Lunes, 25 de abril de 2011


Fuente: http://www.cam3ecuador.org
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DISCIPULADO: COMUNIDAD DISC?PULA DE JES?S



Queridas Hermanas y Hermanos: Nuestro CAM 3 es finalmente una realidad que hemos deseado, preparado ampliamente especialmente con la oraci?n y que ahora vivimos con intensidad.

Mi saludo cari?oso y agradecido a todos, especialmente a la Iglesia del Ecuador que nos recibe con tanto amor.

Y entramos al tema asignado: Como nos ha dicho la Conferencia de Aparecida, estamos llamados a ser disc?pulos y misioneros.

1. INTRODUCCI?N

Si en este momento nos preguntamos ?De qui?n somos disc?pulos? Espont?neamente brota la respuesta: ?De Cristo por supuesto! Pero no debemos apresurarnos tanto.

El Evangelio nos presenta la actitud t?pica del disc?pulo en Mar?a, la hermana de Marta, sentada a los pies de Jes?s y escuchando su Palabra. Entonces nos preguntamos: ?De qui?n son disc?pulos nuestros bautizados? ?Cu?nto tiempo tienen nuestros bautizados para escuchar al Maestro, al Se?or Jes?s y alimentarse con la Palabra de Dios? Si acaso participan en la Eucarist?a dominical y el equipo de sonido del Templo funciona bien y los lectores proclaman correctamente, tal vez ?diez minutos? Si el sacerdote pronuncia una buena homil?a ?veinte minutos? Pero para muy pocos eso es todo.

Para la gran mayor?a casi nada.
Muchos son m?s disc?pulos de la televisi?n, de la prensa, de las ideolog?as, de la pol?tica, de los ?Chicago Boys? en econom?a o de la moda en la globalizaci?n y sobre todo del deporte y de todo lo que ofrece la televisi?n y el internet.

Y por eso se nos repite el gran desaf?o: ?C?mo podemos cumplir el mandato del Se?or: ?Vayan y hagan disc?pulos de todos los pueblos??? La pregunta en este d?a es: como misioneros de una Iglesia Particular ?somos aut?nticos disc?pulos del Se?or Jes?s?

2. EL CAMINO DEL DISCIPULADO:

Perm?tanme comenzar con un recorrido por el Evangelio y as? identificar algunos rasgos que nos ayuden a ser mejores disc?pulos El Se?or Jes?s vive, como testigo, un proceso de discipulado tanto en referencia al Padre como en referencia a la humanidad: Escucha y Aprende del Padre; y, tambi?n Anuncia a la humanidad qui?n es el Padre. Escucha a la humanidad y aprende de ella Y anuncia a la humanidad a trav?s de la encarnaci?n.
Jes?s siendo Dios respeta lo humano en lo cotidiano, le da importancia: permaneci? 30 a?os compartiendo la vida de todos los d?as en su pueblo.

Estas actitudes tanto hacia el Padre como hacia la humanidad van marcando susdiferentes opciones.

Su vida p?blica, comienza con un ENCUENTRO (el encuentro de Jes?s con sus primeros disc?pulos).

Vemos como en su primer encuentro llama a pescadores a ser sus disc?pulos?los llama y los invita para luego enviarlos a la humanidad.

Y esto se sigue repitiendo a lo largo de la historia, ya que el discipulado lleva siempre a la misi?n.

Lo m?s bello de todos esos encuentros y formaci?n de sus disc?pulos es como se va entablando una profunda intimidad y amistad. ?Ya no los llamo siervos sino AMIGOS?. JESUS llama ? invita para que est?n con EL.

Los disc?pulos est?n en comuni?n con Jes?s y con los dem?s disc?pulos y as? forman la comunidad de disc?pulos de Jes?s. Adem?s el disc?pulo va form?ndose en la comunidad.

3. Trasfondo de la palabra disc?pulo

La palabra disc?pulo ??maqhth"- significa originalmente en griego estudioso, persona que aprende en un sentido general. Entre los sofistas es el t?rmino t?cnico para referirse al alumno institucional de un gran maestro. Pronto pasa a significar tambi?n el seguidor, el devoto de alguna personalidad intelectual o religiosa.

Al final de la ?poca helen?stica se va robusteciendo este sentido de ?seguidor?, devoto, partidario, y ya hacia el siglo III despu?s de 3 Cristo se convierte en un t?rmino t?cnico y desaparece del todo su significado original de alumno o estudiante.

En el contexto del Evangelio prevalece el sentido primario de seguidor o adepto. Los disc?pulos son ante todo seguidores de Jes?s m?s que alumnos.

Entre los profetas encontramos tambi?n el concepto de escuela en la que existe una relaci?n maestro-disc?pulos. Son los ?hijos de los profetas? reunidos en torno a Eliseo. Este mismo tipo de relaci?n se da tambi?n entre los escribas que se re?nen en cofrad?as profesionales.

Las tradiciones sapienciales m?s que en ?escuelas? de pensamiento se van transmitiendo m?s bien en el interior del clan familiar.

