Lunes, 25 de abril de 2011
?C?mo ayudar, a quienes hoy se acercan a la fe, a ser cristianos?
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La necesidad de repensar la praxis de inciaci?n cristiana
La necesidad de repensar la praxis de inciaci?n cristiana
Es natural que, frente a los resultados cada vez m?s escasos, no obstante el precioso empe?o puesto en todos los niveles, se eleve, por parte de los diversos agentes pastorales de la comunidad cristiana, un grito que exprese semejante perplejidad: ?qu? debemos hacer?

Es el interrogante que nace del vivir esta com?n desaz?n, por no lograr que se convierta en significativo y duradero el acercamiento a la vida de fe. Un interrogante que podr?amos resumir as?: ?c?mo ayudar, a quienes hoy se acercan a la fe, a ser cristianos?
Todos estos elementos muestran la necesidad de repensar la IC particularmente de ni?os y adolescentes.

Una praxis que responda a una doble fidelidad: por un lado que respete y asuma los datos de la situaci?n hist?rica actual y por el otro que atienda y responda a las propuestas de la Revelaci?n cristiana.

La fidelidad a los datos de la historia no se agota con la exigencia de adaptar el lenguaje y el testimonio cristiano a la particular situaci?n de los oyentes, sino que exige asumir la historia misma de los hombres, por positiva o negativa que sea, como posible "signo de los tiempos", es decir, como lugar a trav?s del cual el Esp?ritu habla en el hoy de su Iglesia y gu?a su accionar en forma adaptada a los tiempos.

Se trata, entonces, de recibir las transformaciones no con sentido de resignaci?n o de pesimismo, sino, como eventuales desaf?os u oportunidades que Dios nos conf?a en la certeza de que ?l no abandona jam?s a su pueblo y tambi?n hoy lo conduce a nuevos e inesperados espacios de vida.

Un primer gesto de fidelidad a la historia es el de tener en cuenta la denunciada crisis de la civilizaci?n, reconocerla y asumirla efectivamente como un desaf?o que exige emprender una nueva pastoral que responda a tal situaci?n, sin in?tiles nostalgias.
La tradicional praxis vigente en torno a los sacramentos de la IC refleja por dem?s una situaci?n social en la cual la cultura y las mismas instituciones civiles sosten?an la fe y las costumbres cristianas.


Pero hoy "ya no es posible hacerse ilusiones, se hicieron demasiado evidentes los signos de la descristianizaci?n, y de la p?rdida de los valores humanos y morales fundamentales. En realidad tales valores, que si bien brotan de la ley moral escrita en el coraz?n de cada hombre, muy dif?cilmente se mantienen en la vida cotidiana, en la cultura y en la sociedad, cuando decae o se debilita la ra?z de la fe en Dios y en Jesucristo" (Juan Pablo II, Discurso a la asamblea del III? Convenio eclesial. Palermo, 20-24 de noviembre de 1995).

En este nuevo cuadro socio-religioso no es raro encontrar a cristianos que, si bien se profesan tales, no poseen m?s una fe cristiana aut?ntica, que incida en la vida y en sus decisiones morales, y, si hacen alguna referencia a la Iglesia, es en vistas a conseguir servicios religiosos.

"El secularismo afecta directamente a la fe y a la religi?n. Desconoce la importancia que ?stas tienen para la existencia cotidiana de los hombres y para su realizaci?n eterna. Al prescindir de Dios, se despoja al hombre de su referente ?ltimo y los valores pierden su car?cter de tales, convirti?ndose en ?dolos que terminan degrad?ndolo y esclaviz?ndolo. Las secuelas de esta actitud suelen manifestarse en diversas formas de corrupci?n, que afectan a las personas y da?an el conjunto del tejido social" "El secularismo actual concibe la vida humana, personal y social, al margen de Dios y se constata incluso una creciente indiferencia religiosa" (LPNE 12).

Tal secularismo involucra a las familias y a?n a aquellos que son bastante fieles a los encuentros dominicales, lo que nos permite insistir en no dar por descontada la presencia de la fe cristiana en quienes se acercan para iniciarse en la fe -sean ni?os, adolescentes, j?venes o adultos-.

Encuestas recientes que investigan la fe de los cat?licos, muestran la urgencia de una formaci?n catequ?stica m?s amplia y profunda y la necesidad de no suponer, ni en la predicaci?n ni en los textos de catequesis, verdades esenciales, tales como la divinidad de Jesucristo, la existencia de la vida eterna, la realidad del mal y de la culpa. En este campo, apremia una valiente renovaci?n de la formaci?n catequ?tica de los catequistas, una presencia m?s vigorosa de los sacerdotes en esta tarea y lograr procesos org?nicos m?s acordes con la maduraci?n de la fe de las personas y de las comunidades.

Ante tal situaci?n, la pastoral catequ?stica deber? dar la primac?a al anuncio del kerigma en vista a engendrar o regenerar la fe; una fe que involucre los aspectos p?blicos y privados de la existencia humana, que consolide el sentido de pertenencia eclesial y que haga que la comunidad cristiana no sea una simple agencia de servicios religiosos, sino, lugar de vida, de identidad y de experiencia concreta de la salvaci?n obrada por Cristo.
Los contextos de vida en los cuales viven quienes acuden a la Iglesia para iniciarse en la fe son multiformes y esto nos obliga a saber recibirlos respetando a cada uno tal como es.

Al mismo tiempo es indispensable observar y reconocer que tales circunstancias son diversas, fluidas y mutantes; a tal punto que el mismo sujeto puede pasar f?cilmente de un ambiente donde se vive cristianamente a otro totalmente opuesto.

Ser? importante comprender que la IC ha de estar en funci?n de las personas y no viceversa. En consecuencia tiene que ser superada la praxis de proponer a los posibles catec?menos -sean ni?os, adolescentes, j?venes o adultos- un ?nico camino basado en el ritmo y esquema del ?mbito escolar.

El discernir las "disposiciones religiosas" con que acuden los posibles catec?menos debe ser tomado con la seriedad necesaria a fin de configurar con mayor claridad el itinerario m?s conveniente de la IC para cada catec?meno o grupo de catec?menos.

Se hace pues, urgente, discernir serenamente y asumir con coraje una pastoral de la iniciaci?n cristiana que exprese nuestra firme decisi?n de navegar mar adentro para echar las redes atentos a los consejos del Se?or.

Ser? inevitable la fatiga y m?ltiples las dificultades a la hora de debatir el dise?o y las opciones que exija esta pastoral, pero creemos que es la ocasi?n para renovar nuestra fidelidad al Se?or y dar un nuevo vigor a nuestras comunidades cristianas

Publicado por mario.web @ 8:36
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