Lunes, 25 de abril de 2011
Manipular equivale a manejar. De por s?, ?nicamente son susceptibles de manejo los objetos. Un bol?grafo puedo utilizarlo para mis fines, cuidarlo, canjearlo, desecharlo. Estoy en mi derecho, porque se trata de un objeto.
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La manipulaci?n del hombre a trav?s del lenguaje
La manipulaci?n del hombre a trav?s del lenguaje
El gran humanista y cient?fico Albert Einstein nos hizo esta severa advertencia: "La fuerza desencadenada del ?tomo lo ha transformado todo menos nuestra forma de pensar. Por eso nos encaminamos hacia una cat?strofe sin igual".?Qu? forma de pensar hubi?ramos debido cambiar para evitar esta hecatombe? Sin duda, Einstein se refer?a al estilo de pensar objetivista, dominador y posesivo que hizo quiebra en la primera guerra mundial y no fue sustituido por un modo de pensar, sentir y querer m?s ajustado a nuestra realidad humana.

Los pensadores m?s l?cidos nos vienen instando desde el per?odo de entreguerras a cambiar el ideal, realizar una verdadera metanoia y superar el af?n de poder mediante una decidida voluntad de servicio. Este giro fue realizado en c?rculos escogidos, pero no en las personas y los grupos que deciden la marcha de la sociedad. En ?stos sigui? operante un af?n incontrolado de dominio, dominio sobre cosas y sobre personas.

El dominio y control sobre los seres personales se lleva a cabo mediante las t?cnicas de manipulaci?n. El ejercicio de la manipulaci?n de las mentes encierra especial gravedad en este momento por tres razones b?sicas:

1) Sigue orientando la vida hacia el viejo ideal del dominio, que provoc? dos hecatombes mundiales y no logra colmar hoy nuestro esp?ritu pues ya no podemos creer en ?l.

2) Impide dar un giro decidido hacia un nuevo ideal que sea capaz de llevar nuestra vida a plenitud.

3) Incrementa el desconcierto espiritual de una sociedad que perdi? el ideal que persigui? durante siglos y no logra descubrir uno nuevo que sea m?s conforme a la naturaleza humana.

Si queremos colaborar eficazmente a configurar una sociedad mejor, m?s solidaria y m?s justa, debemos poner al descubierto los ardides de la manipulaci?n y aprender a pensar con todo rigor. No es demasiado dif?cil. Un poco de atenci?n y finura cr?tica nos permitir? delatar los trastrueques de conceptos que se est?n cometiendo y aprender a hacer justicia a la realidad. Esta fidelidad a lo real nos depara una inmensa libertad interior.

No basta vivir en un r?gimen democr?tico para ser libres de verdad. Hay que conquistar la libertad d?a a d?a frente a quienes intentan arteramente dominarnos con los recursos de esa forma de ilusionismo mental que es la manipulaci?n.

Esta conquista s?lo es posible si tenemos una idea clara de cuatro cuestiones: l?) Qu? significa manipular, 2?) Qui?n manipula, 3?) Para qu? manipula, 4?) Qu? t?ctica moviliza para ello. El an?lisis de estos cuatro puntos nos permitir? al final discernir si es posible poner en juego un ant?doto de la manipulaci?n. Estamos a tiempo de salvaguardar nuestra libertad personal con todo cuanto implica. Hag?moslo animosamente.

l. Qu? significa manipular


Manipular equivale a manejar. De por s?, ?nicamente son susceptibles de manejo los objetos. Un bol?grafo puedo utilizarlo para mis fines, cuidarlo, canjearlo, desecharlo. Estoy en mi derecho, porque se trata de un objeto. Manipular es tratar a una persona o grupo de personas como si fueran objetos, a fin de dominarlos f?cilmente. Esa forma de trato significa un rebajamiento de nivel, un envilecimiento.

Esta reducci?n ileg?tima de las personas a objetos es la meta del sadismo. Ser s?dico no significa ser cruel, como a menudo se piensa. Implica tratar a una persona de tal manera que se la rebaja de condici?n. Ese rebajamiento puede realizarse a trav?s de la crueldad o a trav?s de la ternura er?tica. Cuando, en tiempos recientes, se introduc?a a un grupo numeroso de prisioneros en un vag?n de tren como si fueran paquetes, y se los hacia viajar as? durante d?as y noches, no se intentaba tanto hacerles sufrir cuanto envilecerlos. Al ser tratados como meros objetos, en condiciones infrahumanas, acababan consider?ndose unos a otros como seres abyectos y repelentes. Tal consideraci?n les imped?a unirse entre s? y formar estructuras s?lidas que pudieran generar una actitud de resistencia. Reducir una persona a condici?n de objeto para dominarla sin restricciones es una pr?ctica manipuladora s?dica.

Por su parte, la caricia er?tica reduce la persona a cuerpo, a mero objeto halagador. Es reduccionista, y, en la misma medida, s?dica, aunque parezca tierna. La caricia puede ser de dos tipos: er?tica y personal. Para comprender lo que es, en rigor, el erotismo, recordemos que , seg?n la investigaci?n ?tica contempor?nea, el amor conyugal presenta cuatro aspectos o ingredientes:

1)la sexualidad, con cuanto implica de atracci?n instintiva hacia otra persona, de halago sensorial, de conmoci?n psicol?gica...;

2)la amistad, forma de unidad estable, afectuosa, comprensiva, colaboradora, que debe ser creada de modo generoso, ya que no poseemos instintos que, puestos en juego, den lugar a una relaci?n de este g?nero;

3)la proyecci?n comunitaria del amor. El hombre, para vivir como persona, debe crear vida comunitaria. El amor empieza siendo dual y privado, pero alberga en s? una fuerza interior que le lleva a adquirir una expansi?n comunitaria. Esto sucede el d?a de la boda, cuando la comunidad de amigos y -en el caso religioso- de creyentes acoge el amor de los nuevos esposos;

4)la relevanciay fecundidad del amor. El amor conyugal tiene un poder singular para incrementar el afecto entre los esposos y dar vida a nuevos seres. Nada hay m?s grande en el universo que una vida humana y el amor verdadero a otra persona. Por eso el amor conyugal tiene una relevancia singular, una plenitud de sentido y un valor impresionantes.

Estos cuatro elementos (sexualidad, amistad, proyecci?n comunitaria, relevancia) no deben estar meramente yuxtapuestos, el uno al lado del otro. Han de estar estructurados. Una estructura es una constelaci?n de elementos trabados de tal forma que, si falla uno, se desmorona el conjunto.

Ahora podemos comprender de modo preciso qu? es el erotismo. Consiste en desgajar el primer elemento, la sexualidad, para obtener una gratificaci?n pasajera, y prescindir de los otros tres. Ese desgajamiento puramente pasional destruye el amor de ra?z, lo priva de su sentido pleno y de su identidad. Por eso es violento aunque parezca cordial y tierno. Pongo en juego la sexualidad a solas, porque me interesa para mis propios fines, y prescindo de la amistad. En realidad, no amo a la otra persona; deseo el halago que producen algunas de sus cualidades. Dejo, asimismo, de lado la expansi?n comunitaria del amor. No presto atenci?n a la vida de familia que est? llamado el amor a promover. Me recluyo en la soledad de mis ganancias inmediatas. Por eso reduzco la otra persona a mera fuente de gratificaciones para m?. Esa reducci?n desconsiderada es violenta y s?dica. Puedo jurar amor eterno, pero ser?n palabras vanas, pues lo que entiendo aqu? por amor no es sino inter?s por saciar mi avidez er?tica.

Conviene mucho distinguir con nitidez los dos planos en que podemos movernos: el corp?reo y el espiritual, el que es susceptible de manejo y el que pide respeto. Cuando una persona acaricia a otra, pone su cuerpo en primer plano, le concede una atenci?n especial. Siempre que unas personas se relacionan con otras, su cuerpo juega cierto papel en cuanto les permite hablar, o?r, ver... Si no se trata de una comunicaci?n afectiva, el cuerpo ejerce funci?n de trampol?n para pasar al mundo de las significaciones que se quieren transmitir. Hablamos durante horas de un tema y otro, y al final recordamos perfectamente lo que dijimos, la actitud que adoptamos, los fines que perseguimos, pero posiblemente no sabemos de qu? color tiene los ojos nuestro coloquiante. Nos vimos, pero no detuvimos nuestra atenci?n en la vertiente corp?rea. No sucede as? en los momentos de trato amoroso. En ?stos, el cuerpo de la persona amada cobra una densidad peculiar y prende la atenci?n de quienes se manifiestan su amor. El amante atiende de modo intenso al cuerpo de la amada. Si ve en ?l la expresi?n sensible del ser amado y toma su gesto de ternura como un acto en el cual est? incrementando su amor a la persona, su modo de acariciar tendr? un car?cter personal.

En tal caso, el cuerpo acariciado adquiere honores de protagonista, pero no desplaza a la persona, la hace m?s bien presente de modo tangible y valioso. La caricia personal no se queda en el cuerpo, se dirige a la persona. Cuando dos personas se abrazan, sus cuerpos entrelazados juegan un papel sobresaliente, pero no constituyen la meta de la atenci?n; son el medio expresivo del afecto mutuo.

La persona, en tal abrazo, no queda relegada a un segundo plano. Al contrario, es realzada. En cambio, si la atenci?n se detiene en el cuerpo acariciado, sencillamente por el atractivo sensorial que implica tal gesto, el cuerpo invade todo el campo de la persona. Esta es vista como objeto, realidad asible, manejable, pose?ble, disfrutable... Pero a un objeto no se lo ama , se lo apetece s?lamente. De ah? el car?cter penoso de la expresi?n "mujer-objeto" aplicada a ciertas figuras femeninas exhibidas en algunos espect?culos como objeto-de-contemplaci?n o tomadas en la vida diaria como objeto-de-posesi?n.

El amor er?tico de los seductores de tipo donjuanesco es posesivo, y en la misma medida va unido con la burla y la violencia. Don Juan, el "Burlador de Sevilla" -seg?n la atinada formulaci?n de Tirso de Molina-, se complac?a en burlar a las v?ctimas de su enga?os y en resolver las situaciones comprometidas con el manejo expeditivo de la espada.

Esta violencia innata, muchas veces soterrada, del amor er?tico explica que pueda pasarse sin soluci?n de continuidad de unas situaciones de m?xima "ternura" aparente a otras de extrema violencia. En realidad, ah? no hay ternura, sino reducci?n de una persona a objeto. La violencia de tal reducci?n no queda aminorada al afirmar que se trata de un objeto adorable, fascinador. Estos adjetivos no redimen al sustantivo "objeto" de lo que tiene de injusto, de no ajustado a la realidad.

Rebajar a una persona del nivel que le corresponde es una forma de manipulaci?n agresiva que engendra los diferentes modos de violencia que registra la sociedad actual. La principal tarea de los manipuladores consiste en ocultar la violencia bajo el velo seductor del fomento de las libertades.

En el albor de la cultura occidental, Plat?n entendi? por "eros" la fuerza misteriosa que eleva al hombre a regiones cada vez m?s altas de belleza, bondad y perfecci?n. Actualmente, se entiende por "erotismo" el manejo de las fuerzas sexuales con desenfado, sin m?s criterio y norma que la propia satisfacci?n inmediata. Obviamente, esta reclusi?n en el plano de las ganancias inmediatas supone una regresi?n cultural.

