencionadas en el apartado anterior. Estas preguntas, tan necesarias, no pretenden molestarlos; m?s bien les facilitan el que dejen de leerme cuanto antes.

En el fondo se trata de saber si quisi?ramos poder vivir en un mundo sin dinero ?por ut?pico que parezca? o al menos poder manejar el dinero lo menos posible, aunque tengamos que vivir con dinero en nuestro mundo actual. De no ser as?, lo m?s probable ser? que queramos tener cada vez m?s dinero.

Otros indicios pueden ayudarnos a responder esta nueva pregunta. Supongamos que la esposa de un matrimonio sabe cocinar y recibir muy bien, y que su hija sabe ayudarle maravillosamente. En caso de tener que invitar a comer a personas muy importantes, ?qu? preferir?a cada uno de estos c?nyuges, invitarlas a comer a su casa o poder invitarlas a un magn?fico restor?n? ?En qu? caso se sentir?an mejor con sus invitados?

Es claro que, en el ejemplo anterior, a quienes les gusta manejar dinero y gastar, preferir?n llevar a sus invitados a un magn?fico restor?n. Y de modo parecido se puede considerar si siente uno satisfacci?n de saber hacer las cosas, como un vestido o un pastel, o si siente uno verg?enza de no haber podido comprar algo de marca.

Tambi?n podr?amos preguntarle a un ni?o ya grandecito c?mo se sentir?a m?s seguro, si s?lo con dinero o con los cuidados de unos padres que lo aman. O podr?amos preguntarle a un inv?lido si preferir?a tener la seguridad del dinero o la de poder trabajar y sostenerse por propia cuenta.

Las preguntas anteriores son importantes, ya que si amamos el dinero, y adem?s queremos seguir am?ndolo, ni siquiera tiene objeto plantearnos la posibilidad de corregir o mejorar nuestro actual sistema capitalista, ni de tratar de sustraernos de ?l. Lo normal ser? que trabajemos y luchemos por tener cada vez m?s dinero. Y claro, como el dinero es limitado, todo tender? a seguir igual: dinero que entre a un bolsillo, dejar? de entrar a otro, o peor aun, tendr? que salir de otro.

A esto se debe que el capitalismo sea un sistema que tiende a concentrar la riqueza en pocas manos, y que el resto de la humanidad no tenga lo necesario para llevar una vida humanamente digna, y que muchos de plano padezcan necesidad, o incluso que mueran de hambre.

?Podr?an los valores y el amor ser motores del trabajo humano?


M?s directamente se trata de saber si los valores y el amor podr?an suplir al dinero como motor del trabajo humano. Dicho en otras palabras, ?podr?a el motor del trabajo intrafamiliar ser tambi?n motor del trabajo extrafamiliar? ?Podr?a la humanidad funcionar como una gran familia? ?Podr?an hacerlo sociedades menores? ?Podr?an ser lo suficiente peque?as como para que pudieran formarse por grupos de familias amigas?

Como el dinero se obtiene principalmente en las transacciones de intercambios de bienes, quienes quieren tener m?s dinero procuran salir ganando en dichas transacciones, es decir, procuran lograr el propio beneficio con preferencia al beneficio del otro, en lo cual hay una cierta dosis de ego?smo. El amor, en cambio, procura el beneficio del otro con preferencia al beneficio propio. Esto ?ltimo es lo que sucede al interior de toda familia bien constituida.

Muchas otras personas, a lo largo de la historia, se han dedicado a trabajar por amor a los dem?s. En nuestro tiempo hemos tenido el ejemplo de la madre Teresa de Calcuta, ahora beata. Los grandes genios de la humanidad se han dedicado a trabajar en aras de los valores: los cient?ficos, en aras de la verdad; los artistas, en aras de la belleza; otros en aras del bien, o de la unidad, y as? muchos m?s.

?Seremos capaces de negar que los valores y el amor pueden ser motores del trabajo humano en general? ?Seremos capaces de cerrarnos a la posibilidad de eliminar o reducir el ego?smo como motor principal de nuestro trabajo? Salvo pocas excepciones, en nuestro mundo actual todos tienen que cuidarse de todos, porque todos compiten con todos, es decir, porque todos libran una guerra m?s o menos solapada contra todos.

?No ser?a mejor y m?s amable que todos cuid?ramos de todos y colabor?ramos con todos, como en una gran familia? En realidad, eso ser?a la anhelada civilizaci?n del amor. ?Por qu? negarnos a su posibilidad? ?Por qu? darle el favor de la presunci?n al dinero y al ego?smo, en vez de d?rselo al amor y los valores, como motores del trabajo humano? ?Qu? ganamos con vivir encerrados en la negatividad, la inseguridad, la angustia y el miedo?


Publicado por mario.web @ 21:39
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