Domingo, 24 de abril de 2011
Art?culo de Inmaculada Franco Condel en el que habla de la importancia de los medios en el conjunto social, los valores, los contravalores, el periodismo y la fe.
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Medios de comunicaciones: los valores en juego
Medios de comunicaciones: los valores en juego
Inmaculada Franco Condel
Periodista. Licenciada en Ciencias de la Informaci?n,
Universidad Complutense de Madrid.



A modo de presentaci?n

Se me ha pedido hacer una "lectura creyente" de los medios de comunicaci?n, es decir -traduzco yo-, de ver c?mo ese rinc?n de la realidad, al igual que otros, es lugar donde el creyente descubre la presencia de Dios en la historia humana; y es tambi?n un espacio que nos exige algo, que pide nuestra intervenci?n, tanto si somos profesionales como si somos simplemente ciudadanos, espectadores-consumidores de informaci?n y entretenimiento.

Porque en esos medios, se juegan muchos de los valores que una sociedad establece como fundamento de convivencia. Por eso la prensa, la radio y la TV, su buen o mal funcionamiento, no pueden dejarnos indiferentes. Y en eso, los cristianos tenemos tambi?n una palabra que decir. Y muchas cosas que hacer.

Yo m?s que nadie, puesto que es mi medio de trabajo: llevo m?s de 20 a?os trabajando en radio y televisi?n, siempre en los Servicios Informativos y siempre en un medio p?blico: Radio Nacional, primero, y TVE . (?).

All? he hecho todo lo que se puede hacer en un Telediario (?).

He sido redactora y editora, es decir, he elaborado noticias y tambi?n he tenido que decidir qu? informaci?n se hac?a y cu?l no ten?a cabida, quien hac?a qu? y en qu? orden de emisi?n. Y he pasado muchas horas revisando, contrastando y corrigiendo... y discutiendo. (?)

He tenido que memorizar noticias y a improvisar presentaciones.
He le?do ante las c?maras muchas "entradillas" escritas por m? o por otros y he tenido que hablar sin papeles y de memoria, mientras recib?amos las im?genes de la liberaci?n de Ortega Lara, por ejemplo.

He hecho "mesa" y "calle", directos y grabados, y hasta he probado brevemente el trabajo agotador de una corresponsal?a.

No cre?is que es un curr?culum importante. Es s?lo tiempo de trabajo bien aprovechado, creo. Suficiente para saber casi todos los trucos y problemas que suceden en la elaboraci?n de un informativo. Y suficiente para haber confirmado ampliamente que esta es una profesi?n preciosa, que no me equivoqu? al elegirla, y que me permite disfrutar cada d?a de mi trabajo, a pesar de los sinsabores que acarrea.

Importancia de los medios en el conjunto social

Suficiente tambi?n para confirmar la importancia de los medios en el conjunto social. Porque he visto -y sigo viendo- desde dentro c?mo la lucha pol?tica y el combate por la preponderancia social de los grupos multimedia atraviesa nuestros lugares de trabajo y condiciona fuertemente toda la organizaci?n de la redacci?n y, en consecuencia, la labor period?stica.

S? por experiencia que los periodistas colaboramos eficazmente a la difusi?n de ideas y conceptos desde la labor informativa tanto como a la malformaci?n del lenguaje. Las ideas de los grupos con m?s poder se abren paso con facilidad en redacciones donde la experiencia no es un grado sino un impedimento, donde la precariedad laboral, unida a la arbitrariedad de las jefaturas, que pueden cambiarte la vida con un cambio radical de puesto, retribuci?n u horario, limita a casi cero la capacidad de protesta.

Los periodistas vivimos, en fin, atrapados en una contradicci?n: tenemos conciencia de nuestra importancia social, de la altura de nuestra tarea, pero en nuestro trabajo cotidiano somos unos meros "curritos", parte de una cadena de producci?n de noticias que se mueve r?pido, que exige una producto determinado a cada eslab?n en tiempo r?cord y ofrece pocos espacios para la reflexi?n o la autocr?tica.

