Viernes, 22 de abril de 2011
Palabras de Mons. Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial Comuni?n y Liberaci?n en el que habla del nuevo rostro que deben comunicar las parroquias.
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Monse?or Luigi Giussani: ?La fe se nos da para transmitirla?
Monse?or Luigi Giussani: ?La fe se nos da para transmitirla?
?Puede el hombre salvarse por s? mismo? A esta pregunta Cristo responde: no, no puede salvarse por s? mismo, sino por la compa??a de lo Divino, del Misterio que se ha puesto al lado del hombre asumiendo su humanidad; Cristo responde de esta manera a la exigencia suprema del hombre, que es la de su propia salvaci?n. Una respuesta inconcebible e imprevisible para la necesidad humana de salvaci?n. Por eso, cuanto m?s consciente es el hombre de su propio l?mite (fragilidad, error, incapacidad) m?s puede estar dispuesto a acoger esta respuesta. Me parece muy significativa la frase de Reinhold Niebhur: ?No hay nada m?s incre?ble que la respuesta a un problema que no se plantea?. El obst?culo m?s grave para reconocer a Cristo es no reconocer la propia necesidad humana, no atender a la pregunta que constituye nuestra humanidad.

?C?mo se hace presente aqu? y ahora lo que sucedi? hace dos mil a?os? Cada uno de nosotros lo sabe m?s o menos bien; se hace presente a trav?s de la Iglesia, cuerpo de Cristo, como escribe san Pablo en la Carta a los Efesios: la Iglesia ?plenitud de Cristo? (Cf. Ef 1, 22-23).

Cristo est? presente en la Iglesia. El Santo Padre lo recuerda en un discurso memorable para m?: ?El nacimiento del cuerpo eclesial como instituci?n, su fuerza persuasiva y su capacidad de congregar tienen su ra?z en el dinamismo de la gracia sacramental? (Juan Pablo II a los sacerdotes que participaban en los Ejercicios espirituales promovidos por Comuni?n y Liberaci?n, Castel Gandolfo,12 de septiembre de 1985). Es decir, el nacimiento del cuerpo eclesial, que es la forma con la que Cristo est? presente aqu? y ahora, es obra del Esp?ritu, Dominum et vivificantem.

Pero, ?c?mo se relaciona la Iglesia conmigo, c?mo alcanza a cada persona? ?C?mo se produce esta influencia, este v?nculo? El Papa contesta as?: el nacimiento del cuerpo eclesial como instituci?n y fuerza persuasiva con capacidad de congregar tiene su ra?z en el dinamismo de la gracia sacramental, a partir del Bautismo, ?pero encuentra su forma expresiva, su modalidad operativa, su incidencia hist?rica concreta en los diferentes carismas que caracterizan un temperamento y una historia personal? (ib?dem).

El Papa llama carisma a la modalidad con la que la Iglesia asume una forma expresiva en una circunstancia hist?rica concreta. La forma expresiva implica una determinada circunstancia hist?rica concreta; de lo contrario, permanecer?a abstracto. Su incidencia hist?rica concreta se realiza mediante los diferentes carismas que caracterizan un temperamento y una historia particular. Recordemos que la palabra carisma tiene la misma ra?z que la palabra gracia, karis, y significa la energ?a con la que el Esp?ritu, al intervenir, recrea al disc?pulo de Cristo. Si no fuese algo concreto, adecuado a mi temperamento y a mi historia, la Iglesia ser?a algo abstracto.

Continuaba el Papa en el citado discurso: ?Los carismas del Esp?ritu siempre crean afinidades destinadas a dar a cada persona apoyo para realizar su tarea objetiva en la Iglesia? (ib?dem). Mediante estas afinidades se crea una comuni?n: ?La creaci?n de esta comuni?n es una ley universal. Vivirla forma parte de la obediencia al gran misterio del Esp?ritu? (ib?dem).