2. Qui?n manipula


Manipula el que quiere vencernos sin convencernos, seducirnos para que aceptemos los que nos ofrece sin darnos razones. El manipulador no habla a nuestra inteligencia, no respeta nuestra libertad; act?a astutamente sobre nuestros centros de decisi?n a fin de arrastrarnos a tomar las decisiones que favorecen sus prop?sitos.

En un anuncio televisivo se present? un coche lujoso. En la parte opuesta de la pantalla apareci? enseguida la figura de una joven bell?sima. No dijo una sola palabra, no hizo el menor gesto; mostr? sencillamente su imagen encantadora. De pronto, el coche comenz? a rodar por paisajes ex?ticos, y una voz nos susurr? amablemente al o?do: "?Entr?gate a todo tipo de sensaciones!". En ese anuncio no se aduce raz?n alguna para elegir ese coche en vez de otro. Se entrevera su figura con la de realidades atractivas para millones de personas y se las envuelve a todas en el halo de una frase llena de adherencias sentimentales. De esta forma, el coche queda aureolado de prestigio. Cuando vayas al concesionario de coches, te sentir?s llevado a elegir ?ste. Y te lo facilitar?n, pero no la se?orita. En realidad, nadie te hab?a prometido que, si comprabas el coche, te dar?an la posibilidad de tratar a esa joven. Eso hubiera supuesto hablar a tu inteligencia. Se limitaron a influir sobre tu voluntad de forma oblicua, artera. No te han enga?ado; te han manipulado, que es una forma sutil de enga?o. Han halagado tu apetito de sensaciones gratificantes a fin de orientar tu voluntad hacia la compra de ese producto, no para complacerte o ayudarte a desarrollar tu personalidad. Te han reducido a mero cliente. Esa forma de reduccionismo es la quintaesencia de la manipulaci?n.

Este tipo de manipulaci?n comercial suele ir unida con otra mucho m?s peligrosa todav?a: la manipulaci?n ideol?gica, que impone ideas y actitudes de forma solapada, merced a la fuerza de arrastre de ciertos recursos estrat?gicos. As?, la propaganda comercial difunde, a menudo, la actitud consumista y la hace valer bajo pretexto de que el uso de tales o cuales artefactos es signo de alta posici?n social y de progreso. Un anuncio de un coche lujoso repet?a hasta veinte veces la palabra "se?or": "Un se?or como Vd. debe utilizar un coche como ?ste, que es el se?or de la carretera. Ense?or?ese de sus mandos y si?ntase se?or...".

Cuando se quieren imponer actitudes e ideas referentes a cuestiones b?sicas de la existencia -relativas a la pol?tica, la econom?a, la ?tica, la religi?n...-, la manipulaci?n ideol?gica adquiere suma peligrosidad. Por "ideolog?a" se entiende actualmente a menudo un sistema de ideas esclerosado, r?gido, que no suscita adhesiones por carecer de vigencia y, por tanto, de fuerza persuasiva. Si un grupo social lo asume como programa de acci?n y quiere imponerlo a ultranza, s?lo tiene dos recursos: l. la violencia, y aboca a la tiran?a, 2. la astucia y recurre a la manipulaci?n. Las formas de manipulaci?n practicadas por razones "ideol?gicas" suelen mostrar un notable refinamiento, ya que son programadas por profesionales de la estrategia [2] .

3. Para qu? se manipula


La manipulaci?n responde, en general, a la voluntad de dominar a personas y grupos en alg?n aspecto de la vida y dirigir su conducta. La manipulaci?n comercial quiere convertirnos en clientes, con el simple objetivo de que adquiramos un determinado producto, compremos entradas para ciertos espect?culos, nos afiliemos a tal o cual club...El manipulador ide?logo intenta modelar el esp?ritu de personas y pueblos a fin de adquirir dominio sobre ellos de forma r?pida, contundente, masiva y f?cil. ?C?mo es posible dominar al pueblo de esta forma? Reduci?ndolo de comunidad a masa.

Las personas, cuando tienen ideales valiosos, convicciones ?ticas s?lidas, voluntad de desarrollar todas las posibilidades de su ser, tienden a unirse entre s? solidariamente y estructurarse en comunidades. Debido a su interna cohesi?n, una estructura comunitaria resulta inexpugnable. Puede ser destruida desde fuera con medios violentos, pero no dominada interiormente por via de asedio espiritual. Si las personas que integran una comunidad pierden la capacidad creadora y no se unen entre s? con v?nculos firmes y fecundos, dejan de integrarse en una aut?ntica comunidad; dan lugar a un mont?n amorfo de meros individuos: una masa. El concepto de masa es cualitativo, no cuantitativo. Un mill?n de personas que se manifiestan en una plaza con un sentido bien definido y sopesado no constituyen una masa, sino una comunidad, un pueblo. Dos personas, un hombre y una mujer, que comparten la vida en una casa pero no se hallan debidamente ensambladas forman una masa. La masa se compone de seres que act?an entre s? a modo de objetos, por v?a de yuxtaposici?n o choque. La comunidad es formada por personas que ensamblan sus ?mbitos de vida para dar lugar a nuevos ?mbitos y enriquecerse mutuamente.

Al carecer de cohesi?n interna, la masa es f?cilmente dominable y manipulable por los afanosos de poder. Ello explica que la primera preocupaci?n de todo tirano -tanto en las dictaduras como en las democracias, ya que en ambos sistemas pol?ticos existen personas deseosas de vencer sin necesidad de convencer- sea privar a las gentes de capacidad creadora en la mayor medida posible. Tal despojo se lleva a cabo mediante las t?cticas de persuasi?n dolosa que moviliza la manipulaci?n.

4. C?mo se manipula


El tirano no lo tiene f?cil en una democracia. Quiere dominar al pueblo, y debe hacerlo de forma dolosa para que el pueblo no lo advierta, pues lo que prometen los gobernantes en una democracia es, ante todo, libertad. En las dictaduras se promete eficacia, a costa de las libertades. En las democracias se prometen cotas nunca alcanzadas de libertad aunque sea a costa de la eficacia. ?Qu? medios tiene en su mano el tirano para someter al pueblo mientras lo convence de que es m?s libre que nunca?