La grandeza de nuestra profesi?n queda de manifiesto dram?ticamente en ocasiones como el reciente asesinato de Julio en Afganist?n; pero su miseria la sufrimos cotidianamente. ?Con qu? quedarse? ?Somos h?roes o villanos? Somos ambas cosas. Lo que revela precisamente que esta es una profesi?n en la que cada d?a uno debe enfrentarse a grandes desaf?os: el ejercicio de la responsabilidad, el servicio a la verdad, la pr?ctica a veces conflictiva de la libertad.

Y en ese aspecto, estos a?os de trabajo me han hecho descubrir otra cosa:

S? que el medio de comunicaci?n cuya influencia social es mayor, es tambi?n aquel en que es m?s dif?cil ejercer la cr?tica y la autocr?tica sobre nuestro propio trabajo. Todas las redacciones se organizan de forma jer?rquica y en todos la noticia que el periodista elabora pasa una serie de controles, de contenido y forma, antes de emitirse.

Pero en TV, esas funciones de control, a?adidas a la propia complejidad t?cnica del medio, hacen dif?cil el plantear una objeci?n, el debatir el criterio del editor o del jefe de ?rea en el momento, porque la premura del tiempo y la rapidez de las decisiones no permite m?s. Es decir, tenemos los mismos condicionamientos que cualquier trabajador de una cadena de montaje, que no puede pararse. S?lo que nosotros manejamos material sensible, no ladrillos sino noticias, es decir, hechos, gentes, ideas, valores, sentimientos.

Cabr?a esperar que se supliera esa deficiencia con espacios de revisi?n del trabajo, al d?a siguiente, por ejemplo, en las reuniones de las primeras horas; eso raramente se hace, en mi experiencia. Esas reuniones no incluyen a todo el mundo y se agotan en anunciar previsiones, distribuir tareas, escuchar a los jefes (...). De modo que el ejercicio cr?tico y autocr?tico del propio trabajo casi no existe oficialmente; queda reducido al momento de toma de caf?, al comentario entre compa?eros. En una profesi?n sometida a tensi?n permanente, a novedades informativas ante las que hay que reaccionar con rapidez, esos espacios deber?an ser obligatorios, al igual que otros de formaci?n cont?nua o de puesta al d?a.

Pero no lo son. Y la escasez o ausencia de autocr?tica, a?adida a las tensiones de que habl? antes, las derivadas de la presi?n pol?tica que atraviesa los medios, vuelven complicado el ejercicio de la responsabilidad personal.

(?) Yo, en general, me considero una afortunada. Las peque?as y grandes miserias de la profesi?n no me nublan lo suficiente como para desear cambiar de trabajo. Pero mi suerte no hace que me olvide de que el mundo de los medios hoy no s?lo merece muchas cr?ticas sino que est? en un momento cr?tico. ?Por qu?? Por los cambios tecnol?gicos, por un lado. Pero eso lo dejar? a otros expertos. Y porque se denuncia en ?l la ausencia de valores importantes. Tanto en las ideas que difunde como en la pr?ctica profesional con que lo hace.

Valores y contravalores

Hace poco le?a un estudio en el que se afirmaba la contradicci?n entre los valores que se trata de trasmitir en la Universidad oficialmente, a saber: solidaridad, esfuerzo, autorrealizaci?n, raciocinio, valoraci?n del trabajo, tolerancia, soluci?n pac?fica de conflictos... y los que se difunden a trav?s de los medios de comunicaci?n: individualismo, consumismo, identificar la realizaci?n personal con el ?xito y el dinero, competitividad, exaltaci?n de la violencia como espect?culo, cultura de la pereza...

