Viernes, 22 de abril de 2011
La palabra democracia deriva de dos ra?ces griegas: demos, es decir pueblo, y kratein, que significa gobernar.
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La Iglesia y la democracia
La Iglesia y la democracia
MANILA, s?bado, 20 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la intervenci?n del profesor de Teolog?a de Manila (Filipinas), Jos? Vidamor Yu, pronunciada en la ?ltima videoconferencia mundial organizada por la Congregaci?n para el Clero sobre ?Iglesia y Estado?.


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La palabra democracia deriva de dos ra?ces griegas: demos, es decir pueblo, y kratein, que significa gobernar. El t?rmino demokratia, que indica el gobierno del pueblo, lleg? a ser popular entre los griegos, en especial en Tuc?dides y Arist?teles y, m?s tarde, en Herodoto. Se cuenta que, en Atenas, las bases fundamentales de la democracia fueron sentadas, seg?n Cl?stenes, por el uso de la palabra igualdad. En el discurso f?nebre en honor de Pericles se nombran tres ideales: la ley, la libertad y la igualdad.

La Iglesia Cat?lica entabl? un combate hist?rico con los principios de la democracia, en particular en Europa. Examinando el progreso de la democracia desde el tiempo de la revoluci?n francesa, veremos que la Iglesia fue abandonando poco a poco las antiguas formas de gobierno y de mando, orient?ndose preferentemente hacia la comunidad de Dios, m?s que dominando como una instituci?n que ejerce un poder mayor. Hoy en d?a, la Iglesia ha concentrado su misi?n en su presencia en el mundo y se abandona al poder del Evangelio.

Del estado din?stico al estado nacional: el cambio de modelo

La imagen medieval del Estado era din?stica y multinacional. En general, la familia real controlaba la vida pol?tica y econ?mica del pueblo en los territorios que dominaba. Los estados multinacionales tend?an a ser feudales, como, por ejemplo, los Habsburgo, los Romanov y el Imperio otomano, en Europa Central y Oriental. Durante el siglo XIX, algunos cambios r?pidos en la sociedad hab?an transformado los estados nacionales en estructuras poderosas que mejoraban la vida social, econ?mica y pol?tica. Gracias a la b?squeda gradual de la libertad el pueblo dej? de ser s?bdito para convertirse en ciudadano. Es la ?poca en que los pueblos se concentran en sus propias identidades culturales y pol?ticas y desarrollan distintos partidos e ideolog?as. Aparecen entonces esl?ganes revolucionarios que proclaman la b?squeda de la libertad por parte del hombre, como los que surgen con la Revoluci?n francesa, que hablan de Libertad, Fraternidad e Igualdad y describen los ideales de una identidad nueva: la ciudadan?a.

Los siglos XIX y XX produjeron distintas ideolog?as que subrayaban la libertad personal y los derechos individuales. El liberalismo se transform? en una teor?a o filosof?a pol?tica y una tradici?n cuyos aspectos centrales eran la tolerancia religiosa, el gobierno con el consentimiento del pueblo y la libertad personal y econ?mica. El liberalismo se desarroll? como un sistema pol?tico o una tendencia que se opon?a a la centralizaci?n y el absolutismo. Naci? en Inglaterra, y su principio fundamental era la libertad absoluta e irrestricta de pensamiento, religi?n, conciencia, opini?n, palabra, prensa y pol?tica.

La revoluci?n industrial trajo, adem?s, un conflicto triangular entre el Cristianismo, el Liberalismo y el Socialismo. Los cristianos se vieron obligados a buscar un papel nuevo en una sociedad que cambiaba, en la que los trabajadores, las maquinarias y la urbanizaci?n iban modificando r?pidamente el aspecto de las ciudades. La mayor?a de los cat?licos estaban atrincherados en posiciones conservadoras, y promov?an actitudes antiliberales y opiniones antisocialistas. En su primera fase, la expresi?n Revoluci?n Industrial designaba la evoluci?n que, entre 1750 y 1830, fue transformando Gran Breta?a y los estados europeos, que pasaron de una poblaci?n que viv?a casi exclusivamente de la agricultura a una sociedad cada vez m?s dominada por el trabajo en las f?bricas. El conflicto con las nuevas ideolog?as producidas por las revoluciones liberal e industrial desencaden? la reacci?n de la Iglesia y sus escuelas de pensamiento reaccionaron a la lucha cada vez m?s intensa por la libertad y la democracia en la sociedad. Algunos cat?licos trataron de reconciliar los valores del liberalismo y el cristianismo. Le?n XIII fue el primer papa que busc? una soluci?n a los conflictos retomando los principios tom?sticos sobre la relaci?n entre la Iglesia y el Estado. Al mismo tiempo, intent? restablecer la influencia de la Iglesia en la sociedad y tambi?n el regreso a los principios cristianos de aplicaci?n concreta en la relaci?n entre la Iglesia y la democracia.

