Lunes, 25 de abril de 2011
Texto de una conferencia pronunciada por Gonzalo Herranz en la Facultad de Comunicaci?n Social Institucional de la Universit? della Santa Croce, de Roma, el 29 de abril de 1998, en el curso de una Reuni?n de Estudio sobre Comunicaci?n y Cultura de la Vida
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La prensa cient?fica, creadora de opini?n p?blica
La prensa cient?fica, creadora de opini?n p?blica
Por Gonzalo Herranz
Universidad de Navarra
Departamento de Humanidades Biom?dicas


?ndice:


Una visi?n panor?mica
De la estructura dual de las "seis grandes"
Eslabones fuertes entre el mundo de la ciencia y el mundo de las comunicaciones
?tica de las relaciones entre editores cient?ficos y medios de comunicaci?n
Algunas propuestas que se derivan de las consideraciones precedentes. Comunicaci?n y Cultura de la Vida


1. Una visi?n panor?mica

Las noticias cient?ficas interesan vivamente a los hombres y a las mujeres de hoy. Los medios de comunicaci?n saben que muchos lectores, en especial los cultos y los ricos, esto es, los m?s influyentes, est?n muy interesados en los avances que con tanta frecuencia e intensidad se producen en los laboratorios de investigaci?n. Hay hoy una avidez particular por las novedades que vienen de las ciencias biom?dicas, pues no en vano la salud es el valor m?s estimado en la sociedad del presente. Lo que se dice en un congreso internacional de cardiolog?a o c?ncer se sigue con el mismo anhelo con que se informa acerca de una conferencia de paz, una alianza econ?mica o un acontecimiento deportivo. M?s de 3500 periodistas acreditados han cubierto las grandes reuniones mundiales que cada a?o re?nen a los estudiosos del SIDA. De hecho y a nivel mundial, la oveja Dolly, la soja transg?nica o las pr?tesis mamarias de silicona pueden ser motivos medi?ticos tan intensos como puedan serlo la final de la Liga de Campeones, el embargo de Cuba, la situaci?n del Oriente Medio, o el precio del petr?leo.

Los medios de comunicaci?n tratan de modo muy diverso la informaci?n biom?dica. Hay una gran variedad de estilos e ideolog?as. En un extremo, est?n los que le dedican una secci?n fija diaria, o un programa amplio, o un suplemento semanal: a ese fin, mantienen en su plantilla uno o varios profesionales que se dedican en exclusiva al periodismo cient?fico, muchas veces con grados universitarios en ciencias de la comunicaci?n y en ciencias biom?dicas. En el extremo opuesto, est?n los medios que se limitan a transcribir unas pocas noticias ocasionales, las m?s sorprendentes o extra?as, contenidas en el abundante material que compran a agencias de noticias o colaboraciones.

Puede, en general, afirmarse que los peri?dicos, la radio y la televisi?n dedican mucho espacio y tiempo a esas noticias, las tratan como informaci?n cualificada, y no raras veces las sensacionalizan. Con frecuencia, las reelaboran y adaptan, les a?aden comentarios y opiniones que obtienen de expertos, para dar as? a esas noticias m?s relieve, o para ponerlas en el contexto cultural propio. Las hacen tambi?n objeto de encuestas entre el p?blico. Muchas veces, esas reelaboraciones tratan menos de hacer un fr?o an?lisis demosc?pico que de echar le?a al fuego del debate social.

El establishment de los medios de comunicaci?n social sabe que muchas noticias biom?dicas re?nen una mezcla espec?fica y muy atractiva de ciencia y compasi?n, de inteligencia y esperanza, que las distingue de las dem?s y las hace muy humanas. Tienen la inmediatez y el realismo de lo que se refiere a la vida de todos y a la salud de cada uno. Y, por a?adidura, suelen tener implicaciones ?ticas de gran trascendencia que nos implican a todos, como individuos y como sociedad.

En general, las noticias sobre sucesos y avances biom?dicos siguen un proceso de generaci?n, presentaci?n y difusi?n semejante al que se aplica a cualquier otra noticia. Pero tienen algunos rasgos especiales. Se trata de dos hechos estrechamente conectados, pero que pocas veces se han discutido de un modo expl?cito.

El primer hecho se refiere a las fuentes de esa informaci?n y puede enunciarse as?: la parte culturalmente m?s significativa, la verdaderamente formadora de opini?n p?blica, de las novedades biom?dicas que se difunden a trav?s de los medios ordinarios de comunicaci?n se originan en las p?ginas de unas pocas publicaciones que, por decirlo as?, act?an a modo de dominante agencia mundial de noticias sobre las ciencias de la vida y de la salud. Para acceder a esas noticias, es suficiente examinar cada semana media docena de revistas biom?dicas. Yo las llamo las "seis grandes". Son: Nature, Science, The New England Journal of Medicine, The Lancet, The Journal of the American Medical Association, The British Medical Journal. No tiene el periodista que se encarga de la secci?n de ciencia y salud de los peri?dicos y revistas que moverse de su mesa de trabajo: all? le trae el correo urgente cada semana esas publicaciones en su edici?n de papel, o se las sirve Internet en sus ediciones electr?nicas, o las recibe, junto con muchos otros materiales, en cualquiera de los paquetes o boletines de informaci?n que ofrecen algunas agencias especializadas.