San Mateo es el evangelista que m?s ha subrayado la labor docente de Jes?s. En su evangelio prevalecen los discursos catequ?ticos, especialmente los cinco grandes sermones que estructuran todo el vangelio. En su vocabulario Mateo distingue claramente entre la proclamaci?n kerigm?tica, o anuncio del Reino que viene, y la ense?anza de Jes?s acerca de la Ley y de la justicia del Reino. Para la proclamaci?n utiliza el verbo kerussein, y para la ense?anza utiliza el verbo didaskein.

Mientras que San Marcos usa el verbo didaskein para referirse a cualquier tipo de ense?anza de Jes?s sobre las par?bolas, o sobre el sufrimiento del Siervo, San Mateo reserva este verbo s?lo para los casos en que Jes?s es designado Rabb?, es decir Maestro de la Ley, y lo evita en las par?bolas de Jes?s sobre el Reino, o en sus catequesis sobre el camino del Siervo. Por tanto, aunque el t?rmino maqhth" tenga el significado de adepto o partidario, sin embargo en San Mateo no ha desaparecido del todo el matiz del disc?pulo como persona que aprende en la escuela de un gran maestro, en este caso del ?nico que merece ser llamado maestro.

Cuando hablamos de Discipulado, es evidente que el tema es amplio.

Vamos a tratar de dibujar algunas pinceladas que retraten el rostro del disc?pulo de Cristo.

4. DIMENSION TRINITARIA.

Necesariamente hay que enmarcar este tema dentro de la Teolog?a de la Trinidad.
El misterio de la Sant?sima Trinidad, que nos distingue de cualquier otra religi?n, nos hace conocer que Dios no es soledad, sino que es un Dios en Tres Personas. Esta revelaci?n de un Dios que es Amor la conocemos precisamente por lo que se llama en Teolog?a, las Misiones de la Trinidad:
Los movimientos, las relaciones, la comunicaci?n dentro de Dios Trino, es lo que llamamos las Procesiones de la Trinidad. Las procesiones son internas y se realizan fuera del tiempo y el espacio, en la eternidad.

Las misiones son algo temporal, y son las que nos permiten conocer como es Dios. Por la forma en que Dios act?a sabemos c?mo es Dios.

Del Actuar, llegamos al Ser. Y ya que Dios actu? siendo misionero (las misiones), sabemos que Dios es amor y es Trinidad.

Por medio de este amor demostrado en el tiempo y el espacio, nos asomamos al misterio insondable de Su eternidad.

Y a cada una de las personas de la Trinidad le atribuimos asuntos esenciales para comprender su actuaci?n en nuestra existencia:

- Dios Padre que nos sostiene en el ser
- Dios Hijo que nos invita a seguirle
- Y el Esp?ritu Santo, que es Amor, nos atrae e impulsa.

De esta manera es que conocemos que cada persona de la Trinidad act?a en el tiempo (misiones) gracias a lo que viven dentro de ella (procesiones).

Veamos ahora el seguimiento, unido a la persona del Hijo. As? empezamos a profundizar el tema del discipulado.

La palabra disc?pulo -en griego maqhthe ? como ya dijimos, significa aquel que se vincula con una persona no tanto a nivel te?rico, o por lo que el maestro le transmite a nivel de ideas, sino afectiva y vitalmente, a tal punto que asume su estilo de vida.

Durante mucho tiempo, por motivo de mis estudios, tuve que leer sobre Freud, incluso dar clases sobre ?l, pero no por eso me considero disc?pulo suyo. He podido conocer mucho de sus ideas, de sus planteamientos, pero eso no me ha hecho disc?pulo, eso no me ha hecho freudiano.
San Pablo utiliza una verbo muy descriptivo para expresar esto mismo: Revestirse.

Para nosotros esta figura no nos dice mucho. Pero en algunos pueblos nativos sabemos que el vestido designa la tribu: el vestido los identifica, dice quienes son, dice el lugar a que pertenecen. Esa es la idea de San Pablo.

Lo mismo suced?a en aquellas sociedades, que sin Radio, ni Televisi?n, ni Cine, pose?an el Teatro. Y cuando un actor se revest?a con los atuendos del personaje que representaba, se convert?a en ese personaje. Tomaba todo de ?l: sus actitudes, sentimientos, modales, etc.

San Pablo tambi?n habla del buen olor de Cristo. Vemos entonces que el discipulado implica Revestirse de Cristo, oler a Cristo. Por eso a?n se oye ?aunque cada vez menos-aquello de ?morir en olor de santidad?.

5. QUE SIGNIFICA SER DISC?PULO

A continuaci?n deseo compartir con ustedes algunos puntos concretossobre lo que significa el discipulado:

5.1. El primer punto es dif?cil, pero es una realidad innegable de la que debemos partir: Nadie nace disc?pulo de Jes?s.
Para ser disc?pulo es necesaria la conversi?n (Metanoia, en griego), el cambio de mentalidad.

Es doloroso decirlo, pero para muchas personas no es normal ser bueno, no es normal pensar c?mo piensa Jes?s, actuar como act?a Jes?s. Lo normal, lo espont?neo parece que es otra cosa...

