Viernes, 22 de abril de 2011

Fuente: Conoze.com
Autor: Pablo Cabellos Llorente

Despu?s de mi art?culo anterior -??Es posible sin Dios??-, un amigo perspicaz me sugiri? ?ste, refiri?ndolo a la vida de las personas, de las familias, de la sociedad. Con sus costumbres, sus leyes, su trabajo, modas y modos de vida. Porque parece que se ha impuesto el axioma de que una democracia plural exige laicismo y relativismo, dos presupuestos que, a mi entender, cercenan lo m?s humano que poseemos: Dios, la verdad, el bien, la libertad. Es obvio que ninguna de esas realidades se puede imponer a la conciencia de nadie, pero a muchos nos hace da?o pensar que -como dec?a recientemente el Papa- ?en numerosas partes existe un extra?o olvido de Dios. Parece que todo marche igual sin ?l. Pero al mismo tiempo existe tambi?n un sentimiento de frustraci?n, de insatisfacci?n de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ?No es posible que la vida sea as?!?. Entonces, ?a qui?n estorba Dios?

No es comprensible en virtud de qu? se impone el laicismo con una actitud claramente fundamentalista, mientras que el creyente ha de desterrar su fe de todo ?mbito p?blico. El cristiano ni quiere ni puede imponer a Dios, pero no puede tolerar que sea obligatoria su ausencia de tantos lugares en los que desenvuelve su vida. ?Es imposible algo p?blico en lo que Dios no sea un extra?o, sencillamente porque el cristiano que est? all? lo haga presente en cualquier modo correcto? ?Por qu? el laicismo es inofensivo, incluso beneficioso seg?n algunos, mientras que resulta molesta la presencia de Dios? ?Se han planteado los propagandistas de ese laicismo que pueden molestar seriamente la conciencia de los creyentes? La respuesta a una sociedad plural, multicultural o multirreligiosa no es el destierro del Creador, sino la libertad y el respeto mutuos que no nacen ciertamente de una imposici?n de parte, que se cree neutral y no lo es. Pero aunque lo fuera, hay muchos para los que esa neutralidad es el terrible vac?o de Dios.

?Una aut?ntica democracia -se lee en Centesimus annus- es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepci?n de la persona humana?. Esto no s?lamente no es imposible con Dios, sino que es su m?s v?lido garante. Son el agnosticismo y el relativismo los que no facilitan esa garant?a, porque ?si no existe una verdad ?ltima -dice tambi?n la citada enc?clica?, la cual gu?a y orienta la acci?n pol?tica, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas f?cilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia?. Por tanto, esa democracia y esos valores no son imposibles con Dios, sino todo lo contrario. Es m?s, ?cuando desaparece la premisa de la existencia de Dios, se corre el riesgo de que el hombre mismo se intente hacer Dios, y eso suele ser muy malo para los propios hombres?, ha declarado recientemente Robert Spaemann.

Ahondando m?s en la cuesti?n, Juan Pablo II escribe en Veritatis Splendor que la pol?tica puede absorber hasta la misma inquietud religiosa del coraz?n humano; y achaca a la alianza de la democracia con el relativismo ?tico el despoje de la convivencia civil de cualquier punto de referencia moral. Y esto por quitarle radicalmente la posibilidad de reconocimiento de la verdad. La sola referencia a una verdad absoluta -incluso la simple enunciaci?n de la palabra verdad- pone bajo sospecha a quien la busca o dice poseerla. Yo pienso honestamente que la sospecha habr?a de recaer en quien, falto de convicciones serias, se deja llevar f?cilmente por vaivenes oportunistas, popularismos, af?n de poder o imposici?n de su d?bil ideolog?a. Con el relativismo -afirma Evangelium Vitae-, ?el derecho deja de ser tal porque no est? fundamentado s?lidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad del m?s fuerte?.

En la primera enc?clica de Juan Pablo II (Redemptor hominis) se recordaba que la religi?n es un fen?meno universal, unido desde el principio a la historia del hombre, siendo la m?s profunda aspiraci?n del coraz?n humano. Cabr?a recordar, una vez m?s, la conocid?sima frase agustiniana: ?nos hiciste, Se?or, para Ti, y nuestro coraz?n est? inquieto hasta que descanse en Ti?. Nada es imposible con Dios, ni siquiera ser agn?stico o relativista porque Dios respeta delicad?simamente nuestra libertad. No es imposible ni siquiera vivir como si no existiera. Pero es muy triste que su ausencia quiera ser impuesta. Puede uno conformarse con verdades parciales o provisionales que perder?n algo important?simo: lo que Fides et Ratio llama la cuesti?n del sentido, puesta hoy en crisis hasta tal punto que o se le resta importancia a tan capital tema o se pierde en una pluralidad de teor?as que agudizan la duda para conducirla al escepticismo, la indiferencia o el nihilismo. Y es que hay que encarar la muerte. ?Y despu?s qu?? Pero tambi?n: ?Y antes qu?? Tal vez se pueda responder que usar de la raz?n y de la libertad, pero habr?a que tener en cuenta que ?la libertad no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente aut?nomo, sino orientarse seg?n la medida de la verdad y del bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos, verdaderos y buenos? (Benedicto XVI).

Si acudimos de nuevo a San Agust?n, nos encontramos con que Dios es intimius intimo meo, m?s ?ntimo que mi propia intimidad. Y si nos vamos al Salmo 139, leeremos: ?Ad?nde alejarme de tu esp?ritu?/?Ad?nde huir de tu presencia?/Si subo al Cielo, all? est?s T?;/si bajo al seol, all? te encuentras./Si monto en las alas de la aurora/y habito en los confines del mar,/tambi?n all? me guiar? tu mano,/me sujetar? tu diestra.

Se ve que ya no se trata de si es posible sin Dios o si es imposible con Dios. Es, felizmente, inevitable.


Publicado por mario.web @ 10:30
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