Es este un periodismo de guante blanco, que coexiste en los medios con otro muy diferente, el periodismo de calle, con su en?rgica funci?n de denuncia de las insuficiencias del sistema sanitario, de la incompetencia de muchos m?dicos, de la corrupci?n de algunos cient?ficos. Este periodismo amarillista exige al periodista infiltrarse en laboratorios, hospitales, morgues o consultorios. Es un periodismo m?s sensacionalista, pero a la larga menos influyente. El periodismo de la divulgaci?n cient?fica es m?s acad?mico, m?s educativo y penetrante, verdaderamente formador de opini?n. No hace hervir la sangre, pero hace reflexionar a la mente. La influencia de las seis grandes revistas es incalculable.

El segundo hecho es este: la influencia de esas revistas no se basa tanto en los datos y perspectivas estrictamente cient?ficos que publican, sino en la filosof?a y el proyecto que las inspira. Aunque las seis grandes presentan entre s? diferencias marcadas de historia, estructura y estilo, coinciden, sin embargo, en su prop?sito de crear un clima social favorable a la ciencia. Todas se proponen conceder a los datos, teor?as y modelos cient?ficos un papel sino directivo, s? inspirador en la toma de decisiones colectivas e individuales. Est?n convencidas de que la visi?n cientifista del mundo y del hombre es la ?nica capaz de hacernos libres y felices.

En general, la influencia de estas publicaciones no se ejerce primaria y directamente sobre el pueblo llano. Sus objetivos consisten en informar a los universitarios y educadores, a pol?ticos y financieros, a los art?fices de la opini?n p?blica y del desarrollo social, acerca de asuntos tales como la programaci?n de la pol?tica cient?fica, las prioridades de la investigaci?n y el desarrollo tecnol?gico, las pol?ticas de poblaci?n y sanidad, las directices ecol?gicas, las aplicaciones y usos de la biotecnolog?a, o la planificaci?n de la econom?a sanitaria. Y, por encima de todo y dando forma a todo el conjunto, definen y difunden el proyecto universal de dar a la humanidad entera un credo cient?fico, una visi?n cientifista del hombre y de la sociedad humana como fundamento de una forma de vida satisfactoria.

Tal como lo expresaba F.J. Ayala, ex-Presidente de la American Association for the Advancement of Science, la entidad que edita la revista Science, la sociedad del futuro puede construirse s?lo en la comprensi?n de los conceptos cient?ficos b?sicos. S?lo en lo que Ayala denomina la alfabetizaci?n cient?fica es posible crear la fuerza laboral capacitada, el bienestar econ?mico y sanitario de todos y el ejercicio de la democracia participativa que ser?n, a la vez, requisito y resultado de esa sociedad.

Esta alfabetizaci?n y esa catequesis del cientifismo es practicada semana a semana por esas seis revistas suavemente, en un riego gota a gota, lento pero de pero gran eficacia, que llega directamente a las elites intelectuales, y que los medios se encargan de extender y amplificar. Lo hacen no s?lo porque las seis grandes constituyen un importante repositorio de datos y avances cient?ficos y porque son un importante punto de encuentro de la ciencia y la sociedad. Esa catequesis cientifista universal es operada con eficacia asombrosa porque las seis grandes, por encima de ser fuente de noticias, son fuente de comentarios e interpretaci?n de esas mismas noticias.

Semana a semana, esas noticias y comentarios son divulgados por todo g?nero de medios de comunicaci?n. El mundo se va empapando poco a poco, de ese mensaje. De mil modos diversos, el mensaje de las seis grandes llega, primero, a las elites cient?ficas, pol?ticas y econ?micas, y despu?s, por el intermedio de agencias y medios, alcanza capilarmente a todas partes, a la gente corriente. En fin de cuentas, la prensa escrita, la radio y la televisi?n nos dicen de mil modos distintos que la ciencia nos ayudar? a vivir muy bien en este mundo, que nos dar? la explicaci?n de todo, que la salvaci?n de la humanidad est? en la ciencia.

Baste lo dicho de planteamiento general. En lo que sigue, distribuir? la materia en cuatro puntos. Primero tratar? de describir lo que podr?amos llamar la estructura dual de esas influyentes publicaciones. Segundo, describir? como esa estructura dual permite a las seis grandes servir de eslab?n principal entre la prensa cient?fica y los medios. Despu?s, me referir? brevemente a las normas ?ticas que se han arbitrado para evitar conflictos en las relaciones entre los editores cient?ficos y los medios de comunicaci?n. Cuarto, terminar? con algunas propuestas que se derivan de las consideraciones precedentes


2. De la estructura dual de las "seis grandes"

Las seis grandes son revistas que publican materiales muy diversos. En un hecho digno de menci?n que, este tiempo de subespecialismo, las seis grandes subsisten y florecen precisamente por ser revistas generales: abarcan todas las ciencias naturales, o abarcan toda la medicina. Pero, dentro de esa universalidad y diversidad, el contenido de sus art?culos puede distribuirse en dos g?neros bien caracterizados: el g?nero cient?fico y el g?nero opinante. El primero est? representado por art?culos de investigaci?n o revisi?n, hechos de ciencia fuerte, dura, avanzada, s?lo accesible a los preparados en la materia. El segundo est? formado por materiales multiformes en contenido y presentaci?n, que tratan justamente de evaluar y de poner en perspectiva los art?culos de la otra secci?n, para divulgarlos, hacerlos accesibles, d?ndoles forma de noticia o de comentario, sopesando su significado para el futuro de la empresa cient?fica, o aprovechando la oportunidad para chismorrear sobre personas o instituciones del ramo. A veces, simplemente para divertir. Con much?sima frecuencia, para adoctrinar.

