Lunes, 25 de abril de 2011
Frente a algunos liberales doctrinarios, que intentan confundir, pretendiendo compatibilizar el Capitalismo y la DSI, las enc?clicas de los Papas dejan bien claro, no s?lo su diferencia sino su oposici?n
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La Doctrina Social de la Iglesia frente al Capital
La Doctrina Social de la Iglesia frente al Capital



Frente a algunos liberales doctrinarios, que intentan confundir, pretendiendo compatibilizar el Capitalismo y la DSI, las enc?clicas de los Papas dejan bien claro, no s?lo su diferencia sino su oposici?n


Alguien tan poco sospechoso de heterodoxia como el profesor Wilhelmsen ha escrito que en el siglo XIX "el desfile intolerable de damas liberales y de sus maridos que, vestidos de levita y chistera, iban a misa todos los domingos y ultrajaban el sentido de justicia de los despose?dos" ayud? "a la propaganda comunista, que se empe?aba en identificar el liberalismo con el cristianismo" ."Era un cristianismo muy c?modo ".

"El liberalismo ya hab?a borrado lo religioso de la vida p?blica". "La fe se retir? de los rincones del alma no tocados por la vida p?blica. La religi?n se redujo a la beater?a, un fen?meno t?picamente liberal. Muchas familias, cuyo bienestar depend?a del robo de los bienes de la Iglesia, no faltaban nunca a sus devociones en la iglesia, domingo tras domingo. Como la conciencia liberal quer?a enga?arse a s? misma, no es de extra?ar que el comunismo, por haberse dado cuenta de esta mala fe, fuera capaz de enga?ar a las masas. ?Si esto es el cristianismo, entonces, abajo el cristianismo! Es una l?stima tener que decir que aqu? el comunismo ten?a raz?n" (Federico D. Wilhelmsem. El problema de occidente y los cristianos. 1964)

Al igual que en el siglo XIX, tambi?n hoy la Iglesia corre el grave riesgo de que millones de seres humanos que sufren en el mundo el yugo de la explotaci?n capitalista, se alejen de ella, confundidos por la perniciosa propaganda de algunos partidarios del capitalismo liberal que, en estos momentos en que el liberalismo econ?mico parece imponerse a escala planetaria, est?n empe?ados en querer identificar el liberalismo con el cristianismo, el capitalismo con la Doctrina Social de la Iglesia, a base de interpretaciones retorcidas, de p?rrafos del Magisterio sacados de contexto, y de medias verdades que suelen ser, realmente, las peores mentiras.

A quienes tal cosa procuran, no les vendr?a mal releer aquellas duras palabras que, ya en 1873, pronunciara el Beato P?o IX: "No faltan algunos que intentan poner alianza entre la luz y las tinieblas, y mancomunidad entre la justicia y la iniquidad a favor de las doctrinas llamadas cat?lico-liberales.

Los que tal hacen, de todo punto son m?s peligrosos y funestos que los enemigos declarados porque, encerr?ndose dentro de ciertos l?mites, se muestran con apariencias de probidad y sana doctrina para alucinar a los imprudentes amadores de conciliaci?n, y seducir a las gentes honradas que habr?an combatido el error manifiesto" . En consecuencia, un a?o despu?s, el Romano Pont?fice animaba a los cristianos a " inculcar en los ?nimos todo cuanto esta Santa Sede tiene ense?ado contra las perversas o cuando menos falsas doctrinas profesadas en tantas partes, y se?aladamente contra el Liberalismo cat?lico, empe?ado en conciliar la luz con las tinieblas y la verdad con el error" .

M?s reciente, pero no menos clara, es la advertencia de Pablo VI en su Octogesima Adveniens, donde, tras rechazar el marxismo, sigue diciendo: "Tampoco apoya el cristiano la ideolog?a liberal, que cree exaltar la libertad individual sustray?ndola a toda limitaci?n, estimul?ndola con la b?squeda exclusiva del inter?s y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias m?s o menos autom?ticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organizaci?n social ".

Ignorando todas estas reprobaciones, algunos individuos que se declaran cat?licos y al mismo tiempo fervorosos liberales, han emprendido una especie de "cruzada" propagand?stica destinada a cantar las excelencias del sistema capitalista y sobre todo su presunta afinidad con el catolicismo.

