Viernes, 22 de abril de 2011
Toda persona debe actuar como l?der en cada momento, y puede hacerlo si se forma debidamente para ello.
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Formas diversas de actuar como l?der
Formas diversas de actuar como l?der



Toda persona debe actuar como l?der en cada momento, y puede hacerlo si se forma debidamente para ello. Esa formaci?n no consiste tanto en procurarse un amplio acopio de conocimientos cuanto en aprender el arte de pensar con rigor y vivir de forma creativa.


Pensar con rigor supone abrirse a la riqueza de nuestra realidad personal y de las realidades que constituyen su aut?ntico entorno. Vivir creativamente significa crear toda suerte de encuentros con esas realidades, vistas como ?mbitos, no como meros objetos.


Ambas tareas son dos aspectos distintos y complementarios de un mismo prop?sito: situar la vida en el nivel 2, el nivel de la actitud generosa, respetuosa, creadora de toda suerte de encuentros (28) .

El ascenso del nivel 1 al nivel 2 supone una aut?ntica metanoia, un cambio de mentalidad, de estilo de pensar, sentir y querer. Este cambio exige tiempo, esfuerzo y paciencia, pues, por ley natural, todo proceso de maduraci?n es lento.

Supongamos que una persona se mueve en el nivel 1 y tiende a considerar como objetos las realidades que le rodean con el fin de dominarlas y ponerlas a su servicio.

La impaciencia por formarla debidamente cuanto antes puede llevarnos a pensar que el m?todo ideal ser? transmitirle nuestra concepci?n de la vida en f?rmulas f?cilmente manejables a modo de recetas.

Este tipo de instrucci?n es in?til. Si no conseguimos que dicha persona cambie de actitud, toda la informaci?n que podamos darle ser? vana pues la malentender?, por interpretar desde el nivel 1 todos los conceptos que le trasmitamos. Le hablaremos de libertad creativa, y la entender? como mera libertad de maniobra. Le hablaremos de amor personal, y lo reducir? a impulso pasional...

No habremos logrado sino aumentar su confusi?n interior.

Debemos asumir pacientemente el m?todo gen?tico de pensar, y aprender a sugerir a los dem?s las experiencias que permiten descubrir por dentro c?mo se alumbra en cada persona el conocimiento de los valores, las virtudes, el ideal, la libertad creativa, el amor personal, la creatividad, el lenguaje y el silencio aut?nticos...

Una vez asimilado este modo socr?tico de adquirir los conocimientos esenciales, se nos abren espont?neamente diversas v?as para lograr que otros sigan nuestro camino de b?squeda y logren el mismo resultado.
Nadie debe desanimarse por el temor de no alcanzar una alta cota de preparaci?n como l?der.

Si piensas que no eres capaz de dar conferencias, impartir cursos, organizar grupos de trabajo, escribir libros o art?culos..., corres peligro de concluir que no est?s llamado a ser l?der del Humanismo de la Unidad.

Har?s bien en liberarte de tal error. Justamente, una de las tareas primordiales de la Escuela de Pensamiento y Creatividad es valorar muy alto la eficacia de ciertas actividades de la vida cotidiana que suelen ser depreciadas -por no resultar espectaculares- pero presentan una sorprendente eficacia formativa. Tal eficacia pueden conseguirla todas las personas, por menguadas que sean las capacidades que crean tener.

Si nos hemos iniciado en el m?todo seguido por la Escuela de Pensamiento y Creatividad, todos podemos en alg?n momento encender una luz que ayude a otros a ver m?s claramente una cuesti?n.

En una clase, en una catequesis, en un libro... tenemos m?ltiples ocasiones de ofrecer claves de orientaci?n sumamente fecundas. Pero tambi?n en una conversaci?n informal es posible decir una palabra acertada, dar un consejo l?cido, realizar un comentario agudo de un suceso o una pel?cula...



* Durante un viaje trasatl?ntico, una azafata sostuvo una breve conversaci?n con un estudiante universitario. Este le cont? lo que sol?a hacer durante sus horas libres. La azafata le coment? al final cordialmente: "Observo que tus actividades se reducen a pasatiempos. Ninguna se distingue por su creatividad. No cultivas el arte, no participas en campa?as ben?ficas, est?s al margen de movimientos culturales...