Ser disc?pulo, entonces, exige un renacer (Jn. 3, 16). Y si nacer y hacer nacer cuesta (esto pueden confirmarlo las damas que son madres), el renacer tambi?n.
?El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios est? cerca. Convi?rtanse y crean en el Evangelio.? (Mc. 1, 15) ?Tanto am? Dios al mundo que entreg? a su Hijo ?nico, para que todo el que crea en El no se pierda, sino que tenga vida eterna? (Jn 3, 16) Es dif?cil porque uno llega a acostumbrarse a todo, incluso ?y sobre todo- llegamos a acostumbrarnos a nosotros mismos, a nuestros defectos, a nuestro pecado. Y buscamos cualquier cosa que nos justifique tal y como somos, que no nos incomode, que no cambie nuestro panorama.

Estamos acostumbrados a buscar soluciones f?ciles... la eutanasia, el divorcio, el aborto, el matrimonio gay... Todas estas opciones intentan solucionar nuestras insatisfacciones, pero solamente las disfrazan y las aumentan. Por eso la conversi?n es dif?cil.

Porque lo ?nico que realmente colma y da entido a nuestra existencia, y soluciona nuestras insatisfacciones, es darnos cuenta que no estamos aqu? para este mundo, sino para la eternidad, para buscar la eternidad.

5.2. Con esta b?squeda de la eternidad atrav?s de la conversi?n (metanoia), vamos adquiriendo una mentalidad radicalmente nueva de todas las cosas. Tan radical, que su fundador, Jesucristo, fue considerado un loco.

Por eso el cristiano, si es aut?ntico, ser? siempre un exiliado... un signo de contradicci?n.

Es un pasar de mi mundo, al mundo de Dios; de mi horizonte, al horizonte de Dios? ese es el cambio de mentalidad que origina el discipulado. De luchar por los primeros lugares, a luchar por los ?ltimos? ?El que quiera ser el primero? que sea el ultimo?.
De modo que lo que nos hace dichosos, sea la pobreza, el ser perseguido. De modo que te convenzas de que la mejor venganza es el perd?n... (cf. Mt. 10, 18 ss)

5.3. Esta visi?n radicalmente nueva se obtiene a partir del encuentro con Cristo.

(Jn 8, 12). Es asunto de encontrarse con ?l, de entrar en su mundo, de saberse iluminado por Su luz y as? aprender a razonar de otro modo.
Ser disc?pulo es, entonces, adquirir un modo de razonar que difiere ?del mundo?, que no busca la gloria humana, que asume la realidad divina a?n a pesar de la cruz: Recordemos el pasaje en que Jes?s anuncia: ?Ir? a Jerusal?n para ser crucificado?. Pedro le dice que no vaya... Y el Se?or le increpa con una palabra muy fuerte: ?Ap?rtate de mi Satan?s...? (Lo llama Satan?s...).
Ser disc?pulo es sentirse contento por ser juzgado en virtud del seguimiento de Cristo. Es entregarse completamente a esta locura del amor. Porque cuando se ama, se hacen locuras, si no, nunca amaste... ?Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminar? en tinieblas, sino que tendr? la luz de la vida? (Jn8, 12).
Esta luz que ofrece Cristo a sus disc?pulos, no es una luz natural.
?Naturalmente? no escoges el celibato, el martirio, la pobreza etc. Es una luz SOBRENATURAL, y solo la podemos entender y asumir desde ah?, desde la perspectiva de lo sobrenatural.
Y es una realidad eterna. Esta conversi?n, esta relaci?n de amor, si es verdadera, es para siempre. Si lo dejas, es que nunca te encontraste con ?l.

5.4. Este encuentro permite lograr un Misterioso parentesco con Cristo mismo y con los hermanos, a tal punto que Cristo se vuelve padre, madre, hermana, hermano, etc., como leemos en Lc. 8, 19 ss.

?Su madre y sus parientes quer?an verlo, pero no pod?an acerc?rsele por el gent?o que hab?a?. Alguien dio a Jes?s este recado: ?Tu madre y tus hermanos est?n afuera y quieren verte.? Pero Jes?s respondi?: ?Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en pr?ctica?. (Lc. 8, 19)
?A todos los que lo recibieron les concedi? ser hijos de Dios: estos son los que creen en su Nombre? (Jn. 1, 12).
Este parentesco es mayor a cualquier otro, porque Dios une m?s que la sangre (Jn 1, 12). Y la persona que es totalmente de Dios, es tambi?n totalmente mi hermano, mi hermana, mi madre. Esto lo ha expresado de una manera maravillosa ?incluso a algunos les puede parecer atrevida- san Juan de la Cruz en su oraci?n / poema del alma enamorada:
?M?os son los cielos y m?a es la tierra; m?as son las gentes, los justos son m?os y m?os los pecadores; los ?ngeles son m?os, y la Madre de Dios y todas las cosas son m?as; y el mismo Dios es m?o y para m?, porque Cristo es m?o y todo para m?.?
E insisto en que todo esto: la conversi?n el encuentro con Cristo, este parentesco, no es natural... es absolutamente sobrenatural.

5.5. Ser disc?pulo implica ?consecuencia inevitable- perseverar. Y se trata de perseverar con ?l en sus tribulaciones (cf. Lc. 22, 28 )

?Ustedes han permanecido conmigo compartiendo mis pruebas? (Lc.22, 28)
El disc?pulo debe estar preparado para la prueba, para enfrentar al enemigo. Pero no estoy pensando tanto en enemigos afuera, sino me refiero al enemigo que yo soy para m? mismo.

