S?bado, 23 de abril de 2011

Fuente: Consejo Pontificio para los Laicos
Autor: Prof. Guzm?n Carriquiry

Intentar? una introducci?n esquem?tica sobre las cuestiones cruciales del laicado en nuestro tiempo, con la esperanza que sea sugestiva, estimulante, provocativa, capaz de suscitar nuevas reflexiones sobre un tema con vastas y m?ltiples repercusiones.

Una premisa y diez puntos.

La premisa es que debemos ser conscientes que somos protagonistas de una gran corriente hist?rica contempor?nea que fuera llamada de ?promoci?n del laicado?, que hunde sus ra?ces hist?ricas en la segunda mitad del siglo XIX y que se desarrolla como una de las caracter?sticas que marcar? el siglo XX eclesial. Desde el punto de vista cr?tico, esta corriente implica la superaci?n de las huellas clericalistas presentes en el rostro y la praxis de la Iglesia en la ?poca tridentina tard?a, causadas por la reacci?n resistente y defensiva ante el asedio de la modernidad secularizada bajo el impulso de las dos instancias cr?ticas de la Reforma protestante y de la Ilustraci?n. Desde el punto de vista proposicional, esta corriente manifiesta y suscita una renovada autoconciencia de la vocaci?n, dignidad, identidad de los fieles laicos, de su pertenencia, corresponsabilidad, participaci?n en la comuni?n eclesial, de su responsabilidad y contribuci?n singular a la misi?n.

En este marco, enunciar? s?lo 10 hip?tesis de juicio sobre cuestiones cruciales que se presentan al inicio del siglo XXI (con la advertencia que ?stas se implican y se entrelazan unas con otras).

Primera hip?tesis. Los bautizados en la Iglesia cat?lica son m?s de mil millones. El 98% de los bautizados son laicos, pero de ?stos s?lo una media aproximada entre el 5 y el 10% participa en lo que se considera un ?ndice necesario pero no suficiente de la praxis cristiana: el precepto dominical. Para muchos el bautismo ha quedado sepultado bajo una capa de indiferencia y olvido en medio de una inaudita descristianizaci?n. Y de ese 10% hay un alto porcentaje que vive la propia confesi?n cristiana en modo fragmentario y epis?dico, seleccionando las verdades de la doctrina y la moral de la Iglesia que desean seguir, con poca repercusi?n en la propia existencia. Alguien dijo que el laicado es como un gigante dormido, un enorme potencial sin explotar. La primera hip?tesis de juicio, es decir, la primera cuesti?n crucial es c?mo viene acogido el don de la fe, c?mo uno lo abraza, c?mo lo vive y lo piensa, c?mo lo celebra, c?mo lo comunica. La primera cuesti?n crucial es la fe de los cristianos ??es el acontecimiento de Cristo en la vida de la persona! - y no las circunstancias ni las tareas que deben enfrentar.

La segunda hip?tesis de juicio. Siempre necesitamos ? y hoy m?s que nunca ? de una vasta y perseverante misi?n capilar de evangelizaci?n, de catequesis, de educaci?n en la fe, de formaci?n cristiana de los bautizados, de iniciaci?n a la madurez cristiana. Esta tarea requiere:
- Incorporar al bautizado en la corriente de la tradici?n cat?lica (corriente de gracia y santidad, de doctrina y caridad, de cultura cristiana y de obras).
- Dar ?forma? a la vida en todas sus dimensiones, yendo m?s all? del tranquilo divorcio entre fe y vida, entre fe y cultura.
- Suscitar una sensibilidad y una mentalidad cat?licas que generen un h?bito de mirar toda la realidad y de juzgarlo todo a la luz de la fe.

