Lunes, 25 de abril de 2011


Fuente: www.revistaecclesia.com
Autor: S.S. Benedicto XVI

--Santo Padre, me llamo Michael Horrer y soy seminarista. Con ocasi?n de la XXIII Jornada mundial de la juventud, celebrada en Sydney, Australia, en la que particip? juntamente con otros j?venes de nuestra di?cesis, usted reafirm? continuamente a los cuatrocientos mil j?venes presentes la importancia de la obra del Esp?ritu Santo en nosotros, los j?venes, y en la Iglesia. El tema de la Jornada era: "Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo, que vendr? sobre vosotros, y ser?is mis testigos" (Hch 1, 8). Hemos regresado fortalecidos por el Esp?ritu Santo y por sus palabras. Le pregunto: ?C?mo podemos vivir concretamente en nuestra vida diaria los dones del Esp?ritu Santo y testimoniarlos a los dem?s, de modo que tambi?n nuestros parientes, amigos y conocidos experimenten la fuerza del Esp?ritu Santo y as? podamos cumplir nuestra misi?n de testigos de Cristo? ?Qu? nos aconseja para lograr que nuestra di?cesis siga siendo joven a pesar del envejecimiento del clero, y para que permanezca abierta a la acci?n del Esp?ritu de Dios, que gu?a a la Iglesia?

    --Benedicto XVI: Gracias por su pregunta. Me alegra ver un seminarista, un candidato al sacerdocio de esta di?cesis, en cuyo rostro puedo descubrir, en cierto sentido, el rostro joven de la di?cesis. Asimismo, me alegra saber que usted, juntamente con otros, estuvo en Sydney, donde en una gran fiesta de la fe experimentamos juntos precisamente la juventud de la Iglesia. Tambi?n para los australianos fue una gran experiencia. Al inicio miraban esta Jornada mundial de la juventud con gran escepticismo, porque como es obvio implicar?a muchas dificultades para su vida diaria, muchas molestias, como por ejemplo para el tr?fico, etc. Pero al final, como hemos visto tambi?n en los medios de comunicaci?n social, cuyos prejuicios fueron desapareciendo poco a poco, todos se sintieron implicados en ese clima de alegr?a y de fe. Vieron que los j?venes vienen y no crean problemas de seguridad ni de ning?n otro tipo, sino que saben estar juntos con alegr?a. Tambi?n vieron que hoy la fe es una fuerza presente; que es una fuerza capaz de dar la orientaci?n correcta a las personas. Por eso, fue un tiempo en que sentimos realmente el soplo del Esp?ritu Santo, que barre los prejuicios, que hace entender a los hombres que aqu? encontramos lo que nos interesa realmente, que esta es la direcci?n que debemos tomar, que as? se puede vivir, que as? nos abrimos al futuro.
    Usted ha dicho, con raz?n, que fue un tiempo fuerte, del que hemos tra?do a casa una llamita. Ahora bien, en la vida diaria es mucho m?s dif?cil percibir concretamente la acci?n del Esp?ritu Santo o incluso ser personalmente un medio para que ?l pueda estar presente, para que se realice aquel soplo que barre los prejuicios del tiempo, que en medio de la oscuridad crea la luz y nos hace sentir que la fe no s?lo tiene un futuro, sino que es el futuro.

    ?C?mo podemos realizar eso? Ciertamente, nosotros solos no somos capaces. Al final, es el Se?or quien nos ayuda, pero nosotros debemos ser instrumentos disponibles. Yo dir?a simplemente: nadie puede dar lo que no posee ?l mismo, es decir, no podemos transmitir el Esp?ritu Santo de modo eficaz, hacerlo perceptible, si nosotros mismos no estamos cerca de ?l. Precisamente por eso creo que lo m?s importante es que nosotros mismos permanezcamos, por decirlo as?, en el radio del soplo del Esp?ritu Santo, en contacto con ?l. S?lo si somos tocados continuamente en nuestro interior por el Esp?ritu Santo, s?lo si ?l est? presente en nosotros, podemos tambi?n nosotros transmitirlo a los dem?s. Entonces ?l nos da ideas creativas, sugiri?ndonos c?mo actuar. Nos da ideas que no se pueden programar, sino que surgen en la situaci?n misma, porque all? est? actuando el Esp?ritu Santo. As? pues, el primer punto es: nosotros mismos debemos permanecer en el radio del soplo del Esp?ritu Santo.

    El Evangelio de san Juan nos cuenta que, despu?s de la Resurrecci?n, el Se?or se aparece a los disc?pulos, sopla sobre ellos y les dice: "Recibid el Esp?ritu Santo" (Jn 20, 22). Se trata de un texto paralelo al del G?nesis, donde Dios sopla sobre el polvo de la tierra y este cobra vida, convirti?ndose en hombre. Ahora bien, el hombre, interiormente oscurecido y medio muerto, recibe de nuevo el soplo de Cristo, y este soplo de Dios que le da una nueva dimensi?n de vida, le da la vida con el Esp?ritu Santo.

