Lunes, 25 de abril de 2011
Cuando los padres entienden que cada llamada es un privilegio, una prueba de confianza y de amor del Se?or con esa persona y con su familia, aceptan con alegr?a esa nueva misi?n
?
Un regalo de Dios
Un regalo de Dios

Los padres suelen ser protagonistas decisivos de cada llamada y su actitud revela, a grandes rasgos, la asunci?n del ideal cristiano por las familias contempor?neas.

1887. Una chica joven de pelo negro entra, algo nerviosa, pero decidida, en el solemne despacho del Obispo de la di?cesis. Lleva un vestido claro y un sombrero blanco. Para aparentar m?s edad, se ha peinado con un mo?o alto, que contrasta, en su severidad, con su rostro joven de quince a?os. Le acompa?a su padre, un hombre de porte grave, vestido seg?n los c?nones de la peque?a burgues?a francesa de fin de siglo. Entra el Obispo. Lo saludan reverentemente, y tras las obligadas presentaciones y cumplidos, el padre expone su petici?n: quiere una dispensa para que su hija pueda entrar en el Carmelo antes de la edad. "?Lo deseas desde hace mucho tiempo?" ?pregunta el Obispo. La chica, semihundida en un inmenso sill?n del despacho, contesta vivamente: "?Oh s?, Monse?or, hace mucho tiempo! "Pero vamos a ver ?dice el secretario, sonriendo?, no ir?s a decir que hace quince a?os que tienes ese deseo..." "Desde luego ?contesta? pero no hay que quitar muchos a?os, porque dese? hacerme religiosa desde el primer despertar de la raz?n..." Sigue el forcejeo, angustioso para la joven, que juega nerviosamente con su sombrero blanco entre las manos. A?os m?s tarde escribir? en su autobiograf?a que el Obispo, "creyendo agradar a pap?, trat? de hacerme permanecer todav?a unos a?os cerca de ?l. Por eso, no qued? poco sorprendido y edificado al verle abogar por m?, intercediendo para que yo obtuviera el permiso de volar a los quince a?os". A la salida coment? el secretario asombrado: "?Un padre tan impaciente por entregar a su hija a Dios como ?sta por ofrecerse ella misma!"

Todav?a hoy se produce en numerosos ambientes el asombro del secretario del Obispo ante la actitud de hombres como Luis Martin, padre de Teresa de Lisieux. Sin embargo, ?sa la actitud habitual entre los padres cristianos. Y resulta comprensible. Cada llamada es un don, un regalo de Dios, una raz?n de agradecimiento y un orgullo para los padres que han contribuido con su desvelo de a?os a que esa llamada germine y crezca. "No es un sacrificio, para los padres ?se lee en Forja-, que Dios les pida sus hijos; ni, para los que llama el Se?or, es un sacrificio seguirle. Es, por el contrario, un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilecci?n, un cari?o particular?simo, que ha manifestado Dios en un momento concreto, pero que estaba en su mente desde toda la eternidad" (Forja, n. 18).

En su viaje a Irlanda Juan Pablo II recordaba a los padres que deb?an seguir pidiendo al Se?or este privilegio: "Vuestro primer deber y vuestro mayor privilegio como padres ?dec?a el Papa? es el de transmitir a vuestros hijos la fe que vosotros recibisteis de vuestros padres. El hogar deber?a ser la primera escuela de religi?n, as? como la primera escuela de oraci?n. La gran influencia espiritual de Irlanda en la historia del mundo se debi? en gran parte a la religi?n de los hogares de Irlanda, porque aqu? es donde comienza la evangelizaci?n, aqu? es donde se nutren las vocaciones. Dirijo por tanto un llamamiento a los padres irlandeses para que contin?en fomentando vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa en sus hogares, entre sus hijos e hijas. A lo largo de muchas generaciones, el mayor deseo de un padre irland?s era el de tener un hijo sacerdote o una hija consagrada a Dios. Que contin?e siendo ?ste vuestro deseo y vuestra plegaria" (Limerick, 1.X.1979).

Cuando los padres entienden que cada llamada es un privilegio, una prueba de confianza y de amor del Se?or con esa persona y con su familia, aceptan con alegr?a esa nueva misi?n: la de ayudar a su hijos, mientras est?n en la tierra, a corresponder a su vocaci?n y a perseverar en ella. Porque en un sentido amplio, la llamada de sus hijos tambi?n les compromete a ellos: Dios les llama a ser padres de un alma entregada a Dios.

Por esa raz?n, en gran medida, los hijos deben la vocaci?n a sus padres: "El tener padres virtuosos y temerosos de Dios me bastara ?escribe Teresa de Avila? si yo no fuera tan ruin, con lo que el Se?or me favoreci? para ser buena".

Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC


Publicado por mario.web @ 9:17
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios