Lunes, 25 de abril de 2011
Luis ten?a unos planes diferentes a los que hab?an previsto sus padres: quer?a irse de casa y entregarse a Dios. ?Qu? locura!
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"No nos oponemos, pero..."

No todos los padres que ponen dificultades tienen el car?cter ardoroso de Monna Lapa. Los se?ores Beltr?n, de las mejores familias de Valencia fueron mucho m?s comprensivos que la madre de Santa Catalina de Siena. Adem?s, ellos no quer?an en absoluto interferir en la vocaci?n de su hijo Luis. Quer?an orientarla, sencillamente... Estaban acostumbrados a que su hijo les obedeciera en todo, y por eso, se quedaron desconcertados cuando les dijo que ten?a unos planes diferentes a los que hab?an previsto: quer?a irse de casa y entregarse a Dios. ?Qu? locura! Era un joven no muy fuerte; no soportar?a las exigencias de ese tipo de vida. No sab?a lo que hac?a. Y empezaron su batalla. Pero cedieron pronto: aquello decididamente era de Dios. Y no quer?an luchar contra Dios.

Al final, viendo la entereza de su decisi?n, aceptaron que se fuera. Pero ahora no, dijeron: quiz? en un futuro, y, desde luego, en un lugar donde no se le exigiera a su hijo un trabajo intenso. No pasaba nada por esperar. Lo ten?an todo planeado. Deb?a comprenderlo: su postura era razonable; y sobre todo, era su hijo y les deb?a obedecer en todo, como siempre...

Hab?an olvidado que la obediencia que los hijos deben prestar a sus padres tiene una frontera espec?fica: la elecci?n de estado. Los hijos est?n obligados a escuchar y valorar los consejos de sus padres en esta materia, pero no a aceptar una decisi?n ni unas condiciones que comprometen una vida que... no es la suya. Y el joven Luis obr? con la misma libertad que hubiese pedido para s? en caso de elegir una mujer que no hubiera agradado a sus padres. Escuch? sus consejos, y luego actu? con libertad, con santa libertad: con una libertad que sus padres decididamente le negaban. Y un buen d?a, en vista de la rotunda negativa paterna, decidi? no volver a casa. Ten?a dieciocho a?os.

Estall? el esc?ndalo familiar: una peque?a tragedia que se repite con frecuencia, con rasgos parecidos, siglo tras siglo, en aquellos hogares en los que un alma decide dejarlo todo por Dios.

Don Juan Luis Bertr?n y Do?a Angela Exarch no lo entend?an: ni lo pod?an, ni lo quer?an entender. El era un hombre recto, un notario conocido en Valencia, acostumbrado a mandar y hacerse obedecer; y ella era una mujer "de muy buenas partidas, gran sierva de Dios y muy humilde". En definitiva, unos padres piadosos y buenos cristianos: ?c?mo les pod?a hacer esto? Adem?s, ?ellos no se opon?an a que se entregase a Dios! Lo ?nico que ped?an era que en vez de dominico, se hiciese cartujo o jer?nimo. Porque, realmente, a ?l ?qu? m?s le daba?

Muchos padres experimentan esta misma tentaci?n y exclaman, si sus hijos deciden entregarse a Dios en medio del mundo: "?qu? locura! ?si al menos se metiera en un convento, o se me hiciera cura o fraile!" Y si decide hacerlo, suelen protestar acto seguido: "pero ?qu? locura! ?Hacerse cura! ?meterse a fraile!" Los hijos argumentan que la vocaci?n no se elige, como una prenda en los grandes almacenes, sino que es un don que Dios da, como quiere, cuando quiere y a quien quiere: la llamada imperiosa de Cristo ??s?gueme!? resuena en todos los caminos de la tierra sin compartimentos estancos. Lo importante no es d?nde Dios llama, sino acudir generosamente a donde Dios llama.