Creo que esa difusi?n de contra-valores se hace m?s a trav?s de la programaci?n general, especialmente pel?culas y los programas de entretenimiento, que a trav?s de los informativos; aunque nos corresponda una responsabilidad, creo que, en ese cap?tulo, los informativos han hecho y siguen haciendo una aportaci?n positiva: han popularizado temas como la lucha contra los malos tratos, la protecci?n de la infancia, la importancia de las ONG, la cooperaci?n al desarrollo, y un largo etc. que incluye numerosos apartados de defensa de los derechos humanos, de protecci?n del medio ambiente y de desarrollo de iniciativas sociales.

Es en la propia manera de trabajar, en la pr?ctica profesional, donde se aplican criterios que me parecen m?s criticables. Yo critico especialmente:

El seguimiento de las modas informativas: hay temas que se ponen de moda y luego desaparecen con la misma rapidez.
El amarillismo: sacrificar el fondo a lo atractivo visualmente.
El poco respeto por el derecho a la propia imagen.

La diferente sensibilidad con lo nuestro que con lo ajeno: cuando es un pol?tico espa?ol y europeo tenemos mucho cuidado con los calificativos. Cuando es alguien de fuera se nos va m?s f?cilmente la mano. Si se trata de un ni?o espa?ol, no se le muestra la cara; claro que si se trata de un pobre africano muerto de hambre, qu? importa.

La preponderancia de la informaci?n pol?tica, deportiva y del famoseo, frente a la escasez de informaciones sociales de gran calado y al raquitismo de la informaci?n cultural, limitada algunas manifestaciones de obligado cumplimiento, muchas de las cuales coinciden con el lanzamiento de discos o la presentaci?n de los productos estrellas del consumo cultural.

En ese contexto, tampoco existe la informaci?n religiosa, excepto cuando se habla del Papa, o se trata de algo escabroso.

Los hechos o informaciones de ra?z religiosa no son considerados socialmente significativos.

Periodismo y fe

Mi profesi?n, con todos sus peros, es un lugar importante socialmente, que permite un trabajo creativo y que pone a prueba cotidianamente el ejercicio de la responsabilidad, el servicio a la verdad. Es, por tanto, un lugar apasionante para un creyente. Porque es un observatorio privilegiado sobre el mundo, sobre nuestra sociedad, donde ver las grandezas y las miserias de la condici?n humana, del hombre.

El hombre, que engrandecido por la encarnaci?n de Dios, no tiene otro camino, otra salvaci?n, que la de realizarse a s? mismo en el servicio al otro, el amor. Y en la aceptaci?n de la trascendencia. Apertura a Dios, servicio al hombre, que se expresan, para el cristiano, en el esc?ndalo de la cruz: Dios hecho hombre entre los pobres, ajusticiado por los poderes civiles y religiosos de la ?poca. Despu?s de eso, nadie deber?a ser m?s sensible que un cristiano a las injusticias de este mundo y a todo lo que merma la dignidad del hombre. Y pocas profesiones se asoman m?s que la del periodista al misterio de una humanidad desgraciada.

De modo que mi profesi?n es un lugar magnifico para mi fe, aunque la someta a otras tensiones. Y esas tensiones provienen de tres lugares lugares: de la misma realidad social, de las propias caracter?sticas del medio, a muchas de las cuales me he referido. Y del actual estatuto de lo religioso en los medios de comunicaci?n.

Malestar en el mundo cat?lico


"Periodista... y sin embargo cat?lico". Este fue el t?tulo de una Mesa Redonda organizada, en la Asociaci?n de la Prensa de Madrid tiempo atr?s por la Uni?n Cat?lica Internacional de Periodistas, en la que particip?. Un titulo con vocaci?n provocativa, ciertamente, porque igual podr?amos decir "lector de peri?dicos y sin embargo cat?lico", "espectador de TV y sin embargo creyente...". Si hay una contradicci?n entre los valores dominantes en el mundo de la informaci?n y el universo cat?lico, como sugiere el t?tulo, no s?lo los periodistas estamos afectados, sino los ciudadanos en general.