?En qu? consiste la obediencia al gran misterio del Esp?ritu? En una sola cosa: ?En creer en Jesucristo?. Cristo se hace presente aqu? y ahora mediante un carisma que, al valorar un temperamento, una personalidad y una sensibilidad, una historia personal, crea una afinidad y establece una comuni?n; obedecer a esta comuni?n es obedecer al gran misterio del Esp?ritu. ?Es ir hacia Cristo!

Imaginemos una parroquia de tres mil habitantes con un solo sacerdote. Todos los domingos predica desde el p?lpito y, sin embargo, deja indiferentes a los fieles. En ese pueblo la fe languidece, siguen yendo a la iglesia por ciertos recuerdos que perduran; los que tienen una cierta vivacidad es simplemente por una costumbre piadosa; la personalidad de ese sacerdote no es incidente. En un determinado momento le trasladan a un destino con m?s prestigio. Llega otro sacerdote que han enviado all? por tener problemas con la curia.

Habla el primer domingo en la iglesia y enseguida cinco personas de las quinientas que est?n presentes quedan impresionadas y empiezan de nuevo a interesarse por la Iglesia y por la fe. Si esas cinco personas van al p?rroco y le dicen de diferentes maneras: ?Oiga, me conmovi? su predicaci?n del domingo, comprend? que la fe tiene que ver con mi vida y quiero que mi vida tenga que ver con la fe?; entonces el p?rroco, como en ese pueblo no hay nada, dice: ?Vamos a reunirnos y formamos un peque?o consejo pastoral?. En el consejo pastoral reci?n creado tratar? sobre todo de cuidar a esos cinco y con ellos intentar? afrontar los problemas de la parroquia; como dos de ellos son marido y mujer y est?n bien situados porque ?l es m?dico y ella profesora, crean enseguida algo en el pueblo, tal vez un ambulatorio gratuito para los pobres o un centro de refuerzo escolar para los ni?os. Despu?s se unen a ellos otras familias. Unos meses despu?s la parroquia es irreconocible: hay una intensa participaci?n en la vida de la Iglesia, una familiaridad entre los fieles y su pastor, esa gente tiene una esperanza y un deseo de conocer la fe y la doctrina que antes no ten?a; porque el sacerdote que lleg? ten?a una personalidad, una sensibilidad, un temperamento y una historia personal que los ha movido, ha creado movimiento. Lo que ha nacido se llama ?movimiento?. Con el p?rroco anterior no hab?a sucedido, no por su culpa, sino porque los tiempos del Esp?ritu son los tiempos del Esp?ritu. Por tanto, en el caso del segundo p?rroco ha actuado un carisma y el carisma se identifica precisamente por tener una incidencia hist?rica.

Sin el movimiento que he tratado de describir una parroquia es ?rida, queda como una simple instituci?n. He contado muchas veces a mis amigos la historia de mi madre y del sacerdote de Desio, don Amedeo. Desde el confesionario, m?s que desde el oratorio femenino [las actividades de la parroquia; ndt.], este sacerdote cre? una realidad de un centenar de mujeres, todas de familias cristianas y pertenecientes a la parroquia, todas hijas de Mar?a; respond?an a las necesidades de la parroquia, iban a misa a las cinco todas las ma?anas y acud?an cuando hab?a alguna necesidad. Eran conocidas en el pueblo. Ese sacerdote desde el confesionario cre? en la parroquia y en el pueblo un movimiento. Si en vez de cien hubieran sido cien mil ?habr?an hablado de ellas en el Corriere della Sera! Hace sesenta a?os, don Amedeo, coadjutor de mi parroquia, hab?a guiado desde el confesionario a muchos j?venes hacia una madurez cristiana que permiti? que despu?s formaran muchas familias muy cristianas y que estaban siempre disponibles para ayudar al p?rroco en las diferentes necesidades de la parroquia.

Con esto he querido subrayar la naturaleza absolutamente personal de la modalidad con la que Cristo, presente aqu? y ahora en la realidad de la Iglesia, se hace expresivo, persuasivo, pedag?gicamente eficaz y edificador, construye un pueblo.

