Lunes, 25 de abril de 2011
Resistencia de los padres a entregarse ellos mismos, resistencia ante la entrega de sus hijos, resistencia a entregar sus hijos
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Resistencia a la entrega
Resistencia a la entrega
Por eso, no se entiende demasiado esta resistencia que se est? extendiendo en alg?n ambiente ante la entrega de los j?venes, a los que se considera inmaduros para la entrega. "Os escribo a vosotros, j?venes ?escribe San Juan en el atardecer de su vida?, porque sois fuertes" (1 Jn 25?27). Porque esta resistencia ?resistencia de los padres a entregarse ellos mismos, resistencia ante la entrega de sus hijos, resistencia a entregar sus hijos?, como otros muchos rasgos de nuestra sociedad, resulta contradictoria y parad?jica.

Uno de los grandes problemas de la sociedad contempor?nea es la delincuencia juvenil. Las bandas terroristas est?n compuestas tambi?n en su mayor?a por j?venes, en ocasiones casi adolescentes. El negocio de la droga y del sexo cuenta con los j?venes ?y con los ni?os? como fuente de ingresos. La prensa recoge con dolorosa frecuencia noticias en este sentido. En algunos pa?ses se da el triste espect?culo de madres?ni?as, de j?venes que viven solos a los quince a?os, frutos del divorcio y de un sentido de la independencia mal asimilado. Y sin embargo, en muchos de esos pa?ses se ha creado un fuerte flujo de opini?n negativa ?en el que se refugian tantos? que considera que la edad en la que los programas oficiales estimulan a la juventud a las relaciones sexuales prematrimoniales, y en la que se les juzga capaces de todas las aberraciones humanas, es, parad?jicamente, una edad en la que se encuentran "psicol?gicamente inmaduros para la entrega".

Quiz? esa actitud encuentre su explicaci?n, en parte, en algunos rasgos y condicionantes de nuestra sociedad contempor?nea. El menor n?mero de hijos de tantas familias contempor?neas lleva en ocasiones a una sobreprotecci?n de "la parejita": una sobreprotecci?n que conduce, de la mano del ego?smo que ha hecho limitar tantos nacimientos, al ego?smo de considerar que la vida entera de los hijos debe ser para los padres. Y cuando Dios pide esos hijos para s?, surgen unos celos monstruosos, pero reales: celos de Dios, porque les arrebata... lo que es suyo.

Otro factor puede encontrarse en el envejecimiento general de la sociedad contempor?nea, que propicia una mentalidad de seguridad y de huida del riesgo. Ese "pasotismo" que caracteriza a cierta juventud no es m?s que la asunci?n c?moda y acr?tica de los valores materialistas de la sociedad de consumo que han construido los adultos: se pasa de entrega, se pasa de generosidad, se pasa de sacrificio ?se pasa de Dios, en definitiva?... con tal de que queden a salvo los disfrutes materiales, los espejuelos y abalorios con que el consumismo enga?a a una juventud que pierde en ellos el oro de su vida.

Otra tercera causa se encuentra, evidentemente, en la situaci?n actual que padece la Iglesia en algunos sectores, con su triste carga de confusionismo y visi?n puramente horizontal de la existencia.


La causa definitiva

Pero la causa definitiva no es de orden sociol?gico ni coyuntural, sino que se libra en el coraz?n de cada persona. Hoy como ayer, Dios sigue llamando, sigue tocando fuerte y recio en el coraz?n del hombre, sigue convocando a la entrega, a la generosidad y al amor. Y las respuestas hoy, igual que ayer, dependen de cada hombre. Y se siguen formulando del mismo modo. Hace muchos siglos ?en el a?o 626 antes de Cristo? Dios llam? a un adolescente dici?ndole: "antes de que te formara en el vientre te reconoc? y antes de que salieras del seno te consagr?" (Jer 1, 5). Pero estas palabras no le parecieron raz?n suficiente, como hoy no le parecen raz?n suficiente a algunos j?venes. Y protest?, con una excusa muy habitual en nuestros d?as: "?Ah, ?Adonay Yahveh, he aqu? que no s? hablar, pues soy un muchachito".

