Lunes, 25 de abril de 2011
Quien jam?s ha sentido el tir?n que supone la libertad de atarse, no intuye siquiera la profunda naturaleza de la libertad
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Comprometerse
Comprometerse
Vivimos quiz? una ?poca hist?rica en la que hemos visto c?mo grandes utop?as han quebrado. Ahora, se mantiene vigente m?s bien ?como se?ala Jos? Antonio Marina? una utop?a sin pretensiones, que hab?a permanecido latente, oscurecida por la prepotencia de las dem?s. Se trata de la utop?a ingeniosa. La nueva humanidad se siente c?moda en un ambiente poco agresivo, tolerante, en el que los individuos, liberados por desligaci?n de la influencia de los dem?s, se disponen a probarlo todo. Se ha abolido lo tr?gico y se navega con soltura en una afectividad ingeniosa: divertida, no comprometida, y devaluadora de lo real.

Nuestro siglo (el pasado), que ha sido, posiblemente, el m?s sangriento y tr?gico de la historia, justifica el descr?dito de la seriedad, porque en el origen de las grandes tragedias que nos han conmovido aparece siempre alguien que se tom? algo demasiado en serio, fuese la raza, la naci?n, el partido o el sistema. La sociedad desconf?a, con raz?n, de todo fanatismo. Hay un valor m?ximo, que es la libertad, y el resto son procedimientos para conseguirla. Le cuesta admitir cualquier afirmaci?n sostenida con vigor. Cualquier norma excesivamente definida le asusta. Busca el vagabundeo incierto, el buen humor. Odia los tonos rega?ones y gru?ones. Una consigna t?cita nos ordena no tomar nada en serio, ni siquiera a nosotros mismos. Hemos descubierto las ventajas de la anestesia afectiva, todos somos divertidos, la publicidad adopta un tono humor?stico, las costumbres son desenfadadas, las modas ingeniosas. Nada se libra de la atracci?n de la levedad.

Es cierto que hay que reconocer grandes conquistas a esta mentalidad. Entre otras cosas, haber barrido ?literalmente? a toda una fauna de personajes bastante rid?culos y prepotentes. Hay que reconocerlo y agradecerles sus servicios.

Sin embargo, es f?cil comprobar que esa actitud de levedad produce frutos ambivalentes: pretende fortalecer el Yo, y acaba, sin embargo, propugnando un Yo d?bil, fluido e insolidario; en vez de exaltar la creatividad, que es lo que pretend?a, engendra un sujeto err?tico y pasivo.

La huida de la realidad convierte al hombre en simple espectador de su vida. El rechazo del compromiso abre paso a una espontaneidad aleatoria, gracias a la cual el hombre es lo que le da la gana, es decir, lo que se le ocurre, es decir, una ocurrencia imprevisible. Las equivalencias impiden la elecci?n, porque aunque hay abundantes solicitaciones, todas son equiparables y de car?cter ef?mero.

Eludir el compromiso es eludir la realidad. Es ineludible comprometerse porque la vida est? llena de compromisos: compromisos en el plano familiar, en el profesional, en el social, en el afectivo, en el jur?dico y en muchos m?s. La vida es optar y adquirir v?nculos: quien pretenda almacenar intacta su capacidad de optar, no es libre: es un prisionero de su indecisi?n.

Saint-Exup?ry dijo que la val?a de una persona puede medirse por el n?mero y calidad de sus v?nculos. Por eso, aunque todo compromiso en alg?n momento de la vida resulta costoso y dif?cil de llevar, perder el miedo al compromiso es el ?nico modo de evitar que sea la indecisi?n quien acabe por comprometernos. Quien jam?s ha sentido el tir?n que supone la libertad de atarse, no intuye siquiera la profunda naturaleza de la libertad.

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Publicado por mario.web @ 9:12
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