Viernes, 22 de abril de 2011
?Puede un periodista, con la fragilidad y delicadeza de la informaci?n que transmite, permitirse trabajar y vivir a la velocidad del mundo moderno?
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Los periodistas y la velocidad
Los periodistas y la velocidad
Cuando hablo con un compa?ero sobrecargado de trabajo, que trata de hacer malabares para responder a tiempo ante su editor por las noticias que tiene que cubrir a lo largo de su jornada de sesenta horas a la semana, y mientras conversamos repica su tel?fono m?vil, suena su beeper y trata de localizar en su grabadora un fragmento de una entrevista, porque se acerca la hora del cierre de edici?n, yo me pregunto: ?vale la pena?

Cuando hablo con una amiga periodista que gasta ochenta horas de su vida cada semana trabajando en un programa de televisi?n y, en medio del ruido de la m?sica digitalizada de su tel?fono port?til que suena cada dos o tres minutos, me cuenta que no ha salido con nadie en un a?o porque no tiene tiempo; y luego me dice que ha comprado un apartamento? un hogar que no es hogar de nadie, donde la ?nica cosa que falta es la familia, yo me pregunto: ?vale la pena?

Cuando hablo con un colega que est? f?sicamente sin aliento, cansado de viajar y de no ver a sus hijos -esos pobres muchachos a los que damos lo que nos queda despu?s de que el trabajo se lleva lo mejor de nosotros-, y a punto de un colapso emocional por la sobrecarga de trabajo y el estr?s, yo me pregunto: ?vale la pena?

Entonces pienso: somos trabajadores de la informaci?n en una sociedad que se ha autonombrado sociedad de la informaci?n? ?Y a veces no nos queda tiempo ni siquiera para leer el peri?dico o ver el noticiero de televisi?n! Pasamos m?s de la mitad de nuestras vidas en medio de computadores, modems, tel?fonos, l?neas de transmisi?n de datos, cierres de edici?n, comandos de Word para Windows. Vivimos en una ?poca y trabajamos en una profesi?n que ha endiosado a la velocidad y al instante como los valores m?s altos. Yo me pregunto: ?vale la pena?

Nuestro trabajo est? lleno de verdades fr?giles que casi nunca sobreviven m?s de un d?a. Pensamos que conocemos muchos lugares y mucha gente porque hemos viajado, pero al final descubrimos que s?lo hemos conocido ascensores, hoteles, salas de espera de aeropuertos, estadios y auditorios. ?Vale la pena?

Carlos S?nchez, un periodista dedicado a caminar despacio nuestra ciudad y nuestros pa?ses, dice que en un avi?n se llega m?s r?pido, pero a pie siempre se va m?s lejos. Yo estoy de acuerdo. Y pienso: casi todos los periodistas sabemos que una mayor velocidad en la informaci?n no significa mayor calidad. La velocidad nos hace cometer errores. Nos impide investigar. Nos obliga a escribir nuestras historias sin tener toda la informaci?n. Sin haber escuchado a todas las partes involucradas en un conflicto. En un pa?s como Colombia, con un conflicto social y armado tan complejo y tan largo en el tiempo, la velocidad es casi siempre uno de los peores obst?culos para encontrar la verdad, raz?n de ser de nuestro trabajo. La velocidad nos hace informar de la matanza de hoy olvidando la de ayer. La velocidad nos impide comprender lo que los historiadores llaman la Larga Duraci?n, una forma de ver la sociedad y el tiempo sin la cual es imposible entender qu? es lo que sucede a nuestro alrededor. Hoy recibimos miles de noticias por medios tan distintos como la prensa, la radio, la televisi?n, Internet. Pero eso no significa que estemos mejor informados ni que sepamos a ciencia cierta qu? es lo que pasa en el mundo.

La velocidad no s?lo nos impide ver lo que pasa. Pienso que tampoco nos deja entendernos a nosotros mismos, ni a nuestro entorno, ni siquiera a nuestro oficio. La velocidad marea y no deja pensar. No permite que alcancemos a escuchar a nadie. La velocidad nos convierte en esclavos de la agenda noticiosa que imponen cada d?a los que fabrican esas agendas. Por no darnos cuenta del impacto que la velocidad tiene en nuestro oficio, acabamos por convertimos en mensajeros de la violencia colectiva, de los grupos pol?ticos, de los grupos financieros, de los grupos armados, de los intereses for?neos, de los gobiernos injustos, en vez de ser fieles a los principios que le dan sentido a nuestra profesi?n: la lucha por la verdad y el bien de todos.

En su "Poema referente a la velocidad", el poeta Jaime Jaramillo Escobar habla de estas cosas con la sabidur?a del hombre paciente: "Refiri?ndose a la velocidad, el poeta dice que ya se ha ido demasiado lejos. Cree que tendremos que dar unos pasos atr?s, para esperar a los otros. Piensa que la velocidad es in?til frente a la eternidad, y le despiertan una sonrisa aquellos que creen que vinieron al mundo para participar en una competencia de carreras. Refiri?ndose a la velocidad, el poeta anota que en los Estados Unidos hay una rueda que alcanz? la m?xima velocidad, y de esa manera anul? el movimiento. La m?xima velocidad es cuando todos los puntos de la rueda logran estar a la vez en el mismo punto, por lo cual la rueda quieta es la que representa la m?xima velocidad. Y esto lo saben los monjes tibetanos".

Esto me recuerda a Tad Bartimus. Yo creo, como ella, que nosotros tenemos dos vidas: la vida con la que aprendemos y la vida con la que vivimos despu?s de eso... Despu?s de trabajar m?s de veinte a?os para la Associated Press en mil lugares del mundo; despu?s de alejarse de sus amigos, de sus vecinos, de su familia, por estar dedicada las 24 horas del d?a al trabajo de informar; despu?s de contraer una enfermedad causada por el Agente Naranja, un defoliante lanzado por el Ej?rcito de su pa?s en la guerra de Viet-Nam; despu?s de luchar contra un c?ncer y un lupus cr?nico; despu?s de sufrir tres operaciones en sus manos para tratar de remediar los estragos de una enfermedad causada por el uso exagerado de los teclados de computador; despu?s de todo eso, hablando con periodistas j?venes en el Taller Nacional de Escritores de los Estados Unidos, Tad Bartimus les dijo: "?Paren! ?Piensen! Preg?ntense a ustedes mismos hoy, ahora mismo: ?s? vale la pena? Nosotros no somos nuestro trabajo... Nuestro trabajo no es nuestra vida. Nosotros somos algo m?s que modems y Word para Windows, m?s que faxes, m?s que cierres de edici?n. Nosotros somos hijos e hijas; esposos y esposas; gente que vale algo para alguien; madres y padres; amigos y compa?eros de viaje. Si no nos detenemos y nos escuchamos a nosotros mismos, a los dem?s, no tendremos cosas para decir. Tampoco tendremos nada de qu? escribir. Y entonces moriremos. Probablemente ni siquiera nos enteraremos cuando eso ocurra".

Publicado por mario.web @ 9:59
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