Viernes, 22 de abril de 2011

Fuente: Conferencia Episcopal Espa?ola
Autor: Isidro Catela Marcos

EL 26,7% de los centros para el cuidado del VIH/SIDA en el mundo son cat?licos. Para la Iglesia todos los d?as del a?o son los d?as del enfermo de SIDA, porque m?s all? de fechas y lazos rojos en el calendario, la Iglesia se ocupa a diario de las personas que sufren ?especialmente de aquellas de las que nadie se ocupa ? y su aportaci?n a la sociedad no es flor de un d?a, tormenta de verano que como vino se va, sino llovizna constante que cala suave y profunda, de la mano de los numerosos proyectos y programas de formaci?n, prevenci?n, asistencia, cuidado y seguimiento pastoral a favor de los enfermos.

La Jornada Mundial contra el SIDA, que por iniciativa de la Organizaci?n de las Naciones Unidas inaugura cada a?o nuestros diciembres, se ha convertido en una preocupante cita que, en lugar de contribuir a la concienciaci?n social y a la prevenci?n efectiva de la pandemia, est? siendo utilizada por la propaganda al servicio de la cultura dominante para difundir algunas mentiras y repetirlas, con la esperanza de que puedan ser tomadas por verdad. Las m?s significativas, a mi juicio, son tres: la consideraci?n del SIDA como una estricta cuesti?n sanitaria, las monotem?ticas campa?as informativas que mantienen la tesis de que el preservativo es la soluci?n y la presentaci?n, ante la opini?n p?blica, de la Iglesia como el problema.

La primera estrategia se basa en la difusi?n de la idea de que la enfermedad no tiene relaci?n alguna con el modo de vivir la sexualidad y de que, en consecuencia todos estamos igualmente expuestos al contagio. Se hace creer a la sociedad que nos situamos ante un problema de ?ndole exclusivamente sanitaria, sin querer reconocer que no habr? soluci?n posible mientras no se aborde su dimensi?n ?tica. Afortunadamente, todos no estamos en la misma situaci?n de riesgo; los contagios se ven favorecidos por una cultura pansexualista, que quita valor a la sexualidad y la reduce a un simple y mec?nico intercambio de placeres f?sicos, sin darle un alcance m?s elevado.

La segunda es la manida cuesti?n del cond?n. Las pol?ticas gubernamentales, casi a nivel planetario, realizan grandes esfuerzos para difundir el uso del preservativo, con la confianza de que as? se frenar? la expansi?n del SIDA, pero la realidad se muestra tozuda: en 2005 se produjeron otros cinco millones de nuevas infecciones, el mayor incremento desde el inicio de la epidemia. El n?mero de personas que viven con el VIH en todo el mundo son ya m?s de 40 millones. Menos mal que, seg?n o?mos por todas partes, el preservativo es la mejor soluci?n; pues, mejor ni imaginar c?mo ser? la peor. Es cierto que en el Informe ONUSIDA de este a?o por fin se puede leer que en muchos pa?ses el retraso en la primera experiencia sexual o la reducci?n del n?mero de parejas han sido claves para hacer descender el n?mero de afectados. Lamentablemente, con respecto a los preservativos sigue sin reconocer que la masiva distribuci?n de condones, mientras que en las personas adictas al sexo puede reducir el riesgo de infecci?n, en otras muchas personas induce a conductas de riesgo, impidi?ndose el logro de los comportamientos que eliminan la posibilidad de infecci?n. Las pol?ticas basadas en el mito del ?sexo seguro? han fracasado y debemos exigir a nuestros gobernantes que lo reconozcan y que sean valientes para proponer otras soluciones.

El primer preservativo ha de ser el preservativo moral, la educaci?n integral de los j?venes para inculcarles la dignidad y el respeto a la vida, su propia vida y la de los dem?s. Un problema complejo requiere soluciones complejas, no simplistas; no es serio, con las cifras en la mesa y el batacazo anual de las campa?as pro cond?n, mantener que la soluci?n pasa por hacer m?s accesibles los preservativos. ?Por qu? se nos dice, acertadamente, desde el Ministerio de Sanidad y Consumo que debemos abstenernos de fumar y de beber para prevenir determinadas enfermedades y no se atreven a proponer la abstinencia de ciertas pr?cticas sexuales para prevenir el SIDA? El problema requiere voluntad pol?tica y esfuerzos en investigaci?n, educaci?n sanitaria, educaci?n sexual y transmisi?n de valores humanos que incidan en la responsabilidad personal ante el consumo de drogas y otras conductas de riesgo.

La tercera, y ya cansina cantinela, es la de responsabilizar a la Iglesia de contribuir a la confusi?n y de situarse en posiciones retr?gradas y acient?ficas. De nuevo, la fuerza de la realidad: los escasos y atrevidos pa?ses que han incorporado a sus programas de prevenci?n medidas coincidentes con la doctrina cat?lica han obtenido unos resultados excelentes. V?anse los programas de Uganda y Kenia, por ejemplo. Tan dados a probarlo todo como somos hoy, podr?amos probar, a ver qu? tal nos iba. La Iglesia propone, no impone nada a nadie. ?Acaso alguno de los obcecados con la Iglesia y alejados de ella, que tanto hacen notar sus voces, han dejado de usar el preservativo en sus relaciones por un ataque de conciencia moral y obediencia a la doctrina cat?lica? El problema no es que se le haga caso a la Iglesia y que as? la gente se enrede en la confusi?n y en la duda, el verdadero problema es que la gente no duda, ni tan siquiera razonablemente, y se cree que el discurso pol?tico es el ?nico y verdadero discurso.

Ante las cr?ticas infundadas, la Iglesia responde con la Palabra y con su obra. La dimensi?n espec?ficamente religiosa de la actitud de la Iglesia sobre el SIDA ayuda a comprender mejor y a valorar en toda su hondura la importancia de la caridad, es decir, del amor hacia las personas que sufren. El cristiano dispone, gracias a su fe, de un auxilio espiritual, que le ayuda a acercarse a los que padecen la enfermedad, cualquiera que haya sido su conducta, porque comprende que el error moral no hace a las personas menos merecedoras de atenci?n, sino al contrario, como ense?a la par?bola del hijo pr?digo, m?s necesitadas, si cabe, de ser amadas y ayudadas. Nadie, en conciencia y si quiere ser fiel a la verdad, puede seguir diciendo que la Iglesia propone abstinencia y fidelidad porque no est? en el mundo y porque no conoce los problemas reales de la gente. Y si no, que se lo eche en cara tambi?n a Naciones Unidas, que, aunque de forma timorata, habla de ?comportamiento sexual responsable, incluyendo la abstinencia y la fidelidad?. ?Por qu? se empe?an las fallidas campa?as pro cond?n en ocultarnos, al menos, una parte sustancial de la realidad? ?Por qu? no se educa de manera integral, con informaci?n completa, para formar personas m?s libres, m?s independientes y con m?s criterio? ?Es que se parte de la premisa de que nuestros j?venes est?n incapacitados para comprender el significado de las palabras ?abstinencia? y ?fidelidad?? A lo mejor resulta que, si se les dice toda la verdad, comienzan a tomar sus propias decisiones y el preservativo deja de ser la soluci?n y la Iglesia deja de ser el problema.


Publicado por mario.web @ 10:26
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