Le?n XIII y la democracia

Le?n XIII ofreci? soluciones a los cambios sociales en curso y a los problemas de su tiempo, en particular, al sentido creciente de la democracia entre los ciudadanos. Se daba una tendencia a la afirmaci?n de los derechos y la libertad individuales, acompa?ada, sin embargo, por un descuido de los principios morales. El papa apoy? la democracia intentando definir el car?cter moral del poder p?blico. Adem?s, el poder p?blico tendr?a que encontrar su fundamento en Dios y la libertad del individuo. Por ello aconsej? y exhort? a los gobernantes "a que gobernaran con benevolencia y una suerte de amor paterno" (Libertas Humana, Descl?e, II, 110). Por su naturaleza, la actitud de los gobernantes deber?a ser paternal. De esa manera, "su gobierno debe ser justo e imitar el gobierno divino en el hecho de ser moderado por una bondad paternal" (carta Caritatis providentiaeque, ASS, 26 (1873-74), 525). Gobernar con amor paternal implica gobernar con equidad, es decir, "que gobiernen al pueblo con equidad y fidelidad, y muestren, adem?s de la severidad necesaria, un amor paternal" (Diuturnum, Descl?e, I, 227).

Le?n XIII indic? la promoci?n de la libertad del individuo y los grupos de individuos, en particular en lo referente a la familia, como uno de los signos concretos de la democracia. El control exterior de los gobiernos civiles sobre los individuos y la familia contradice las virtudes del gobierno democr?tico. Seg?n sus palabras, "la pretensi?n, pues, de que el gobierno pueda penetrar, seg?n su albedr?o, en la familia y el hogar y ejercer un control sobre su intimidad es un error grave y pernicioso" (RN 14). La familia tiene la libertad de escoger y aconsejarse con sus amigos.

De la misma manera, Le?n XIII subray? que el derecho a la propiedad es un derecho natural inalienable del individuo y la familia. El gobierno aut?ntico promueve la protecci?n de esos derechos. Adem?s, cada persona tiene el derecho de crecer en un contexto familiar y no principalmente bajo el poder del estado. Contra las propuestas del socialismo, Le?n XIII afirma que la autoridad paternal no puede ser abolida ni absorbida por el Estado. Los cuidados de los padres tienen el mismo origen que la misma vida humana (cfr. RN 14). Apartar al ni?o de su familia es un acto de injusticia para con la persona humana. Contra el Socialismo, subrayaba que: "los socialistas, alejando a los padres y estableciendo un control por parte del Estado, act?an contra la justicia natural y destruyen la estructura del hogar" (RN 14). La democracia destaca el derecho a una familia y a que la libertad del individuo se modele en el contexto de la familia. Los padres tienen tambi?n el derecho de modelar el futuro y el destino de sus hijos seg?n sus sue?os.

La libertad y el bien com?n

Mientras, en una naci?n democr?tica, se destaque la libertad del individuo, siempre deber?a prevalecer el bien com?n. La enc?clica Quadragesimo Anno de P?o XI nos recuerda, cuarenta a?os despu?s de la Rerum Novarum de Le?n XIII, que la justa libertad de acci?n debe ser dejada a los ciudadanos individuales y las familias, pero con la condici?n de que sea preservado el bien com?n e impedida toda injusticia hacia cualquier individuo (cfr. QA 25). La democracia comprende tambi?n una atenci?n especial hacia los despose?dos y los d?biles, cuyos derechos deben ser salvaguardados y reconocidos por el Estado. Los gobernantes estatales tienen la funci?n de velar por la comunidad y sus partes. De todas maneras, al proteger a los individuos y sus derechos, es necesario preocuparse en primer lugar por los d?biles y los pobres (cfr. QA 25).