Los valedores del "capitalismo cat?lico", definen el capitalismo como aquel sistema de organizaci?n econ?mica basado en la propiedad privada, incluso de los bienes de producci?n; que utiliza el mecanismo de los precios como el instrumento ?ptimo para la eficiente asignaci?n de los recursos; y en el que todas las personas, libremente, pueden decidir las actividades que deben emprender, asumiendo el riesgo del fracaso a cambio de la expectativa de poder disfrutar del beneficio si ?ste se produce.

Partiendo de tal definici?n, para demostrar -siempre seg?n ellos- que Juan Pablo II es favorable al capitalismo, echan mano de un p?rrafo de la enc?clica Centesimus Annus (CA), en el que el Papa afirma: " Si por ?capitalismo? se entiende un sistema econ?mico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producci?n, de la libre creatividad humana en el sector de la econom?a, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quiz? ser?a m?s apropiado hablar de ?econom?a de empresa? ?econom?a de mercado?, o simplemente de ?econom?a libre? ".

Lo que no dicen es que, a continuaci?n, el Santo Padre aclara: " Pero si por ?capitalismo? se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ?mbito econ?mico, no est? encuadrada en un s?lido contexto jur?dico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensi?n de la misma, cuyo centro es ?tico y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa ". Por esta raz?n, advierte el Vicario de Cristo, " se puede hablar justamente de lucha contra un sistema econ?mico, entendido como m?todo que asegura el predominio absoluto del capital, la posesi?n de los medios de producci?n y la tierra, respecto a la libre subjetividad del trabajo del hombre.

En la lucha contra este sistema no se pone, como modelo alternativo, el sistema socialista, que de hecho es un capitalismo de Estado, sino una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participaci?n. Esta sociedad tampoco se opone al mercado, sino que exige que ?ste sea controlado oportunamente por las fuerzas sociales y por el Estado, de manera que se garantice la satisfacci?n de las exigencias fundamentales de toda la sociedad ".

Como se ve, la primera definici?n del Papa parece, aparentemente, muy similar a la dada por los "liberal-cat?licos". Ahora bien, hay que tener en cuenta que los apologistas del liberalismo econ?mico consideran que el capitalismo vigente en nuestros tiempos a lo largo y ancho del mundo, aunque perfeccionable, responde a ese primer supuesto, es decir, puede encuadrarse dentro de la primera de las afirmaciones del Santo Padre. Y aqu? es donde pienso que incurren -consciente o inconscientemente- en la manipulaci?n de las palabras pontificias, ya que la realidad es m?s bien -a mi juicio y, como veremos m?s adelante, tambi?n seg?n el criterio del Papa- que, por el contrario, el capitalismo de nuestros d?as coincide con el criticado y condenado en la segunda de las definiciones y, sobre todo, en cuanto se refiere al predominio absoluto del capital sobre el trabajo.

As?, el mismo Juan Pablo II, en la Solicitudo Rei Socialis (SRS), reconoce que actualmente " en Occidente existe, en efecto, un sistema inspirado hist?ricamente en el capitalismo liberal "; y afirma que " se puede hablar hoy d?a, como en tiempos de la Rerum novarum, de una explotaci?n inhumana "; y que " a pesar de los grandes cambios acaecidos en las sociedades m?s avanzadas, las carencias humanas del capitalismo, con el consiguiente dominio de las cosas sobre los hombres, est?n lejos de haber desaparecido; es m?s, para los pobres, a la falta de bienes materiales se ha a?adido la del saber y de conocimientos, que les impide salir del estado de humillante dependencia ". Por todo ello -entre otras razones- " la doctrina social de la Iglesia asume una actitud cr?tica ante el capitalismo liberal ". M?s claro imposible.

Por otra parte, no hay m?s que comparar lo que los abanderados del "capitalismo cat?lico" entienden por propiedad privada y mercado libre, con el sentido que la Iglesia atribuye a esas mismas palabras, para darse cuenta de que, si bien coinciden los t?rminos, los significados son diametralmente opuestos.