Las seis grandes gozan, en cuanto revistas cient?ficas, de prestigio muy alto. Los art?culos que publican est?n en la primera l?nea de la investigaci?n y del pensamiento cient?fico. Poseen un ?ndice de impacto muy elevado, lo que significa que los art?culos que publican son muy frecuentemente citados. Pueden permitirse el lujo de ser extremadamente exigentes en la selecci?n del material que publican, pues reciben montones de selectos manuscritos de investigaci?n original, muchos m?s de los que pueden publicar. S?lo un art?culo de cada diez o cada veinte de los que les son enviados alcanza a ver la luz en sus p?ginas. Los seleccionan mediante un complejo proceso editorial, en el que participan cient?ficos de gran autoridad, incluidos algunos galardonados con Premios Nobel, que aportan no s?lo su parecer sobre la publicabilidad o no del manuscrito, sino que sugieren medidas para mejorar su calidad cient?fica y textual.

Publicar un art?culo cient?fico en una de las seis grandes es el ideal al que secretamente aspiran muchos investigadores y m?dicos, pues es privilegio alcanzado por pocos y considerado universalmente como una marca de distinci?n en el curriculum vitae.

L?gicamente, en las p?ginas de las seis grandes han visto la luz muchos de los descubrimientos cient?ficos m?s significativos de los ?ltimos decenios. La lista ser?a interminable, por lo que pueden bastar unas pocas muestras: la estructura molecular del DNA, la identificaci?n SIDA como una enfermedad nueva, el papel de los oncogenes en el determinismo del c?ncer, el nacimiento y desarrollo del proyecto del Genoma humano, la clonaci?n de la oveja Dolly, y tantos m?s.

El n?mero de suscriptores de cada una de las seis grandes supera largamente los doscientos mil. Todas ellas aparecen no s?lo en edici?n de papel: sus textos electr?nicos, m?s o menos completos, aparecen con exacta puntualidad en Internet. Pueden ser copiados gratuitamente. Ya no hay ahora retrasos imputables al mal funcionamiento del correo. Esto en lo que respecta a su funci?n transmisora de ciencia.

Pero, en lo que a nosotros esta ma?ana m?s nos concierne, las seis grandes son, al mismo tiempo, poderosos ?rganos de opini?n, instancias enormemente influyentes. No carece de fundamento pensar que su liderazgo en el campo de la ciencia se ejerce principalmente no por su funci?n de veh?culo muy prestigioso para la publicaci?n de investigaci?n de primera clase, sino a trav?s de su funci?n opinante. Esas pocas publicaciones son la eminencia gris que gobierna el mundo de la ciencia, que crea y gu?a la opini?n p?blica en Biomedicina, que inspira la ideolog?a y la pol?tica de la investigaci?n cient?ficas. Son, en realidad, los vectores de la influencia cultural de la ciencia.

Ejercen esa funci?n opinante de diversos modos. Lo hacen, para empezar, indirectamente, cuando seleccionan los art?culos cient?ficos que publican. Aunque aqu? el criterio b?sico sea la calidad cient?fica intr?nseca de los art?culos, su metodolog?a, la originalidad de su planteamiento, su car?cter revisionista y corrector, no cabe duda de una cosa: cuando la oferta de art?culos de excelente calidad es tan elevada, la selecci?n puede echar mano tambi?n de criterios, preferencias o intereses editoriales, incluso de oportunidad "period?stica".

Es importante reconocer que hay un riesgo real de publicaci?n sesgada. Es importante porque, en general, el p?blico tiene de la ciencia una visi?n idealizada, que no se corresponde a la realidad. Piensa la gente que lo que dicen los libros y las revistas cient?ficas es, sino la verdad absoluta, s? la descripci?n m?s objetiva posible del asunto tratado, tal como es conocido en el momento hist?rico en que el autor escribe. Y no sospecha que la realidad puede ser otra: que en la presentaci?n y evaluaci?n de la ciencia el autor influye mucho, porque est? inevitablemente vinculado a un determinado modo de ver las cosas, cuando no limitado por conflictos de inter?s, m?s o menos importantes, de orden econ?mico o ideol?gico. El lector ha de hacer un notable esfuerzo para separar, mediante la lectura cr?tica, entre datos y opiniones, entre an?lisis cient?fico y adherencias que podr?amos llamar "culturales".

Las revistas cient?ficas suelen adoptar decisiones de pol?tica editorial. Puede una revista, por ejemplo, decidirse a tomar el liderazgo en un aspecto importante: por ejemplo, en el estudio y discusi?n del presente y en la programaci?n del futuro de la econom?a de la atenci?n de salud. Ello trae como consecuencia inmediata un cambio de criterios de selecci?n de lo que publica: ya no es el m?rito intr?nseco de los art?culos en s? mismos lo que decide su publicaci?n, sino su congruencia con la l?nea de pol?tica editorial. Si eso lo hace una de las seis grandes, se opera una especie de cambio de prioridades. Lo que antes ocupaba un lugar perif?rico, ahora est? en el foco visual de todos. Es lo que, por ejemplo, hizo el New Englend Journal of Medicine durante el periodo en que Arnold Relman rigi? su pol?tica editorial: la revista, que durante el periodo anterior, bajo Franz Ingelfinger, hab?a asumido el liderazgo de la ?tica m?dica, se transmut? en la activadora de la cr?tica de la estructura econ?mica de la medicina norteamericana y en la inductora del an?lisis econ?mico de los servicios de salud. El Journal sigui? siendo una revista duramente cient?fica, pero su secci?n de opini?n cambi? el campo de su inter?s principal: de la ?tica a la econom?a.