Tercera hip?tesis de juicio. Dir?a que una cuesti?n crucial que a?n se plantea es la que llamar?a la ?acogida de las ense?anzas del Concilio Vaticano II?, o tambi?n, la conciencia y la profundizaci?n de la identidad de los fieles laicos. Sabemos que el Vaticano II ha sido un gran acontecimiento del Esp?ritu que se encuentra en la base de la autoconciencia y autorrealizaci?n de la Iglesia en el mundo contempor?neo. Esta conciencia renovada de la identidad de los laicos resplandece especialmente en el eje de las ense?anzas entre la Lumen gentium y la Gaudium et spes, con un complemento que es la Apostolicam actuositatem. Posteriromente, en el camino sinodal que retom? y desarroll? estas ense?anzas, hemos recibido el don de la Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Christifideles laici. Pues bien, muchos laicos se han quedado como destinatarios y clientes pasivos de servicios religiosos alimentando la imagen de una Iglesia que se identifica con los sacerdotes. Otros viven el post-Concilio como si la Iglesia fuese el escenario de tres corporaciones (clero, religiosos y laicos) en tensi?n y lucha por la distribuci?n de poderes, derechos y funciones. Tambi?n hemos sufrido una primera fase post-conciliar de crisis, de prueba, de secularizaci?n de cl?rigos seguida despu?s por una cierta clericalizaci?n de los laicos. Parece, entonces, importante reafirmar y difundir lo que significa de verdad ser ?christifideles laicos?. El sustantivo es ?christifideles? (es decir, lo que es m?s radical, originario, anterior e interior de todo estado de vida: lo com?n es la gracia de filiaci?n, es com?n la vocaci?n a la santidad, ?nica e indivisa es la fe, la esperanza y la caridad). ?Laicos? indica la modalidad, aunque con un profundo sentido teol?gico y sociol?gico, en el que se realiza la novedad cristiana derivada del bautismo. Hay que mantener con claridad la diferencia entre sacerdocio com?n y sacerdocio ministerial, entre estado de vida secular y estado de vida religioso; hay que mantener la peculiaridad de cada ministerio y estado de vida en la circularidad complementaria de la comuni?n eclesial.

Cuarta hip?tesis de juicio: una cuesti?n crucial es la vocaci?n a la santidad de todos los cristianos y, por ende, tambi?n de los fieles laicos. ?sta es la fuente de la conversi?n, renovaci?n, crecimiento y apostolado. La vida cristiana est? hecha de santidad. Juan Pablo II ha hablado mucho en sus catequesis sobre la santidad (?no teng?is miedo de ser santos?), y ha propuesto a muchos testigos de santidad como modelos paradigm?ticos, edificantes, ejemplos de realizaci?n humana, de perfecci?n en la caridad. Se trata de una llamada apremiante para redescubrir la nueva criatura que somos desde el momento del bautismo y crecer hacia la estatura para la cual hemos sido creados, regenerados y destinados, hasta llegar a exclamar como el ap?stol: ?no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en m?. Hoy tenemos necesidad de santos esposos, padres santos, pol?ticos santos, empresarios y sindicalistas santos, cient?ficos y artistas santos...

Quinta hip?tesis de juicio: una cuesti?n crucial es poner como fundamento de la vida cristiana, de la vida de los laicos, el primado de la gracia. Quiz?s hemos confiado demasiado en nuestros m?todos, t?cnicas, planes, proyectos... El cristianismo no es un sentimiento, ni una ideolog?a religiosa, ni un macro-proyecto, ni una utop?a; menos a?n un ?sue?o?. El cristianismo es el acontecimiento de un don, del don de una Presencia, del don del encuentro de Jesucristo, que es don de salvaci?n. Sin ?ste, no podemos hacer nada. La verdadera actitud humana y cristiana es pedir que se manifieste en nuestra vida. Somos pobres pecadores suplicantes, mendigos de la gracia para reconocer en nuestra vida el Misterio de Dios y poder adherirnos con un pronto, obediente ?fiat?, como el de Mar?a. Por ello, es fundamental la oraci?n, la participaci?n en la oraci?n de la Iglesia, es decir, en la liturgia y en los sacramentos (fuente y culmen de la vida cristiana), que se prolonga en el arte y en la disciplina de la oraci?n personal y familiar, en la adhesi?n a los dones del Esp?ritu. Es necesario invocar que se renueve el encuentro con Jesucristo en las circunstancias concretas de la vida, experimentando con estupor la misma realidad, la misma novedad, el mismo poder de persuasi?n y de afecto que este encuentro suscit? en los primeros disc?pulos del Se?or. Siempre como un nuevo inicio.

