Domingo, 24 de abril de 2011
?Para qu? trabajamos?, ?qu? sentido tiene la acumulaci?n de bienes?, ?debemos acostumbrarnos a la compra? Paulino Quevedo nos orienta en relaci?n a la enga?osa magia del dinero.
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Dinero, trueque, trabajo y propiedad
Dinero, trueque, trabajo y propiedad


Teolog?a del trabajo (7)


Hola, amigos:


La magia del dinero explica semejanzas y diferencias entre el trueque y las actividades de compra y venta.

Breve preart?culo


En mi art?culo de la semana pasada, El motor del trabajo humano, dije que de hecho hoy vivimos en un mundo que tiene las siguientes caracter?sticas:

* Se trabaja para adquirir la propiedad de algunos bienes.
* Hay "trueque" entre los bienes pose?dos.
* El "trueque" de los bienes se realiza mediante dinero, incluso el trabajo humano mismo.
* El dinero se maneja en un ambiente marcadamente capitalista, donde lo que principalmente importa es el dinero.

En ese art?culo, la semana pasada vimos algo referente a la ?ltima de las caracter?sticas anteriores, sobre todo en lo relacionado con las tensiones causadas por la presi?n competitiva derivada del capitalismo. Hice ah? algunas preguntas personales destinadas a tomar conciencia de qu? tanto quisi?ramos, al menos en la medida de lo posible, librarnos de dichas tensiones y de algunos otros aspectos negativos derivados del capitalismo que estamos viviendo.

En esta ocasi?n caminaremos hacia atr?s en esas caracter?sticas, tal como dice el t?tulo del presente art?culo: desde el dinero, pasando luego por el trueque y el trabajo, hasta llegar al tema de la propiedad de los bienes.

Cuerpo del art?culo

En la semana que acaba de terminar no ha faltado quien me pida que lo borre de la lista de correo de mis art?culos. Lo hice inmediatamente.

Es algo normal, pues a muchos les resulta molesto que se critique lo establecido, tanto m?s si se trata de temas candentes, como sin duda lo es el del dinero y el capitalismo. Mover lo establecido es mover el terreno en que estamos acostumbrados a pisar.

Aun as?, pienso que muchas personas soportar?n dicha molestia y tendr?n curiosidad de seguir leyendo. En realidad se lo agradezco, pues no pretendo molestar a nadie, sino s?lo tratar un tema que me parece debe ser tratado. Y en honor a la verdad, han sido m?s las personas que me han agradecido que escriba sobre el tema; por lo cual supongo que tal vez sean m?s las que lo leen con cierto agrado.

Hay otros temas que tambi?n deben ser criticados y cuestionados, aunque se refieran a realidades establecidas. Algunas realidades, por muy establecidas que estuvieran, con el paso del tiempo han llegado a ser inoperantes, como la monarqu?a. Otras han sido francamente err?neas, como la esclavitud. El hecho es que siempre resulta saludable buscar posibles nuevas formas de ver las cosas, aunque haya que criticar o cuestionar lo establecido; si es valedero, por s? mismo resistir? la cr?tica.

El fen?meno de compra y venta

Los t?rminos mismos de comprar y vender han pasado a formar parte de nuestro l?xico hasta el grado de usarse en lugar de otros, aun en el caso de serles del todo ajenos, como los de convencer y creer. En vez de decir que convencimos a alguien, hoy acostumbramos decir que le vendimos la idea; y en vez de decir que no creemos algo, hoy acostumbramos decir que no lo compramos, sobre todo en ingl?s: "I don?t buy that".

El comprar y vender se ha convertido en el prototipo de las transacciones de intercambio. Y as?, cuando yo te ofrezco una idea o te propongo algo, y t? me das tu asentimiento, digo que te vend? la idea. Lo importante en esto es la convicci?n o la presunci?n de que si yo te doy algo, t? debes darme algo a cambio: te doy para que me des.

En la realidad, y ya sin analog?as o met?foras, las transacciones de intercambio se hacen mediante el uso de dinero. El que vende ofrece algo, como un producto o un servicio; y el que lo demanda lo compra con dinero. En realidad se trata de un trueque agilizado y perfeccionado. Cuando lo que se vende son bienes materiales, quien los vende pierde su propiedad, y quien los compra adquiere esa propiedad.