Lo que, sin embargo, les da a las seis grandes esa superior capacidad de influir en la opini?n p?blica acerca de la biomedicina no son primariamente las muchas p?ginas que dedican a la publicaci?n de art?culos de investigaci?n. Su influencia se debe a las p?ginas de opini?n, destinadas a art?culos editoriales, a cartas de los lectores, a comunicar y analizar noticias del mundo cient?fico, a reforzar el mensaje de esas noticias con comentarios. Las seis grandes han sabido conferir a sus p?ginas de opini?n una calidad t?cnica elevada, con noticias de ?ltima hora, y un fuerte atractivo, gracias a la combinaci?n de habilidad descriptiva, humor acad?mico, soltura en el debate, que ponen con su competencia profesional los periodistas cient?ficos que dirigen esas secciones.

Los art?culos de opini?n son de contenido y forma muy variados. Suelen ser notas breves y llenas de br?o. Algunas, como los editoriales, los comentarios y las cartas al editor tienen el estilo cl?sico que incita a la opini?n y el debate, de modo semejante a los que suele hacerse en la prensa general. Son el medio de expresar la libertad de pensamiento y palabra de editores y lectores. Pero hay tambi?n secciones de noticias con comentarios breves y penetrantes. Son t?picamente llamadas noticias y perspectivas, noticias y puntos de vista (News and Perspectives, News and Views, News and reviews). Nunca falta en un hospital o en un laboratorio alguien que las lee y que disfruta comunic?ndolas en los pasillos o ascensores o mientras se toma un caf? en una pausa del trabajo.


3. Eslabones fuertes entre el mundo de la ciencia y el mundo de las comunicaciones

Las noticias, editoriales y comentarios no interesan s?lo a los que trabajan en hospitales y laboratorios de investigaci?n. Las secciones de opini?n citadas y otras que publican las seis grandes, como, por ejemplo, Policy and People, Medicine and the Media, Medicopolitical Digest, Headlines, Features, Dispatches, Updates, Lifeline, Minerva, son justamente las que pueden pasar con facilidad suma a los medios generales de comunicaci?n.

Estas pocas publicaciones funcionan como lanzaderas que traspasan la informaci?n cient?fica sobre la vida y la salud desde el mundo de la ciencia al mundo abierto de la informaci?n. Se trata de una de las encrucijadas importantes del mundo, donde se enlazan la cultura cient?fica y la mundana. Pero tambi?n y, para nosotros muy importante, son una encrucijada donde vienen chocando y seguir?n haci?ndolo interminablemente la cultura de la vida y la cultura de la muerte.

Las relaciones que se anudan entre publicaciones cient?ficas y medios de comunicaci?n son intensas y cordiales. Y, a la vez, complejas.

Esas relaciones son intensas, abundantes. Bastan para demostrarlo unos pocos datos. En una b?squeda en Bioethicsline, del material bibliogr?fico sobre cuestiones de Bio?tica, reunido entre 1973 y diciembre de 1997, he anotado el n?mero de entradas que sobre asuntos de Bio?tica han publicado algunos peri?dicos estadounidenses. Los datos son estos: New York Times, 1930 entradas; Washington Post, 653 entradas; London Times, 122 entradas; Newsweek, 112 entradas; Wall Street Journal, 60 entradas. Conviene se?alar que son muy pocos los art?culos primarios, producidos espont?neamente por esos peri?dicos. Casi todos esos art?culos son secundarios, es decir, son comentarios a noticias publicadas en la prensa cient?fica. Si la b?squeda se hiciera en el servicio bibliogr?fico Medline, -que cubre el total de las especialidades m?dicas, y no s?lo la Bio?tica, como hace Bioethicsline- los datos se multiplicar?an notablemente. La avidez potencial de los lectores, radioescuchas y tele-expectadores para las noticias sobre vida y salud es casi ilimitada. El p?blico general es visto desde los medios como capaz de interesarse por todo, aunque sea con un inter?s s?lo superficial y fugaz.

Quienes hojean regularmente las seis grandes observan que en las p?ginas o suplementos de ciencia y salud de diarios y revistas, los periodistas recurren con frecuencia al f?cil expediente de transcribir, a veces literalmente, a veces tras una reelaboraci?n profunda, los comentarios o noticias importados de aquellas.

Cada n?mero semanal de las seis grandes lleva, como hemos visto, art?culos, noticias y comentarios que pueden, de muchos modos diferentes, atraer la atenci?n de los medios de comunicaci?n. Creo que es muy ilustrativo a este efecto el comentario que Richard Smith, editor del British Medical Journal, a?ad?a a la edici?n electr?nica de la revista del pasado 21 de marzo, hace poco m?s de un mes. (A fin de simplificar las cosas se?alar? con ref las referencias, al texto en papel y al texto electr?nico, a otros art?culos publicados en el mismo n?mero de la revista).

Dec?a Smith: "Esta semana, el BMJ ofrece toda suerte de posibilidades [para los medios de comunicaci?n]. ?Se har?n eco los medios de que llevar a los beb?s en avi?n puede causar hipoxemia e incluso el s?ndrome de muerte infantil repentina? Se trata de un hallazgo provisional, cuestionable sobre bases ?ticas (ref). Un editorial informa que British Airways no ha registrado ni un solo caso de s?ndrome de muerte infantil repentina a pesar de transportar cada a?o a 34 millones de pasajeros (ref). Quiz? alguien podr?a arg?ir que este estudio tendr?a que haberse enterrado en una revista especializada para evitar que se pueda crear entre el p?blico una inquietud injustificada. A eso se puede responder con estos argumentos: el derecho del p?blico a saber, el hecho de que ya no hay ning?n lugar en el mundo en el que esconderse de los medios, y el esfuerzo que ha hecho el BMJ para poner en contexto esa pieza de investigaci?n.