Ese medio es el lenguaje. El lenguaje es el mayor don que posee el hombre, pero el m?s arriesgado. Es ambivalente: el lenguaje puede ser tierno o cruel, amable o displicente, difusor de la verdad o propalador de la mentira. El lenguaje ofrece posibilidades para descubrir en com?n la verdad, y facilita recursos para tergiversar las cosas y sembrar la confusi?n. Con s?lo conocer tales recursos y manejarlos h?bilmente, una persona poco preparada pero astuta puede dominar f?cilmente a personas y pueblos enteros si ?stos no est?n sobre aviso. Para comprender el poder seductor del lenguaje manipulador debemos estudiar cuatro puntos: los t?rminos, los esquemas, los planteamientos y los procedimientos.

A) Los t?rminos


El lenguaje crea palabras, y en cada ?poca de la historia algunas de ellas se cargan de un prestigio especial de forma que nadie osa ponerlas en tela de juicio. Son palabras "talism?n" que parecen condensar en s? todas las excelencias de la vida humana.

La palabra talism?n de nuestra ?poca es libertad. Una palabra talism?n tiene el poder de prestigiar las palabras que se le avecinan y desprestigiar a las que se le oponen o parecen opon?rsele. Hoy se da por supuesto -el manipulador nunca demuestra nada, da por supuesto lo que le conviene- que censura ?todo tipo de censura- se opone siempre a libertad. En consecuencia, la palabra censura est? actualmente desprestigiada. En cambio, las palabras independencia, autonom?a, democracia, cogesti?n van unidas con la palabra libertad y quedan convertidas, por ello, en una especie de t?rminos talism?n por adherencia.

El manipulador saca amplio partido de este poder de los t?rminos talism?n. Sabe que, al introducirlos en un discurso, el pueblo queda intimidado, no ejerce su poder cr?tico, acepta ingenuamente lo que se le proponga. Cuando, en cierto pa?s europeo, se llev? a cabo una campa?a a favor de la introducci?n de la ley abortista, el ministro responsable de tal ley intent? justificarla con este razonamiento: "La mujer tiene un cuerpo y hay que darle libertad para disponer de ese cuerpo y de cuanto en ?l acontezca". La afirmaci?n de que "la mujer tiene un cuerpo" est? pulverizada por la mejor filosof?a desde hace casi un siglo. Ni la mujer ni el var?n tenemos cuerpo; somos corp?reos. Hay un abismo entre ambas expresiones.

El verbo tener es adecuado cuando se refiere a realidades pose?bles, es decir: objetos. Pero el cuerpo humano, el de la mujer y el del var?n, no es algo pose?ble, algo de lo que podamos disponer; es una vertiente de nuestro ser personal, como lo es el esp?ritu. Te doy la mano para saludarte y sientes en ella la vibraci?n de mi afecto personal. Es toda mi persona la que te sale al encuentro. El hecho de que en la palma de mi mano vibre mi ser personal entero pone al trasluz que el cuerpo no es un objeto. No hay objeto, por excelente que sea, que tenga ese poder. El ministro intuy? sin duda que la frase "la mujer tiene un cuerpo" es muy endeble, no se sostiene en el estado actual de la investigaci?n filos?fica, y para dar fuerza a su argumento introdujo inmediatamente el t?rmino talism?n libertad: "Hay que conceder libertad a la mujer para disponer de su cuerpo..." Sab?a que, con la mera utilizaci?n de ese t?rmino supervalorado en el momento actual, millones de personas iban a replegarse t?midamente y a decirse: "No te opongas a esta proposici?n porque est? la libertad en juego y ser?s a tachado de antidem?crata, de fascista, de ultra". Y as? sucedi?, efectivamente.

Si queremos ser de verdad libres interiormente, debemos perder el miedo al lenguaje manipulador y matizar el sentido de las palabras. El ministro no indic? a qu? tipo de libertad se refer?a, porque la primera ley del demagogo es no matizar el lenguaje. De hecho alud?a a la "libertad de maniobra", la libertad -en este caso- de maniobrar cada uno a su antojo respecto a la vida naciente: respetarla o eliminarla. La "libertad de maniobra" no es propiamente una forma de libertad; es, m?s bien, una condici?n para ser libre. Uno comienza a ser libre cuando, pudiendo elegir entre diversas posibilidades, -libertad de maniobra- opta por aquellas que le permiten desarrollar su personalidad de modo cabal ?libertad creativa-. Pero una persona que utilice esa libertad de maniobra en contra del germen de vida que marcha aceleradamente hacia la plena constituci?n de un ser humano, ?se orienta hacia la plenitud de su ser personal? Vivir personalmente es vivir fundando relaciones comunitarias, creando v?nculos. El que rompe los v?nculos fecund?simos con la vida que nace destruye de ra?z su poder creador y, por tanto, bloquea su desarrollo como persona.

Todo esto se ve claramente cuando se reflexiona. Pero el demagogo, el tirano, el que desea conquistar el poder por la v?a r?pida de la manipulaci?n opera con extrema celeridad para no dar tiempo a pensar y someter a reflexi?n detenida cada uno de los temas. Para ello no se detiene nunca a matizar los conceptos y justificar lo que afirma; lo da todo por consabido y lo expone con t?rminos ambiguos, faltos de precisi?n. Ello le permite destacar en cada momento el aspecto de los conceptos que le interesa para su fines. Cuando subraya un aspecto, lo hace como si fuera el ?nico, como si todo el alcance de un concepto se limitara a esa vertiente. De esa forma evita que las gentes a las que se dirige tengan suficientes elementos de juicio para clarificar las cuestiones por s? mismas y hacerse una idea serena y bien aquilatada de las cuestiones tratadas. Al no poder profundizar en una cuesti?n, el hombre est? predispuesto a dejarse arrastrar. Es un ?rbol sin ra?ces que lo lleva cualquier viento, sobre todo si ?ste sopla a favor de las propias tendencias elementales. Para facilitar su labor de arrastre y seducci?n, el manipulador halaga las tendencias innatas de las gentes y se esfuerza en cegar su sentido cr?tico.