El ejercicio de la libertad abarca tambi?n la conciencia de la persona humana. El individuo tiene el derecho de seguir lo que le dictamina su conciencia. Aunque el derecho de formar asociaciones e instituciones sea un derecho individual, P?o XI estableci? que nadie debe ser obligado a unirse a un sindicato u otras instituciones contra su voluntad. Quadragesimo Anno subraya que los sindicatos deben profesar siempre la justicia y la equidad y conceder a sus miembros cat?licos plena libertad de respetar su propia conciencia y someterse a las leyes de la Iglesia (cfr. QA 35).

El abuso de la libertad puede provocar discordias en la sociedad. Implica un conflicto entre los que est?n en el mundo de los negocios. Ser? causa de conflictos entre los estados cuando se sacrifica el bien com?n. El abuso de la libertad transforma el libre mercado en una dictadura econ?mica y lleva a la codicia del poder, echando al olvido a los pobres. P?o XI nos recuerda que la concentraci?n de poder, que es el signo caracter?stico de la vida econ?mica contempor?nea, es el fruto de la libertad ilimitada de luchar entre competidores (cfr. QA 107). El abuso de la libertad a trav?s de la acumulaci?n de poder en los ciudadanos o en los gobernantes del Estado provoca tres clases de conflictos. Primero, la lucha por la misma supremac?a econ?mica; segundo, un conflicto tenaz por apoderarse del Estado, y tercero, conflictos entre los estados (cfr. QA 108).

El derecho a la verdad y la informaci?n

La democracia es un sistema de gobierno en el que los ciudadanos participan en las actividades de gobierno. La libertad de prensa, como derecho inalienable de la persona en una sociedad democr?tica, abarca el derecho a la verdad. La b?squeda de la verdad y el derecho a la informaci?n deben mantenerse en los l?mites del orden moral. Juan XXIII escribi? que el individuo tiene derecho a la libertad de investigar la verdad en los l?mites del orden moral y el bien com?n y la libertad de escoger la profesi?n que quiera. Es necesario observar que el individuo tiene tambi?n el derecho a una informaci?n fehaciente de los acontecimientos p?blicos (cfr. PT 12).

El individuo tiene la responsabilidad de buscar la verdad. La Iglesia asegura que la sociedad debe ser estructurada de manera que pueda ofrecer a los individuos recursos abundantes. El acceso del individuo a la verdad y la informaci?n indica que goza de la libertad de formarse una opini?n y el derecho a las necesidades de la vida. Se debe afirmar que, para que una sociedad pueda ser considerada como bien ordenada, creativa y conforme a la dignidad humana, debe basarse en la verdad (cfr. PT 34-35).

El desarrollo basado en la naturaleza humana

La democracia no depende s?lo del ejercicio de la libertad pol?tica, sino que se apoya en unos principios fundamentales. Los pa?ses que han ganado la independencia de sus colonizadores descubren que los programas sociales y econ?micos deben estar estructurados en armon?a con la naturaleza y la dignidad humanas (cfr. PP 6). Tambi?n la elecci?n del gobierno debe ser dejada a la voluntad del pueblo. La libertad de elegir a los l?deres de gobierno es una de las caracter?sticas de la democracia. Gaudium et Spes ha reiterado que la elecci?n de un r?gimen pol?tico y la designaci?n de los gobernantes han de dejarse a la libre voluntad de los ciudadanos (cfr. GS 74).

La Iglesia promueve la democracia aut?ntica, basada en un concepto correcto de la persona humana. La naturaleza y la dignidad de la persona son un criterio importante porque se trata de verdades fundamentales. Pero, a este respecto, es menester observar que, si falta una verdad ?ltima que gu?e y dirija la actividad pol?tica, entonces las ideas y las convicciones pueden ser f?cilmente manipuladas por razones de poder. Como lo demuestra la historia, una democracia sin valores puede convertirse f?cilmente en un abierto o velado totalitarismo (cfr. CA 46).

Como Madre y Maestra, la Iglesia debe tener conciencia de los signos de los tiempos producidos por cambios radicales que actualmente tienen lugar en la esfera pol?tica y econ?mica. Los cambios pol?ticos y los avances econ?micos producen nuevos conceptos de sociedad y Estado les cuales abandonan, por consiguiente, las formas tradicionales e introducen formas nuevas. Estas formas nuevas marcan libertades nuevas, pero tambi?n traen consigo la amenaza de nuevas injusticias y servidumbres. Estas formas nuevas de libertad pueden indicar una idea nueva de democracia (cfr. CA 4).

