Viernes, 22 de abril de 2011

Fuente: zenit.org
Autor: Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

Con tres par?bolas, Jes?s presenta en el Evangelio la situaci?n de la Iglesia en el mundo. La par?bola del grano de mostaza que se convierte en un ?rbol indica el crecimiento del Reino, no tanto en extensi?n, sino en intensidad; la par?bola de la levadura indica la fuerza transformadora del Evangelio que "levanta" la masa y la prepara para convertirse en pan.

Los disc?pulos comprendieron f?cilmente estas dos par?bolas; pero esto no sucedi? con la tercera, la par?bola del trigo y la ciza?a, y Jes?s tuvo que explic?rsela a parte.

El sembrador, dijo, era ?l mismo; la buena semilla, los hijos del Reino; la ciza?a, los hijos del maligno; el campo, el mundo; y la siega, el fin del mundo.

Esta par?bola de Jes?s, en la antig?edad, fue objeto de una memorable disputa que es muy importante tener presente tambi?n hoy. Hab?a esp?ritus sect?reos, donatistas, que resolv?an la cuesti?n de manera simplista: por una parte, est? la Iglesia (?su iglesia!) constituida s?lo por personas perfectas; por otra, el mundo lleno de hijos del maligno, sin esperanza de salvaci?n. A estos se les opuso san Agust?n: el campo, explicaba, ciertamente es el mundo, pero tambi?n en la Iglesia; lugar en el que viven codo a codo santos y pecadores y en el que hay lugar para crecer y convertirse. "Los malos --dec?a-- est?n en el mundo o para convertirse o para que por medio de ellos los buenos ejerzan la paciencia".

Los esc?ndalos que de vez en cuando sacuden a la Iglesia, por tanto, nos deben entristecer, pero no sorprender. La Iglesia se compone de personas humanas, no s?lo de santos. Adem?s, hay ciza?a tambi?n dentro de cada uno de nosotros, no s?lo en el mundo y en la Iglesia, y esto deber?a quitarnos la propensi?n a se?alar con el dedo a los dem?s. Erasmo de Roterdam, respondi? a Lutero, quien le reprochaba su permanencia en la Iglesia cat?lica a pesar de su corrupci?n: "Soporto a esta Iglesia con la esperanza de que sea mejor, pues ella tambi?n est? obligada a soportarme en espera de que yo sea mejor".

Pero quiz? el tema principal de la par?bola no es el trigo ni la ciza?a, sino la paciencia de Dios. La liturgia lo subraya con la elecci?n de la primera lectura, que es un himno a la fuerza de Dios, que se manifiesta bajo la forma de paciencia e indulgencia. Dios no tiene simple paciencia, es decir, no espera al d?a del juicio para despu?s castigar m?s severamente. Se trata de magnanimidad, misericordia, voluntad de salvar.

La par?bola del trigo y de la ciza?a permite una reflexi?n de mayor alcance. Uno de los mayores motivos de malestar para los creyentes y de rechazo de Dios para los no creyentes ha sido siempre el "desorden" que hay en el mundo. El libro b?blico de Qoelet (Eclesiast?s), que tantas veces se hace portavoz de las razones de los que dudan y de los esc?pticos, escrib?a: "Todo le sucede igual al justo y al imp?o... Bajo el sol, en lugar del derecho, est? la iniquidad, y en lugar de la justicia la impiedad" (Qoelet 3, 16; 9,2). En todos los tiempos se ha visto que la iniquidad triunfa y que la inocencia queda humillada. "Pero --como dec?a el gran orador Bossuet-- para que no se crea que en el mundo hay algo fijo y seguro, en ocasiones se ve lo contrario, es decir, la inocencia en el trono y la iniquidad en el pat?bulo".

La respuesta a este esc?ndalo ya la hab?a encontrado el autor de Qoelet: "Dije en mi coraz?n: Dios juzgar? al justo y al imp?o, pues all? hay un tiempo para cada cosa y para toda obra" (Qoelet 3, 17). Es lo que Jes?s llama en la par?bola "el tiempo de la siega". Se trata, en otras palabras, de encontrar el punto de observaci?n adecuado ante la realidad, de ver las cosas a la luz de la eternidad.

Es lo que pasa con algunos cuadros modernos que, si se ven de cerca, parecen una mezcla de colores sin orden ni sentido, pero si se observan desde la distancia adecuada, se convierten en una imagen precisa y poderosa.

No se trata de quedar con los brazos cruzados ante el mal y la injusticia, sino de luchar con todos los medios l?citos para promover la justicia y reprimir la injusticia y la violencia. A este esfuerzo, que realizan todos los hombres de buena voluntad, la fe a?ade una ayuda y un apoyo de valor inestimable: la certeza de que la victoria final no ser? de la injusticia, ni de la prepotencia, sino de la inocencia.

Al hombre moderno le resulta dif?cil aceptar la idea de un juicio final de Dios sobre el mundo y la historia, pero de este modo se contradice, pues ?l mismo se rebela a la idea de que la injusticia tenga la ?ltima palabra. En muchos milenios de vida sobre la tierra, el hombre se ha acostumbrado a todo; se ha adaptado a todo clima, inmunizado a muchas enfermedades. Hay algo a lo que nunca se ha acostumbrado: a la injusticia. Sigue experiment?ndola como intolerable. Y a esta sed de justicia responder? el juicio. Ya no s?lo ser? querido por Dios, sino tambi?n por los hombres y, parad?jicamente, tambi?n por los imp?os. "En el d?a del juicio universal --dice el poeta Paul Claudel--, no s?lo bajar? del cielo el Juez, sino que se precipitar? a su alrededor toda la tierra".

?C?mo cambian las vicisitudes humanas cuando se ven desde este punto de vista, incluidas las que tienen lugar en el mundo de hoy! Tomemos el ejemplo que tanto nos humilla y entristece a nosotros, los italianos, el crimen organizado, la mafia, la ?ndrangheta, la camorra..., y que con otros nombres est? presente en muchos pa?ses. Recientemente el libro "Gomorra" de Roberto Saviano y la pel?cula que se ha hecho sobre ?l han documentado el nivel de odio y de desprecio alcanzado por los jefes de estas organizaciones, as? como el sentimiento de impotencia y casi de resignaci?n de la sociedad ante este fen?meno.

En el pasado, hemos visto personas de la mafia que han sido acusadas de cr?menes horrorosos defenderse con una sonrisa en los labios, poner en jaque a jueces y tribunales, re?rse ante la falta de pruebas. Como si, libr?ndose de los jueces humanos, habr?an resuelto todo. Si pudiera dirigirme a ellos, les dir?a: ?no os hag?is ilusiones, pobres desgraciados; no hab?is logrado nada! El verdadero juicio todav?a debe comenzar. Aunque acab?is vuestros d?as en libertad, temidos, honrados, e incluso con un espl?ndido funeral religioso, despu?s de haber dado grandes ofertas a obras p?as, no habr?is logrado nada. El verdadero Juez os espera detr?s de la puerta, y no se le puede enga?ar. Dios no se deja corromper.

Deber?a ser, por tanto, motivo de consuelo para las v?ctimas y de saludable susto para los violentos lo que dice Jes?s al concluir su explicaci?n sobre la par?bola de la ciza?a: "De la misma manera, pues, que se recoge la ciza?a y se la quema en el fuego, as? ser? al fin del mundo. El Hijo del hombre enviar? a sus ?ngeles, que recoger?n de su Reino todos los esc?ndalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojar?n en el horno de fuego; all? ser? el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillar?n como el sol en el Reino de su Padre".


Publicado por mario.web @ 10:29
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