Pero es cierto que el mundo de los medios de comunicaci?n es, en estos momentos, especialmente poco propicio para lo religioso. En una sociedad pluralista, los medios no tienen por qu? ser favorables, desde luego, pero tampoco deben ejercer discriminaci?n alguna, por motivos religiosos, sobre noticias, hechos, personas o instituciones. Y esa discriminaci?n existe, voluntaria o inconscientemente ejercida.

En general, domina en las redacciones de los medios una falta de formaci?n y de criterio al respecto, una falta de reflexi?n sobre c?mo tratar el hecho religioso, lo que se traduce en una aplicaci?n de lo que yo llamo "valores dominantes dispersos"; esos valores no escritos ni expresados seg?n los cuales hay cosas que se ven bien y otras que no. Y una de las cosas que "no se ve bien" es defender a lo religioso, o a un personaje del mundo religioso.

El que lo haga, caer? inmediatamente en la categor?a de sospechoso. Porque ser creyente se traduce, con frecuencia, en sospecha sobre nuestra capacidad de objetividad. Mientras que, por alg?n misterio, el no serlo no se traduce en sospecha alguna sobre la incapacidad de entender la religi?n. No se considera que el ateo lleve unas gafas para mirar la vida, lo mismo que el creyente. M?s bien se tiene a considerar que el creyente es el que lleva gafas mientras que el no creyente no lleva gafas algunas, ?tal vez porque su vista es perfecta?.

Es dif?cil combatir semejante creencia, precisamente porque no est? formulada ni expresada, porque es difusa. Pero eficaz en su capacidad de condicionar. Porque es inc?modo enfrentarse a las opiniones que parecen ser las de la mayor?a. En caso de duda, mejor no se?alarse, no enfrentarse, no correr el riesgo de ser ridiculizado, que nadie me cuelgue una etiqueta.

Pero, adem?s, a?adida a esa prevenci?n sobre lo religioso, encontramos una mala imagen de la Iglesia que los ?ltimos hechos informativos no han ayudado precisamente a mejorar.

La mala imagen de la Iglesia


Cuando los periodistas decimos que algo o alguien "no vende" queremos indicar que esa persona, entidad o tema tiene una mala imagen, resulta poco atractiva, por lo que no logra hacer pasar su mensaje, por interesante que sea. En los ?ltimos a?os ven?a pensando, como periodista y como cat?lica atenta a toda la actualidad social, que la Iglesia no vend?a un pimiento. Su presencia, incluso institucional, en los medios era casi nula. Apenas una nota de vez en cuando. Y casi siempre por razones escabrosas.

Y he aqu? que en los ?ltimos meses es tema de portada. Claro que por motivos escabrosos precisamente: Gescartera es el ?ltimo de una serie en la que est?n tambi?n los profesores de religi?n despedidos, y anteriormente varios esc?ndalos de tipo sexual, como los abusos sobre religiosas africanas o la condena a un obispo franc?s por omisi?n en el caso de un sacerdote pederasta. Abrumador. Y desolador. Si lo ?nico que se publica sobre la Iglesia cat?lica es eso, habr?a que deducir que es un colectivo que acumula dinero por procedimientos dudosos, que practica el ocultismo informativo, que presiona a sus empleados y les niega sus derechos laborales y que protege a miembros destacados capaces de abusar sexualmente de j?venes y de subordinadas.

De modo que ahora la Iglesia "vende" demasiado. La realidad, a?adida a un tratamiento informativo amarillista, con frecuencia, la ha convertido en una vedette. Con una doble consecuencia preocupante: el prestigio social de la instituci?n, ya bajo, ha ca?do en picado. Y amplios sectores cat?licos se sienten inc?modos, atacados, injustamente maltratados por los medios de comunicaci?n. Ambas cosas son graves para un colectivo que debe de ser, entre otras cosas, referencia moral y elemento de di?logo y concordia.