Y el peligro es que uno se acostumbra a todo, hasta a uno mismo? me acostumbro a m? mismo, a esta persona que no ha terminado de ser disc?pulo de Cristo, a este yo ego?sta, que busca el primer puesto,que quiere estar siempre al frente. Este es el enemigo contra el que lucha el disc?pulo.

5.6. El disc?pulo es enviado como cordero entre lobos. El cristiano es contraste, es profec?a, es choque (claro, debido a la conversi?n). El disc?pulo es capaz de decir no, de optar en contra del pecado.

Es capaz de comprender, asumir y amar esta opci?n del bien que se enfrenta al mal sin medir el tama?o o la potencia para enfrentarlo. El disc?pulo opta por el bien a pesar de la inmensidad aparente o real del mal.

5.7. El disc?pulo asume cada d?a m?s la l?gica ?de las peque?as cifras?. Es decir, la l?gica de Jes?s.

- La l?gica de la semilla de mostaza? que es la m?s peque?a de todas.
- La l?gica del grano de trigo echado por el sembrador?
- La l?gica del peque?o reba?o, como ha llamado a sus disc?pulos.
- La l?gica de la levadura? que no se ve pero que fermenta toda la masa.
- La l?gica de la sal? una pizca que cambia el sabor a toda la comida.
Esta l?gica que hace que el pastor abandone noventa y nueve ovejas para buscar una que se le ha perdido?
Es la misma l?gica retratada en una an?cdota de Bernanos (autor de ?Diario de un cura rural?). En alg?n momento, siendo ya famoso,
firmaba aut?grafos ante una multitud. Y hab?a una ni?a que ped?a su atenci?n, pero el autor la ignor?.

Arrepentido de su actitud, pide al d?a siguiente que le busquen a esa ni?a.
Finalmente la encontraron y se la llevaron. Consciente de esta l?gica de las peque?as cifras, de las peque?as cosas, Bernanos le dijo: ?Todo el mundo te dice ?hazte grande?, yo te digo ?qu?date peque?a?. Porque el mundo es de los poetas y de los peque?os?.

5.8. Finalmente, y quiz? lo m?s duro: Los disc?pulos son los que est?n dispuestos a dar la vida por el maestro. (Cf. Jn 15, 13)
?No hay amor m?s grande que ?ste: dar la vida por sus amigos? (Jn. 15, 13)

En el pasaje final del Evangelio de San Juan, cuando el Se?or pregunta a Pedro: ??Me amas m?s que estos??, se nos ilustra muy bien hasta d?nde ha de llevarnos el discipulado.

Porque como Pedro, si amamos al Se?or verdaderamente, si le seguimos como ?l mismo nos propone (Jn. 21,20), tambi?n tenemos que saber que ?vendr? el momento en que abrir?s los brazos y otro te ce?ir? y te llevar? donde no quieras?. (Jn 21, 19). La propuesta es clara: ?s?gueme si me amas, y prep?rate a dar la vida...?.
Ser disc?pulo implica llegar a pedir la gracia de entregar la vida por el maestro.

6. LA CONFIGURACION CON CRISTO

La historia de la Iglesia, de la teolog?a y la tradici?n espiritual nos han hablado frecuentemente del seguimiento de Cristo, de la imitaci?n de Cristo. No creo que ninguno de nosotros estemos en contra de estos conceptos tan ricos de la historia de la fe.

Sin embargo, hoy, quiero hacerles otra propuesta, no menos hist?rica, pero siempre novedosa: la Configuraci?n del disc?pulo, del misionero,con Cristo.
Ya nos dec?a el Papa Benedicto XVI en la Enc?clica Spe Salvi, que el encuentro con el Dios que nos ha mostrado su rostro en Cristo, y que ha abierto su Coraz?n, es para nosotros no s?lo ? informativo ?, sino tambi?n ? performativo ?, es decir, que puede transformar nuestra vida hasta hacernos sentir redimidos por la esperanza que dicho encuentro expresa.
Es un mensaje que plasma de modo nuevo la vida misma, no solamente ?informaci?n?de tipo intelectual.

La unci?n del Esp?ritu Santo, con la que hemos sido ungidos para evangelizar a los pobres, es participaci?n de la plenitud de Cristo. Por eso, los que hemos sido llamados a seguir al Se?or y a colaborar con El en la obra que el Padre le encomend?, tenemos que contemplar asiduamente a Cristo e imitarlo, penetrados de su Esp?ritu, hasta que ya no seamos nosotros mismos los que vivamos, sino que sea Cristo quien realmente viva en nosotros.
S?lo de este modo seremos v?lidos instrumentos del Se?or para anunciar el Reino de los cielos.

La caridad apost?lica es la virtud m?s necesaria para el disc?pulo. De tal modo que, si carece de ella, ser? como una campana que suena o un c?mbalo que reti?e.
Jesucristo, ungido por un ardiente amor al Padre y a los hombres, se entreg? a los trabajos, a la pasi?n e incluso a la muerte. Del mismo modo, los Ap?stoles, testigos de la alegr?a de la Resurrecci?n de Cristo, impulsados por el fuego del Esp?ritu Santo, recorrieron el mundo entero.