Toda forma de manipulaci?n es una especie de malabarismo intelectual. Un mago, un ilusionista hace trueques sorprendentes y al parecer "m?gicos" porque realiza movimientos muy r?pidos que el p?blico no percibe. El demagogo procede, asimismo, con meditada precipitaci?n, a fin de que las multitudes no adviertan sus trucos intelectuales y acepten como posibles los escamoteos m?s inveros?miles de conceptos. Un manipulador proclama, por ejemplo, ante las gentes que ?les ha devuelto las libertades?, pero no se detiene a precisar a qu? tipo de libertades se refiere: si a las libertades de maniobra que pueden llevar a experiencias de fascinaci?n -que despe?an al hombre hacia la asfixia- o a la libertad para ser creativos yrealizar experiencias de encuentro, que lleva al pleno desarrollo de la personalidad. Basta pedirle a un demagogo que matice un concepto para desvirtuar sus artes hipnotizadoras.

En verdad, ten?a raz?n Ortega y Gasset al advertir: "?Cuidado con los t?rminos, que son los d?spotas m?s duros que la Humanidad padece!". Un estudio, por somero que sea, del lenguaje nos revela que "las palabras son a menudo en la historia m?s poderosas que las cosas y los hechos" (M. Heidegger [3] ).

B) Los esquemas mentales


Del mal uso de los t?rminos se deriva una interpretaci?n err?nea de los esquemas que vertebran nuestra vida mental. Cuando pensamos, hablamos y escribimos, estamos siendo guiados por ciertos pares de t?rminos: libertad-norma, dentro-fuera, autonom?a-heteronom?a... Si pensamos que estos esquemas son dilemas, de forma que debemos escoger entre uno u otro de los t?rminos que los constituyen, no podremos realizar en la vida ninguna actividad creativa. La creatividad es siempre dual. Si pienso que cuanto est? fuera de m? es distinto, distante, externo y extra?o a m?, no puedo colaborar con cuanto me rodea y anulo mi capacidad creativa en todos los ?rdenes.

Una alumna manifest? un d?a en clase lo siguiente: "En la vida hay que escoger: o somos libres o aceptamos normas; o actuamos conforme a lo que nos sale de dentro o conforme a lo que nos viene impuesto de fuera. Como yo quiero ser libre, dejo de lado las normas". Esta joven entend?a el esquema libertad-norma como un dilema. En consecuencia, para ser aut?ntica, para actuar con libertad interior se sent?a obligada a prescindir de cuanto le hab?an dicho de fuera acerca de normas morales, dogmas religiosos, pr?cticas piadosas, etc. Con ello se alejaba de la moral y la religi?n de sus mayores y -lo que es todav?a m?s grave- hac?a imposible toda actividad verdaderamente creativa.

He aqu? el poder temible de los esquemas mentales. Si un manipulador te sugiere que para ser aut?nomo en tu obrar debes dejar de ser heter?nomo y no aceptar norma alguna de conducta que te venga propuesta del exterior, dile que es verdad pero s?lo en un caso: cuando actuamos de modo pasivo, no creativo. Tus padres te piden que hagas algo, y t? obedeces forzado. Entonces no act?as aut?nomamente. Pero suponte que percibes el valor de lo que se te sugiere y lo asumes como propio. Esa actuaci?n tuya es a la vez aut?noma y heter?noma, porque es creativa.

Cuando era ni?o, mi madre me dec?a: "Toma este bocadillo y d?selo al pobre que llam? a la puerta". Yo me resist?a porque era un se?or de barba larga y me daba miedo. Mi madre insist?a: "No es un delincuente; es un necesitado. Vete y d?selo". Mi madre quer?a que yo me adentrara en el campo de irradiaci?n del valor de la piedad. El valor de la piedad me ven?a sugerido desde fuera, pero no impuesto. Al reaccionar positivamente ante esta sugerencia de mi madre, fui asumiendo poco a poco el valor de la piedad hasta que se convirti? en una voz interior. Con ello, este valor dej? de estar fuera de m? para convertirse en el impulso interno de mi obrar. En esto consiste el proceso formativo. El educador nos adentra en el ?rea de imantaci?n de los grandes valores, y nosotros los vamos asumiendo como algo propio, como lo m?s profundo y valioso de nuestro ser.

Ahora vemos con claridad la importancia decisiva de los esquemas mentales. Un especialista en revoluciones y conquista del poder, Jos? Stalin, afirm? lo siguiente: "De todos los monopolios de que disfruta el Estado ninguno ser? tan crucial como su monopolio sobre la definici?n de las palabras. El arma esencial para el control pol?tico ser? el diccionario". Nada m?s cierto, a condici?n de que veamos los t?rminos dentro del marco din?mico de los esquemas, que son el contexto en el que juegan su papel expresivo.

C) Los planteamientos estrat?gicos


Con los t?rminos del lenguaje se plantean las grandes cuestiones de la vida. Debemos tener m?ximo cuidado con los planteamientos. Si aceptas un planteamiento, vas a donde te lleven. Desde ni?os deber?amos estar acostumbrados a discernir cu?ndo un planteamiento es aut?ntico y cu?ndo es falso. En los ?ltimos tiempos se est?n planteando mal, con el fin estrat?gico de dominar al pueblo, temas tan graves como el divorcio, el aborto, el amor humano, la eutanasia... Casi siempre se los plantea de forma sentimental, como si s?lo se tratara de resolver problemas acuciantes de ciertas personas. Para conmover al pueblo, se aducen cifras exageradas de matrimonios rotos, de abortos clandestinos, realizados en condiciones infrahumanas... Tales cifras son un ardid del manipulador. El Dr. B. Nathanson, director de la mayor cl?nica abortista de Estados Unidos, manifest? que fue ?l y su equipo quienes inventaron la cifra de 800.000 abortos al a?o en su pa?s. Y se sorprend?an al ver que la opini?n p?blica recog?a el dato y lo propagaba con toda candidez. Hoy, convertido a la defensa de la vida, se siente avergonzado de tal fraude, y recomienda vivamente que no se acepten las cifras aducidas para apoyar ciertas campa?as.