Me preocupa mucho esta situaci?n. Como cat?lica, como periodista y como ciudadana. Como cat?lica porque yo tengo una experiencia radicalmente distinta de la Iglesia. Para m?, con sus m?s y sus menos, la Iglesia es un lugar en el que encuentro un porcentaje de generosidad discreta muy por encima de la media de mi entorno; donde mucha gente da su dinero, pero sobre todo su tiempo, a quien lo necesita, donde hay quien se arriesga a estar en los sectores sociales m?s duros, mucha gente fuerte moralmente, atrevida y creativa en su trabajo, socialmente inconformista y cr?tica. Claro que la mayor?a somos mediocres e individualistas. Pero, gracias a Dios, la Iglesia tambi?n permite, en medio de sus miserias, que mucha, much?sima gente mantenga un esp?ritu recio, una fe profunda; y piense en el "nosotros" antes que en el "yo".

Como periodista, constato la dificultad enorme de mi profesi?n por tratar con delicadez todo lo que es delicado. Y por entender y respetar el fen?meno religioso. M?s all? de sus expresiones m?s extremas, folcl?ricas o depravadas.

Y como ciudadana, creo que en Espa?a, el hecho religioso no tiene un estatuto social que lo acepte como expresi?n normal en una sociedad necesariamente pluralista, que lo valore como riqueza cultural. Me sorprende ver que se sigue identificando la laicidad del estado con la negaci?n de cualquier expresi?n p?blica de lo religioso. Y me da rabia la escasez o debilidad de di?logo entre las visiones religiosas y no religiosas del mundo, algo que la cultura moderna deber?a considerar imprescindible.

Pero la Iglesia, ?lo ha hecho bien? En materia de comunicaci?n, no; rotundamente. La Iglesia informa poco. Y una cosa es la discreci?n y la sencillez evang?lica y otra el no saber las exigencias de una sociedad de la informaci?n. Es verdad que los medios no la tratan bien. Pero, pocas veces la Iglesia se adelanta a emitir mensajes positivos, que vayan configurando ante la opini?n p?blica el perfil de una organizaci?n evang?lica, comprometida, en lo esencial, con los d?biles. Carece de estrategia informativa y casi siempre va a remolque de situaciones que le pillan por sorpresa; y ante las que reacciona mal, siempre a la defensiva, sinti?ndose amenazada. ?Por qu? negar que no somos perfectos, que cometemos errores, algunos especialmente dolorosos, en lugar de dar la impresi?n de que se trata de defender lo indefendible?.

En el tema Iglesia-Medios de Comunicaci?n hemos tocado fondo. No puede m?s que ser ocasi?n de reflexionar sobre las responsabilidades de unos y de otros. Debe abrirse ahora un nuevo cap?tulo y las asociaciones cat?licas tenemos mucha tarea por delante.

Pero, ?cu?les son las aspiraciones de los cristianos en relaci?n con los medios de comunicaci?n? ?Cu?les deben ser esas aspiraciones del mundo cat?lico en una sociedad pluralista? S?lo puedo hablar, modestamente, de cu?les son las m?as.

Lo que aspiro


En los ?ltimos tiempos hay una gran efervescencia en el mundo cat?lico en relaci?n con los medios de comunicaci?n; se organizan debates, mesas redondas, congresos... Es una preocupaci?n necesaria, a la vista de las responsabilidades que nos conciernen y de la situaci?n descrita.

En muchos de esos foros he escuchado o le?do an?lisis con los que puedo coincidir, en el aspecto de denuncia; pero en la mayor?a de ellos predomina una actitud, que es la de considerar que no hay que perder tiempo con estos medios que tenemos; se los da por perdidos. Se propone, en definitiva, invertir sobre todo en nuevos medios de comunicaci?n desde los cuales se proyecte la visi?n cat?lica del mundo. Y reforzar el aspecto educativo: la preparaci?n de l?deres cat?licos, de periodistas bien formados, con capacidad de influencia... y de resistencia.

