Lunes, 25 de abril de 2011
En el hijo que se entrega a Dios el amor por los padres se hace m?s hondo y recio, m?s limpio y profundo, m?s verdadero
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"No nos quieres"

"Es que no nos quieres", suelen argumentar algunos padres, ante el dolor de la separaci?n. Pero saben que no es verdad: nadie que se entrega a Dios por amor, puede dejar de amar a los m?s pr?ximos en el coraz?n. La llamada divina fortalece los lazos del cari?o, aunque en ocasiones se agranden las distancias. Santa Teresa ofrece el testimonio de su propia vida. "Cuando sal? de casa de mi padre ?cuenta?, no creo ser? m?s el sentimiento cuando me muera; porque me parece cada hueso se me apartaba por s?; que, como no hab?a amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haci?ndome una fuerza tan grande, que si el Se?or no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir adelante. Aqu? me dio ?nimo contra m?, de manera que lo puse por obra" (Libro de la Vida, cap. 4, 1).

Sucede todo lo contrario: en el hijo que se entrega a Dios ese amor por los padres se hace m?s hondo y recio, m?s limpio y profundo, m?s verdadero. Basta pensar en las razones que pueden mover a un hijo para abandonar lo que m?s quiere en el mundo. S?lo hay una: un amor m?s fuerte que ese amor: el Amor de Cristo. Pero Cristo no separa las almas, no establece oposiciones, no enfrenta el primer mandamiento (amar a Dios sobre todas las cosas) contra el cuarto mandamiento (amar a los padres). Lo que establece es una jerarqu?a: el amor a Dios debe ser lo primero en el coraz?n; y alienta, cuando surge un conflicto entre estos dos amores (dos amores, no hay que olvidarlo, para un mismo coraz?n), a poner en primer lugar el amor de Dios. "Los padres han de ser honrados ?escribe San Agust?n?, pero Dios debe ser obedecido" (Sermo 100, 2).

"Quien ama a su padre o a su madre m?s que a m?, no es digno de m?; y quien ama a su hijo o a su hija m?s que a m?, no es digno de m?" (Mt 10, 37). Estas palabras de Jesucristo pueden aplicarse conjuntamente a los padres y a los hijos: la vocaci?n supone un acto de entrega y de confianza en Dios por parte de unos y otros. Por eso, cada crisis vocacional supone un "test" espiritual para la familia: padres, familiares, hermanos...

Y no es verdadera piedad filial la que lleva a deso?r la vocaci?n, la llamada de Dios. "Dad a cada uno lo suyo ?recuerda San Agust?n? conforme a una escala de obligaciones; no subordin?is lo anterior a lo posterior. Amad a los padres, mas poned a Dios por delante de los padres" (Sermo, 100, 2).

No es f?cil ese trance. Tampoco lo fue para Mar?a y Jos?: ellos no entendieron que Jes?s hubiese permanecido en el Templo mientras lo buscaban angustiados por todo Jerusal?n. Guill?n de Castro pone en labios de Mar?a un planto sobrecogedor:

"Hijas de Jerusal?n: ?hab?is visto, hab?is sabido de un Ni?o que yo he perdido que es mi Hijo, que es mi bien?"

Recordemos la escena. Cuando Mar?a y Jos? llegaron al templo, despu?s de tres d?as de angustia y desconsuelo por todo Jerusal?n, "su Madre le dijo: Hijo, ?por qu? te has portado as? con nosotros? Mira que tu padre y yo, llenos de aflicci?n, te hemos andado buscando".

Jes?s les dio una respuesta que parece dura y desconcertante: "El les respondi?: ?C?mo es que me buscabais? ?No sab?ais que debo ocuparme en las cosas que miran al servicio de mi Padre?" (Lc II, 48?49).

A primera vista parece incomprensible que un Hijo como Aquel hubiera consentido ese dolor en una Madre como Aquella. M?s tarde se entiende que Jes?s quiso dejar grabada esta ense?anza con su propia vida para dar fortaleza a los que deber?an seguirle en el futuro y mostrar un ejemplo a sus padres. Porque Mar?a y Jos? no protestaron. Buscaron humildemente en todo, aun en lo m?s incomprensible y doloroso, la Voluntad de Dios: "Mar?a guardaba todas estas cosas en su coraz?n".

Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC


Publicado por mario.web @ 9:56
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