Sexta hip?tesis. Una cuesti?n crucial es que los fieles laicos redescubran y vivan la pertenencia a la Iglesia como misterio, en toda su profundidad y densidad, en toda su verdad y belleza. Pablo VI tuvo que cargar una pesada cruz: ?C?mo era posible que el Concilio con su profunda y bell?sima eclesiolog?a, fuese actuado en medio de fuertes corrientes de desafecci?n, contestaci?n, manipulaci?n, reduccionismos y abandono de la Iglesia por parte de no pocos de sus hijos? La Iglesia no es una instituci?n religiosa entre otras. No es s?lo una conciencia moral de la humanidad. Menos a?n se trata de una grande organizaci?n no gubernamental de humanismo filantr?pico. No se define nunca por sus ?xitos pol?ticos o culturales. Ella es un gran misterio, sacramento de la Presencia de Dios, cuerpo del Verbo encarnado, que prolonga esta Presencia en el tiempo y en el espacio para ser contempor?nea a todo hombre a trav?s del pueblo cristiano. Es necesario por ello, educar a los cristianos a una gozosa gratitud y a una viva responsabilidad que surja del sentido de pertenencia a la Iglesia. Es necesario educar a vivir la dimensiones inescindibles, humana y divina, de la naturaleza de la Iglesia, con todos los factores que la constituyen (Palabra y Sacramentos, Sucesi?n apost?lica y jer?rquica, sacerdocio ministerial y sacerdocio com?n, comunidad y carismas...). Es necesario educar a los fieles en el sentido vertical y horizontal del misterio de comuni?n, como milagro de unidad que atrae a todos y derriba los muros de la indiferencia entre los hombres, de la manipulaci?n, de la explotaci?n y opresi?n, formas mundanas y pecaminosas de las relaciones humanas.

S?ptima cuesti?n crucial para los fieles laicos: vivir toda la vida como una vocaci?n, es decir, vivir la vocaci?n cristiana en las circunstancias ordinarias de la vida familiar, laboral y social. Se trata de la dimensi?n secular de los laicos. Esto significa ante todo, experimentar en la propia vida, y dar testimonio, que Jesucristo es la respuesta sobreabundante y exhaustiva a los interrogantes y a los anhelos sobre el sentido de la vida, sobre el significado de toda la realidad; Jesucristo es la respuesta a los deseos de realizaci?n humana, de felicidad, de belleza, de paz, de justicia que emergen de la naturaleza humana, del ?coraz?n? de los hombres, deseos que no admiten confines y que no pueden quedar frustrados. ?S?lo ?l! A los laicos les toca mostrar con la propia vida el rostro de los redimidos, la potencia y la fecundidad de la caridad, la buena noticia de la dignidad de la persona, el verdadero sentido de la raz?n y de la libertad, una sorprendente novedad de vida en todos los ambientes y en todas las circunstancias. Esto es contrario a toda caricatura de ?fuga mundis? o a toda forma de clericalizaci?n (es decir, de repliegue eclesi?stico y anonimato mundano).

Octava hip?tesis de juicio: hay cinco ?mbitos o tareas fundamentales para el testimonio cristiano de los laicos y para la construcci?n de nuevas formas de vida m?s humanas en las cuales se entreven los signos del Reino de Dios ya presente y operante:
- La familia, fundada sobre el sacramento del matrimonio entre hombre y mujer, comunidad de amor y vida, c?lula basilar del tejido humano y social, escuela de humanidad e iglesia dom?stica, hoy m?s que nunca agredida en su naturaleza misma, en su unidad, en su finalidad.
- El trabajo, como co-creaci?n, signo y crecimiento de dignidad, ?mbito de solidaridad y santificaci?n.
- La pol?tica, como formaci?n y apoyo a nuevas, competentes, valientes y coherentes generaciones y militantes cristianos de la pol?tica, en un tiempo en que, por una parte, el laicismo agresivo de la cultura dominada por el relativismo pol?tico y moral pretende confinar a la Iglesia a la dimensi?n privada (y ni siquiera a ?sta, basta ver la manipulaci?n en el ?mbito del matrimonio y la procreaci?n) reformulando su presencia y su mensaje seg?n el designio del poder; y por otra parte, en un tiempo en el que se han desintegrado las tradicionales formas hist?ricas y culturales del compromiso pol?tico de los cristianos.
- La educaci?n, porque todo inicia, encuentra su fuerza y depende de la conciencia del ?yo? de la persona, de su libertad y responsabilidad, de su crecimiento integral, puesto delante a una verificaci?n de la tradici?n como hip?tesis educativa.
- La cultura, como llamada a la presencia cristiana en los nuevos aer?pagos del ?mbito universitario, de la investigaci?n cient?fica, de las innovaciones tecnol?gicas, del discernimiento de las corrientes ideol?gicas post-modernas, de las creaciones art?sticas y del cada vez m?s importante campo de las comunicaciones de masas.