En lo referente al mercado es claro el distanciamiento del Magisterio con respecto a las teor?as liberales. Seg?n la Centesimus Annus " existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas ".

"Es deber del Estado proveer a la defensa y tutela de los bienes colectivos, como son el ambiente natural y el ambiente humano, cuya salvaguardia no puede estar asegurada por los simples mecanismos de mercado ".

"He ah? un nuevo l?mite del mercado: existen necesidades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas mediante sus mecanismos; hay exigencias humanas importantes que escapan a su l?gica; hay bienes que, por su naturaleza, no se pueden ni se deben vender o comprar. Ciertamente, los mecanismos de mercado ofrecen ventajas seguras. No obstante, conllevan el riesgo de una ?idolatr?a? del mercado, que ignora la existencia de bienes que, por su naturaleza, no son ni pueden ser simples mercanc?as ".

Con respecto a la propiedad privada, conviene recordar que la Iglesia no ha dejado de denunciar que, hist?ricamente -y m?s a?n hoy- han sido y son precisamente los partidarios del liberalismo quienes, en virtud de la libre concurrencia por ellos postulada, m?s han contribuido a destruir la peque?a propiedad que, ante la competencia del gran capital, tiende a desaparecer, a ser absorbida y a concentrarse en manos de unos pocos. En la Mater et Magistra, Juan XXIII, refiri?ndose a los tiempos de P?o XI -en sus d?as y en los nuestros la situaci?n es todav?a peor-, escrib?a: " La libre concurrencia, en virtud de una dial?ctica que le era intr?nseca, hab?a terminado por destruirse o casi destruirse a s? misma; hab?a conducido a una gran concentraci?n de la riqueza y a la acumulaci?n de un poder econ?mico enorme en manos de pocos, y ?stos muchas veces no son ni due?os siquiera, sino s?lo depositarios y administradores, que rigen el capital a su voluntad y arbitrio ".

Y es que, como se?al?bamos m?s arriba, media un abismo entre el concepto de propiedad liberal y el cat?lico.

Para la Iglesia Cat?lica " la propiedad de los medios de producci?n, tanto en el campo industrial como agr?cola, es justa y leg?tima cuando se emplea para un trabajo ?til; pero resulta ileg?tima cuando no es valorada o sirve para impedir el trabajo de los dem?s u obtener unas ganancias que no son fruto de la expansi?n global del trabajo y de la riqueza social, sino m?s bien de su compresi?n, de la explotaci?n il?cita, de la especulaci?n y de la ruptura de la solidaridad en el mundo laboral.

Este tipo de propiedad no tiene ninguna justificaci?n y constituye un abuso ante Dios y los hombres " (CA). Es por ello que el principio cristiano del derecho a la propiedad, como bien explica la Laborem Exercens (LE), " se diferencia del programa del capitalismo, practicado por el liberalismo y por los sistemas pol?ticos que se refieren a ?l, en el modo de entender el derecho mismo de propiedad.

La tradici?n cristiana no ha sostenido nunca este derecho como absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto m?s amplio del derecho com?n de todos a usar los bienes de la entera creaci?n: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso com?n, al destino universal de los bienes ".

"Adem?s, la propiedad seg?n la ense?anza de la Iglesia nunca se ha entendido de modo que pueda constituir un motivo de contraste social en el trabajo. Como ya se ha recordado anteriormente en este mismo texto, la propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a la propiedad de los medios de producci?n. Desde ese punto de vista, pues, en consideraci?n del trabajo humano y del acceso com?n a los bienes destinados al hombre, tampoco conviene excluir la socializaci?n, en las condiciones oportunas, de ciertos medios de producci?n ".

"Desde esta perspectiva, sigue siendo inaceptable la postura del ?r?gido ? capitalismo, que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producci?n, como un ?dogma? intocable en la vida econ?mica. El principio del respeto del trabajo, exige que este derecho se someta a una revisi?n constructiva en la teor?a y en la pr?ctica.