Creo que el Papa ha introducido con el t?rmino ?movimiento? una categor?a eclesial fundamental en la descripci?n del dinamismo pastoral.

La palabra movimiento no describe un fen?meno especial que tiene que ver conmigo porque nosotros constituimos un movimiento reconocido por la Iglesia, sino que es algo que, ante todo, indica una modalidad permanente en la historia de la Iglesia para que la fe sea persuasiva, pedag?gicamente eficaz y constructiva y cambie la vida. Esto se ve muy claro al leer la alusi?n a ?quila y Priscila en las cartas de san Pablo. El Esp?ritu descendi? al coraz?n de las personas que fueron a casa de unos o de otros mediante un temperamento y una historia personal. Y si nosotros no entendemos bien este origen de un movimiento, no podemos conocer la modalidad con la que la instituci?n que tenemos entre manos ?parroquia, asociaci?n, grupo? puede cobrar vida y, por tanto, podemos tener pretensiones y volvernos c?nicos, perder la esperanza. Por ejemplo, si como p?rroco veo llegar a personas que me dicen: ?Queremos colaborar? y me doy cuenta de que son entusiastas y de que est?n vivas por algo que las ha movido (puede ser el encuentro con un movimiento), lo primero que debo desear es que profundicen con fidelidad en lo que las ha despertado, en la experiencia que les ha movido. Porque s?lo as? pueden ser ?tiles para la comunidad parroquial.

La finalidad de todo lo que sucede en la Iglesia es la adhesi?n a Cristo para hacer presente su victoria en el mundo y, por tanto, para anticipar el final del mundo.

En la siguiente frase se subraya, desde el punto de vista existencial, el contenido doctrinal, el objeto vivo de la fe, la adhesi?n de la vida: ?Ya com?is, ya beb?is; ya vel?is, ya durm?is, en la vida y en la muerte? (Cf. 1Ts 5,10), es decir, en todo, para que el mundo est? cada vez m?s impregnado del milagro de un testimonio, para que el mundo Le reconozca cada vez m?s: esto es la misi?n. Cristo mismo defini? la finalidad por la que vino al mundo en el XVII cap?tulo de San Juan: ?Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el ?nico Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo? (Cf. Jn 17,3-4).

La finalidad de la fe que hemos recibido es la misi?n: la misi?n no para el m?s all?, sino en este mundo. Esta es la categor?a propia de nuestra relaci?n con el mundo, cuyo primer aspecto se da en nosotros mismos: la misi?n arranca del asombro por vernos creados de nuevo y vivificados. La parroquia estar? viva en la medida en que tenga p?rrocos y fieles para los cuales la sorpresa del acontecimiento de Cristo encontrado y reconocido sea el horizonte totalizador de su pensamiento y de su acci?n, la conciencia de s? mismos y el amor apasionado por el misterio y el destino de los hombres hermanos.

Por tanto, la palabra ?movimiento? describe la modalidad existencial hist?rica con la que la Iglesia est? viva. Y, a mi entender, un sacerdote responsable de una parroquia o de la comunidad de un movimiento, si no reza al Esp?ritu y no tiende a suscitar una realidad ?en movimiento? deja a la Iglesia como una tumba, su parroquia como la gesti?n de unos locales y su comunidad como un grupo con un mero valor psicol?gico o sociol?gico.

Si una parroquia est? viva, es movimiento ?en el sentido en el que lo afirmaba Juan Pablo II: ?La Iglesia misma es ?un movimiento?? (A los participantes en el Congreso ?Los movimientos en la Iglesia?, Castel Gandolfo, 27 de septiembre de 1981). Por eso el movimiento no es alternativo en ning?n sentido a la instituci?n, sino que indica la modalidad con la que la instituci?n cobra vida, es misionera; porque la fe no se nos ha dado para conservarla, sino para comunicarla; no se puede conservar si no se tiene pasi?n por comunicarla.

[Original difundido por ?Comuni?n y Liberaci?n?]

Publicado por mario.web @ 10:01
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