Movidos por el celo apost?lico y por el gozo del Esp?ritu, esforc?monos tambi?n nosotros, con todos nuestros medios y recursos, por conseguir que Dios sea conocido, amado y servido por todos.
Amemos a toda la humanidad, dese?ndole y procur?ndole la bienaventuranza del Reino ya iniciada en la tierra.

Para tener los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo, que se anonad? a S? mismo, tomando la forma de siervo, procuren los disc?pulos la humildad que, por disponernos a la gracia de Dios, es el fundamento de la perfecci?n cristiana y, por lo tanto, una virtud muy necesaria para los ministros del Evangelio. De todos los dones que cada uno crea poseer, d? ?nicamente a Dios toda la gloria, procurando hacerlos fructificar copiosamente.

Recuerde cada uno sus pecados y defectos y reconozca ?ntimamente la propia dependencia de Dios. Exprese este conocimiento en el modo
de actuar y en sus relaciones con los dem?s. Confiese sus errores y defectos, pida perd?n a los hermanos y hermanas y pr?steles los servicios de una caridad operosa, de modo que est? en medio de la Iglesia como quien sirve.

Esforc?monos por imitar la mansedumbre propuesta por el Se?or, que es se?al de vocaci?n apost?lica. Es ciertamente necesario que la caridad de Cristo nos apremie, de modo que amemos a la Iglesia con
el mismo amor con que Dios la ama y con fortaleza de esp?ritu muramos cada d?a por ella; sin embargo, a fin de ganar a los m?s
posibles para Cristo, debemos estar siempre animados por su mansedumbre en el ejercicio de nuestro ministerio.

Asociados a la obra de la Redenci?n, procuremos configurarnos con Cristo, que dijo: ?Si alguno quiere venir en pos de M?, ni?guese a s? mismo tome su cruz y s?game?.
Los aut?nticos disc?pulos, guarden con diligente cuidado sus sentidos, glorificando y llevando a Dios en su cuerpo. En la comida y bebida y en el uso de aquellas cosas que favorecen el deleite, elijan las formas de templanza m?s conformes a las circunstancias de tiempo y de lugar y que mejor corresponden a personas apost?licas. De este modo, en su frugalidad quedar? manifiesto que el cuerpo es de Cristo, por cuya virtud Dios nos resucitar?.

Recordando las palabras del Se?or: ?Quien pierda su vida por m? y por el Evangelio, la salvar?, debemos alegrarnos en toda adversidad, en el hambre, en la sed, en la desnudez, en los trabajos, en las calumnias, en las persecuciones y en toda tribulaci?n, hasta que podamos decir con San Pablo: ?Lejos de m? gloriarme sino en la cruz de nuestro Se?or Jesucristo, por quien el mundo est? crucificado para m? y yo para el mundo?.

El mismo Se?or, que se identific? plenamente con los que sufren, nos invita a reconocerle como paciente en ellos y a prestarles una ayuda eficaz, dando incluso nuestra vida por nuestros hermanos. Solidarios de los que padecen enfermedad, dolor, injusticia y opresi?n, soport?moslo todo por ellos, para que tambi?n ellos consigan la salvaci?n.

Ya que Jesucristo padeci? por nosotros, dej?ndonos su ejemplo, cuando estemos enfermos soportemos la enfermedad y los dolores con humildad y sumisi?n al divino benepl?cito, sabiendo que con nuestra dolencia completamos lo que falta a la pasi?n de Cristo.

Llevemos, pues, con gran paciencia la enfermedad y todas las deficiencias provenientes de la pobreza, predicando a todos con el testimonio de la vida.
Nuestra vocaci?n especial en el Pueblo de Dios es el ministerio de la Palabra, con el que comunicamos a los hombres el misterio ?ntegro de Cristo. En efecto, hemos sido enviados a anunciar la vida, muerte y resurrecci?n del Se?or, hasta que vuelva, a fin de que todos los hombres se salven por la fe en El. Es un signo de esperanza el que Su Santidad Benedicto XVI nos haya convocado para un S?nodo sobre la Palabra de Dios, y que el Documento de Aparecida nos recomiende la Lectio Divina como un medio seguro para aprender a ser disc?pulos.
Compartiendo las esperanzas y los gozos, las tristezas y las angustias de los hombres, principalmente de los pobres, pretendemos ofrecer una estrecha colaboraci?n a todos los que buscan la transformaci?n del mundo seg?n el designio de Dios.

Debemos anunciar la Buena Nueva del Reino en fidelidad y fortaleza,sobre todo porque son muchos los que a ?l se oponen, por ambici?n de poder, por af?n de riquezas o por ansia de placeres.

La Iglesia cumple su misi?n suscitando y consolidando comunidades de disc?pulos, sea convirtiendo a los hombres a Dios por la fe, sea renovando su vida en Cristo y llev?ndola hasta la perfecci?n.