El que compra adquiere algo determinado, que le interesa de alg?n modo especial, como puede ser un autom?vil. En cambio, el que vende adquiere dinero, que no es nada determinado, sino una especie de comod?n de bienes que pueden adquirirse mediante su compra. De tal forma, el dinero se nos puede convertir, a voluntad, en una gran variedad de bienes. El dinero es como la varita m?gica de los cuentos de hadas.

En la transacci?n del yo te doy para que t? me des, quiero que, a cambio de lo que yo te doy, t? me des algo que valga la pena. Quiero, a la vez, adquirir algo valioso y hacer valer mi dinero, o los bienes que te vendo. Entonces surge en m? la desconfianza, porque puede suceder que t? abuses, y salgas ganando; y claro, tambi?n puede suceder que yo abuse, y que sea yo el que sale ganando. Y ante tal peligrosa disyuntiva, yo tiendo a juzgar ego?stamente ?mirando el beneficio propio e inclinado a ello por el pecado original? que es preferible que yo salga ganando, y no que t? vayas a abusar de m?.

As? es como se explica que la transacci?n de compraventa se haya convertido en una pugna, en algo competitivo, en una peque?a guerra que ha dado lugar al surgimiento de las habilidades negociadoras. Y as? es tambi?n como se explica el regateo, o que quien compra quiera comprar barato, y que quien que vende quiera vender caro. Y as? es tambi?n como se explica que quien tiene inter?s por comprar acabe comprando caro, y que quien tiene inter?s por vender acabe vendiendo barato. Cada uno se aprovecha del inter?s o de la necesidad del otro.

Aqu? ?en el ego?smo? est? la raz?n de ser de la ley de la oferta y la demanda: A mayor demanda, sube el precio; a mayor oferta, baja el precio. Y puesto que ?sta es la ley b?sica del libre mercado y del capitalismo, resulta que el capitalismo se fundamenta en el ego?smo; debido a lo cual ha sido condenado por la Iglesia, como tambi?n lo ha sido el comunismo, por otros motivos. Y a lo cual se debe, en el fondo, que el capitalismo tienda a concentrar la riqueza en manos de unos pocos, aunque millones de seres humanos padezcan necesidad e incluso mueran de hambre (casi nueve millones cada a?o).

Los bienes vendidos son los mismos que los comprados, y todos ellos son lo que son, objetivamente. Por tanto, si su precio fuera objetivo tambi?n, no deber?a variar conforme a la ley de la oferta y la demanda. La ley de la oferta y la demanda se basa en algo subjetivo, que es el ego?smo de querer salir ganando en la transacci?n de compraventa: a mayor demanda se sube el precio, aprovech?ndose as? de la necesidad del otro.

Si en vez de ego?smo hubiera altruismo ?amor?, a mayor demanda bajar?a el precio, es decir, se facilitar?a la adquisici?n de los bienes necesitados por los dem?s, mirando principalmente por el bien del otro. Amar es querer el bien del otro.

La magia del dinero
Consideremos ahora la magia misma del dinero. Como ve?amos arriba, el dinero es como la varita m?gica de los cuentos de hadas. Pero cabe notar que la magia del dinero es distinta en el que compra y en el que vende. En ambos casos esta magia se da solamente entre aquellos que tienen suficiente dinero. En efecto, entre los que no lo tienen, la insuficiencia de dinero no significa magia alguna; lo cual no hace sino reforzar la magia del dinero mismo, en cuanto tal.

En el que compra, la magia del dinero atraviesa por tres etapas: inicio, apogeo y decadencia. El inicio radica en el hecho de tener el dinero listo, ya sea en cuentas bancarias, tarjetas de cr?dito o de cualquier otra forma; pero es necesario que se considere dinero en efectivo, listo para ser gastado al propio gusto.

Es esta forma caprichosa de poder gastar el dinero lo que verdaderamente constituye su magia. La segunda etapa, la del apogeo, tiene lugar durante la euforia de salir de compras. La decadencia viene cuando pasa esa euforia, y la novedad de lo comprado pasa al olvido.

