Lunes, 25 de abril de 2011
Gobernar con el carisma ser? para la superiora tomar en mano las Constituciones, la regla de vida ylos escritos del Fundador con el fin de descubrir en ellos el aspecto espec?fico del Cristo que Dios quiso dejar al Fundador.
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Gobernar con el Carisma
Gobernar con el Carisma
Temores, incertezas, ausencia de la autoridad?
Las futuras generaciones de personas consagradas estar?n muy agradecidas con el Card. Franc Rod?, quien despu?s de muchos a?os, ha puesto a disposici?n un documento que pod?a llamarse, ?un manual sobre la autoridad de frente a las exigencias de la vida consagrada. Vivir la obediencia en la ?poca de la post-modernidad no es cosa f?cil, si somos sinceros y aceptamos los retos que la vida consagrada debe enfrentar en una sociedad laicizada y que cada d?a se aleja m?s de Dios.

El fen?meno, aparentemente complicado, es m?s sencillo de lo que en realidad pudiera parecer. Espero que la claridad no vaya en detrimento de la profundidad con la que este argumento debe ser tratado.

Debemos iniciar dando por supuesto que la obediencia es un elemento de la vida consagrada. ?Los votos son tambi?n, en concreto, tres maneras de comprometerse a vivir como Cristo vivi?, en sectores que abrazan toda la existencia: posesiones, afectos, autonom?a. Cada uno pone de relieve una relaci?n con Jes?s, consagrado y enviado. (?) Vino a hacer la voluntad del Padre que le envi?, y lo hizo permanentemente, ?aprendiendo la obediencia por el sufrimiento y convirti?ndose en causa de salvaci?n para todos los que obedecen ? (Hb 5, 8).? 1 La obediencia por tanto debe ser ense?ada, tomando en cuenta las propias constituciones, el carisma y en el debido respeto de cada persona. Este debido respeto a la libertad de cada persona, promulgado por el Decreto Perfectae caritatis ,2 creo que ha sido origen de innumerables conflictos, malentendidos, temores, incertezas, ausencias en el ejercicio de la autoridad, que han originado m?s de 40 a?os en los que la autoridad ha sido malintepretada. Si bien es cierto que antes del Concilio Vaticano II exist?a una situaci?n en lo que se refiere a la obediencia caracterizada por una autoridad demasiado r?gida, que rayaba quiz?s en autoritarismo y una vida fraterna en comunidad que giraba m?s en torno a la persona de la superiora , 3 la tendencia que se dio despu?s del Concilio Vaticano II, y precisamente al amparo de las palabras citadas del Decreto Perfectae caritatis fue la de no ejercer la autoridad en una supuesto respeto a la dignidad de la persona humana.