D) Los procedimientos estrat?gicos


Hay diversos medios para dominar al pueblo sin que ?ste se d? cuenta. Pongamos un ejemplo; en ?l yo no miento pero manipulo. Tres personas hablan mal de una cuarta, y yo le cuento a ?sta exactamente lo que me han dicho, pero altero un poco el lenguaje. En vez de decir que tales personas en concreto han dicho esto, indico que lo dice la gente. Paso del singular al colectivo. Con ello no s?lo le infundo miedo a esa persona sino angustia, que es un sentimiento mucho m?s difuso y penoso. El miedo es temor ante algo adverso que te hace frente de manera abierta y te permite tomar medidas. La angustia es un miedo envolvente. No sabes a d?nde acudir. ?D?nde est? la gente que te ataca con su maledicencia? La gente es una realidad an?nima, envolvente, a modo de niebla que te bloquea. Te sientes angustiado.

Tal angustia es provocada por el fen?meno sociol?gico del rumor, que suele ser tan poderoso como cobarde debido a su anonimato. "Se dice que tal ministro realiz? una evasi?n de capitales". ?Qui?n lo dice? La gente, es decir, nadie concreto y potencialmente todos.

Otra forma oblicua, sesgada, subrepticia, de vencer al pueblo sin preocuparse de convencerlo es la de repetir una vez y otra, a trav?s de los medios de comunicaci?n, ideas o im?genes cargadas de intenci?n ideol?gica. No se entra en cuesti?n, no se demuestra nada, no se va al fondo de los problemas. Sencillamente se lanzan proclamas, se hacen afirmaciones contundentes, se propagan esl?ganes a modo de sentencias cargadas de sabidur?a. Este bombardeo diario configura la opini?n p?blica, porque la gente acaba tomando lo que se afirma como lo que todos piensan, como aquello de que todos hablan, como lo que se lleva, lo actual, lo normal, lo que hace norma y se impone.

Actualmente, la fuerza del n?mero es determinante, ya que lo decisivo se resuelve mediante el n?mero de votos. El n?mero es algo cuantitativo, no cualitativo. De ah? la tendencia a igualar a todos los ciudadanos, para que nadie tenga poder directivo de orden espiritual y la opini?n p?blica pueda ser modelada impunemente por quienes dominan los medios de comunicaci?n multitudinarios. Una de las metas del demagogo es anular, de una forma u otra, a quienes pueden descubrir sus trampas, sus trucos de ilusionista.

La redundancia desinformativa tiene un poder insospechado de crear opini?n, hacer ambiente, fundar un clima propicio a toda clase de errores. Basta establecer un clima de superficialidad en el tratamiento de los temas b?sicos de la vida para hacer posible la difusi?n de todo tipo de falsedades. Seg?n Anatole France, "una necedad repetida por muchas bocas no deja de ser una necedad". Ciertamente, mil mentiras no hacen una sola verdad. Pero una mentira o una media verdad repetida por un medio poderoso de comunicaci?n se convierte en una verdad de hecho, incontrovertida; viene a constituir una "creencia", en el sentido orteguiano de algo intocable, de suelo en que se asienta la vida intelectual del hombre y que no cabe discutir sin exponerse al riesgo de quedar descalificado. A formar este tipo de "creencias" tiende la propaganda manipuladora con vistas a tener un control soterrado de la mente, la voluntad y el sentimiento de la mayor?a.

El gran te?rico de la comunicaci?n MacLuhan acu?? la expresi?n de que "el medio es el mensaje": no se dice algo porque sea verdad; se toma como verdad porque se dice. La televisi?n, la radio, la letra impresa, los espect?culos de diverso orden tienen un inmenso prestigio para quien los ve como una realidad prestigiosa que se impone desde un lugar para uno inaccesible. El que est? al corriente de lo que pasa entre bastidores tiene alg?n poder de discernimiento. Pero el gran p?blico permanece fuera de los centros que irradian los mensajes. Es insospechable el poder que implica la posibilidad de hacerse presente en los rincones m?s apartados y penetrar en los hogares y hablar a multitud de personas al o?do, sin levantar la voz, de modo sugerente.

Ant?doto contra la manipulaci?n


La pr?ctica de la manipulaci?n altera la salud espiritual de personas y grupos. ?Poseen ?stos defensas naturales contra ese virus invasor? ?Cabe poner en juego un ant?doto contra la manipulaci?n demag?gica?

Actualmente, es imposible de hecho reducir el alcance de los medios de comunicaci?n o semeterlos a un control eficaz de calidad. No hay m?s defensa fiable que una debida preparaci?n por parte de cada ciudadano. Tal preparaci?n abarca tres puntos b?sicos:

1)Estar alerta, conocer en pormenor los ardides de la manipulaci?n.

2)Pensar con rigor, saber utilizar el lenguaje con precisi?n, plantear bien las cuestiones, desarrollarlas con l?gica, no cometer saltos en el vac?o. Pensar con rigor es un arte que debemos cultivar. El que piensa con rigor es dif?cilmente manipulable. Un pueblo que no cultive el arte de pensar con la debida precisi?n est? en manos de los manipuladores.