En el que vende no suelen darse las etapas de inicio, apogeo y decadencia, ya que ?stas est?n estrechamente ligadas a los objetos comprados, que son muy concretos. El que vende, en cambio, adquiere dinero de manera directa, es decir, adquiere el comod?n de bienes en vez de adquirir alguno cualquiera de esos bienes. Aqu? no se da la decadencia, porque el dinero mismo nunca pasa al olvido. Aqu? la acumulaci?n de dinero es una ?nica etapa de creciente euforia. Adem?s, el vendedor se convierte en un potencial comprador de niveles cada vez mayores.

El trueque

En realidad el trueque es s?lo un primitivo tipo de compra y venta. O tambi?n, la compra y venta mediante dinero s?lo es un trueque agilizado y perfeccionado. O tambi?n, el dinero es s?lo un catalizador del trueque. Si t? tienes trigo, y yo vacas, por la cantidad de trigo que necesito no puedo darte fracciones de vaca. No me interesa matar una vaca para adquirir algo de trigo.

Hizo falta un patr?n de cambio con divisiones lo suficiente peque?as como para satisfacer las necesidades normales de todo tipo de transacci?n cambiaria de bienes. Las unidades han sido diversas en diversos pa?ses, como pesos y d?lares; y las divisiones m?s peque?as han sido los c?ntimos de dichas unidades, esto es, los centavos.

Sin embargo, debe notarse que si en lo positivo y funcional el trueque carece de muchas de las conveniencias del dinero como patr?n de cambio, en lo negativo ya cuenta con los defectos b?sicos de las actividades de compra y venta en dinero. En efecto, el trueque obedece ya a la ego?sta motivaci?n del doy para que me des, y salir ganando. Podemos decir que el dinero se invent? a fin de poder "perfeccionar" las habilidades negociadoras de los comerciantes.

En tiempos del trueque los comerciantes se sent?an frustrados por no tener los elementos necesarios para desarrollar sus habilidades. La ego?sta motivaci?n del doy para que me des, y salir ganando, viene de atr?s, quiz? de tiempos anteriores al trueque, remont?ndose hasta poco despu?s del pecado original.

El trabajo humano y la propiedad de los bienes

Como hemos visto en art?culos anteriores, el trabajo humano es de una riqueza que aun hoy no alcanzamos a comprender. Trabaja el cient?fico, trabaja el artista, el fil?ntropo, el pol?tico, el educador, el sacerdote... y tambi?n... el negociante y el empresario.

Muchos hombres han trabajado por amor a los valores y a los dem?s hombres, sus cong?neres. As?, por ejemplo, a Pit?goras ?o a los integrantes de su escuela? se atribuye la demostraci?n del famoso teorema y el descubrimiento las tablas de multiplicar.

Hoy, en cambio, hay quienes pretenden patentar sus descubrimientos de modo que la ciencia no puede avanzar sin que otros cient?ficos les paguen regal?as. Imaginemos que hubieran tenido que pagarles regal?as a Pit?goras y algunos de sus descendientes cada vez que alguien multiplicara.

Cuando compramos algo, estamos convencidos de que en ese "trueque" de dinero por bienes adquirimos la propiedad de los bienes comprados; y de que el vendedor adquiere la propiedad de dicho dinero. Y como las actividades de compra y venta ?de comerciantes, negociantes y empresarios? son algunas m?s de las diversas modalidades del trabajo humano, surge la pregunta de si nuestro trabajo tiene la finalidad o misi?n de adquirir la propiedad de los bienes.

La respuesta a la pregunta anterior podr? ser afirmativa o negativa, o en algunos casos afirmativa y en otros negativa, quiz? dependiendo de circunstancias y factores diversos. Sea de ello lo que fuere, la pregunta est? bien planteada, y por ello amerita una respuesta. Y esa respuesta sin duda ser? de gran inter?s para un mejor conocimiento de nuestro trabajo y de nuestras estructuras laborales, econ?micas y sociales. Volveremos sobre este tema en otro art?culo.


Publicado por mario.web @ 16:11
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