El gobierno y la vida religiosa

Otro signo importante de la democracia es la protecci?n de los derechos religiosos. Por cierto, el Vaticano II dej? sentado que la protecci?n y promoci?n de los derechos inviolables del hombre ocupan un lugar primordial entre los deberes esenciales de un gobierno. Uno de los derechos que el gobierno tiene el deber de salvaguardar por medio de leyes justas y otros medios adecuados es la libertad religiosa de todos sus ciudadanos. Dignitatis Humanae dice adem?s que el gobierno debe contribuir a crear condiciones favorables a la promoci?n de la vida religiosa, para que el pueblo pueda ejercer realmente sus derechos religiosos y cumplir con sus deberes religiosos (cfr. DH 6).

La Iglesia tiene el concepto de una sociedad democr?tica que proteja los derechos basados en la vocaci?n trascendental de la persona humana, comenzando por el derecho a la libertad de profesar y practicar las convicciones religiosas. Una sociedad democr?tica aut?ntica se centra en el desarrollo en el marco de la solidaridad y la libertad (cfr. SRS 33). La Iglesia condena toda forma de totalitarismo pues niega la "dignidad trascendental de la persona humana" (CA 44) y expresa, en cambio, gran estima por los sistemas democr?ticos que reconozcan el papel esencial de los individuos, las familias y los distintos grupos que constituyen la sociedad y den, asimismo, a los ciudadanos amplias posibilidades de participar en el desarrollo de las comunidades pol?ticas y religiosas.

Las estructuras en la Iglesia: el sentido de la participaci?n

La participaci?n en la Iglesia por medio de una consultaci?n es una expresi?n democr?tica. Bajo la forma de s?nodos y concilios pastorales diocesanos, la consultaci?n indica una corresponsabilidad en la misi?n y las orientaciones pastorales de la Iglesia. A pesar de que la Iglesia tenga una estructura jer?rquica que limita la pr?ctica de la democracia, todos los miembros de la Iglesia participan de una responsabilidad com?n en el ejercicio de la misi?n de la Iglesia. Aunque el papa sea elegido por el colegio de los cardenales y la selecci?n del clero quiz? no sea democr?tica, la Iglesia respeta la libertad de expresi?n por medio de la consultaci?n. Los consejos presbiterales y el colegio de consultores son buenos ejemplos, a nivel diocesano, de estructuras participativas necesarias para el gobierno de la Iglesia. Bajo muchos aspectos la Iglesia no es democr?tica porque en ella el poder proviene de Cristo.

Como comuni?n, la Iglesia protege los derechos de todos sus miembros en cuanto expresan sus necesidades y deseos espirituales. El Vaticano II destaca que el laicado tiene el derecho, como todos los cristianos, de recibir de sus pastores espirituales los bienes espirituales de la Iglesia con abundancia, en particular la ayuda de la palabra de Dios y los sacramentos. Los fieles deben manifestarles abiertamente sus necesidades y deseos, con esa libertad y confianza que les corresponden a los hijos de Dios y hermanos en Cristo (LG 37).

La participaci?n de cualquier miembro de la Iglesia en el sacerdocio ministerial o com?n encuentra su punto culminante en Cristo. De todos modos, el Vaticano II habla del sacerdocio ministerial o jer?rquico como interrelacionados: cada uno, de manera espec?fica, es una participaci?n en el ?nico ministerio de Cristo (cfr. LG 10). Por medio de los s?nodos diocesanos y los consejos pastorales, toda la Iglesia, laicos y cl?rigos, participa en el gobierno de la Iglesia. Adem?s, la Iglesia tiene el deber de educar a quienes tienen responsabilidades en la legislaci?n, la administraci?n de la justicia y la formulaci?n de las leyes en la Iglesia y en la esfera p?blica. En Ecclesia in America, Juan Pablo II recuerda que la Iglesia debe dedicarse a la labor de educar y sostener a los laicos que se dediquen a legislar, gobernar y administrar la justicia, para que todas las legislaciones, deliberaciones y juicios reflejen siempre los principios y los valores morales del bien com?n (cfr. Ecclesia in America 19).

La democracia es un valor humano que la Iglesia valora y aprueba. A medida que la persona humana progresa, surgen hoy nuevas formas de libertad y tambi?n nuevas formas de pensamiento democr?tico. La Iglesia se esfuerza para que se llegue a una libertad basada en la verdad. No puede haber libertad sin verdad, as? como no puede haber una democracia verdadera sin libertad aut?ntica.

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Publicado por mario.web @ 10:07
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