S?bado, 23 de abril de 2011

Fuente: Vatican.va
Autor: Benedicto XVI

Publicamos el discurso que dirigi? el 17 de noviembre de 2007 Benedicto XVI a los participantes en la conferencia internacional de Consejo Pontificio para los la Pastoral de la salud sobre el tema: ?La pastoral en el cuidado de los enfermos ancianos?.

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Se?or cardenal;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
ilustres se?ores y se?oras;
queridos hermanos y hermanas:

Me alegra encontrarme con vosotros, con ocasi?n de esta Conferencia internacional organizada por el Consejo pontificio para los agentes sanitarios. Dirijo a cada uno mi cordial saludo; en primer lugar, al se?or cardenal Javier Lozano Barrag?n, con sentimientos de gratitud por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo, asimismo, al secretario y a los dem?s componentes del Consejo pontificio, a las autorizadas personalidades presentes y a cuantos han participado en este encuentro para reflexionar juntos sobre el tema del cuidado pastoral de los enfermos ancianos. Se trata de un aspecto hoy central de la pastoral de la salud que, debido al aumento de la edad media, afecta a una poblaci?n cada vez m?s numerosa, que tiene muchas necesidades pero, al mismo tiempo, cuenta con indudables recursos humanos y espirituales.

Aunque es verdad que la vida humana en cada una de sus fases es digna del m?ximo respeto, en ciertos aspectos lo es m?s a?n cuando est? marcada por la ancianidad y la enfermedad. La ancianidad constituye la ?ltima etapa de nuestra peregrinaci?n terrena, que tiene distintas fases, cada una con sus luces y sombras. Podr?amos preguntarnos: ?tiene a?n sentido la existencia de un ser humano que se encuentra en condiciones muy precarias, por ser anciano y estar enfermo? ?Por qu? seguir defendiendo la vida cuando el desaf?o de la enfermedad se vuelve dram?tico, sin aceptar m?s bien la eutanasia como una liberaci?n? ?Es posible vivir la enfermedad como una experiencia humana que se ha de asumir con paciencia y valent?a?

Con estas preguntas debe confrontarse quien est? llamado a acompa?ar a los ancianos enfermos, especialmente cuando parece que no tienen ninguna posibilidad de curaci?n. La actual mentalidad eficientista a menudo tiende a marginar a estos hermanos y hermanas nuestros que sufren, como si s?lo fueran una "carga" y un "problema" para la sociedad. Al contrario, quien tiene el sentido de la dignidad humana sabe que se les ha de respetar y sostener mientras afrontan serias dificultades relacionadas con su estado. M?s a?n, es justo que se recurra tambi?n, cuando sea necesario, a la utilizaci?n de cuidados paliativos que, aunque no pueden curar, permiten aliviar los dolores que derivan de la enfermedad.

Sin embargo, junto a los cuidados cl?nicos indispensables, es preciso mostrar siempre una capacidad concreta de amar, porque los enfermos necesitan comprensi?n, consuelo, aliento y acompa?amiento constante. En particular, hay que ayudar a los ancianos a recorrer de modo consciente y humano el ?ltimo tramo de la existencia terrena, para prepararse serenamente a la muerte, que ?como sabemos los cristianos? es tr?nsito hacia el abrazo del Padre celestial, lleno de ternura y de misericordia.

Quisiera a?adir que esta necesaria solicitud pastoral hacia los ancianos enfermos no puede menos de implicar a las familias. En general, conviene hacer todo lo posible para que las familias mismas los acojan y se hagan cargo de ellos con afecto y gratitud, de modo que los ancianos enfermos puedan pasar el ?ltimo per?odo de su vida en su casa y prepararse para la muerte en un clima de calor familiar.

Aunque fuera necesario internarlos en centros sanitarios, es importante que no se pierda el v?nculo del paciente con sus seres queridos y con su propio ambiente. Conviene que en los momentos m?s dif?ciles el enfermo, sostenido por el cuidado pastoral, se sienta animado a encontrar la fuerza de afrontar su dura prueba en la oraci?n y en el consuelo de los sacramentos. Que se sienta rodeado por sus hermanos en la fe, dispuestos a escucharlo y compartir sus sentimientos. En verdad, este es el verdadero objetivo del cuidado "pastoral" de las personas ancianas, especialmente cuando est?n enfermas, y m?s a?n si est?n gravemente enfermas.

En diversas ocasiones mi venerado predecesor Juan Pablo II, que especialmente durante su enfermedad dio un testimonio ejemplar de fe y de valent?a, exhort? a los cient?ficos y a los m?dicos a comprometerse en la investigaci?n para prevenir y curar las enfermedades vinculadas al envejecimiento, sin caer jam?s en la tentaci?n de recurrir a pr?cticas de abreviaci?n de la vida anciana y enferma, pr?cticas que de hecho ser?an formas de eutanasia.

Los cient?ficos, los investigadores, los m?dicos y los enfermeros, as? como los pol?ticos, los administradores y los agentes pastorales no deber?an olvidar nunca que "la tentaci?n de la eutanasia (...) es uno de los s?ntomas m?s alarmantes de la cultura de la muerte, que avanza sobre todo en las sociedades del bienestar" (?Evangelium vitae", 64). La vida del hombre es don de Dios, que todos est?n llamados a custodiar siempre. Este deber tambi?n corresponde a los agentes sanitarios, que tienen la misi?n espec?fica de ser "ministros de la vida" en todas sus fases, particularmente en las marcadas por la fragilidad propia de la enfermedad. Hace falta un compromiso general para que se respete la vida humana no s?lo en los hospitales cat?licos, sino tambi?n en todos los centros sanitarios.

Para los cristianos es la fe en Cristo la que ilumina la enfermedad y la condici?n de la persona anciana, al igual que cualquier otro acontecimiento y fase de la existencia. Jes?s, al morir en la cruz, dio al sufrimiento humano un valor y un significado trascendentes. Ante el sufrimiento y la enfermedad los creyentes est?n invitados a no perder la serenidad, porque nada, ni siquiera la muerte, puede separarnos del amor de Cristo. En ?l y con ?l es posible afrontar y superar cualquier prueba f?sica y espiritual y, precisamente en el momento de mayor debilidad, experimentar los frutos de la Redenci?n. El Se?or resucitado se manifiesta, en quienes creen en ?l, como el viviente que transforma la existencia, dando sentido salv?fico tambi?n a la enfermedad y a la muerte.

Queridos hermanos y hermanas, a la vez que invoco sobre cada uno de vosotros y sobre vuestro trabajo diario la protecci?n materna de Mar?a, ?Salus infirmorum?, y de los santos que han dedicado su vida al servicio de los enfermos, os exhorto a esforzaros siempre por difundir el "evangelio de la vida". Con estos sentimientos, os imparto de coraz?n la bendici?n apost?lica, extendi?ndola de buen grado a vuestros seres queridos, a vuestros colaboradores y, en particular, a las personas ancianas enfermas.

Traducci?n distribuida por la Santa Sede


Publicado por mario.web @ 14:14
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