Lunes, 25 de abril de 2011
Reflexi?n de Max Silva Abbott sobre el valor de la verdad y su relevancia en el mundo de la informaci?n.
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El valor de la Verdad
El valor de la Verdad
Desde el chisme est?pido hasta la noticia sensacionalista, desde el discurso pol?tico hasta prestigiosas informaciones cient?ficas, la mentira pareciera campear hoy a sus anchas, al punto que tal vez actualmente se mienta como nunca antes en la historia humana. Y frente este panorama, varios consideran que seguir defendiendo el valor de la verdad parece rid?culo, idealista o casi antediluviano.


Sin embargo, el valor de la verdad es fundamental para cualquier sociedad y ?poca, en atenci?n a nuestra propia limitaci?n como seres humanos. Esto se manifiesta, entre otras cosas, porque cada uno de nosotros es incapaz de saberlo o investigarlo todo; por eso se requiere la complementaci?n mutua no s?lo para satisfacer las necesidades m?s variadas, sino tambi?n para alcanzar (no inventar) el conocimiento entre todos. Dicho de otro modo, el creciente grado de especializaci?n hace que unos y otros profundicen en las m?s diversas materias, en un proceso exponencial. Y a tanto ha llegado esto, que incluso cualquier ?rea, por muy particular que sea, hoy resulta inabarcable para cualquiera.

La consecuencia evidente es que cada uno s?lo puede comprobar por s? mismo unos pocos conocimientos, los de su especialidad y otros de la vida cotidiana. Mas en el resto de los saberes (que constituyen la gran, pero gran mayor?a), al ser imposible ratificarlos por nuestra cuenta (sea por no tener el tiempo, los conocimientos necesarios o sencillamente, ser materialmente inviable), nos vemos obligados a confiar en lo que otros nos dicen, de manera oral o escrita. En realidad, lo que estamos haciendo son actos de fe, esto es, dar por cierto algo que no podemos comprobar, en atenci?n a la calidad o prestigio de la fuente de la cual emana. Esto resulta inevitable, porque en el fondo, cualquier conocimiento ha debido ?pasar por alguien?, alguna o algunas personas han procesado esa informaci?n y la han transmitido, a veces hace mucho tiempo, como ocurre con los libros, al punto que en la mayor?a de los casos ya no es posible dirigirse a ellos nuevamente.

Esto significa que por fuerza tenemos que apoyarnos en lo que otros nos dicen. De lo contrario (esto es, si s?lo confi?ramos en lo que pudi?ramos comprobar directamente), nuestros conocimientos ser?an ?nfimos y la vida misma, un imposible. ?Se imagina alguien qu? pasar?a si todo lo pusi?ramos en duda permanentemente? Hasta los detalles m?s triviales se convertir?an en un problema insoluble. Por eso es necesario confiar, se insiste, sobre todo en atenci?n al prestigio de la fuente: porque lo dice tal o cual persona, especialista en el tema, o con ciertos estudios que lo hacen competente; aunque a decir verdad, tambi?n hay que creer en esa informaci?n que se?ala que se trata de un especialista o que posee esos estudios que nos dan confianza, porque como se ha dicho, es imposible comprobarlo todo.

Pues bien, lo anterior demuestra que es imprescindible que se diga la verdad: literalmente es un asunto de vida o muerte, porque lo queramos o no, todos nos apoyamos en informaci?n ajena y actuamos de acuerdo a ella. Por tanto, como todo pasa por alguien, el valor de la verdad es esencial para que tomemos contacto con lo existente, para que no actuemos en el aire y en el fondo, para que no nos estrellemos contra la realidad.

Publicado por mario.web @ 8:00
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