Otro art?culo que probablemente recibir? atenci?n es el que denuncia la hipocres?a de los supermercados que se promocionan a s? mismos como proveedores de alimentos frescos y sanos, mientras siguen vendiendo a precio ventajoso cigarrillos de "su propia marca" (ref) [...] Tales cigarrillos de bajo precio son en su mayor parte comprados por gente pobre y anciana, en especial mujeres, fumadores con fuerte dependencia del tabaco: en otras palabras, por quienes m?s da?o pueden sufrir.

El debate ?tico en torno a si habr?a que permitir que tome cannabis un paciente que ha de permanecer largo tiempo en el hospital puede provocar la atenci?n de los medios, porque en la encuesta realizada, algunos entrevistados han dicho que prefieren que les dejen tranquilos para hacer lo que les gusta en tanto no hagan da?o a ning?n otro (ref).

Un art?culo que, es casi seguro, no atraer? la atenci?n de los medios -a pesar, ir?nicamente, de ser metodol?gicamente muy fuerte y de contener un mensaje importante para todos- es el que demuestra que es inoperante tratar la tos con antibi?ticos (ref).

Por ?ltimo dos art?culos consideran como los mensajes fluyen en direcci?n contraria: de los medios a la medicina. Uno describe como el Sunday Telegraph fue manipulado por la British American Tobacco para que publicara que fumar pasivamente no causa c?ncer (ref), mientras que otro discute como los medios de comunicaci?n est?n poniendo en tela de juicio la autorregulaci?n de los m?dicos (ref)".

Tal como de deduce del tono general del largo, y pienso que ilustrativo, texto de Richard Smith, las relaciones entre los editores de las revistas cient?ficas y los periodistas que llevan las secciones de ciencia y salud de peri?dicos, radios o cadenas de televisi?n tienden a ser amistosas, colegiales, pues unos y otros se necesitan mutuamente. Est?n obligados a vivir en una relaci?n en cierto modo simbi?tica: comparten intereses, si no comunes, s? relativamente pr?ximos. Los que llevan las p?ginas de opini?n de las seis grandes son personas que, por un lado, han sido capaces de obtener, por formaci?n acad?mica o por aprendizaje pr?ctico, una intensa familiaridad con los problemas de la ciencia y con el arte de comunicar. Pueden comprender problemas complejos de ciencia dura o de pol?tica cient?fica y pueden a continuaci?n hacer de esos problemas una presentaci?n precisa y comprensible, atractiva y absorbente, de modo que puede ser asimilada y gozada tanto por cient?ficos como por no cient?ficos, procedentes unos y otros de lugares humanos y de campos de intereses muy diversos. Los periodistas cient?ficos son cient?ficos y comunicadores a la vez. Sus nombres -Gina Kolata, Barbara Culliton, Joseph Palca, Richard Smith, Trisha Greenhalgh, George Dunea, Carol Levine- han llegado a ser tan populares como los de los cient?ficos de m?s fama. Y su influencia, sin duda alguna, puede llegar a ser mayor.

Dec?a antes que la relaci?n entre cient?ficos periodistas y periodistas cient?ficos es amistosa. Y es tambi?n influyente en ambas direcciones. Los canales de informaci?n que los une soportan un fuerte tr?fico en ambas direcciones. Se puede imaginar que el movimiento de las noticias cient?ficas vaya predominantemente, sino exclusivamente, de las revistas cient?ficas hacia los medios. Pero conviene dejar bien claro que existe tambi?n un flujo al rev?s: no tan denso y abundante, pero igual de real y efectivo.

Desde los medios de comunicaci?n y, a trav?s de ellos, desde la misma opini?n p?blica, llegan frecuentes mensajes a los cient?ficos. En primer lugar, porque ?stos son gente de la calle y se comportan como tales. Dicho entre par?ntesis, les gusta a casi todos ellos, como a la gente de la calle, salir en los peri?dicos, hablar por la radio o aparecer en el telediario o en programas especiales de televisi?n. Adem?s, la investigaci?n cient?fica, para recibir de la sociedad el mucho dinero que necesita, necesita gozar de cr?dito, ante el p?blico y ante los gobernantes, y depende en buena medida de los medios de opini?n para alcanzarlo. No perjudica a los investigadores, todo lo contrario, a la hora de buscar dinero para sus investigaciones, ser bien conocidos, gozar de buena imagen, caer bien a los medios. No le vale hoy al investigador encerrarse en una torre de marfil. El binomio prensa cient?fica + medios de comunicaci?n puede abrir muchas puertas y ganar muchas voluntades.

Pero hay m?s. La misma comunidad cient?fica es incre?blemente sensible a la divulgaci?n cient?fica. El modo de hacer investigaci?n es influido por lo que dicen los medios de comunicaci?n. En 1991, Phillips, Kanter, Bernarczyk y Tastad publicaron un art?culo titulado Importance of the lay press in the transmission of medical knowledge to the scientific community (N Engl J Med 1991;3251180-3), un art?culo que trataba de responder a una pregunta muy interesante y audaz: el hecho de que determinada investigaci?n m?dica sea divulgada por los medios populares, ?ejerce alg?n efecto sobre la comunidad cient?fica o sobre el grupo que la ha producido? Los autores part?an de la idea de que la comunicaci?n r?pida y fiel de los resultados de las investigaciones biom?dicas interesa al p?blico y, l?gicamente, a los autores de esas investigaciones, que ven popularizados sus nombres y sus observaciones. Pero, ?interesa tambi?n a la comunidad cient?fica en general?, ?es ?sta sensible a los contenidos cient?ficos divulgados por los medios? Dicho de otro modo, los medios, ese cuarto poder, ?influye sobre los hombres que hacen la ciencia?

