Lunes, 25 de abril de 2011
Teodora, madre de Santo Tom?s, como ciertos padres a lo largo de los siglos, no ten?a de la libertad un concepto demasiado elevado
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Un prototipo de intransigencia
Un prototipo de intransigencia

Un prototipo de intransigencia fue Teodora de Theate, la madre de Tom?s de Aquino. Teodora proven?a de una ilustre familia, los Caraccioli, y llevaba en las venas, junto con la sangre ilustre, la energ?a indomable de los jefes normandos Guiscardo, Bohemundo y Tancredo. Era prima de los Hohenstaufen, y estaba emparentada por tanto con el mism?simo Emperador Federico II. Y no era nada f?cil de convencer cuando estaba resuelta a algo. P?rez de Urbel la retrata como una "condesa feudal, autoritaria, dura y altiva", que ten?a unos planes muy meditados y muy concretos ?sus planes? para su hijo. Y su hijo se hab?a ido de casa para entregarse a Dios como fraile mendicante en contra de su voluntad. ?Fraile mendicante! ?Y ella que hab?a previsto que fuera Abad Mitrado de Monte Casino! ?Un simple monje, mendigo adem?s, de una orden de la que todos hablaban mal! No; no estaba dispuesta en absoluto: ?un hijo suyo pidiendo limosna? Jam?s.

Hoy quiz? estas c?leras y estas aspiraciones nos hagan sonre?r. Pocos padres sue?an hoy con un hijo Abad Mitrado... Pero es cuesti?n de cierta perspectiva hist?rica, de hacer algunas sustituciones y de... imaginaci?n. Hoy Teodora, mujer de la alta sociedad, hubiera so?ado quiz? para su hijo, formado en Oxford, en Harvard o en el M.I.T., un futuro "acorde a nuestra posici?n"; y su sue?o dorado ser?a, quiz?, verlo presidente de un alto organismo internacional europeo o directivo de un prestigioso banco de Manhattan. ?C?mo aceptar que, con ese porvenir, un hijo salga diciendo que, por amor de Dios, tiene "otros planes" o que est? dispuesto a irse a una aldea de un pa?s perdido de Africa, sin ning?n futuro, en una instituci?n de la Iglesia a la que ridiculiza todos los d?as la prensa laicista y anticlerical?

Sea como fuere, la falta de aceptaci?n de la Voluntad de Dios sobre los hijos revela la carencia de una aut?ntico sentido cristiano; aunque se argumenten "razones cristianas". Quiz? Teodora se consolase pensando que lo que ella persegu?a era un hijo Abad Mitrado: y esa ilusi?n de madre insatisfecha quiz? oscureciese en su mente un deber de cristiana: el respeto a la libertad de sus hijos.

Cuando en una familia la vocaci?n de un hijo provoca un esc?ndalo de dimensiones exageradas (rupturas, denuncias p?blicas, distanciamientos excesivos, esc?ndalos, presiones), por encima de las contingencias, errores y an?cdotas humanas (falta de prudencia en las actuaciones de unos y otros, de tacto por parte del hijo, de informaci?n suficiente por parte de los padres), con lo que nos encontramos es... con una familia en la que el esp?ritu cristiano no ha penetrado del todo o est? muy debilitado. Cada vocaci?n es como un dedo divino que rasgase todas las notas del arpa familiar (porque en cada vocaci?n cada miembro de la familia se cree con derecho a formular su juicio); y si ese rasgueo produce un chirrido estridente, es que en esa familia ?aunque se acumulen por las paredes los cuadros piadosos y las estatuillas de los santos abarroten las c?modas y vitrinas? falta amor de Dios. Porque falta el deseo de hacer su Voluntad.

Pero volvamos al siglo XIII. Teodora escribi? a Tom?s orden?ndole que volviese inmediatamente. En vano. As? que, cuando vio que las cartas resultaban in?tiles, form? una comitiva para "rescatarlo". Todos estos sucesos parecen cap?tulos de una fant?stica novela; pero se han dado con frecuencia en la historia del cristianismo. Y se siguen dando todav?a.

?D?nde estaba Tom?s? ?En Roma? All? se dirigi?. Pero al llegar, Tom?s hab?a abandonado la Ciudad eterna. Se hab?a ido a Bolonia con el Maestre General... Su furia se hizo incontenible. Llam? a otros hijos suyos que militaban a las ?rdenes de Federico II y les orden? que fuesen en su b?squeda y que se lo trajesen preso, o como fuera; pero que se lo trajesen, y que lo encerrasen en la fortaleza de Monte San Giovanni. Teodora, como ciertos padres a lo largo de los siglos ?tambi?n de ahora? no ten?a de la libertad un concepto demasiado elevado.

Sus hermanos lo encontraron camino de Bolonia, cerca de Aquapendente, mientras descansaba junto a un manantial. Llegaron a galope, lo detuvieron y se lo llevaron por la fuerza a la torre del antiguo castillo familiar. All? Teodora lo ten?a todo planeado: despu?s de la fuerza viril pondr?a en juego la habilidad femenina: sus hermanas Marotta y Teodora se encargar?an de hacerle cambiar de opini?n, no por la fuerza, sino por la persuasi?n. Era una conspiraci?n familiar en toda regla. Pero las palabras de las dos hermanas resultaron in?tiles. Y lo que es peor: Teodora empez? a vacilar al ver la actitud de su hermano y resolvi? entregarse a Dios.

Pasaban los d?as. Hab?a que poner todos los medios. As? que cambi? de t?ctica; y se le ocurri? algo poco original, pero que se viene poniendo en pr?ctica a lo largo de los siglos en casos parecidos (y con resultados parecidos tambi?n). Pens? que, ya que no se pod?a vencer su inteligencia con palabras, habr?a que reducir su coraz?n... con una mujer.

A la mujer, una cortesana a sueldo, la trajeron de N?poles, y una noche se introdujo sigilosamente, provocadoramente, en la habitaci?n del joven. Pero Tom?s conoc?a el arte de cortar radicalmente con las malas ocasiones: la vio, se acerc? a la chimenea, cogi? un tiz?n ardiente y la pobre napolitana huy? despavorida...

Afortunadamente, Tom?s fue fiel a su vocaci?n.
Y ayudado precisamente por sus hermanas se descolg? un buen d?a por los muros de la fortaleza y salt? sobre el caballo que le hab?a tra?do Fray Juan de San Juli?n. Lo volvieron a prender; pero Tom?s resisti? firme. De no haber sido as?, si hubieran triunfado los esfuerzos de su madre, quiz? la Iglesia y la civilizaci?n occidental hubiesen sufrido un retraso intelectual de siglos.

Quiz? sorprendan los procedimientos de Teodora, pero la realidad es que "lo mismo que Dios se vale de los hombres para salvar almas y llevarlas a la santidad, satan?s se sirve de otras personas, para entorpecer esa labor y aun para perderlas. Y ?no te asustes? de la misma manera que Jes?s busca, como instrumentos, a los m?s pr?ximos ?parientes, amigos, colegas, etc.?, el demonio tambi?n intenta, con frecuencia, mover a esos seres m?s queridos, para inducir al mal" (Surco, n. 812).

Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC


Publicado por mario.web @ 9:55
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