?No echas de menos los valores que impulsan estas formas de vida?". El estudiante mir? a la joven con ojos sorprendidos, y le pregunt? si era una azafata o, m?s bien, un cura p?rroco... Ambos se rieron distendidamente.

Y ?l agreg?: "La verdad es que me dar? que pensar lo que acabas de decir". Dar que pensar es una de las funciones propias de todo l?der. Puede suscitar, en una persona desconcertada, un giro muy positivo en su actitud ante la vida. Y este tipo de giros suponen una verdadera conversi?n.

El joven hab?a o?do hablar de acciones buenas y acciones malas, de virtudes y de vicios. Pero nadie le hab?a hecho ver que una vida puede no ser mala o viciosa y carecer de la debida creatividad y la indispensable calidad. Abrirnos los ojos a la riqueza posible de nuestra existencia es tarea propia del aut?ntico l?der.


* Un padre de familia est? viendo en la televisi?n, con sus hijos, la pel?cula de Bernardo Bertolucci
El ?ltimo tango en Par?s. No es para ?l agradable contemplar sus escenas escabrosas en compa??a de unos adolescentes. Pero lo hace por acompa?arles y ejercer, en caso necesario, una funci?n de gu?a.

Ante los primeros pasajes de crudo erotismo, se mantiene sereno, en silencio. Si se pusiera nervioso y estallara en imprecaciones contra la pel?cula y quienes la exhiben, dar?a pie a sus hijos a pensar que no domina la situaci?n y se ve desbordado por ser pusil?nime.

Con ello, perder?a el ascendiente y la autoridad moral que necesita todo educador. Poco despu?s, se establece el siguiente di?logo entre la joven protagonista (?M?) y el protagonista masculino (?H?), ya un hombre maduro:


M. No s? c?mo te llamas.
H. ?No tengo nombre!
M. ?Quieres saber el m?o?

H. ?No, no! ?No me lo digas! No quiero saber tu nombre. T? no tienes nombre y yo tampoco. No hay nombres. Aqu? no tenemos nombre.
M. ?Est?s loco!

H. Es posible que lo est?, pero no quiero saber nada de ti. No quiero saber d?nde vives ni de d?nde eres. No quiero saber absolutamente nada de nada. ?Has comprendido?
M. ?Me asustas!

H. ?Nada! T? y yo nos encontraremos aqu?, sin saber nada de lo que nos ocurra fuera. ?De acuerdo?
M. Pero, ?por qu??

H. Pues porque aqu? no hace falta saber nombres. No es necesario. ?No lo comprendes? Venimos a olvidar. A olvidar todas las cosas, absolutamente todas. Olvidaremos a las personas, lo que sabemos, todo lo que hemos hecho. Vamos a olvidar donde vivimos, a olvidarlo todo.
M. Yo no podr?. ?T? s??

H. No lo s?. ?Tienes miedo?
M. No.



En el primer corte publicitario, el padre, de modo espont?neo, dej? caer esta cuesti?n: "?Por qu? no querr? este hombre decir su nombre propio, ni saber el de su compa?era?" .

Bast? esta breve indicaci?n para ejercer una funci?n eficaz de l?der, pues con ella indic? a sus hijos que no estaba preso en las peripecias de la pel?cula. Ten?a suficiente soberan?a de esp?ritu para tomar cierta distancia respecto a ella y contemplarla de modo cr?tico, con poder de discernimiento.

La escabrosidad de las escenas no conmov?a su ?nimo de modo que quedara fusionado en el argumento. Se mov?a espiritualmente en el plano en que se crean relaciones personales aut?nticas, en las cuales llamar a una persona por su nombre desempe?a un papel decisivo.

Al pronunciar el nombre propio, se dirige uno a la persona entera, se la hace vibrar, se la apela. Si uno rehuye establecer relaciones personales porque desea moverse exclusivamente en el nivel corp?reo, evita el uso del nombre propio.

El lenguaje tiene un poder especial para orientar la conducta humana. Al pronunciar el nombre propio de una persona, se toma distancia respecto a su cuerpo y se supera el tipo de empastamiento propio de la pasi?n er?tica.