3)Vivir creativamente. Lo m?s valioso de la vida s?lo se lo aprende de verdad cuando se lo vive. Si t?, por ejemplo, prometes crear un hogar con otra persona y eres fiel a esa promesa, vas aprendiendo d?a a d?a que ser fiel no se reduce a tener aguante. Aguantar es la tarea de muros y columnas. El hombre est? llamado a algo m?s alto, a ser creativo, es decir: a ir creando en cada momento lo que prometi? crear. La fidelidad tiene un car?cter creativo. Cuando el manipulador de turno te diga al o?do: "No aguantes, b?scate satisfacciones fuera del matrimonio, que eso es lo imaginativo y creador", sabr?s contestar adecuadamente: ?Amigo, yo no intento aguantar, sino ser fiel, que es bien distinto". Lo dir?s porque sabr?s por dentro lo que es e implica la virtud de la fidelidad.

La movilizaci?n de un contraant?doto: la confusi?n de v?rtigo y ?xtasis

Si tomamos estas tres medidas, seremos libres a pesar de la manipulaci?n. Pero aqu? surge un grave peligro: quienes desean dominarnos est?n poniendo en juego un contraant?doto, que consiste en confundir dos grandes procesos de nuestra vida: el de v?rtigo y el de ?xtasis. Si caemos en esta trampa, perderemos definitivamente la libertad.

El v?rtigo es un proceso espiritual que comienza con la adopci?n de una actitud ego?sta. Si soy ego?sta en la vida, tiendo a considerarme como el centro del universo y a tomar cuanto me rodea como medio para mis fines. Cuando me encuentre con una realidad -por ejemplo, una persona- que me atrae porque puede saciar mis apetencias, me dejar? fascinar por ella. Dejarse fascinar por una persona significa dejarse arrastrar por la voluntad de dominarla para ponerla a mi servicio. Cuando estoy en camino de dominar aquello que enardece mis instintos, siento euforia, exaltaci?n interior.

Me parece que voy a adquirir una r?pida y conmovedora plenitud personal. Pero esa conmoci?n euf?rica degenera inmediatamente en decepci?n, porque, al tomar una realidad como objeto de dominio, no puedo encontrarme con ella, y no me desarrollo como persona. Recordemos que el hombre es un ser que se constituye y desarrolla a trav?s del encuentro. Esa decepci?n profunda me produce tristeza. La tristeza acompa?a siempre a la conciencia de no estar en camino de desarrollo como persona. Esa tristeza, cuando se repite una y otra vez, se hace envolvente, asfixiante, angustiosa. Me veo vaciado de cuanto necesito para ser plenamente hombre. Al asomarme a ese vac?o, siento v?rtigo espiritual, angustia.

Si el sentimiento de angustia es irreversible porque no soy capaz de cambiar mi actitud b?sica de ego?smo, la angustia da lugar a la desesperaci?n: la conciencia l?cida y amarga de que tengo todas las salidas cerradas hacia mi realizaci?n personal.

Un joven estudiante se esforz? un d?a en convencer a una amiga drogadicta de que se estaba destruyendo. ?sta le interrumpi? y le dijo con desaliento: "No te canses. S? perfectamente que estoy bordeando el abismo. Lo que pasa es que no puedo volver atr?s, que es bien distinto". Esta conciencia de no tener salida es la desesperaci?n.

La desesperaci?n lleva r?pidamente a la destrucci?n, la propia o la ajena, la f?sica o la moral.

(Digamos entre par?ntesis que este proceso se refiere a quienes en perfecto estado de salud se entregan al af?n de poseer lo que encandila las propias apetencias, no a quienes sufren alg?n tipo de depresi?n por causas fisiol?gicas.)

Sobrevolemos lo dicho. El v?rtigo no te exige nada al principio, te lo promete todo y te lo quita todo al final. El v?rtigo te llena de ilusiones y acaba convirti?ndose en un iluso.

Veamos ahora el proceso opuesto: el de ?xtasis o creatividad. Si no soy ego?sta, sino generoso, no reduzco cuanto me rodea a medio para mis fines. Yo soy un centro de iniciativa, pero t? tambi?n. Por eso te respeto en lo que eres y en lo que estas llamado a ser. Este respeto me lleva a colaborar contigo, no a dominarte. Colaborar es entreverar mis posibilidades con las tuyas. Y este entreveramiento es el encuentro. Al encontrarme, me desarrollo como persona y siento alegr?a. Esta alegr?a, en su grado m?ximo, se llama entusiasmo. A m? me entusiasma encontrarme con realidades que me ofrecen tantas posibilidades de actuar creativamente que me elevan a lo mejor de m? mismo. Esa elevaci?n es el ?xtasis. Cuando me siento cercano a la realizaci?n de mi vocaci?n m?s profunda, experimento una gran felicidad interior Esta felicidad me lleva a la edificaci?n de mi personalidad, de la m?a y de la de quienes se han encontrado conmigo. He aqu? un dato decisivo: El proceso de ?xtasis o encuentro crea vida de comunidad. El proceso de v?rtigo la destruye.

El ?xtasis es un proceso espiritual que al principio te lo exige todo, te lo promete todo y te lo da todo al final. ?Qu? es lo que exige al principio? Generosidad. No encontrar?s ni una sola acci?n que sea creativa en deporte, en vida de relaci?n, en vida est?tica o religiosa que no lleve en su base alguna dosis de generosidad. Si eres ego?sta en la pr?ctica del deporte, reducir?s tu juego a mera competici?n, que es una de las formas del v?rtigo de la ambici?n. Tomar?s a los compa?eros de juego como medios para tus fines. No fundar?s unidad sino disensi?n, y engendrar?s violencia.

Est?n a la vista las consecuencias del v?rtigo y el ?xtasis:


?El v?rtigo anula poco a poco la creatividad humana -porque imposibilita el encuentro, y toda forma de creatividad se da en el hombre a trav?s de la fundaci?n de modos diversos de encuentro-, amengua al m?ximo la sensibilidad para los grandes valores, hace imposible la fundaci?n de modos elevados de unidad.