El modo m?s sencillo de medirlo consiste en ver si los trabajos cient?ficos que encuentran eco en los medios importantes de comunicaci?n social son despu?s m?s citados en las publicaciones cient?ficas que los que no encuentran ese eco. Phillips y sus colaboradores lo hicieron comparando, con la ayuda del Citation Index, las citaciones que recib?an un conjunto de art?culos de contenido y calidad semejantes, publicados todos ellos en el New England Journal of Medicine, seg?n hubieran sido o no comentados en el New York Times. Observaron por medio de una metodolog?a rigurosa y de la inesperada ayuda de unas circunstancias no planeadas, que los art?culos publicados en la revista cient?fica y que eran despu?s comentados en el rotativo recibieron un n?mero mucho m?s elevado de citaciones en art?culos cient?ficos publicados a lo largo de los 10 a?os siguientes, en especial en el primero. Llegaron a la conclusi?n de que la investigaci?n que es cubierta por la prensa general ejerce un efecto amplificador de la transmisi?n de esa investigaci?n sobre la misma comunidad investigadora. Es decir, los investigadores cient?ficos son informados y educados, en cuanto investigadores cient?ficos, por la prensa general.

Este es un descubrimiento muy interesante, que echa sobre los hombros de los divulgadores unas responsabilidades y tambi?n unas oportunidades formidables.


4. ?tica de las relaciones entre editores cient?ficos y medios de comunicaci?n

Entre publicaciones cient?ficas y medios de comunicaci?n se dan l?gicamente situaciones de signo muy diverso: de ordinario, hay un gran espacio abierto a la colaboraci?n, al trabajo sin?rgico. Pero hay tambi?n ocasiones de desacuerdo y de contradicci?n.

Tratemos, para empezar, de las relaciones de cooperaci?n. En general, las seis grandes son cuidadosamente examinadas por los periodistas cient?ficos en busca de noticias que puedan interesar al p?blico general.

Ello conlleva no s?lo una tarea de transmisi?n, sino especialmente de reinterpretaci?n, lo cual consume tiempo, pues no se trata s?lo de dar forma period?stica y pol?ticamente correcta a lo que publican las revistas cient?ficas: hay que obtener explicaciones y opiniones de expertos, pues muchas veces no es suficiente fiarse de los editoriales con que la propia revista acompa?a los art?culos m?s salientes que publica.

Se hace necesario, por ello, que los medios puedan recibir con antelaci?n el texto de esos art?culos, a fin de poder preparar los comentarios y cr?ticas correspondientes. Para facilitar a los periodistas ese trabajo, los editores suelen ofrecer anticipadamente a los medios el texto de todos los art?culos de investigaci?n o de opini?n que se publicar?n en el inmediato futuro, o, al menos, el texto de aquellos art?culos que pueden, con toda probabilidad, despertar el inter?s de los medios y del p?blico. Esta entrega anticipada de informaci?n todav?a in?dita es un rasgo com?n de las seis grandes y est? ligada a una condici?n de embargo: los periodistas se comprometen a no publicar esos comentarios y cr?ticas antes de un momento prefijado, que suele ser posterior en unas pocas horas al momento en que la revista cient?fica es enviada a los suscriptores.

El compromiso ?tico del embargo se complementa y se endurece con otra norma ?tica, conocida como la regla de Ingelfinger, en honor del que fue editor del New England Journal of Medicine y que la impuso como condici?n para la aceptaci?n de trabajos para publicar en su revista. Ingelfinger estableci? su regla en 1969 para proteger, frente a los autores, el derecho de las revistas de publicar material original. La regla de Ingelfinger establece con los autores un pacto: que se sobreentiende que los trabajos que env?an para publicar son trabajos eran originales, esto es, que no han sido publicados anteriormente, no han sido enviados simult?neamente a otro editor para publicar, ni se han entregado a los medios de comunicaci?n para su divulgaci?n paralela.

Se ha dicho que el embargo y la regla de Ingelfinger son un atentado a la libertad de expresi?n, que somete a los autores a la voluntad caprichosa de los editores cient?ficos, que lesionan el derecho del p?blico a conocer la verdad sin interferencias de terceros, que retrasan a veces en varios meses la publicaci?n de informaci?n que puede ser salvadora de algunas vidas.

Pero no cabe duda, que esas normas establecen tienen a su favor un balance muy positivo: sirven para eliminar la precipitaci?n, la publicaci?n irresponsable y sensacionalista y, sobre todo, ayuda a organizar, interpretar y contrastar la informaci?n. Esta es de mejor calidad cuando se cumplen esas normas. Admiten ser suspendidas, en casos excepcionales, cuando pudieran tener implicaciones desfavorables para algunos pacientes o para el p?blico. Pero eso pasa muy de tarde en tarde.