Pretend?a escudarse en su juventud. Pero Dios no atiende a esos razonamientos puramente humanos. "Y d?jome Yahveh ?cuenta Jerem?as?: no digas ?soy un muchacho?; pues a todos a quienes yo te enviare has de ir y todo lo que te ordene hablar?s. No los temas, porque contigo estoy Yo para librarte" (Jer, 1, 6?8).


La Iglesia rezuma alegr?a de juventud

La Iglesia, fiel a los requerimientos divinos, ha bendecido la entrega a Dios en la juventud: una entrega que le ha dado tantos santos. "Bienaventurados los que se entregan a Dios para siempre en la juventud", escribi? Don Bosco muy pocos d?as antes de su muerte. Porque es realmente entusiasmante el panorama de los santos de la Iglesia cat?lica. Se dan cita todos los estados, todas las profesiones, todos los temperamentos y culturas. Militares fogosos, madres de familia, artistas, campesinos, juristas, religiosos, aventureros, reyes, mendigos, estadistas, obreros, sacerdotes. Y la mayor?a de ellos se entregaron j?venes, muy j?venes. Basta repasar el santoral para ver c?mo la Iglesia Cat?lica rezuma alegr?a de juventud. No s?lo no teme a la juventud, sino que la venera en sus altares y aprende de ella y de su hero?smo: la mayor?a de los veintid?s m?rtires de Uganda oscilaban entre los quince y los veintid?s a?os. Tarsicio, Luis Gonzaga, Domingo Savio, Teresa de Lisieux, Bernardette Soubirous, Mar?a Goretti... murieron en la adolescencia, o en plena juventud. Y en nuestro tiempo se sigue beatificando a j?venes: los ?ltimos a los que ha beatificado el Papa son j?venes laicos, como una campesina polaca, Carolina K?zka; un joven franc?s, Marcel Callo, o dos campesinas italianas: Pierina Morosini y Antonia Mesina.


La edad privilegiada

Sorprende por eso que se ponga como excusa para
no entregarse a Dios... ?que se es joven! ?Si precisamente la juventud es la ?poca del amor! Cualquier tiempo es bueno para la entrega, como acabamos de ver, pero la juventud es la edad privilegiada. Se entiende bien aquel punto de Camino: "Me has hecho re?r con tu oraci?n impaciente. ?Le dec?as: ?no quiero hacerme viejo, Jes?s... ?Es mucho esperar para verte! Entonces, quiz? no tenga el coraz?n en carne viva, como lo tengo ahora. Viejo, me parece tarde. Ahora, mi uni?n ser?a m?s gallarda, porque te quiero con Amor de doncel?" (n. 111).

Se comprueba c?mo, tambi?n en esto, los caminos del Se?or son distintos de los nuestros y sus pensamientos no son nuestros pensamientos. Cuando el Se?or le dice a Samuel que busque al futuro rey de Israel entre los hijos de Jes?, ?ste act?a a lo humano: dej?ndose llevar por las apariencias. Y pens? que el m?s adecuado de entre todos sus hijos ser?a El?ab, el mayor. Pero el Se?or le hizo ver a Samuel: "No mires a su buena presencia, ni a su grande estatura, pues no es ?se el que he escogido".

Con frecuencia la elecci?n del Se?or es desconcertante. Despu?s de El?ab, Jes? pens? en el siguiente, Abinadab. Pero "tampoco a ?ste ha elegido Yahveh". Y as?, cuenta la Escritura, fue haciendo pasar Jes? sus siete hijos delante de Samuel, pero Samuel le dijo: "No ha elegido Yahveh a ninguno de ?stos". "?No tienes ya m?s hijos?", le pregunta. S?, Jes?, ten?a un hijo m?s, el peque?o, en el que ni siquiera hab?a pensado: porque ?era tan joven!: "A?n tengo otro peque?o ?contesta Jes? que est? apacentando las ovejas. Lo llamaron. Era rubio y de buena presencia. "Ungele ?dijo el Se?or? porque ?se es" (I Sam 16, 17).

Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC

Publicado por mario.web @ 9:14
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