?El ?xtasis, por el contrario, incrementa la creatividad, la sensibilidad para los grandes valores, la capacidad do unirse de forma s?lida y fecunda con las realidades del entorno.

Ahora podemos responder l?cidamente a la pregunta que dejamos antes pendiente. Dec?amos que el tirano domina a los pueblos reduciendo las comunidades a meras masas. Lo hace amenguando la capacidad creadora de cada una de las personas que constituyen tales comunidades. Este empobrecimiento de las personas se consigue orient?ndolas hacia las diversas formas de v?rtigo no hacia las de ?xtasis. Para ello el demagogo manipulador confunde ambas formas de experiencia, y dice a las gentes, sobre todo a los j?venes: "Os concedo todo tipo de libertades para realizar experiencias exaltantes de v?rtigo. Esa exaltaci?n es la verdadera forma de entusiamo, y conduce a la felicidad y la plenitud".

Si caemos en esta trampa artera, no tenemos futuro como personas. V?rtigo y ?xtasis son polarmente opuestos en su origen -que es la actitud de ego?smo, por una parte, y de generosidad, por otra- y son diversos en sus fines: El v?rtigo tiende al ideal del dominio y el disfrute; el ?xtasis se orienta al ideal de la unidad y la solidaridad. Confundir ambos tipos de experiencias significa proyectar el prestigio secular de las experiencias que los griegos denominaban "?xtasis" -elevaci?n a lo mejor de uno mismo- sobre las experiencias de v?rtigo y dar una aparente justificaci?n a las pr?cticas que conducen al hombre a formas de exaltaci?n aniquiladora.

Nuestra voluntad de supervivencia como seres personales nos lleva a preguntar si hay un ant?doto contra la confusi?n de v?rtigo y ?xtasis. Por fortuna, lo hay, y se basa en la convicci?n de que el ideal lo decide todo en nuestra vida. Somos seres din?micos, debemos configurar nuestra vida conforme a un ideal; tenemos libertad para tomar un ideal u otro como meta de la existencia, impulso y sentido de nuestro obrar, pero no podemos evitar que el ideal del ego?smo y el dominio nos exalte primero y nos destruya al final, y que el ideal de la generosidad y la unidad nos exija al principio un gran desprendimiento y nos d? al final la plenitud. El hecho de orientar la vida hacia este ideal plenificante nos impulsa a elegir en cada momento lo m?s adecuado a nuestro verdadero ser. Esta libertad interior nos inmuniza en buena medida contra la manipulaci?n.

La configuraci?n de un Nuevo Humanismo


Una vez que recuperemos el lenguaje secuestrado por los manipuladores y ganemos libertad interior, podemos abordar con garant?a de ?xito la gran tarea que tiene ante s? la Humanidad actual: dar vida a una nueva forma que asuma los mejores logros de la Edad Moderna y supere sus deficiencias, las que provocaron dos hecatombes mundiales. Esta tarea, que en lenguaje religioso se est? llamando "reevangelizaci?n", s?lo podr? llevarse a cabo si vamos a la ra?z de nuestro obrar. La ra?z es el ideal que nos mueve.

Desde el per?odo de entreguerras se pide en Europa un cambio en el estilo de pensar, de sentir y actuar. Ese cambio no se ha realizado. De ah? el desconcierto y la apat?a de la sociedad contempor?nea. Es hora de abandonar la indecisi?n y poner las bases de una concepci?n de la vida aquilatada, m?s ajustada a la condici?n verdadera del ser humano. Ello requiere tener la valent?a de optar por el ideal de la generosidad, la unidad, la solidaridad. Ese ideal -y la cultura a ?l correspondiente- tiene una antigua y prestigiosa tradici?n en Europa, pero, frente a ?pocas anteriores a la nuestra, se nos presenta como algo novedoso. Si lo asumimos animosamente, sin restricci?n alguna, veremos nuestra vida colmada de alegr?a, pues, como bien dec?a el gran Bergson, "la alegr?a anuncia siempre que la vida ha triunfado" [4] . Y no hay mayor triunfo que el crear modos aut?nticos de uni?n personal.

Que esta tarea creativa se lleve a cabo en la sociedad actual depende en buena medida de los medios de comunicaci?n. Un d?a y otro, con el poder de persuasi?n que ejerce la insistencia, los ?medios? abren ante el hombre actual dos v?as opuestas: la v?a de la creatividad y la edificaci?n cabal de la personalidad, y la v?a de la fascinaci?n y el desmoronamiento de la vida personal. Cuando se habla de manipulaci?n, se alude a una forma de abuso de los medios de comunicaci?n que tiende a encaminar a las gentes por una v?a destructiva.

Cabe, sin embargo, otra forma de uso que asuma todas las posibilidades de tales medios y les confiera una honda nobleza y una gran fecundidad. S?lo cuando las gentes se orienten por esta v?a tendr?n garantizada su libertad en el seno de los reg?menes democr?ticos, que -bien est? recordarlo- no generan libertad interior autom?ticamente.





[1] Este trabajo servir? de Introducci?n a un curso que el autor va dar en breve en el Internet del Vaticano (Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales) con ese mismo t?tulo.

[2] Sobre este concepto de ?ideolog?a? puede verse mi trabajo ?Conocer, sentir, querer. A prop?sito del tema de las ideolog?as?, en Hacia un estilo de pensar I. Est?tica. Editora Nacional, Madrid 1967, p?gs. 39-96.



(*)El Dr. L?pez Quint?s es catedr?tico em?rito de filosof?a en la Univ. Complutense de Madrid.

[3] Cf. Nietzsche I, Neske, Pfullingen 1961, p. 400.

[4] Cf. L?energie spirituelle, PUF, Par?s 321944, p. 23

Publicado por mario.web @ 8:20
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