Los fen?menos han sido ya recogidos por la cr?nica, de laque nosotros s?lo se?alamos los enunciados con una breve explicaci?n. Una autoridad dialogada que terminaba por no ser una autoridad. Una autoridad que radicaba en la comunidad, a quien quedaba delegada la toma de posici?n, que muchas veces nunca llegaba, o que no raramente se dejaba a la libre interpretaci?n de cada persona, aduciendo, nuevamente el respeto a la dignidad y la madurez personal. Una autoridad que se interpretaba como una colaboraci?n mutua, en d?nde se pon?a el acento sobre el bienestar psicol?gico del individuo. Una autoridad que buscaba sobretodo complacer a todos en un papel de liderazgo, en d?nde la voluntad com?n de la comunidad quedaba siempre por sobre todos los argumentos. Una autoridad que no quer?a herir ninguna susceptibilidad y que se pon?a al servicio de todas las susceptibilidades, dando por resultado la renuncia a todo tipo de autoridad. Una autoridad, en fin, que en muchos casos se ejerc?a a turnos, por que se basaba, supuestamente, en el hecho de una igualdad de todos los componentes de la congregaci?n o instituto de vida consagrada.
Podr?amos seguir enunciado la fenomenolog?a de la autoridad en estos a?os del postconcilio, pero creo que es interesante analizar cu?l era la ideolog?a sustentaba todas estas praxis de la autoridad. Partamos del hechote que el Concilio Vaticano II no hab?a propuesto una nueva ideolog?a, ni una nueva antropolog?a o eclesiolog?a. Quer?a tan s?lo, y ?ste era su objetivo principal, ?"Nuestra tarea no es ?nicamente guardar este tesoro precioso, como si nos preocup?ramos tan s?lo de la antig?edad, sino tambi?n dedicarnos con voluntad diligente, sin temor, a estudiar lo que exige nuestra ?poca (...). Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga seg?n las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el dep?sito de la fe, es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando sin embargo el mismo sentido y significado.? 4 El Concilio Vaticano II se propon?a buscar la forma de hacer llegar toda la riqueza del evangelio alfombre de hoy. M?s que cambiar los dogmas, lo que los padres conciliares pretend?a era que la Iglesia hiciese un doble trabajo simult?neo. Por un lado, conocer mejor al hombre de hoy, el de nuestros d?as, as? como sus problemas y las situaciones por las que estaba atravesando, debido a un mundo que cambiaba velozmente. Y por otro lado, que buscara los medios m?s adecuados para hacerle llegar el mensaje de salvaci?n. No se pretend?a por tanto ni crear una nueva eclesiolog?a, ni una nueva antropolog?a, sino simplemente conocer mejor al hombre de hoy y conocer mejor las realidades que conformaban la Iglesia para hacerle llegar con frescura y con un lenguaje adaptado al hombre de hoy.

Desgraciadamente la recepci?n del Concilio no fue bien recibida por todos debido a una ideolog?a del Concilio que poco a poco fue apoder?ndose de algunos sectores de la Iglesia. Esta ideolog?a part?a ?hist?ricamente del Vaticano II y de su magisterio, pero a trav?s de un proceso de <> que se puso en pr?ctica inmediatamente despu?s de terminado el Concilio.? 5 Esta operaci?n consist?a en una fase de lectura discriminatoria en la que se resaltaban s?lo los pasajes del Concilio que m?s interesaban a su causa, mientras se silenciaban otros. La segunda fase consist?a en reconocer que la verdadera ense?anza del Concilio no era lo que estaba escrito, sino lo que se hab?a intentado decir, haciendo ver que exist?a una divisi?n entre los padres conciliares, dando por supuesto que exist?an retr?grados y ultraprogresistas. En la tercera fase se afirma que la verdadera ense?anza del Concilio no es la que can?nicamente fue aprobada sino aquella que deber?a haber sido aprobada si los Padres conciliares hubieran estado m?s iluminados y coherentes con los tiempos actuales. De esta manera podemos imaginarnos los resultados. ?propiciados por el <>, en la conciencia de la cristiandad se guardan algunos idolillos a los que todos deben rendir pleites?a.? 6 Tales ?dolos son la antropolatr?a, la cosmolatr?a, la cronolatr?a, el miedo al integralismo y la bibliolatr?a.

De esta forma la vida religiosa femenina, como otras de las realidades de la Iglesia, en muchos casos sigue m?s una ideolog?adel Concilio, salpicada de estos idolillos, que la verdadera doctrina. Mencionamos por ejemplo, y para ilustrar el tema que estamos tratando, el hecho de que todo el Concilio deber?a rendir pleites?a al concepto de libertad. Aquellas religiosas que se dejaban influenciar de la ideolog?a, hac?an una lectura parcial del decreto Perfectae caritatis, y d?nde le?an ?Gobiernen a sus s?bditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana? , 7 exaltaban al m?ximo el concepto del respeto a la persona humana, dej?ndole hacer, poco m?s o menos, lo que le viniera en gana. Y esto por no seguir leyendo m?s adelante, para entender el concepto global de la obediencia: ?Por tanto, escuchen los Superiores con agrado a los s?bditos, procurando que empe?en su actividad en bien del Instituto y de la Iglesia, quedando, no obstante, siempre a salvo su autoridad para determinar y mandar lo que debe hacerse.? 6 De hecho, el C?digo de Derecho Can?nico sancionar? este aspecto en 1983, que ya ven?a desde much?simo tiempo atr?s con el Decreto Quemadmodum 9 , en el canon 630?5 ?Los miembros deben acudir con confianza a sus Superiores, a quienes pueden abrir su coraz?n libre y espont?neamente. Sin embargo, se proh?be a los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros para que les manifiesten su conciencia.? 10

