Lunes, 25 de abril de 2011

Vivir significa ser queridos por Dios instante tras instante. Si esto es cierto para cada ser, a?n m?s el consagrado y la consagrada deben ser conscientes del significado de la vida como don de Dios, como llamada a vivir seg?n la l?gica del amor divino que nos ha sido revelado en Cristo. ? La persona consagrada, en las diversas formas de vida suscitadas por el Esp?ritu a lo largo de la historia, experimenta la verdad de Dios?Amor de un modo tanto m?s inmediato y profundo cuanto m?s se coloca bajo la Cruz de Cristo ? (VC, n. 24). El consagrado, en cuanto bautizado y, de manera a?n m?s radical, entregado a Dios y a los hermanos, es una Epifan?a del amor de Dios Trinidad que quiere estar en comuni?n con los hombres: ? La vida consagrada refleja este esplendor del amor, porque confiesa, con su fidelidad al misterio de la Cruz, creer y vivir del amor del Padre, del Hijo y del Esp?ritu Santo ? (Ivi).

1. El Gran Jubileo que estamos celebrando encuentra en la vida consagrada una espl?ndida concretizaci?n hist?rica y existencial del misterio del amor de Dios que se manifest? en la persona de Jesucristo. El Gran Jubileo, en efecto, representa una solemne celebraci?n por los dos mil a?os de la Encarnaci?n del Verbo del Padre y de su Misterio Pascual, que se actualiza a trav?s de la potencia del Esp?ritu Santo. Se trata de la m?xima concentraci?n del Misterio de Dios-Comuni?n, Dios-Amor: el Padre, que se entrega creando, se pone en comuni?n con sus criaturas a trav?s del Hijo Jesucristo, que como evento en la historia representa la plena comuni?n entre Dios y el hombre. Esta manifestaci?n-comuni?n del Padre a trav?s del Hijo Jes?s, a lo largo de la historia, se realiza a trav?s de la efusi?n progresiva del Esp?ritu, condici?n indispensable para que se realice en el ?ntimo la comuni?n entre Dios y los hombres.

El designio eterno de Dios es que los hombres participen de su vida trinitaria: a trav?s de Jesucristo, en el Esp?ritu Santo, el hombre llega al Padre. La Paternidad de Dios no representa un hecho sentimental; es, m?s bien, una realidad que transfigura al hombre introduci?ndolo en la intimidad de su familia trinitaria. Los cristianos ? participan de la naturaleza divina ? (2 Pe 1,4) ya que, como lo afirma la Carta a los Efesios, ? por ?l llegamos al Padre en un mismo Esp?ritu ? (cf. Ef 2,18). Ser santos significa participar de la naturaleza de Dios Padre por medio de Cristo en el Esp?ritu Santo. As? pues los cristianos se convierten en ? conciudadanos del pueblo de los santos: son de la casa de Dios ? (cf. Ef 2,19). El designio eterno de Dios consiste, por tanto, en ? recapitular en Cristo todas las cosas ?; desde antes de la creaci?n ? eligi? ? a los hombres para que estuvieran en comuni?n con ?l, reuni?ndolos en su Hijo encarnado: ? Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se?or Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. ?l nos eligi? en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fu?semos santos e irreprochables ante ?l por el amor. ?l nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya... Este es el plan que hab?a proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. ? (Ef 1,3-6.9-10).

2. El nos llam? desde la eternidad ? en ? y ? mediante ? Cristo para que fu?ramos ? santos ?, es decir, para que particip?ramos de la ? vida santa ? de Dios, de su infinita transcendencia. Eso constituye la ? consagraci?n ? de todos los bautizados, m?s bien, se puede decir que en el proyecto de Dios cada ser racional tiene esta vocaci?n. La consagraci?n se identifica con la divinizaci?n del hombre y ?sta con su cristificaci?n que ocurre por la efusi?n del Esp?ritu.

La vocaci?n del consagrado y de la consagrada es de transparentar a?n m?s esta ? consagraci?n ?. La vida consagrada es una ? existencia cristiforme ? que es posible s?lo ? desde una especial vocaci?n y gracias a un don peculiar del Esp?ritu. En efecto, en ella la consagraci?n bautismal los lleva a una respuesta radical en el seguimiento de Cristo mediante la adopci?n de los consejos evang?licos ? (VC, n. 14). As? el consagrado est? llamado a transparentar, a pesar de su d?bil humanidad, el misterio jubilar de Cristo. En efecto ? en la vida consagrada no se trata s?lo de seguir a Cristo con todo el coraz?n, am?ndolo ?m?s que al padre, a la madre, m?s que al hijo o a la hija? (cf. Mt 10,37), como se pide a todo disc?pulo, sino de vivirlo y expresarlo con la adhesi?n ?conformadora? con Cristo de toda la existencia, en una tensi?n global que anticipa, en la medida posible en el tiempo y seg?n los diversos carismas, la perfecci?n escatol?gica ? (VC, n. 16).