En efecto, si es verdad que el capital, al igual que el conjunto de los medios de producci?n, constituye a su vez el producto del trabajo de generaciones, entonces no es menos verdad que ese capital se crea incesantemente gracias al trabajo llevado a cabo con la ayuda de ese mismo conjunto de medios de producci?n, que aparecen como un gran lugar de trabajo en el que, d?a a d?a, pone su empe?o la presente generaci?n de trabajadores.

Se trata aqu?, obviamente, de las distintas clases de trabajo, no solo del llamado trabajo manual, sino tambi?n del m?ltiple trabajo intelectual, desde el de planificaci?n al de direcci?n. Bajo esta luz adquieren un significado de relieve particular las numerosas propuestas hechas por expertos en la doctrina social cat?lica y tambi?n por el Supremo Magisterio de la Iglesia.

Son propuestas que se refieren a la copropiedad de los medios de trabajo, a la participaci?n de los trabajadores en la gesti?n y o en los beneficios de la empresa, al llamado ?accionariado? del trabajo y otras semejantes. Independientemente de la posibilidad de aplicaci?n concreta de estas diversas propuestas, sigue siendo evidente que el reconocimiento de la justa posici?n del trabajo y del hombre del trabajo dentro del proceso productivo exige varias adaptaciones en el ?mbito del mismo derecho a la propiedad de los medios de producci?n ".

"El mero paso de los medios de producci?n a propiedad del Estado, dentro del sistema colectivista, no equivale ciertamente a la ?socializaci?n? de esta propiedad. Se puede hablar de socializaci?n ?nicamente cuando quede asegurada la subjetividad de la sociedad, es decir, cuando toda persona, bas?ndose en su propio trabajo, tenga pleno t?tulo a considerarse al mismo tiempo ?copropietario? de esa especie de gran taller de trabajo en el que se compromete con todos.

Un camino para conseguir esa meta podr?a ser el de asociar, en cuanto sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica gama de cuerpos intermedios con finalidades econ?micas, sociales, culturales: cuerpos que gocen de una autonom?a efectiva respecto a los poderes p?blicos, que persigan sus objetivos espec?ficos manteniendo relaciones de colaboraci?n leal y mutua, con subordinaci?n a las exigencias del bien com?n y que ofrezcan forma y naturaleza de comunidades vivas; es decir, que los miembros respectivos sean considerados y tratados como personas y sean estimulados a tomar parte activa en la vida de dichas comunidades ".

Aqu? vemos apuntada otra profunda diferencia entre los que postulan el capitalismo y las ense?anzas de la Iglesia.

Aquellos consideran que el fracaso del colectivismo marxista, y su estrepitosa ca?da demuestra que no existe otra opci?n econ?mica m?s justa y eficaz que el liberalismo econ?mico. Para ellos cualquier alternativa al capitalismo tiene que ser irremediablemente un socialismo m?s o menos encubierto, como el comunismo, la socialdemocracia, o el llamado Estado del bienestar. No conciben otra forma de socializaci?n que aquella que atribuye al Estado la propiedad de los medios de producci?n, o su control por medio de la presi?n fiscal.

Sin embargo, el Papa, denuncia esa postura maniquea, advirtiendo que " queda mostrado cu?n inaceptable es la afirmaci?n de que la derrota del socialismo deje al capitalismo como ?nico modelo de organizaci?n econ?mica ".

"Ingentes muchedumbres viven a?n en condiciones de gran miseria material y moral. El fracaso del sistema comunista en tantos Pa?ses elimina ciertamente un obst?culo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es m?s, existe el riesgo de que se difunda una ideolog?a radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideraci?n, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fide?sta, conf?a su soluci?n al libre desarrollo de las fuerzas de mercado " (CA).

"Tras el derrumbamiento del edificio ideol?gico del marxismo-leninismo en los antiguos pa?ses comunistas, no se detecta tan s?lo una p?rdida de la orientaci?n, sino tambi?n un apego ampliamente extendido al individualismo y al ego?smo que caracterizaban y siguen caracterizando a Occidente. Semejantes actitudes no pueden transmitir al hombre un sentido de la vida y darle esperanza.