Este es uno de los aspectos que m?s controversia ha generado en las comunidades religiosas femeninas, es decir, la posibilidad de que la superiora de comunidad pueda ejercer el gobierno espiritual de la comunidad. Guiadas quiz?s por un sentido parcial del respeto a la dignidad de la persona humana y por un miedo a caer en los excesos de autoridad que giraban en torno a la persona, se sigui? en la pr?ctica la renuncia a ejercitar la autoridad en cualquier forma o circunstancia, relegando este servicio a aquellos aspectos externos, meramente administrativos: cumplimiento del horario, organizaci?n del apostolado externo, labores de mantenimiento y limpieza de la casa. Una situaci?n un poco triste que deja a al superiora orillada a una labor de gerencia o a lo m?s, de organizadora y coordinadora de las actividades.

Es dif?cil, hablando de situaciones humanas, encontrar todos los factores que dan origen a las mismas. Existen factores externos e internos. Sin duda alguna que los factores externos, como los profundos cambios que se dieron en la sociedad hacia finales de los a?os sesentas influyeron en el modo de concebir la autoridad. Pero tambi?n debemos ser muy sinceros con nosotros mismos y aceptar que se dieron factores internos que indujeron a una ausencia en el ejercicio de la autoridad. Quiz?s, y sin el af?n de absolutizar, uno de esos factores internos m?s importantes fue un concepto un tanto equivocado del uso de la libertad en la vida consagrada. O para expresarlo m?s correctamente, el concepto de libertad que muchas congregaciones femeninas adoptaron en la pr?ctica de la vida consagrada.

La dignidad de la mujer, lo que hemos llamado antropolatr?a, deb?a conservarse y manetenrse por encima de cualquier otro valor. Esto es cierto, cuando por dignidad de la mujer se entiende la facultad de ser lo que se es: una criatura a imagen de dios, herida por el pecada y redimida por Cristo. Cuando la concepci?n del hombre ?antropolog?a-, no respeta alguno de estos elementos, se cae en la antropolatr?a, es decir, se tiende a idealizar o a falsea la concepci?n del hombre. Hoy estamos descubriendo que ese hombre necesita de una formaci?n para descubrirse a s? mismo. Que no es con la facultad que tiene de negarse a cumplir ciertos mandamientos, como se realiza a s? mismo, como adquiere la libertad. Muchas de las superioras de comunidad en estos ?ltimos decenios han sido demasiado complacientes con sus religiosas, pretendiendo descargar toda responsabilidad en el hecho de que han fomentado la libertad, cuando por libertad han entendido la posibilidad de autoafirmarse negando lo que ellas consideraban normas r?gidas que imped?an la autenticidad, la dignidad de la persona humana.

M?s recientemente Benedicto XVI ha aclarado el concepto de libertad, cuando ha dicho que no es en la negaci?n como se afirma el hombre, sino en la respuesta positiva a una serie de valores que se han aceptado con plena conciencia y en plena libertad. Ah? esta el verdadero sentido de la libertad, en aceptar hasta sus ?ltimas consecuencias un s? que se ha dado a una serie de compromisos, siendo consecuente con ellos. ?Ad?n ?y Ad?n somos nosotros? cre?a que el "no" era el culmen de la libertad. S?lo ser?a realmente libre quien puede decir "no"; para realizar realmente su libertad, el hombre debe decir "no" a Dios; s?lo as? cree que es ?l mismo, que ha llegado al culmen de la libertad. La naturaleza humana de Cristo tambi?n llevaba en s? esta tendencia, pero la super?, pues Jes?s comprendi? que el "no" no es el grado m?ximo de la libertad humana. El grado m?ximo de la libertad es el "s?", la conformidad con la voluntad de Dios. El hombre s?lo llega a ser realmente ?l mismo en el "s?"; el hombre s?lo llega a estar inmensamente abierto, s?lo llega a ser "divino" en la gran apertura del "s?", en la unificaci?n de su voluntad con la voluntad divina.? 11