Para cumplir esta misi?n, los disc?pulos deberemos emplear todos los medios que nos sean posibles; pero, ante todo, fomentar en s? mismos: El sentido de intuici?n para captar lo m?s urgente, oportuno y eficaz, atendidas las circunstancias de tiempos, lugares y personas, sin anclarse en m?todos o nstrumentos de apostolado inadecuados;

. el sentido de disponibilidad, de modo que est?n dispuestos a renunciar a todo lo que hasta ahora han tenido, con el fin de realizar la misi?n de propagar la fe, tanto dentro como fuera de las fronteras de la patria, d?ciles al Esp?ritu y obedientes a la misi?n;

. el sentido de catolicidad para ir a todas las partes del mundo y con esp?ritu abierto estimar grandemente las costumbres de los pueblos y sus valores culturales y religiosos.

La acci?n misionera debe dirigirse, ante todo, a aquellos que m?s necesitados est?n de evangelizaci?n o a quienes ya son agentes de la misma evangelizaci?n o pueden serlo. De buen grado asociamos en el Se?or a nuestras obras apost?licas a todos y cada uno de los que, impulsados por esp?ritu misionero, desean colaborar con nosotros.
Los disc?pulos deben entregarse plenamente a la obra del Evangelio, dejando incluso la propia familia: recordemos, en efecto, que tenemos un Padre en el cielo a quien m?s que a nadie debemos agradar.

Los disc?pulos, respondiendo a las exigencias de su vocaci?n y movidos por la caridad que, por mediaci?n del Esp?ritu Santo, derrama el Padre en nuestros corazones, hemos de vivir cada d?a m?s por Cristo, por la salvaci?n de los hermanos, a semejanza del Salvador que ?nos am? y se entrego a S? mismo por nosotros? (Ef 5, 2).
?Caminemos siempre en el amor? nos dice all? mismo el Ap?stol; porque s?lo viviendo la vida de Cristo e imitando su caridad, respondemos al mandamiento suyo por antonomasia: ??mense los unos a los otros, como Yo les he amado? (Jn 15, 12).

Como en la Iglesia naciente cuando ?perseveraban todos un?nimes en la oraci?n con Mar?a la Madre de Jes?s? (Act 1, 14) fue nota relevante la caridad, porque todos los llamados ten?an ?un solo coraz?n y una sola alma? (Act 4, 32), as? entre los disc?pulos debe reinar una caridad afectiva y efectiva sin eclipses, porque son mayores las exigencias de delicadeza, de mansedumbre y servicio mutuo, reclamadas por nuestro bautismo. En la caridad conocer?n todos que somos disc?pulos de Cristo (Jo. 13, 35) y erdaderos Hijos de Mar?a; y por la caridad responderemos plenamente a nuestra vocaci?n, porque quien ama al pr?jimo, cumple toda la ley (Rom 13, 8 y 10).

Pero el disc?pulo no sabe de barreras y l?mites en el amor: ama a sus hermanos de la peque?a comunidad y ama a toda la Iglesia. M?s a?n, con sentido verdaderamente eclesial y ecum?nico, nuestra caridad es siempre abierta y da testimonio de la vida de perfecci?n, gracias al trato amistoso y a la cooperaci?n franca con todos, con la Iglesia y, especialmente, con la Jerarqu?a de la Iglesia. Jesucristo cumpli? su misi?n impulsado por el amor al Padre inmol?ndose a S? mismo en sacrificio (Jo 14, 13) y el disc?pulo s?lo es fiel a su vocaci?n cuando siente toda la fuerza del ?caritas Christi urget nos? (el amor de Cristo nos apremia), que mov?a a San Pablo.

La caridad empuja al disc?pulo a procurar la gloria de Dios, le enardece en ansias de salvar a todos los hombres por todos los medios; le capacita y da unci?n a sus palabras y le hace incansable en el trabajo.
Por la caridad que es v?nculo de perfecci?n (Col 3, 14) el disc?pulo da testimonio de haber pasado de la muerte (o vida natural) a la vida verdadera de la gracia de Cristo.

El mejor modo de imitar la vida intra trinitaria a semejanza de la cual hemos sido hechos, es realizando la unidad que deseaba Jesucristo:

?Como T?, Padre, est?s en m? y yo en Ti, que todos ellos sean uno con nosotros para que el mundo crea que T? e enviaste? (Jn 17, 21).
Por muchos t?tulos, la caridad y uni?n entre nosotros ser? medio eficaz de apostolado.
Los que hemos cre?do y experimentado el amor que Dios nos tiene (I Jn 4, 16) sabemos que nos am? hasta enviarnos a su Hijo que ser?a expiaci?n por nuestros pecados; y eso nos obliga a amarnos mutuamente, porque s?lo as? permanece Dios en nosotros, y es perfecto nuestro amor a ?l (I Jn 4, 10-12).

Pero hay m?s todav?a: la caridad con que amamos a la Iglesia, que es virtud teologal, porque amamos a Dios en el pr?jimo o al pr?jimo por Dios, nos hace descubrir cuanto de ser y perfecci?n nos ha comunicado el mismo Dios, a?n en el orden natural.

Por eso, un entendimiento reflexivo y un ?nimo sensible que nos hagan reconocer y apreciar mutuamente los valores personales, ser? buen fundamento que disponga el m?s f?cil ejercicio de la caridad y amistad cristiana.