Noveno desaf?o crucial es la superaci?n de la di?spora de los cristianos en la sociedad, superaci?n de su asimilaci?n mundana, del anonimato, de la fractura entre fe privada y compromiso p?blico, a trav?s de una labor de formaci?n en la fe y en la doctrina social de la Iglesia, de convergencia de ideales, de tensi?n hacia la unidad para saber afrontar las grandes cuestiones del momento actual que estamos viviendo. La Doctrina Social de la Iglesia propone tres principios ideales, hoy d?a actual?simos: dignidad de la persona (jam?s reducible a una part?cula de la naturaleza o a un elemento an?nimo de la ciudad humana), subsidiariedad (como compromiso de la propia libertad, participaci?n asociativa y democr?tica desde las bases, superando una confianza excesiva en la leve del Estado y en la mano invisible del mercado) y la solidaridad, expresi?n de la caridad, especialmente con los m?s pobres, los que sufren, los exclu?dos, los oprimidos; solidaridad vivida como buenos samaritanos y como constructores de formas de vida m?s dignas, m?s justas, m?s pac?ficas, derribando muros de inicua indiferencia, violencia, egoismo y desigualdad. Hay como un ?programa? para este compromiso cristiano y para esta convergencia ideal: la defensa de la vida como don, desde la concepci?n hasta la muerte natural; la salvaguarda del sentido y misi?n del matrimonio y de la familia; la libertad de educaci?n y todo lo que ello implica; la defensa de la ?libertas ecclesiae? que es fuente y garant?a de cualquier otra libertad; la promoci?n de los derechos naturales de la persona y de las naciones; la creaci?n de un tejido de obras de caridad, de educaci?n, de salud, de trabajo, de asistencia y solidaridad que sean como piezas de una sociedad que cambia y mejora; la construcci?n de la paz desde lo ?micro? hasta lo ?macro? con el realismo y la profec?a de aquellos que son conscientes de todos los factores de la realidad; la lucha por la libertad y formas pol?ticas democr?ticas en la vida de las naciones; el desarraigo de toda forma de ideolog?a, violencia y terrorismo; la cooperaci?n con los pa?ses y las poblaciones m?s pobres y la b?squeda de modalidades para superar las grandes desigualdades entre el Norte y el Sur del mundo; la solidaridad efectiva con los m?s pobres y abandonados; la b?squeda de un orden internacional nuevo, m?s justo, m?s equilibrado y pac?fico, hacia una concepci?n y experiencia del mundo como familia humana. Todo esto con la certeza que Cristo es la piedra angular de toda construcci?n verdaderamente humana, con la disponibilidad a colaborar con los otros hermanos cristianos, creyentes de otras religiones y hombres de buena voluntad seg?n este ?programa?. Hoy m?s que nunca la Iglesia y los cristianos son ? y deben serlo siempre m?s, a pesar de tantos l?mites y obst?culos ? custodios de la vida, custodios de la raz?n y la libertad, custodios de una ecolog?a humana de convivencia, custodios de los grandes ideales de la paz y de la justicia, custodios de la esperanza.

El d?cimo desaf?o crucial es el de saber edificar, proponer y hacer que los fieles laicos encuentren comunidades cristianas que los ayuden a vivir su vocaci?n, a educarlos en la fe, a crecer en santidad, a ser protagonistas de la misi?n y dar testimonio de servicio en el mundo. Es decir: los fieles tienen necesidad de ser atra?dos e incorporados, abrazados y sostenidos, acompa?ados y alimentados por comunidades cristianas que sean para ellos ?mbitos de vida nueva, signo y reflejo del misterio de comuni?n, m?todo y camino educativos, por el encuentro y seguimiento de Cristo en la compa??a de sus disc?pulos. No basta la asistencia peri?dica a ritos religiosos ni referencias abstractas a la Iglesia. Es necesario, m?s que nunca, ambientes comunitarios, eclesiales, en los cuales se pueda vivir la vocaci?n de manera razonable, persuasiva, atractiva, exigente hasta la radicalidad, misericordiosa y compasiva, llena de fidelidad y esperanza. Estas pueden ser comunidades parroquiales, nuevas comunidades, movimientos, comunidades de consagrados u otras formas de hermandad y acompa?amiento cristiano; en todo caso, comunidades en camino, modalidades de compa??a guiada hacia el destino, ?mbitos reconfortantes y edificantes por la fidelidad a la Iglesia y a su tradici?n, sost?n de un gran amor.


Publicado por mario.web @ 13:00
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