Parodia del cazador cazado?
Sali? un cazador a cazar. Llevaba todo lo necesario para acometer la dura empresa de cazar un grande oso, un oso de monta?a. Llegado a un cierto punto escribe un telegrama a su esposa. ?Oso en caverna. Yo, al fondo de la caverna. Manda ayuda.? Quien deber?a llegar con la presa en mano ha sido apresado. Triste historia.

Triste historia pero que pudo haberse repetido en muchas congregaciones femeninas, debido a una recepci?n un tanto falseada del Concilio Vaticano II. ?Bisogna ammettere che in non pochi settori della Chiesa, purtroppo, non c?? stata una fedele attuazione della dottrina del Concilio. La mancanza di un?autentica recezione dei testi si ? sentita in modo speciale nel campo specifico dei contenuti relativi alla vita religiosa. L?inadeguata recezione ? stata la deplorevole conseguenza di una ermeneutica arbitraria.? 12 Hemos ya mencionado que el objetivo del Concilio Vaticano II era evangelizar las realidades actuales, muchas de las cuales hac?an que el hombre se alejara de Dios. Dichas realidades actuales eran sobretodo culturales, es decir, expresaban el sentir de una forma de ver la vida adaptada a las circunstancias de los nuevos tiempos que enfrentaba el mundo. La tecnolog?a, el valor de la libertad y la dignidad humana, los medios de comunicaci?n, s?lo por mencionar algunas de ellas, incid?an en esas realidades culturales, que deb?an ser evangelizadas, es decir, deb?an ser inundadas con la luz de la salvaci?n. Esta luz de la salvaci?n deber?a de haber provenido de aquellos elementos esenciales de la Iglesia como podr?an haber sido los dogmas, los mandamientos, las verdades de nuestra fe, la misma vida consagrada. Con tales verdades de la fe se hubieran iluminado los aspectos culturales y de esa forma, una vez evangelizados, las realidades culturales se habr?an conquistado para Cristo, sirviendo como cauce para la implantaci?n de una nueva cultura, basada siempre en el evangelio?

Desgraciadamente, en muchos sectores de la Iglesia la historia no fue ?sa. Sucedi? al contrario, las realidades culturales, ajenas a los valores evang?licos penetraron y pernearon los elementos esenciales de la Iglesia. Encontraron la debilidad de varios sectores, que con el pretexto del Concilio, deber?an abrirse a todas las realidades temporales. De esta forma, al dejarse influir por dichos elementos culturales, quien ten?a que evangelizar, fue sujeto de una evangelizaci?n laica, es decir, de una transposici?n de los valores laicos a los valores del evangelio. De tal forma que los dogmas, el evangelio mismo, los elementos esenciales de la vida consagrada, por mencionar s?lo algunos de los elementos esenciales de la Iglesia han sido interpretados y vividos a la luz de una realidad laica, distante y distinta de los valores de la Iglesia.