La centralidad de Cristo en la vida del disc?pulo es la ra?z de la identidad misionera, crea y renueva constantemente la comuni?n fraterna y sostiene el compromiso en la transformaci?n del mundo por medio del servicio misionero.

Este testimonio, como toda la actividad apost?lica del disc?pulo, brota de una configuraci?n exterior e interior con Cristo Evangelizador y de una ?ntima comuni?n y amistad con ?l.

Como el Se?or Jes?s mostr? siempre en su exterior la plenitud interna de la gracia con que el Padre le hab?a colmado, as? nosotros por la afabilidad, alegr?a espiritual y modestia, hemos de poner de manifiesto la presencia de Dios en el mundo.

Los disc?pulos han sido llamados para vivir en alabanza de Dios, para predicar el Evangelio del Hijo y para animarse mutuamente en el camino del Se?or El disc?pulo deber? llevar por doquier en su cuerpo la muerte de Jes?s, padeciendo juntamente con Aquel con quien nos gloriamos.

Esto es necesario para aquellos que son enviados a anunciar el misterio de la cruz de Cristo y de la gloria del Se?or.

7. Para hacer nuestro el modo de vida de Jes?s.

Tambi?n nosotros, los disc?pulos aqu? presentes en Ecuador, elegidos por Jes?s y ungidos por el Esp?ritu Santo, nos sentimos llamados a dar continuidad ?hoy? a esta admirable tradici?n misionera y prof?tica de la Iglesia S?lo cuando hay coherencia entre el anuncio y la vida, la profec?a se hace persuasiva. Nuestra vida personal y eclesial es, entonces, nuestro primer acto prof?tico.

S?lo vivimos aut?nticamente cuando vivimos ?en Cristo Jes?s?. Por eso, hemos de contemplarlo asiduamente e imitarlo, penetrados de su Esp?ritu, hasta que ya no seamos nosotros mismos los que vivamos, sino que sea ?l quien realmente viva en nosotros. Que sea deseo de los disc?pulos no anteponer nada al amor personal por Cristo y por los pobres en los que ?l vive.

El cambio de ?poca y el pluralismo cultural que se aprecia en el mundo actual nos estimulan a preguntarnos por el modo m?s id?neo de vivir nuestra configuraci?n con Cristo.

No siempre es f?cil encontrar las respuestas adecuadas, pero estamos convencidos de que el discipulado presenta elementos de fuerte contraste y provocaci?n en nuestras sociedades.

Ello hace de la vivencia gozosa y compartida de nuestra vocaci?n misionera un elemento fundamental de nuestra profec?a. Es posible cultivar y mantener nuestro estilo de vida dentro de un desarrollo arm?nico de nuestra personalidad:

- Si fortalecemos mucho m?s nuestra fe y confianza en Dios, que cuida de nosotros; en Jes?s que es nuestro Maestro y Salvador; en el Esp?ritu, que es el fuego purificador y creador; en Mar?a nuestra madre e intercesora; en nuestra Iglesia y en nosotros mismos.
- Si confiamos nuestra interioridad a otra persona, que nos acompa?e y aconseje.
- Si el celo apost?lico arde en nosotros y entregamos de coraz?n nuestra vida a los hermanos y hermanas, necesitados de nuestro servicio.
- Si en determinadas circunstancias m?s graves, recurrimos a las terapias m?s adecuadas para nuestra recuperaci?n integral.

La Iglesia nos exhorta a cumplir nuestro servicio prof?tico y nos pide cultivar en profundidad la experiencia de Dios; discernir, a la luz del Esp?ritu, los desaf?os de nuestro tiempo y traducirlos con valent?a y audacia a opciones y proyectos coherentes tanto con el carisma original como con las exigencias de la situaci?n hist?rica concreta.

Necesitamos, pues, una s?lida espiritualidad de la acci?n, viendo a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios.

El car?cter prof?tico de nuestro discipulado ha de beber en las fuentes de una s?lida y profunda espiritualidad. Queremos que nuestra Iglesia sea siempre m?s una escuela de aut?ntica espiritualidad misionera desde la inspiraci?n de los santos, particularmente, de aquellos que han recorrido nuestras calles en Am?rica latina.

La profec?a de la vida ordinaria, frecuente entre nosotros, es la que hace posible la gran profec?a de los momentos extraordinarios. Se muestra en la oraci?n, como expresi?n de amistad con Dios; en la b?squeda incesante de su voluntad; en las relaciones en las que prevalece la ternura, la alegr?a de vivir, la compasi?n, la fe en el pr?jimo, el servicio a los hermanos.

- Queremos anunciar el Reino de Dios y con ?l a Jes?s, mediador del Reino, hijo amado del Abb? y hermano nuestro.
- La predicaci?n del Dios de la Vida y del Amor ser? anuncio de consolaci?n y esperanza, especialmente para nuestro pueblo herido. Nuestro servicio de la Palabra ser? prof?tico siempre que vaya avalado por acciones que intenten curar los males que aquejan a nuestros hermanos y hermanas.
- Nuestras palabras y acciones denunciar?n el orden econ?mico injusto que pone el lucro por encima de la persona y causa tanta pobreza, deshumanizaci?n y muerte; ser? asimismo denuncia de todo aquello que pueda lesionar los derechos humanos, la paz y la justicia, o destruir la naturaleza.