Cristo es ? la imagen del Dios que no se puede ver ? (Col 1,15), y el hombre, a su vez, es la imagen de Cristo: ? Tambi?n sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes ?l ha llamado seg?n su proprio designio. A los que de antemano conoci?, tambi?n los destin? a ser como su Hijo y semejantes a ?l, a fin de que sea ?l el primog?nito en medio de numerosos hermanos. Por eso, a los que eligi? de antemano, tambi?n los llama, y cuando los llama los hace justos, y despu?s de hacerlos justos, les dar? la Gloria ? (Rom 8,28-30).

El consagrado est? llamado, de manera radical y a?n m?s evidente, a convertirse en icono viviente de Cristo: su ? especial consagraci?n ? (VC, n. 30) no es nada m?s que la llamada a una progresiva cristificaci?n, a ser como un sacramento viviente de la presencia de Cristo en medio de los hombres. Los consagrados, en efecto, ? dej?ndose guiar por el Esp?ritu en un incesante camino de purificaci?n, llegan a ser, d?a tras d?a, ?personas cristiformes?, prolongaci?n en la historia de una especial presencia del Se?or resucitado ? (VC, n. 19).

3. El Jubileo no es una simple conmemoraci?n de un acontecimiento pasado. Se trata de una realidad que, de alguna manera, vuelve a verificarse cada d?a, porque Jes?s de Nazaret verdaderamente resucit? y vive en medio de nosotros y en nosotros. M?s bien, el hombre Jesucristo, que vivi? hace veinte siglos, muri? y resucit?, constituye ? el Principio y el Fin ? (Ap 21,6), ? el Alfa y la Omega ? (Ap 1,8; 21,6) de toda la creaci?n, todo fue hecho por medio de ?l y para ?l y todo se mantiene en ?l (Col 1,16). El constituye la l?nea divisoria de la historia, quien nos arrastra, la realizaci?n y el sentido de todo evento y de todo el universo.

El consagrado tiene la conciencia de haber sido humildemente llamado para transparentar hoy este misterio de Cristo. Si ? la religi?n que se funda en Jesucristo es religi?n de la gloria, es un existir en la novedad de vida para alabanza de su Gloria (cf. Ef 1,12) ?; y si ? el hombre (vivens homo) es epifan?a de la gloria de Dios, llamado a vivir de la plenitud de la vida en Dios ? (TMA, n. 6), mucho m?s lo ser? el consagrado que est? llamado a testimoniar a?n m?s radicalmente en el mundo el misterio de Cristo.

Si ? el A?o Santo debe ser un ?nico, ininterrumpido canto de alabanza a la Trinidad, Sumo Dios ? (Incarnationis mysterium, 3), los consagrados tienen una raz?n m?s para aclamar y agradecer a Dios: a trav?s de su consagraci?n religiosa, Dios les llama a transparentar a los hombres y a las mujeres de hoy este inefable misterio de Dios que, en la persona de Cristo, irrumpi? en nuestra historia.

El hombre contempor?neo necesita ver que las promesas de Dios, que se concretizaron en la persona de Cristo hace 2000 a?os, se cumplen tambi?n hoy para ?l. El hombre contempor?neo, sofocado por miles de mensajes y por una gran cantidad de palabras, necesita m?s que nunca del ? Alegre Mensaje ?, de la ? Palabra ? que se hace carne de su carne. El hombre de hoy est? cansado de falsas promesas de felicidad; necesita el cumplimiento de las promesas, tiene una desesperada necesidad de Salvaci?n. El hombre de hoy est? sediento y hambriento de amor, de amistad, de comprensi?n; ?l necesita a alguien que le ayude a superar sus angustias, sus miedos, sus incertidumbres; necesita a alguien que d? sentido a la aparente absurdidad que lo rodea.

La finalidad principal del Jubileo es que se vuelva a descubrir el rostro de Cristo: alcanzarla depender? tambi?n de los consagrados...


Publicado por mario.web @ 9:02
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