Las superioras de comunidad lo sufrieron en su propia persona. Basta analizar los experimentos que se realizaron en estos cuarenta a?os en lo que al ejercicio de la autoridad se refiere. Toda esa fenomenolog?a del servicio de la autoridad ha tenido su origen en dejar penetrar los valores laicos en los valores evang?licos de la autoridad. El documento El servicio de la autoridad recuerda el elemento esencial del ejercicio de la autoridad, que no es otro que el de ayudar a las personas consagradas a cumplir con la voluntad de Dios. ?Por esto, mientras en la comunidad todos est?n llamados a buscar lo que agrada a Dios as? como a obedecerle a ?l, algunos en concreto son llamados a ejercer, generalmente de forma temporal, el oficio particular de ser signo de unidad y gu?a en la b?squeda coral y en la realizaci?n personal y comunitaria de la voluntad de Dios. ?ste es el servicio de la autoridad.? 13

No hay que olvidar tambi?n el efecto de un factor interno que determin? la toma de postura de muchas congregaciones femeninas. Influenciado quiz?s por el clima de democracia que se comenzaba a vivir en el mundo, muchos pastores de la Iglesia, al igual que varios te?logos y estudiosos de la vida consagrada, reten?an m?s oportuno el evitar un encuentro frontal con quienes ten?an un pensamiento alejado del magisterio de la Iglesia, que el se?alar dichas desviaciones o inexactitudes teol?gicas. La imagen que se daba era la de un relativismo teol?gico, bajo el nombre de liberalismo teol?gico 14 en el que se pod?a expresar cualquier verdad, por descabellada que esta fuera. Sin una gu?a segura, sin una voz que aclarara dichas desviaciones, muchas superioras de comunidad, inexpertas en teolog?a, llegaron a pensar que dichas aseveraciones podr?an combinarse muy bien con la fe cristiana. El resultado fue un cocktail en d?nde cada uno tomaba o dejaba lo que m?s le conven?a para sus intereses personales.

La superiora de comunidad tiene por tanto como tarea imprescindible la de ayudar a que todos en la comunidad, ya sea en com?n, ya sea en lo particular, trabajen y se esfuercen en cumplir la voluntad de Dios. Ella debe esforzarse por tanto en ser la primera en buscar esta voluntad de Dios. Para el cumplimiento de este deber ineludible bien puede servirse de distintos medios que la sociedad y las ciencias ponen a su disposici?n en la actualidad. Debe conocer a cada uno de los miembros en su comunidad que la Providencia le ha asignado. Puede utilizar aquellas t?cnicas y din?micas de grupo que la sociolog?a ponen a su alcance para el manejo de grupos. Incluso deber? ser una buena administradora, ayud?ndose de las t?cnicas administrativas. Pero si su labor esencial es la de ? ?animar y de proponer, de recordar la raz?n de ser de la vida consagrada, de ayudar a las personas encomendadas a vosotros a corresponder con una fidelidad siempre renovada a la llamada del Esp?ritu,? 15 debe ser una experta en la vida consagrada.

Experta no por los conocimientos que sobre la vida consagrada pueda tener, sino experta por el amor con el que vive su vida consagrada, por la experiencia personal que ha hecho de ese amor y por el inter?s que tiene para que su comunidad viva en plenitud la vida consagrada. Pero no ser? cualquier tipo de vida consagrada. Ser? aquella que el Fundador y la Fundadora han querido.


Gobernar con el carisma o ayudar a hacer la experiencia de Cristo.
Despu?s de estos 40 a?os de dudas e incertidumbres, de titubeos y tanteos, de b?squedas y experimentaci?n, va quedando cada vez m?s en claro la funci?n de al autoridad y el ejercicio de la obediencia. El documento ?El servicio de la autoridad? ha insistido que la obediencia, antes que ser un acto humano, es un acto espiritual a una persona, ni siquiera a unas constituciones o una regla de vida, sino la donaci?n total de una persona a la persona de Cristo. ?La autoridad est? al servicio de esta b?squeda (de la voluntad de Dios), para que se lleve a cabo en sinceridad y verdad. En la homil?a de inicio de su ministerio petrino, Benedicto XVI hizo esta afirmaci?n significativa: ?Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad o seguir mis propias ideas, sino ponerme a la escucha, junto con toda la Iglesia, de la palabra y la voluntad del Se?or y dejarme guiar por ?l, de manera que sea ?l quien gu?e a la Iglesia en este momento de nuestra historia?.? 16

