Lunes, 25 de abril de 2011
Los testimonios de padres que han preparado con generosidad la entrega de sus hijos recorren todo el arco de la historia
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Hijos para el cielo
Hijos para el cielo

A lo largo de la historia de la Iglesia se han sucedido ejemplos numerosos de padres cristianos que han ayudado a recorrer con su abnegaci?n personal, los primeros pasos de la entrega de sus hijos. Son hombres y mujeres que han entendido con profundidad la grandeza de su misi?n: tener hijos para el cielo. Su paternidad se ha abierto hacia horizontes insospechados y han buscado "lo mejor para Dios", lo mejor para sus hijos, aunque fuese lo m?s duro para ellos, aunque tuviera que estar amasado con su sacrificio personal. La actitud de la madre de los ap?stoles Santiago y Juan constituye su mejor ejemplo: "disp?n ?pide al Se?or? que estos dos hijos m?os tengan asiento en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda" (Mt, XX, 20?21). Jesucristo no rechaza esa audacia de madre, nacida del amor: s?lo le aclara que eso lo concede su Padre celestial.

No hay que remontarse a los primeros siglos del cristianismo, cuando la entereza con que los padres cristianos afrontaban el martirio era el mayor acicate para sus hijos: los testimonios de padres que han preparado con generosidad la entrega de sus hijos recorren todo el arco de la historia, en la que se suceden testimonios emocionantes de desprendimiento y generosidad. Te aseguro ?escrib?a Santo Tom?s Moro a su hija Margarita? que antes que por descuido m?o se echen a perder mis hijos, capaz soy de gastar toda mi fortuna y despedirme de negocios y ocupaciones para dedicarme por entero a vosotros..."

Esta realidad se observa de modo especialmente patente en la vida de los santos. La historia presenta una galer?a magn?fica ?y desconocida? de padres de santos, que con su ejemplo y su entrega silenciosa en favor de sus hijos hicieron, sin saberlo, un servicio inconmensurable a la Iglesia universal.

Sus figuras permanecen humildemente y eficazmente detr?s en las biograf?as de sus hijos. Pero ninguno protestar?a por esto: su vida fue, en gran medida, la de sus hijos; su vivir fue des?vivirse por ellos: la gloria de su hijos es su mejor gloria. Ahora, la luminaria de santidad de la vida de los santos nos deslumbra y casi nos impide ver a sus padres: pero fueron ellos en multitud de ocasiones los que cuidaron que esa luz, encendida en el alma de sus hijos por el Esp?ritu Santo, no se apagara.

Resulta dif?cil elegir un ejemplo sobresaliente entre todos ellos. Hay emperatrices, reinas y madres de reyes, como Blanca de Castilla, madre de San Luis, Rey de Francia, o su hermana Berenguela, madre de Fernando III el Santo. Y tambi?n humildes padres de familia que no llegaron a conocer en la tierra la gloria de sus hijos.


Un pobre alguacil de Riese

Esto fue lo que le sucedi? a un pobre alguacil de Riese, un pueblecito del Norte de Italia. Se llamaba Juan Bautista Sarto y viv?a de lo que pod?a: de su trabajo en el Ayuntamiento ?75 c?ntimos al d?a?, de los frutos de un peque?o huerto, y de lo que le proporcionaba el cuidado de una vaca. Era un hombre humilde y su casa se le iba llenando de hijos: Giuseppe, Angelo, Rosa, Teresa, Mar?a, Antonia, Luc?a, Ana, Pedro Cayetano... Su mujer, Margarita Sanson, trabajaba d?a y noche de costurera. El mayor, Beppino, parec?a un chico despierto. Era una pena que esa inteligencia se perdiera, pero ?l no ten?a dinero para darle estudios. Hasta que un d?a vino el coadjutor a verle: hab?a que enviar a aquel chico, que promet?a tanto, a estudiar a Castelfranco, a siete kil?metros de Riese. Beppi quer?a ser sacerdote.

Juan Baustista Sarto se angusti?: ?qu? pod?a hacer ?l, un pobre alguacil de pueblo, sin m?s recursos que su huerto y su vaca, con siete hijos a la mesa? El esperaba, adem?s, que Beppi empezara a ayudarle pronto a sostener a la familia y...; pero estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio para que su hijo pudiera ser sacerdote, y, aunque fuera muy doloroso para ?l y para su hijo, no se le ocurri? otra soluci?n que ?sta: ?l tendr?a que redoblar su trabajo; y Beppino ir?a y volver?a todos los d?as de Riese a Castelfranco... andando.

Beppi sal?a de madrugada y volv?a de noche. Castelfranco estaba a siete kil?metros. Ven?a con los pies ensangrentados: se quitaba las sandalias para no gastarlas. A su madre se le part?a el coraz?n al verle as?. Pero no hab?a m?s remedio. Pas? el tiempo; Beppi termin? sus estudios en Castelfranco, y ten?a que seguir estudiando. Acudi? al p?rroco: ?l quer?a sacar adelante la vocaci?n de su hijo, pero ?qu? pod?a hacer? Don Fito tuvo una idea: escribir?an al Patriarca de Venecia, que era de Riese y proced?a tambi?n de una familia pobre, como ?l. ?Mamma mia! ?El Patriarca de Venecia! Aquellas palabras sonaban imponentes y casi inaccesibles en los o?dos del pobre alguacil. ?El Patriarca de Venecia! Pero la escribi?: ?qu? cosa hay que un padre no haga por un hijo que quiere ser sacerdote?

Pasaron las semanas. Cuando lleg? la carta no se atrevi? a abrirla. Le temblaba el pulso; fue corriendo a buscar al cura. D. Fito ley?: ?el Cardenal de Venecia conced?a una beca para que su hijo estudiara en Padua! Aquello era un portillo de luz en medio de su pobreza, que segu?a siendo agobiante: para hacerle la sotana, Margarita tuvo que llevar un viejo colch?n al monte de Piedad de Castelfranco.

Juan Bautista muri? poco tiempo despu?s. El joven Beppi vio, con el coraz?n destrozado, c?mo su madre tuvo que trabajar a?n m?s, de d?a y noche, para sacar adelante a la numerosa familia sin contar con su ayuda. Pero ella lo hizo gustosa por sacar adelante la vocaci?n de su hijo. Un hijo que un d?a llegar?a a ser cardenal de Venecia; Papa, con el nombre de P?o X; y santo.

La historia de los padres de San P?o X no es un caso aislado. Como ?sta, podr?an relatarse miles de historias en la que los padres cristianos han escrito, con sencillez, p?ginas admirables de callado hero?smo y de abnegaci?n. Una abnegaci?n que ha dado frutos de santidad en toda la Iglesia: en el amplio cuadro de renovaci?n y de impulso espiritual que supuso el Pontificado de P?o X se recorta en la lejan?a, con toda la grandeza de su humildad, la sencilla figura del pobre alguacil de Riese.

Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC


Publicado por mario.web @ 9:47
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