    As? pues, podemos decir que el Esp?ritu Santo es el soplo de Jesucristo, y nosotros, en cierto sentido, debemos pedir a Cristo que sople siempre sobre nosotros a fin de que ese soplo sea vivo y fuerte en nosotros, y act?e en el mundo. Eso significa, por tanto, que debemos mantenernos cerca de Cristo. Lo hacemos meditando en su Palabra. Sabemos que el autor principal de la Sagrada Escritura es el Esp?ritu Santo. Cuando a trav?s de ella hablamos con Dios, cuando en ella no buscamos s?lo el pasado sino verdaderamente al Se?or presente que nos habla, entonces es como si nos encontr?ramos -como dije tambi?n en Australia- paseando en el jard?n del Esp?ritu Santo: nosotros hablamos con ?l y ?l habla con nosotros. Aprender a ser de casa en este ?mbito, en el ?mbito de la palabra de Dios, es muy importante, pues en cierto sentido nos introduce en el soplo de Dios.

    Luego, naturalmente, este escuchar, este caminar en el ?mbito de la Palabra, debe convertirse en una respuesta, una respuesta en la oraci?n, en el contacto con Cristo. Y, como es obvio, ante todo en el santo sacramento de la Eucarist?a, en el que ?l sale a nuestro encuentro y entra en nosotros, casi se funde con nosotros. Pero tambi?n en el sacramento de la Penitencia, que siempre nos purifica, nos lava y elimina las oscuridades que la vida diaria pone en nosotros.

    En pocas palabras, una vida con Cristo en el Esp?ritu Santo, en la palabra de Dios y en la comuni?n de la Iglesia, en su comunidad viva. San Agust?n dijo: "Si quieres el Esp?ritu de Dios, debes estar en el Cuerpo de Cristo". El Cuerpo m?stico de Cristo es el ?mbito de su Esp?ritu.

    Todo esto deber?a marcar el desarrollo de nuestra jornada, de modo que sea una jornada estructurada, un d?a en el que Dios siempre tenga acceso a nosotros, en que estemos continuamente en contacto con Cristo, en que precisamente por eso recibamos continuamente el soplo del Esp?ritu Santo. Si hacemos esto, si no somos demasiado perezosos, indisciplinados o indolentes, entonces nos suceder? algo, entonces nuestra jornada tomar? una forma, entonces nuestra vida misma tomar? una forma en ella y esta luz emanar? de nosotros sin que tengamos que ponernos a pensar demasiado, sin que tengamos que adoptar un modo de actuar -por decirlo as?- "propagand?stico", pues vendr? por s? mismo, dado que refleja nuestro esp?ritu.

    A esa dimensi?n yo a?adir?a una segunda, l?gicamente relacionada con la primera: si vivimos con Cristo, tambi?n las cosas humanas nos saldr?n bien. En efecto, la fe no implica s?lo un aspecto sobrenatural; adem?s, reconstruye al hombre, devolvi?ndolo a su humanidad, como lo muestra el paralelo entre el G?nesis y el cap?tulo 20 del Evangelio de san Juan. La fe se basa precisamente en la virtudes naturales: la honradez, la alegr?a, la disponibilidad a escuchar al pr?jimo, la capacidad de perdonar, la generosidad, la bondad, la cordialidad entre las personas.

    Estas virtudes humanas indican que la fe est? realmente presente, que verdaderamente estamos con Cristo. Y creo que, tambi?n por lo que se refiere a nosotros mismos, deber?amos poner mucha atenci?n en esto: hacer que madure en nosotros la aut?ntica humanidad, porque la fe implica la plena realizaci?n del ser humano, de la humanidad. Deber?amos poner mucha atenci?n en realizar bien y de modo correcto nuestros deberes humanos: en la profesi?n, en el respeto al pr?jimo, preocup?ndonos de los dem?s, que es el mejor modo de preocuparnos de nosotros mismos, pues pensar en el pr?jimo es el mejor modo de pensar en nosotros mismos.

    De aqu? nacen luego las iniciativas que no se pueden programar: las comunidades de oraci?n, las comunidades que leen juntas la Biblia o tambi?n la ayuda efectiva a los necesitados, a los que atraviesan dificultades, a los marginados, a los enfermos, a los discapacitados, y muchas otras m?s... As? se nos abren los ojos para ver nuestras capacidades personales, para poner en marcha otras iniciativas y saber infundir en los dem?s la valent?a de hacer lo mismo. Precisamente estas obras humanas nos fortalecen, poni?ndonos nuevamente, de alg?n modo, en contacto con el Esp?ritu de Dios.

    El gran maestre de los Caballeros de la Orden de Malta en Roma me cont? que en Navidad fue, con algunos j?venes, a la estaci?n para llevar algo de Navidad a las personas abandonadas. Cuando se retiraba, escuch? que uno de los j?venes le dec?a a otro: "Esto es m?s fuerte que la discoteca. Esto es realmente hermoso, pues puedo hacer algo por los dem?s". Estas son las iniciativas que el Esp?ritu Santo suscita en nosotros. Sin muchas palabras, nos hacen sentir la fuerza del Esp?ritu. As? prestamos atenci?n a Cristo.

    Tal vez he dicho pocas cosas concretas, pero creo que lo m?s importante es que, ante todo, nuestra vida est? orientada hacia el Esp?ritu Santo, para que vivamos en el ?mbito del Esp?ritu, en el Cuerpo de Cristo, y que luego, a partir de esto, experimentemos la humanizaci?n, cultivemos las sencillas virtudes humanas y as? aprendamos a ser buenos en el sentido m?s amplio de la palabra. De este modo se adquiere sensibilidad para las iniciativas de bien que luego naturalmente desarrollan una fuerza misionera y, en cierto sentido, preparan el momento en que resulta sensato y comprensible hablar de Cristo y de nuestra fe.

Publicado por mario.web @ 0:49
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