Este seguimiento, esta b?squeda de la voluntad de Dios e una participaci?n activa de toda la persona consagrada a actor en su vida la voluntad de otra persona. Esta otra persona no es sino el Se?or: ?Faciem tuam, Domine, requiram?: Tu rostro buscar?, Se?or (Sal 26, 8). La obediencia se convierte por tanto en un acto humano y cargado de afectos para quien ha experimentado verdaderamente en su vida a esta persona, al Se?or. Hay que recordar que el cristianismo, y por ende la vida consagrada, no es el seguimiento y cumplimiento de unas normas, sino la sorpresa, siempre inaudita y nueva, del encuentro con una persona: ?No se comienza a ser cristiano por una decisi?n ?tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci?n decisiva.? 17

Antes que obedecer hay que amar a esta Persona. Y para amar a esta Persona hay que conocerla. Y para conocerla hay que encontrarla y experimentarla. Sin estos pasos ser? muy dif?cil el que pueda darse el cumplimiento de la obediencia y el ejercicio de la autoridad desde un punto de vista personal y espiritual, como hemos explicado renglones arriba. La crisis de la vida consagrada, por la que est?n pasando muchas congregaciones religiosas especialmente en Europa y Estados Unidos, se debe en gran parte al haber perdido de vista a Qui?n se obedece y las razones por las que se obedece. La languidez, la apesadumbre, la desgana con la que se viven en muchas comunidades son signos e un coraz?n marchito que se ha secado a fuerzas de haber olvidado el amor primero.

La funci?n de la superiora de comunidad, quiz?s la funci?n principal, es mantener vivo ese amor, ese encuentro con una Persona, de forma que constante y alegremente est? buscando su rostro, est? buscando hacer la voluntad del Amado. Esta es la labor espiritual que toca a la superiora en nuestros tiempos. ?En la vida consagrada la autoridad es ante todo autoridad espiritual.17 27 Es consciente de haber sido llamada a servir un ideal que la supera inmensamente, un ideal al que s?lo es posible acercarse en un clima de oraci?n y de b?squeda humilde que permita captar la acci?n del mismo Esp?ritu en el coraz?n de todos los hermanos o hermanas.? 18 Para ello, una de las primeras tareas ser? identificar bien el rostro del Amado.No es ?sta una afirmaci?n po?tica o meramente espiritualista. Contienen en s? todo un programa de trabajo para que la superiora de comunidad pueda gobernar con el carisma.

En primer lugar la superiora de comunidad debe identificar el rostro del Amado que se debe buscar. El rostro de Cristo es polifac?tico, no podemos nunca agotarlo. Se puede presentar con rostro de ni?o indefenso reci?n nacido, con rostro de adolescente que encuentra a los doctores de la ley en el templo, con el rostro de un samaritano que se inclina a curar las heridas del hombre que encuentra a mitad del camino. O como el Siervo de Yahv? que doliente, saber cargar con el peso de nuestros pecados.

Este rostro de Cristo, si bien diverso y polifac?tico se recubre de unas caracter?sticas muy especiales para cada congregaci?n, caracter?sticas que no ser?n sino las virtudes m?s espec?ficas que el Fundador ha querido contemplar en Cristo. Las virtudes espec?ficas de Cristo, que Dios ha permitido ver al Fundador provienen de la experiencia del esp?ritu que ha dado origen al carisma . La superiora de comunidad, al llevar a cabo todas las funciones que le competen, no est? haciendo otra cosa, sino el propiciar que cada religiosa pueda hacer propia esta experiencia del esp?ritu. De esta manera estar? gobernando con el carisma. Para evitar ?que las visiones excesivamente subjetivas del carisma y el servicio apost?lico pueden debilitar la colaboraci?n y la condivisi?n fraternas,? 20 la superiora de comunidad debe conocer con exactitud y sin subjetivismos el carisma, de forma que pueda ayudar a que cada religiosa haga la experiencia del esp?ritu y pueda de esa forma buscar y hacer con objetividad la voluntad del Dios. El proceso es sencillo, pero requiere de una explicaci?n adecuada.