Esas normas ?ticas favorecen la creaci?n de una atm?sfera cordial, cooperativa, entre prensa cient?fica y medios de comunicaci?n. Science, por ejemplo, se declara entusiasta de sus relaciones con los medios. La revista se ha se?alado como uno de sus objetivos ayudar a que el p?blico alcance una comprensi?n seria y competente de la ciencia y se ha comprometido a mantener una relaci?n fruct?fera y amistosa con ?l a trav?s de los medios. A ?stos les ofrece semanalmente un paquete de informaci?n (conocido por SCIPACK) que es enviado por correo electr?nico a los periodistas que lo solicitan. El SCIPACK est? tambi?n disponible en la p?gina Eurekalert de Internet, junto con muchos servicios de prensa de instituciones acad?micas y de importantes publicaciones biom?dicas. El SCIPACK consiste en res?menes de los trabajos de investigaci?n que se publicar?n la semana siguiente en Science, e incluye informaci?n para contactar a los autores. Las seis grandes han adoptado la pr?ctica de depositar anticipadamente en sus p?ginas de Internet los res?menes o el texto completo de los art?culos que aparecer?n la semana siguiente.

Bajo el consenso creado por las normas de embargo y de Ingelfinger se han desarrollado otros criterios ?ticos que facilitan las relaciones entre editores cient?ficos y medios de comunicaci?n. Se ha temperado el af?n de prioridad, de ser el primero en publicar la noticia. El centro de gravedad del buen periodismo cient?fico se ha desplazado a la calidad y madurez de los comentarios. Es tenida por mala pr?ctica la exageraci?n de los contenidos o la torturaci?n de los datos. El periodista que exagera la verdad, que distorsiona voluntar?sticamente, puede alcanzar una popularidad transitoria entre el p?blico, pero pone en peligro su prestigio ante sus colegas. No se admite ya impunemente presentar lo tentativo como algo logrado, lo prometedor como real. Los periodistas cient?ficos prefieren dar a sus mensajes un aire positivo pero mesurado: no les gusta hablar de investigaciones fracasadas o de ensayos negativos. Prefieren tratar de nuevas esperanzas.

La batalla en favor de la ?tica de la informaci?n objetiva es, sin embargo, muy dif?cil: no se admite en el mundo de la ciencia que exista una ?tica objetiva, menos todav?a que sea aceptable una ?tica de base religiosa. Se prefiere la ?tica de comit?s, de consensos m?nimos, de duda permanente. Puede aceptarse una moratoria para emprender ciertas investigaciones, pero en ciencia se considera sencillamente absurdo hablar de absolutos morales. Los cient?ficos se sienten m?s a gusto en una especie de infantil inocencia moral.


5. Algunas propuestas que se derivan de las consideraciones precedentes. Comunicaci?n y Cultura de la Vida

Todo cuanto he dicho hasta ahora, trata de prepararnos para una pregunta decisiva: En el contexto que nos reune, Comunicaci?n y cultura de la vida, ?qu? podemos hacer? En la encrucijada decisiva, en la que las informaciones cient?ficas se han de convertir en opini?n p?blica, ?c?mo incorporar a la cultura de la vida todo el caudal de la ciencia biom?dica?

Pienso que ese trabajo fundamental ha de hacerse cumpliendo el triple encargo que el Santo Padre ha hecho a los evangelizadores de la vida: anunciando, celebrando y sirviendo al Evangelio de la Vida.

Las noticias y comentarios que cada semana nos traen las seis grandes deben ser evaluados a la luz del EV. Muchas veces, nos traen buenas noticias, que nos llevar?n a anunciarlas, celebr?ndolas con alegr?a, proponi?ndolas como servicio a todos, en especial a los m?s d?biles de salud y m?s pobres en poder. Tiene la empresa cient?fica una extraordinaria potencia de progreso, de hacer el bien, de vencer la enfermedad y de aliviar el dolor. Tiene tambi?n la empresa cient?fica, junto a una divertida capacidad de meterse en callejones sin salida y de cometer errores sorprendentes, una capacidad ilimitada de rectificar el error, un sentido, agudo y bienhumorado, de volver a empezar despu?s de cada fracaso. Esas virtudes humanas de los cient?ficos nos dan una capacidad grande de entendernos con ellos, de dialogar con ellos de t? a t?, de dar de los progresos cient?ficos una visi?n positiva, a veces incluso, entusiasta.

Pero muchas otras veces, las noticias no provocar?n alegr?a, sino dolor. Vendr?n cargadas de ideolog?a cientifista, manipulativa: tratar?n a ciertos seres humanos, en especial a los m?s peque?os y d?biles, como si fueran cosas; reducir?n su alma a un cibersistema autorregulado y predecible; el cuerpo del hombre ya no es templo de un alma, sino un conjunto de sistemas moleculares interactivos capaces de ser descritos seg?n modelos f?sicos. A la hora de discernir lo que hay de noble en muchas noticias, tendremos que eliminar antes todo un envoltorio de interpretaciones cientifistas, en que vienen presentadas, hay que reconocerlo, con una habilidad consumada. Nuestros colegas de las seis grandes son no s?lo profesionales de gran competencia: son tambi?n ap?stoles de una doctrina que predican con una perseverancia que tantas veces nos falta a los cristianos. Una vez m?s, resulta que los hijos de las tinieblas son m?s h?biles que los hijos de la luz.

