Lunes, 25 de abril de 2011
Publicamos un art?culo escrito por monse?or Juan del R?o Mart?n, obispo de Jerez de la Frontera y presidente de la Comisi?n de Medios de Comunicaci?n de la Conferencia Episcopal Espa?ola (CEE), que lleva por t?tulo ??Una Iglesia a medida??.
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?Una Iglesia a media?
?Una Iglesia a media?
MADRID, s?bado, 21 abril 2007 (ZENIT.org).-

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Hoy estamos asistiendo al fen?meno de querer tener un cristianismo sin Iglesia. En otras palabras, se pretende una fe en Dios sin mediaciones, y un autodenominado seguimiento a Cristo, prescindiendo de la estructura ministerial de la que el Se?or dot? a la comunidad de sus disc?pulos.

Para unos la Iglesia Cat?lica aparece como la instituci?n del ?no?, como un reducto del pasado que no se acomoda a los postulados de la modernidad, como un gran colectivo que va contra el progreso. Para resaltar esta caricatura se sobredimensionar?n los pecados de los miembros de la Iglesia, y se relegar? a un segundo plano, desconocido por ocultado, la inmensa vida de santidad, caridad y hero?smo que se da cada d?a en el m?s absoluto anonimato. En cambio, otros tienen la impresi?n de que la Iglesia est? a punto de traicionar su especificidad, de venderse a la moda del tiempo y, de este modo, sumirlos en la confusi?n: es la desilusi?n del amante traicionado.

Adem?s, en amplios sectores de la sociedad se ha instalado la dicotom?a maniquea entre la Iglesia de base y la oficial, entre la Iglesia de los pobres y la del Vaticano, entre la Iglesia carism?tica y la ministerial. Estas divisiones, repletas de ideolog?as extra?as a la fe, son utilizadas por los enemigos de la Iglesia para ir en contra de su estructura sacramental y jer?rquica, la que le hace ser la verdadera Esposa de Cristo.

Lo curioso es que, en ocasiones, algunos cat?licos entran en ese juego para ir contra la propia ?Madre?. Puede suceder que, al igual que los corintios, tambi?n nosotros corramos el riesgo de dividir la Iglesia en una disputa de partidos: conservadores y progresistas, evang?licos y jer?rquicos. ?Qu? hemos de hacer para no entrar en estas batallas, que tanto da?o causan, porque son esquemas puramente humanos, resultado de pasiones? Todo comienza por tener claro que no hay fe verdadera en Cristo si se prescinde de la Iglesia. Es m?s, el ser cristiano cat?lico no consiste en la elecci?n de un programa que satisfaga, o en la simpat?a por un cen?culo de amigos. La fe es conversi?n, que me trasforma a m? y a mis gustos, mediante la adhesi?n a la persona de Cristo vivo en su Iglesia (cf. Lc 17,5-6; 1 Jn 3,23; G?l 1,7-9). Por eso, la Iglesia no es un club, ni un partido, ni tampoco una especie de estado paralelo religioso, sino el Cuerpo encarnado de Cristo en la historia. De ah? que, como dice Benedicto XVI: ?no necesitamos una Iglesia inventada por los hombres, producto de consensos y pactos. No es una Iglesia m?s humana la que nos salva, sino una Iglesia m?s divina, porque s?lo entonces ser? tambi?n verdaderamente humana? (J. RATZINGER, ?La Iglesia. Una comunidad siempre en camino?, Madrid 2005, p. 133).

La Iglesia ser? espacio de salvaci?n para los pobres en la medida en que nuestra atenci?n est? centrada en lo que viene de su Cabeza, Cristo. ?l s?lo nos da la vida, la ?vida en abundancia?, que se nos comunica mediante la Palabra, los sacramentos y el testimonio de amor de los cristianos. Los grandes testigos de la fe y de la caridad, como por ejemplo Teresa de Calcuta, no necesitaron de ning?n sincretismo lit?rgico, ni de faltar a la comuni?n con los sucesores de los ap?stoles, para servir a los m?s menesterosos y excluidos. Y es claro que tocaron fondo en la desgracia humana. Todo lo contrario, sacaron su fuerza de la oraci?n y de la liturgia. Los santos se sintieron siempre ?hijos de la Iglesia?, y la sirvieron como Ella ?quiere ser servida? en cada momento. Eso fue posible porque tuvieron corazones humildes y aceptaron plenamente la cruz.

Por ?ltimo, en la obediencia de la fe y en la comuni?n eclesial est? la garant?a de nuestra libertad. A la vez, es ant?doto para que el mensaje global cristiano no corra el riesgo ni caiga en el peligro de un reduccionismo y aprisionamiento de lo particular y no se arriesgue a proponer una especie de inculturaci?n en los que se reduzca el cristianismo a unos contenidos de m?nimos cayendo en ideolog?as de todo g?nero o en meras propuestas socio-pol?ticas y culturales.

Publicado por mario.web @ 7:59
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