Los caminos de Dios no son, con frecuencia, exactamente los caminos que los padres prev?n para sus hijos. Y como en una composici?n musical que se repite, con la misma variedad de tonos, a lo largo de la historia en los ambientes familiares cristianos m?s diversos, se escucharon tambi?n en el hogar de los Bertr?n los sucesivos movimientos de esta sinfon?a airada paterno?filial: enfados, tensiones, llantos, silencios, negativas, gritos, y luego, en un crescendo temible de indignaci?n, la explosi?n final: una carta tremenda en la que don Juan Luis ?un hombre piadoso que no acababa de entender y de aceptar del todo la Voluntad de Dios? recrimina duramente a su hijo por su comportamiento y acusa a sus superiores de haberle inducido a abandonarlos. En nuestros d?as, el bueno de don Juan Luis quiz? le hubiese escrito: "hijo m?o, ?sos te han comido el coco".

El joven Luis contesta con una carta serena, escrita con estilo recio y conciso, que revela, a pesar de su juventud, su madurez de car?cter:

"Una carta de vuestra merced he recibido, y, mir?ndola bien, hallo que en suma tiene dos cosas: la una que (...) su intenci?n es que sirva a Dios en la cartuja o en la orden de San Jer?nimo; la otra, que los padres de esta casa me han persuadido (...). Acerca del primer punto, tenga paciencia vuestra merced, porque no ser?a consuelo m?o... Cuanto a lo segundo, cr?ame vuestra merced que estos padres me han sido contrarios. Mas a la postre, vista mi importunaci?n y perseverancia, les ha parecido que no condescender conmigo era resistir al Esp?ritu Santo... (...) As? que vuestra merced se consuele y descanse, que yo estoy consolado en mi esp?ritu, y en cuanto a las fuerzas exteriores, me siento mejor que en toda mi vida. Guarde que no se diga de vuestra merced lo que dice David: "Temblaron donde no hab?a que temer". La gracia del Esp?ritu Santo guarde a vuestra merced y a la se?ora y a todos, como se lo ruego de d?a y de noche".

La historia de Luis Bertr?n acab? como la gran mayor?a de estas peque?as "tragedias" familiares: con la aceptaci?n gozosa de su vocaci?n por parte de sus padres, que ignoraban que ?se era el camino que Dios quer?a para un santo de la Iglesia. Aquel hijo suyo, por cuya salud se preocupaban tanto, evangeliz? a numerosos indios de Nueva Granada ?aseguran las cr?nicas que bautiz? a m?s de quince mil en un solo d?a?, hizo milagros y sirvi? eficazmente y sin desfallecer a la Iglesia. Un d?a, Luis sinti? que su padre se mor?a: corri? junto a su lecho y escuch? sus ?ltimas palabras: "Hijo, una de las cosas que en esta vida me han dado pena ha sido verte fraile, y lo que hoy m?s me consuela es que lo seas. Mi alma te encomiendo".

Las ?ltimas palabras del padre de San Luis Beltr?n muestran el gran bien que acaban haciendo a sus padres los hijos que son fieles a su vocaci?n, pese a las dificultades. Esas "dificultades graves en el seno de la familia ? en palabras de Juan Pablo II? no son ciertamente un l?mite o un obst?culo a la acci?n que la gracia realiza en las almas para hacerlas conscientes de la llamada divina; m?s bien, como a veces constatamos, ?sta puede hacerse sentir tambi?n en ambientes familiares no capaces todav?a de apreciar tan inmenso don de Dios y, tal vez, francamente contrarios a ella. Las dificultades que surgen constituyen entonces una prueba de la vocaci?n, la cual, si es aut?ntica, termina por salir robustecida y, no raramente, tales dificultades llevan a los mismos familiares a una madurez espiritual, por la que llegan a apreciar la elecci?n del hijo o del hermano a la que primeramente se opusieron o despreciaron".

Pero ese no fue el caso de los padres de San Luis Bertr?n: ellos quer?an "orientar" la vocaci?n, sencillamente... Sin embargo otros no se conforman con protestar si el camino elegido por su hijo no coincide con sus planes.


Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC


Publicado por mario.web @ 9:55
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