Han hecho creer a casi todos que estamos asistiendo, gracias a la ciencia, a una revoluci?n m?s rica de consecuencias para el modo de vivir de los hombres que el que tuvieron la venida de Cristo, la Revoluci?n Francesa o la Ca?da del Muro. Gracias a la ciencia no habr? ya, nos dicen, m?s revoluciones pol?ticas: el bienestar social y el progreso econ?mico ser?n conquistados en el futuro gracias a la Biotecnolog?a, que dar? pan y salud a todos. Insisten una vez y otra en que la ciencia no s?lo cambiar? nuestras condiciones de vida: cambiar? nuestro modo de ver el mundo, la naturaleza, el hombre.

El mensaje que hemos de debelar es una mezcla de ciencia verdadera y de ideolog?a ut?pica. Ahora, nos dicen, con la biolog?a molecular y la nueva gen?tica, tenemos por primera vez una imagen congruente del mundo biol?gico. La naturaleza se presenta como un sistema de sistemas. Los organismos funcionan y se reproducen como sistemas gobernados por sus propios genes. Son estructuras complejas gestionadas por el programa contenido en su DNA gen?mico. La vida biol?gica se est? interpretando como el procesado de una informaci?n espec?fica. Un embri?n cl?nico es tan v?lido como un embri?n biparental obtenido por reproducci?n sexuada. Los conceptos tomados de la Inform?tica, de la ciencia de sistemas, de la ingenier?a de la programaci?n y del control, que nos presenta en diagramas l?gicos el control de todas las funciones org?nicas. No tardar?n las neurociencias en ofrecernos el mecanismo molecular del pensamiento. Ya no habr? misterio, sino conocimiento de sistemas programados. Todo ser? reprogramable.

Frente a ?sto, ?que estamos haciendo? El Papa no se cansa de darnos ideas fuertes.

No quiero ser pesimista, pero hay que reconocer que a veces no hemos estado a la altura de lo que el Papa espera de nosotros. En el punto 45 de Dominum et Vivificantem el Santo Padre nos dice estas palabras que vienen aqu? como anillo al dedo: "El Esp?ritu de la Verdad, que ?convence al mundo en lo referente al pecado?, se encuentra con aquella fatiga de la conciencia humana, ? que determina tambi?n los caminos de las conversiones humanas". Refutar el cientifismo, limpiar la ciencia de soberbia intelectual, de arrogancia pol?tica, es tarea que exige trabajo y fatiga, un coraz?n valiente y un esfuerzo intelectual denodado.

Antes de seguir adelante, un inciso: ?con qu? extra?a dureza ha sido tratado el Papa por algunas de las seis grandes! Su respuesta ha sido muchas veces un fr?o y calculado silencio ante documentos de extraordinaria riqueza humana, que llevaban mensajes que tocan el coraz?n de la ciencia. Ni una palabra sobre el punto 16 de Redemptor hominis, esa especie de estatuto ?tico del progreso cient?fico. Y, en cambio, cr?ticas fr?volamente feroces, de simplismo ?tico alarmante, acerca de Evangelium vitae. Y cuando el Papa ha tenido el coraje moral sin paralelo de publicar el documento sobre evolucionismo o sobre Galileo, la respuesta en alguno de los seis fue de mofa, de ensa?amiento, pidiendo m?s humildad, m?s autoacusaci?n. Nadie habl? de la ejemplar fatiga moral del Santo Padre.

Los buenos hijos hemos de dar la cara por el Santo Padre. A los editores de las seis grandes no les falta sentido de la profesionalidad: publican las cartas que les env?an los lectores, aunque sean fuertemente contradictorias de sus apreciaciones, si tienen calidad humana, razonabilidad, coherencia e, idealmente, una pizca de humor. Sus columnas nos est?n, en principio, abiertas. Incluso para publicar la cr?tica, que desde la fe y desde la humanidad verdadera, podemos hacer de ese proyecto secularista que ellos proponen.

Hay que volver a la esperanza. Los medios de comunicaci?n tienen ah? la tarea gigante de hacer esa catequesis cristiana de la ciencia. Creo que nos ha tocado repetir en nuestro tiempo la tarea ingente que en el siglo II hicieron aquellos primeros cristianos que fueron la levadura del mundo.

Los peri?dicos cristianos han de tener una secci?n de ciencia que no sea la mim?tica repetici?n de sensacionalismos o de mensajes cientifistas. Han de tener la fuerza de aquella fatiga de la conciencia. Porque aqu? se vuelve a hacer verdad que las batallas las ganan los soldados cansados.

Es "en la fatiga del coraz?n humano y en la fatiga de la conciencia donde se realiza la "metanoia", la conversi?n. Este mensaje de Juan Pablo II no s?lo es un mensaje personal: va dirigido a quienes hemos de participar en esa batalla de conquistar la ciencia para Cristo.

Esta reuni?n es una ocasi?n de esperanza. Es necesario un periodismo cient?fico competente, con don de lenguas, habilidad dial?ctica y feliz capacidad de comunicar, donde la Buena Nueva sea contada con alegr?a. Hay que perderle el miedo al periodismo cientifista. ?No teng?is miedo! El grito que inaugur? el Pontificado de Juan Pablo II es enormemente inspirador. No podemos limitarnos a condenar: Hemos de deslumbrar con la alegr?a del Evangelio de la vida, con el esplendor de la verdad.

Hemos de ir por el mundo diciendo: ?Hay una ?nica necesidad urgente: que los cient?ficos y los poetas se expongan a la Verdad de Cristo!

[Texto de una conferencia pronunciada en la Facultad de Comunicaci?n Social Institucional de la Universit? della Santa Croce, de Roma, el 29 de abril de 1998, en el curso de una Reuni?n de Estudio sobre Comunicaci?n y Cultura de la Vida].

Publicado por mario.web @ 7:34
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