Lunes, 25 de abril de 2011
Cuando Dios llama, la edad verdadera de un hombre es la edad de su amor y de su generosidad
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La vocaci?n de los hijos
La vocaci?n de los hijos
La edad del hombre

La edad. ?Cu?l es la edad de un hombre? Los calendarios, los relojes, las arrugas, las burbujas de champ?n de cada Nochevieja tejen cronolog?as extra?as que no coinciden con las fechas del alma.

Hay hombres eternamente ni?os. Otros, perpetuos adolescentes. Muchos no llegan nunca a la madurez. Hay a quienes les sorprende la vejez embriagados todav?a en el v?rtigo de su frivolidad: tratan entonces de apurar la vida a grandes sorbos, a la b?squeda de lo que ya no volver?n nunca a ser.

Unos alcanzan ese equilibrio llamado madurez en cada una de las ?pocas de su vida: ?qu? magn?fica la madurez de un ni?o plenamente, verdaderamente ni?o! Sin embargo, otros no lo logran nunca: ?qu? tristeza entonces la del ni?o crecido prematuramente!; ?qu? ahogo del alma producen esos retratos velazque?os en los que aparecen los ni?os de la corte, envarados, r?gidos y erguidos, con sus gargantillas estrechas, por las exigencias de una etiqueta severa que asfixiaba su ni?ez!

Por el contrario, ?qu? espl?ndida la ni?ez, o la adolescencia, si se sabe ser eso: ni ni?o ni adulto prematuro, sino un adolescente, es decir, un joven que sabe vivir su juventud intuida, con la mirada abierta hacia el futuro! ?Qu? plenitud la de la vejez si es quintaesencia de vida acumulada, consumaci?n de ideal, culminaci?n de una vida!

Si es cierto que cada uno es responsable de su rostro a los cuarenta a?os, ?qu? formidable testimonio dan de s? mismos ?sin quererlo? los rostros de los santos! Sus ojos, sus gestos, revelan una sorprendente, una casi indestructible juventud interior. Demuestran que, sea cual sea la edad que se tenga, la edad verdadera de un hombre es la edad de su amor y de su generosidad. Y que su calendario definitivo no es el que marca sus d?as hacia la muerte, sino el que se?ala su camino hacia Dios.


Cuando Dios llama

Por eso, cuando Dios llama, ?qu? importa la edad! Dios llama siempre en la juventud, en la hora perfecta del amor. El primer barrunto suele experimentarse en la ni?ez o en la adolescencia: Teresa de Lisieux lo evoca en sus memorias: era una adolescente de quince a?os cuando un guardia suizo la tuvo que arrancar de los pies de Le?n XIII, al que le insist?a audaz y fervientemente que la dejase entrar a esa edad en el Carmelo. Pero no siempre es as?: Alfonso de Ligorio se decidi? a los veintisiete, despu?s de a?os de brillante ejercicio profesional en el foro; San Agust?n se bautiz? a los treinta y tres, despu?s de una vida azarosa y turbia; y San Juan de Dios cambi? de vida a los cuarenta y dos a?os, tras una existencia aventurera y llena de peligros que le hab?a puesto en una ocasi?n al pie de la horca.

No existe una "edad perfecta" en la que llame Dios. Dios llama cuando quiere y como quiere. El Esp?ritu Santo, como se?ala Berglar, no parece demasiado preocupado por la partida de nacimiento. Por eso, nunca es demasiado tarde para corresponder a su llamada, porque vivir es siempre estar a tiempo. Porque para Dios no hay tiempo.


Dios suele llamar en la juventud

Pero el amor suele llegar en la juventud, y Dios, que es Amor, suele llamar en la juventud. La Virgen era una adolescente ??catorce, quince, diecis?is a?os? Y San Jos? deb?a de ser joven, por mucho que lo intenten envejecer pintores y escultores con el devoto pretexto de guardar la pureza de Mar?a. ?Como si la juventud no supiese vivir limpiamente! ?Como si no tuvi?semos ya demasiados ejemplos tristes de la lubricidad de tantos ancianos! ?Y Juan? El ?nico ap?stol que acompa?? al Se?or al pie de la cruz era un adolescente. Y luego, el resto de los ap?stoles rebosaba juventud: rondaban todos la edad del Se?or, que ten?a treinta a?os. La iconograf?a nos los pinta solemnes, barbados, serios, y casi siempre ancianos. Pero la realidad fue muy distinta: los acompa?antes de Jes?s por los caminos polvorientos de Palestina estaban en la plenitud de la vida y muchos acababan de estrenar su juventud. La lectura del Evangelio deja ese sabor inconfundible, ese ardor, esa prisa alegre, esa vibraci?n que s?lo poseen los j?venes.


  • Resistencia a la entrega


  • Otros j?venes


  • El tono adolescente


  • La gran rebeld?a


  • Un sabor amargo


  • J?venes amaestrados


  • Un regalo de Dios


  • Hijos para el cielo


  • Una solicitud que no se acaba nunca


  • En la hora del desaliento


  • La vocaci?n y las pruebas


  • "Es casi una ni?a..."


  • "No nos oponemos, pero..."


  • Un prototipo de intransigencia


  • "He perdido un hijo"


  • "No nos quieres"


  • Ley de vida


  • Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC

    Publicado por mario.web @ 9:13
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