Todo lo m?s, pueden satisfacerlo temporalmente con lo que ?l interpreta como realizaci?n individual. En un mundo en el que ya no existe nada verdaderamente importante, en el que puede hacerse lo que se quiera, existe el riesgo de que principios, verdades y valores trabajosamente adquiridos en el curso de los siglos queden frustrados por un liberalismo que no deja de extenderse cada vez m?s " (Juan Pablo II, Discurso a los obispos alemanes de las provincias eclesi?sticas b?varas en visita "ad limina" 4-12-92).

Es evidente, a la luz de estas ?ltimas palabras, que la indiscutible y evidentemente intr?nseca perversidad del comunismo no hace bueno al capitalismo liberal. Y adem?s no hay que olvidar que, como ya dijera P?o XI en su Divini Redemptoris, fue el liberalismo el que prepar? el camino al socialismo: " Para comprender c?mo el comunismo ha conseguido que las masas obreras lo hayan aceptado sin discusi?n, conviene recordar que los trabajadores estaban ya preparados por el abandono religioso y moral en el que los hab?a dejado la econom?a liberal ".

Pero adem?s, Juan Pablo II propugna -como acabamos de leer-, frente al reduccionismo, escepticismo y desconfianza de los liberales, la invenci?n y adopci?n de modelos de socializaci?n que asignen la propiedad de la empresa y de la tierra, no exclusivamente al capital o al Estado, sino al trabajador; es decir, modelos de socializaci?n que no s?lo no atentan contra la propiedad privada, sino que contribuyen a su difusi?n y universalizaci?n; sit?an al trabajo en una posici?n de prioridad frente al capital, dejando de ser una mera mercanc?a para pasar a ser el protagonista de la econom?a; y tienden a sustituir el salariado por la participaci?n de los trabajadores en los beneficios, la gesti?n y la propiedad de la empresa en la que aportan su esfuerzo f?sico, intelectual o directivo. Postulados, todos estos, reiteradamente recomendados por la Iglesia Cat?lica desde Le?n XIII.

P?o XII - y aqu? tambi?n se puede apreciar una honda divergencia entre liberalismo y catolicismo en cuanto al papel del Estado en la econom?a- no ten?a reparo en ense?ar que " el Estado puede, en el inter?s com?n, intervenir para reglamentar su uso, [el uso de la propiedad] o incluso, si no se puede proveer equitativamente de otro modo, decretar la expropiaci?n, dando la indemnizaci?n conveniente. Para id?ntico fin, deben ser garantizadas y fomentadas la peque?a y media propiedad en la agricultura, en las artes y oficios, en el comercio y en la industria; las uniones cooperativas deben asegurarles las ventajas de la gran hacienda; donde la gran empresa aun hoy se manifiesta m?s productiva, debe ofrecerse la posibilidad de suavizar el contrato de trabajo con un contrato de sociedad ".

"Por otra parte, -seg?n Juan XXIII en la Mater et Magistra (MM)- la acci?n de los poderes p?blicos en favor de los artesanos y los cooperativistas halla su justificaci?n, adem?s, en el hecho de que unos y otros son portadores de genuinos valores humanos y contribuyen al progreso de la civilizaci?n ".

"Adem?s, movi?ndonos en la direcci?n trazada por Nuestros Predecesores, tambi?n Nos consideramos que es leg?tima en los obreros la aspiraci?n a participar activamente en la vida de las empresas, en las que est?n incorporados y trabajan ".

"Una concepci?n humana de la empresa debe, sin duda, salvaguardar la autoridad y la necesaria eficacia de la unidad de direcci?n; pero no puede reducir a sus colaboradores de cada d?a a la condici?n de simples silenciosos ejecutores, sin posibilidad alguna de hacer valer su experiencia, enteramente pasivos respecto a las decisiones que dirigen su actividad ".

"Conviene, por ?ltimo, recordar que el ejercicio de la responsabilidad, por parte de los obreros, en los organismos de producci?n, responde a las leg?timas exigencias propias de la naturaleza humana".

"No basta afirmar el car?cter natural del derecho de propiedad privada, incluso de los bienes de producci?n, sino que tambi?n se ha de propugnar insistentemente su efectiva difusi?n entre todas las clases sociales ".