Todas las funciones que debe realizar la superiora, funciones que pueden ser netamente espirituales o b?sicamente funcionales, deben tener como objetivo ayudar a que cada persona a ella encomendada en la comunidad puedan cumplir con la voluntad de Dios. Esta voluntad se presenta para cada Congregaci?n y para comunidad bajo la forma de un Cristo que tiene caracter?sticas o virtudes muy espec?ficas que el Fundador ha visto, gracias a la experiencia del Esp?ritu que Dios le ha permitido tener. Cada religiosa debe hacer todo lo posible para seguir lo mejor posible estas caracter?sticas de Cristo. Por ello, debe esforzarse por hacer la misma experiencia del esp?ritu que ha hecho su fundador. Una experiencia del esp?rituque la llevar? a conocer y vivir las caracter?sticas espec?ficas que Cristo ha mostrado al Fundador.

Esta experiencia del esp?ritu se realiza a lo largo de toda la vida consagrada, pues no est? circunscrita a una experiencia m?stica. Debe abarcar todas las potencias humanas, los afectos y debe reflejarse en el vivir cotidiano. La superiora de comunidad ser? punto fundamental para que las religiosas puedan hacer constantemente esta experiencia del esp?ritu Por ello, su labor de animaci?n espiritual, primera y fundamental labor, consistir? en propiciar todos los medios necesarios para que la religiosa pueda hacer la experiencia del esp?ritu en dicha comunidad. Por tanto, la oraci?n, la vida fraterna en comunidad, la observancia de los votos, el cumplimiento de la misi?n, es decir, todos los elementos que conforman la vida consagrada deben estar encaminados a propiciar la experiencia del esp?ritu.

Esta experiencia del esp?ritu viene a concretizarse en un conocimiento de aquellas caracter?sticas de cristo con las que el Fundador m?s se ha identificado, bajo la acci?n del Esp?ritu. El conocimiento de estas caracter?sticas servir? de gu?a a la superiora de la comunidad para que todos los proyectos comunitarios, ya sea desde el punto de vista de la misi?n o aquellos proyectos que tienen que ver con la vida espiritual de la comunidad o de cada uno de los miembros, tienda a favorecer la experiencia del esp?ritu hecha por el Fundador, y llamada a ser vivida, custodiada, desarrollada y profundizada. Por ello, un mandato, por m?s sencillo que ?ste sea, debe darse y ejecutarse en vistas a esta experiencia del esp?ritu.

Gobernar con el carisma ser? para la superiora tomar en mano las Constituciones, la regla de vida ylos escritos del Fundador con el fin de descubrir en ellos el aspecto espec?fico del Cristo que Dios quiso dejar al Fundador. Este Cristo, y no otro, no aquel que se encuentra en el supermercado de las espiritualidades tan en boga en el d?a de hoy, ser? el que ser? la raz?n de ser de la superiora, de la comunidad y de la congregac?n. A ?ste Cristo se debe toda la vida espiritual y la misi?n de la Congregaci?n. Ser? necesario por tanto que la superiora de comuidad, despu?s de conocer este Cristo, se enamore de ?l, lo obedezca. 21 Ella ser? despu?s la encargada, no por una mera funci?n externa, sino como un fruto , una manifestaci?n de esta experiencia del esp?ritu, ser? la encargada de promover y de cuidar que cada religiosa pueda hacer esta experiencia del esp?ritu.

El punto de partida y el punto de llegada en elgobierno con el acrisma es siempre el mismo. Se parte del Cristo que Dios ha permitido experiementar al Fundador, para llegar nuevamente a experimentar este Cristo, eun uniforma personal y comuitaria. S?lo as? la superiora de comuidad podr? llevar a cabo en s? misma y en todas sus religiosas el legado espiritual dejado por el Fundador: vivir, conoer y transmitir la experiencia del esp?ritu enla que se engloba el carisma de cada Instituto.