Esa visi?n domina, como es natural, entre aquellas instituciones que ya tienen una presencia importante en el mundo educativo, que cuentan con Universidades, y que patrocinan o van a patrocinar diferentes experiencias de comunicaci?n. Me parece una opci?n posible. Pero no es la que yo defiendo ante todo. Por razones obvias: yo trabajo en un medio p?blico, no soy propietaria ni promotora de iniciativa alguna de comunicaci?n confesional. Y, adem?s, creo que la Iglesia debe tener una presencia normalizada en una sociedad democr?tica, en todos los medios. Y que la defensa de los valores esenciales que nos conciernen es tarea para el conjunto de los medios de informaci?n.

?A qu? aspiro, como cat?lica, en relaci?n con los medios de comunicaci?n?

1. Creo que los Medios deben de ser constructores de consenso social, como difusores y propagadores de los valores b?sicos en que se fundamenta una sociedad democr?tica. Y deben ejercer conscientemente ese papel. Entre esos valores, los del respeto y reconocimiento de lo religioso. Porque pertenece al ?mbito m?s ?ntimo e irreductible del hombre, y el respeto en su integridad de la dignidad del hombre es el valor que fundamenta los dem?s.

2. Ese consenso no est? definido para siempre. En una sociedad democr?tica, los valores fundamentales se reformulan, de acuerdo con la propia evoluci?n social. Y en una sociedad pluralista, ese consenso se establece s?lo mediante el di?logo social. Y los medios son esenciales en captar todas las voces de ese concierto, en el que no s?lo cuentan los pol?ticos, sinos otras instancias sociales.

3. Aspiro a la normalidad de la expresi?n religiosa, tengo derecho a ello como ciudadana cat?lica. Esa normalidad no est? lograda. Y en estos momentos no hay di?logo alguno entre el mundo religioso y el no religioso. Porque el di?logo es imposible cuando la desconfianza y el desprecio son el punto de partida. En apenas una generaci?n hemos pasado de la confesionalidad a ser un pa?s est?pidamente anticlerical. La no confesionalidad me parece un logro democr?tico. Pero el anticlericalismo es el fracaso mismo de la tolerancia. La Iglesia no debe ser m?s, pero tampoco menos.

4. La existencia de ese di?logo social, b?sico de una sociedad democr?tica, no excluye el conflicto o la tensi?n. Pero exige que se resuelvan en el reconocimiento del otro: el no creyente al creyente y viceversa. Y ese di?logo no es equivalente al "que cada uno haga lo que quiera, yo respeto a todos..." Da un paso m?s, de la indiferencia a la aceptaci?n de la importancia del otro en su peculiaridad. Los medios deben contribuir no a la permisividad, que en el fondo es indiferencia, sino a la tolerancia, que implica reconocimiento y respeto por la diferencia.

5. aspiro al que lo religioso en los medios no confesionales sea considerado como elemento significativo en el mundo social, en el ?mbito de la cultura. Un reconocimiento que no se base en "honores" o cuotas o minutos de emisi?n. Y que vaya m?s all? de lo puramente institucional. Es un reconocimiento sencillo: dentro de la pluralidad social, lo religioso -en Espa?a, lo cat?lico, esencialmente- es una voz con la que hay que contar, porque es un componente esencial de la cultura, de ese caldo de cultivo en el que todos nos movemos, y gracias a la que vamos consensuando los valores que fundamentan la convivencia. Ese reconocimiento implica tambi?n una valoraci?n del pasado, una lectura no sectaria del mismo y un reconocimiento de las aportaciones culturales enormes del mundo cristiano a nuestra cultura.

6. La modernidad tiene entre sus asignaturas pendientes la del di?logo con el mundo religioso. M?s all? de los fen?menos "ligth", tipo vivencias new age, y de los "hard", v?ase fundamentalismos, hay que reconocer que la respuesta religiosa es una de las que aborda en profundidad el tema del sentido de la vida. Los retos planteados por el desarrollo tecnol?gico y la globalizaci?n no hacen m?s que poner de manifiesto lo escaso de nuestra reflexi?n sobre objetivos. Y el error que significa el marginar las creencias religiosas.