Relacionarse con una persona s?lo en el nivel corp?reo, por el halago sensorial y psicol?gico que pueda producir, significa privar al cuerpo del sentido que adquiere al ser considerado como la expresi?n viva de nuestro ser personal, no como un mero instrumento para el logro de ciertos fines.

Cuando lo usamos de forma respetuosa, sin reducirlo de valor, el lenguaje procede de nosotros, como personas, y se dirige a la persona de los otros. Nos sit?a, por tanto, en el plano de la vida personal -nivel 2-.

Por no querer moverse en este nivel -que es exigente, pues nos compromete a crear relaciones valiosas y estables-, la joven protagonista de la pel?cula de Ingmar Bergman El silencio celebra con gestos de j?bilo, ante una hermana suya, el hecho de que est? teniendo relaciones ?ntimas con un extranjero y no puede hablar con ?l porque no conoce su lengua, ni ?l la suya.

Este tipo de silencio, al que alude el t?tulo de la obra, resulta dram?ticamente negativo. Hacer ver esto a los asistentes a un cine-club o a los compa?eros de una sala de estar es un acto espl?ndido de liderazgo, porque arroja torrentes de luz para comprender la importancia de nuestras actitudes b?sicas: la actitud creadora de relaciones humanas, por una parte, y, por otra, la actitud de mero disfrute de halagos f?ciles.

Si reducimos las relaciones amorosas a mera fuente de gratificaciones sensibles y psicol?gicas, anulamos su poder de crear formas de aut?ntica presencia e intimidad. De ah? el extremo desconsuelo con que termina una obra tan permisiva como El ?ltimo tango en Par?s.

Con una observaci?n sencilla acerca de un tema que parece banal, el padre facilit? a sus hijos una clave para comprender a fondo esta conflictiva pel?cula. Tal comprensi?n es la v?a m?s fecunda para convertir el mal en bien, logrando que los espectadores de la misma no s?lo no se dejen seducir por unas vidas entregadas al v?rtigo de la fascinaci?n er?tica sino que se vuelvan todav?a m?s precavidos ante los cantos de sirena de cualquier tipo de adicci?n.

La verdadera formaci?n no consiste tanto en rechazar o prohibir lo nocivo para ni?os y j?venes cuanto en analizarlo con hondura de modo que resalte su peligrosidad y sinsentido.



* Dos jovencitas impusieron en su casa la costumbre de ver las pel?culas m?s er?ticas que ofrece la televisi?n. Sus padres ensayaron en vano diversos m?todos para hacerles cambiar de actitud.

Pero un buen d?a oyeron las j?venes una conferencia en la que se les explic? que la oferta actual de multitud de subproductos culturales, nada creativos, responde al af?n de mermar la capacidad creadora de las gentes y hacerlas f?cilmente dominables.

En efecto, confundir el amor personal -creador de relaciones valiosas- con la mera pasi?n - ef?mera, autocomplaciente y recluida en la interioridad ego?sta- nos lleva a desconocer la alta dosis de creatividad que implica la amistad aut?ntica.

Ello nos permite inducir que la exhibici?n insistente, casi exclusiva en ciertos medios, de actividades y gestos pasionales no se realiza para incrementar la felicidad de las personas sino para amenguar al m?ximo su creatividad y volverlas f?cilmente manipulables.

Ese mismo d?a, por la noche, se hallaban los cuatro familiares viendo una pel?cula. No bien apareci? una escena er?tica, alguien cambi? de emisora. Los padres se miraron entre s?, dici?ndose con la mirada: "?Yo no he sido!" Pronto salieron de dudas porque una de las hijas indic? que hab?a sido ella la que hab?a manejado el mando, y agreg?: "Tanto mi hermana como yo no toleraremos, en adelante, este tipo de programas, que s?lo pretenden dominarnos.

Queremos ser libres de verdad y que nadie nos utilice para sus fines". He aqu? de qu? modo tan sencillo el conferenciante consigui? con una serena y l?cida explicaci?n lo que los buenos padres no hab?an logrado con meses de discusiones y enfados.



Notas:
(28) Seg?n ya se indic?, esta actitud la adoptamos de forma plena cuando nos movemos en el nivel 3, el de la vinculaci?n comprometida al bien, la justicia, la belleza, la verdad


Publicado por mario.web @ 10:06
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