8. Para colaborar en la evangelizaci?n del pueblo

- Nos conmueve, como disc?pulos, contemplar a tantas personas y pueblos que no conocen la plena manifestaci?n del amor de Dios realizada en Jes?s.

- El impulso misionero ad gentes nos ha de llevar a desplazarnos hacia la multitud creciente de aquellos que no conocen a Cristo.

- Nos preocupa, como evangelizadores, la situaci?n de tantos hombres y mujeres que, por diversas causas, se han alejado de la fe cristiana o, por el ambiente de secularizaci?n, se han hecho extra?os a la fe o al sentido religioso.

Nuestra palabra y predicaci?n ser?n anuncio de Jesucristo, luz del mundo y tender?n a suscitar la experiencia de fe y a personalizar los valores del Evangelio.

El hecho de que no pocas personas quieran silenciar a Dios, nos invita a purificar nuestra manera de evangelizar y a seguir proponiendo a Dios, predicado por Jesucristo, como el mayor bien del ser humano.

Sigue siendo un gran reto para nosotros el crecimiento de la pobreza que afecta a la mayor?a de la poblaci?n mundial y que es consecuencia de la expansi?n de estructuras y sistemas socioecon?micos y pol?ticos injustos.

9. CONCLUSI?N

La llamada a ser disc?pulo Uno de los rasgos m?s caracter?sticos del discipulado en el Evangelio es el modo como se produce.

Mientras que en el mundo rab?nico eran los disc?pulos quienes escog?an a su maestro, Jes?s va a romper dr?sticamente con la cultura de su ?poca al establecer como norma de discipulado, que no son los disc?pulos quienes le escogen a ?l sino ?l quien les escoge a ellos (Jn 15,16).

Lo mismo que en el resto de los Evangelios, tambi?n en San Mateo se deja ver claramente esta iniciativa de Jes?s en todos los relatos vocacionales. Podemos verlo en la llamada a los pescadores (Mt 4,18-22), o en la del propio Mateo (Mt.9.9-13). Jes?s ve y llama por propia iniciativa.

Falta, sin embargo, en San Mateo el pasaje de la elecci?n de los Doce, donde tan claramente explicitaba Marcos que Jes?s ?llam? a los que ?l quiso? (Mc 3,13), y Lucas dec?a que ?escogi? a Doce (Lc 6,12).
En el texto de San Mateo no se nos narra la instituci?n del grupo de los Doce. S?lo se nos dice que Jes?s llam? a los Doce para confiarles la misi?n de ir de dos en dos, pero el texto carece de la tonalidad vocacional que hay en la versi?n de Marcos o de Lucas.

Para reforzar esta tesis de que la iniciativa debe tenerla siempre Jes?s, Mateo presenta el caso de alguien que se ofrece voluntariamente a seguir a Jes?s, y que sin embargo es rechazado, porque la iniciativa vocacional s?lo puede venir de Jes?s (Mt 8,19).

Ser?a el equivalente del relato de Marcos sobre el endemoniado de Gerasa que tambi?n se ofreci? voluntario para seguir a Jes?s sin que ?ste le admitiera en su compa??a (Mc 5,18-19; Lc 8,38-39). Mateo en su relato sobre los dos endemoniados ha omitido este detalle.

La respuesta de las personas llamadas es pronta y generosa, mostrando con ello la autoridad y el poder de atracci?n de Jes?s.
Como se?alaba Bultmann el pasaje es m?s acerca de Jes?s que llama que acerca de los disc?pulos que siguen.
El seguimiento lleva consigo un abandono de la situaci?n previa.

En los relatos vocacionales se nombran las cosas que son dejadas atr?s: redes, barcas, padres, todo? Son las cosas que sirven de criterio del ?xito o fracaso en la vida, las que le atribuyen a uno su estatus social, las que proporcionan seguridad. Equivale a un suicidio el abandonar las herramientas de trabajo, la familia que era uno de los pilares de la estructura social. Pero en este abandono se muestra la radicalidad del seguimiento, y la autoridad de Jes?s que llama.

El estilo prof?tico de vida del disc?pulo recibe de Mar?a, madre de la Iglesia, una caracter?stica peculiar. Ella nos ense?a que, sin coraz?n, sin ternura, sin amor, no hay profec?a cre?ble. Mar?a profiri? la Palabra, porque antes la concibi? en su coraz?n; proclam? un Magnificat prof?tico, porque antes crey?; estuvo junto a la Cruz y en Pentecost?s porque fue la tierra buena que acogi? la Palabra con un coraz?n alegre, la hizo fructificar el ciento por uno y pidi? a los dem?s que lo hicieran.

Sea Ella quien haga fructificar este CAM 3 y lo proyecte en la Gran Misi?n Continental que estamos por comenzar.

Muchas gracias.

Oscar Andr?s Rodr?guez Maradiaga, S.D.B
Arzobispo de Tegucigalpa. Honduras.

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Publicado por mario.web @ 0:50
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