(Ayudar a encontrar el rostro del Cristo espec?fico) (El encuentro con Cristo, con una persona)



NOTAS:

1 Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales de la vida religiosa, 31.5.1983, n. 15.
2 ?Gobiernen a sus s?bditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana. Por lo mismo, especialmente, d?jenles la debida libertad por lo que se refiere al sacramento de la penitencia y a la direcci?n de conciencia. Logren de los s?bditos, que en el desempe?o de sus cargos y en la aceptaci?n de las iniciativas cooperen ?stos con obediencia activa y responsable. Por tanto, escuchen los Superiores con agrado a los s?bditos, procurando que empe?en su actividad en bien del Instituto y de la Iglesia, quedando, no obstante, siempre a salvo su autoridad para determinar y mandar lo que debe hacerse.? Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 14.
3 Se aconseja la lectura del libro de Pier Giordano Cabra, Tempo di prova e di speranza, Il cammino della vita consacrata dal Vaticano II ad oggi, Ancora editrice, Milano 2005.
4 Concilio ecum?nico Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, BAC, Madrid 1993, pp. 1094-1095.
5 Giacomo Biffi, La bella, la bestia e il cavaliere, Saggio di teologia inattuale, Editroiale Jaca Book, Milano 1989, pp. 20 ? 21.
6 Ib?dem, p. 22.
7 Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 14.
8 Ib?dem.
10 ?Questo per? non impediste che i sottoposti non possano parir? il loro animo spontanemente e liberamente ai superiori, per ottenere dalla loro prudenza consiglio e direzione nei dubbi e nelle ansie al fine di acquistare virt? e progredire nella perfezione.? Sagrada Congregaci?n de obispos y regulares, Decreto Quemadmodum, 17.12.1890, n. 3.
11 C?digo de Derecho Can?nico, c.630, n.5.
12 Benedicto XVI, Audiencia, 25.6.2008.
13 ?ngel Pardilla, Le religiose ieri, oggi e domani, Libreria Editrice Vaticana, Citt? del Vaticano 2008, p. 351.
14 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad, 11.5.2008, n.1.
15 Con fino humorismo, el genio del card. Giacomo Biffi, afirma: ?Possiamo ravvisare in sostanza sotto questa denominazione (liberalismo teologico) tutte le posizioni intellettuali di chi ritiene che nella Chiesa la libert? delle opinioni sia pi? importante e salvifica della coscienza dell?unica verit?; che debba essere offerta ai credenti la ?descrizione? storicizzata delle idee cristiane pi? che una loro precisa proposizione; che andare d?accordo sui ?valori? morali e sociali sia preferibile al litigare sull?esattezza delle formule di fede.? Giacomo Biffi, Memorie e digressioni di un italiano cardinale, Edizioni Cantagalli, Siena 2007, p. 405.
16 Ib?dem, n. 13.
17 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad, 11.5.2008, n. 12.
18 Benedicto XVI, Carta Enc?clica Deus caritas est, 25.12.2005, n.1.
19 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad, 11.5.2008, n. 13a.
20 ?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. test. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n.11.
21 Ib?dem, n.3.
22 ?Para poder promover la vida espiritual, la autoridad deber? cultivarla primero en s? misma a trav?s de una familiaridad orante y cotidiana con la Palabra de Dios, con la Regla y las dem?s normas de vida, en actitud de disponibilidad para escuchar tanto a los otros como los signos de los tiempos. Para poder promover la vida espiritual, la autoridad deber? cultivarla primero en s? misma a trav?s de una familiaridad orante y cotidiana con la Palabra de Dios, con la Regla y las dem?s normas de vida, en actitud de disponibilidad para escuchar tanto a los otros como los signos de los tiempos.? Ib?dem. n. 13a.

Publicado por mario.web @ 8:51
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