?Estar?an dispuestos los "cat?licos" liberales a proponer a los empresarios capitalistas que ofrezcan a sus trabajadores la posibilidad de asociarse como copropietarios de la empresa? ?Qu? mejor forma de defender la propiedad y la libre iniciativa? ?C?mo reaccionar?an si el Estado, -que seg?n ellos no debe apenas intervenir en la econom?a m?s que creando un marco jur?dico adecuado para el funcionamiento del sistema- arbitrase los medios conducentes a ofrecer dicha posibilidad a los trabajadores, como suger?a P?o XII?

Por ?ltimo, en su Exhortaci?n Apost?lica Ecclesia in America, Juan Pablo II condena severamente el neoliberalismo con estas palabras: " Cada vez m?s impera un sistema conocido como ?neoliberalismo?; sistema que haciendo referencia a una concepci?n economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como par?metros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificaci?n ideol?gica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y pol?tico, que causan la marginaci?n de los m?s d?biles. De hecho, los pobres son cada vez m?s numerosos, v?ctimas de determinadas pol?ticas y de estructuras frecuentemente injustas ".

Dos d?cadas antes Pablo VI ya hab?a dado la voz de alarma ante las primeras manifestaciones de este "nuevo" liberalismo: " Se asiste a una renovaci?n de la ideolog?a liberal. Esta corriente se apoya en el argumento de la eficiencia econ?mica, en la voluntad de defender al individuo contra el dominio cada vez m?s invasor de las organizaciones, y tambi?n frente a las tendencias totalitarias de los poderes pol?ticos. Ciertamente hay que mantener y desarrollar la iniciativa personal.

Pero los cristianos que se comprometen en esta l?nea, ?no tienden a su vez a idealizar el liberalismo, que se convierte as? en una proclamaci?n de la libertad? Ellos querr?an un modelo nuevo, m?s adaptado a las condiciones actuales, olvidando f?cilmente que en su ra?z misma el liberalismo filos?fico es una afirmaci?n err?nea de la autonom?a del individuo en su actividad, sus motivaciones, el ejercicio de su libertad. Por todo ello, la ideolog?a liberal requiere tambi?n, por parte de los cristianos, un atento discernimiento " (Carta Apost?lica Octogesima adveniens).

En conclusi?n; como dicen las Orientaciones para el Estudio y Ense?anza de la Doctrina Social de la Iglesia, de la Congregaci?n para la Educaci?n, el catolicismo " no se deja dominar por las implicaciones socio-econ?micas de los dos principales sistemas, capitalismo y socialismo, sino que se abre a una nueva concepci?n ".

Por eso no es admisible la pretensi?n de unos pocos de querer justificar su incoherencia, su acomplejamiento, su falta de imaginaci?n personal o la desesperada salvaguardia de oscuros privilegios e intereses privados, tergiversando a su antojo el Magisterio de la Iglesia para acercarlo a sus particulares planteamientos pol?tico-econ?micos. Hay que tener en cuenta, seg?n la Congregaci?n para la Educaci?n, que " el an?lisis sociol?gico no siempre ofrece una elaboraci?n objetiva de los datos y de los hechos, en cuanto que, ya en el punto de partida, puede encontrarse sujeto a una determinada visi?n ideol?gica, o a una estrategia pol?tica bien precisa ".

Es lo que ocurre con el an?lisis marxista, pero " ?ste peligro de la influencia ideol?gica sobre el an?lisis sociol?gico existe tambi?n en la ideolog?a liberal que inspira el sistema capitalista; en ?l los datos emp?ricos est?n frecuentemente sometidos, por principio, a una visi?n individualista de la relaci?n econ?mico-social, en contraste con la concepci?n cristiana ".

"No se puede encerrar ciertamente el destino del hombre entre estos dos proyectos hist?ricos contrapuestos, pues ser?a contrario a la libertad y a la creatividad del hombre ".

Es evidente, pues, que la Doctrina Social de la Iglesia no s?lo no es favorable al capitalismo sino que, como bien dec?a el Breviario de Pastoral Social de la Comisi?n Episcopal de Doctrina y Orientaci?n Social en 1959, "la Iglesia lo ha reprobado como contrario al derecho natural".


Publicado por mario.web @ 1:15
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