7. Hay que establecer con claridad meridiana el concepto de estado laico, que forma parte de nuestro ordenamiento constitucional. pero todav?a hoy hay mucha gente que confunde la laicidad del estado con la negaci?n de lo religioso. nos hace falta una "catequesis" sobre obligaciones y derechos de las partes en este aspecto. para que se entienda, por ejemplo, que una cosa es que los cristianos no traten de imponer su visi?n del mundo ni usar el poder pol?tico para ello. y otra es que renuncien a opinar sobre todo aquello que es importante en la vida social. los medios de comunicaci?n y la clase pol?tica no pueden hacerse eco impunemente de opiniones que burdamente confunden ese principio b?sico.

8. Ello nos lleva a otro tema igualmente importante: la pr?ctica religiosa concierne a la conciencia individual, y por ello a los derechos fundamentales. pero tiene ineludiblemente una dimensi?n p?blica, un derecho de expresi?n p?blico que no se puede negar sin atentar contra su misma esencia.

9. Los medios religiosos, cat?licos y otros, y sus miembros, por todo lo dicho anteriormente, no pueden ser objeto de desinformaci?n o de presentaci?n falaz de sus fines, sin que se atente contra nuestro propio ordenamiento legal. Otra cosa es la expresi?n leg?tima de discrepancias o cr?ticas.

10. Aspiro a que el ejercicio del periodismo recoja todos los valores a que he aludido, en especial el respeto a personas e ideas y el contraste de informaci?n, como servicio al pluralismo y al di?logo. Y a que los propios periodistas invirtamos m?s en nuestra preparaci?n y reforcemos nuestra capacidad de decir "no" cuando nuestro conocimiento o nuestra conciencia nos lo exija. Y espero que las formaciones profesionales y sindicales lleguen a formar un tejido mucho m?s tupido, en apoyo de unos trabajadores de la informaci?n sometidos a m?ltiples presiones.

Para terminar ?


?C?mo acabar estas reflexiones (...) sin aludir a Bin Laden? Leo que se ha disparado el consumo religioso en EE.UU. tras el 11 de septiembre y que los libros m?s vendidos son todos sobre fundamentalismo, etc. Esa fecha ha cambiado muchas cosas, desde luego. Pero, al hilo de esta reflexi?n, quiero decir que ha puesto de manifiesto la urgencia de entender el fen?meno religioso, sus bondades y maldades, sus manifestaciones normales y sus manifestaciones pat?genas, y de establecer un consenso civil en torno a los derechos, deberes y l?mites de lo religioso en nuestras sociedades.

He hablado al comienzo de la aparente contradicci?n entre el ser cat?lico y periodista. Para negarla, a pesar de malestares de los que, por otra parte, no se libran otras profesiones. Creo, m?s bien, que la fe es un contrapunto importante al propio ejercicio profesional, en la medida en que la actitud religiosa representa, con frecuencia, la actitud opuesta, porque el mundo religioso es, entre otras cosas la meditaci?n y la reflexi?n, frente a la inmediatez, la rapidez, lo fugitivo... de la TV. Representa la "esencia" frente a la presencia o preeminencia de la imagen, de lo exterior, que encarna la TV. El silencio frente al ruido: el orante, sin prescindir del mundo, se recoge en silencio para reflexionar, contemplar, agradecer, confiar... ?qui?n necesita m?s alejarse de la vor?gine y orar que un periodista?.

Los medios siempre tienen prisas, en ellos los segundos son oro. Esa din?mica inevitable exige, como contrapunto, la actitud de quien se toma su tiempo para madurar su vida y escuchar a Dios.

Fuente:
Sitio Web Profesionales Cristianos de Espa?a

http://www.profesionalescristianos.com/

Publicado por mario.web @ 15:37
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